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Tangos: realidades y ficciones, Fernando Sorrentino

fernando--sorrentinoSorrentino, colaborador habitual de La Otra y autor de Siete conversaciones con Jorge Luis Borges, sin duda uno de los libros periodísticos que más agradeció Borges y en el que reconoció a Sorrentino como inventor de ese Borges, nos muestra en este ensayo su cercanía literaria con el tango: "Un pensamiento que se baila".

 

 

 

Fernando Sorrentino

Tangos: realidades y ficciones

 

Durante mi niñez y adolescencia no experimenté el menor interés por el tango. Una especie de tiniebla auditiva me condujo a ignorarlo por completo, tanto en sus aspectos musicales cuanto poéticos.
      Sin embargo, y a partir de mis veintitantos años, una fuerza misteriosa fue acercándome a sus pasillos, rincones y vericuetos; a sus esplendores y sus sordideces; a sus palacios y a sus cuchitriles… Primero, tal vez debido a mi bendita, o maldita, curiosidad literaria, empezaron a atraer mi atención las letras, en las que campea una total variedad de temas, estilos, métricas, intenciones, etcétera, etcétera, riqueza que se despliega en un enorme abanico donde tienen cabida creaciones magníficas (v.gr.: Marioneta, Como dos extraños) junto a aberrantes disparates y, ¿por qué no?, a las sensiblerías más estúpidas (v.gr.: Cuatro líneas para el cielo, El bazar de los juguetes).
      Por supuesto, me apresuro a confesar que disto de ser siquiera un mínimo experto en “tangología”. En todo caso, seré un “tangófilo” pero nunca un “tangógrafo”: es decir un gustador pero no una autoridad.

 

1. El tango, “un pensamiento triste que se baila”

      Tal es la definición del tango debida a Discépolo. (1) Multifacético, cursó con eficacia las funciones de músico, actor, autor teatral, guionista y director cinematográfico… Pero su mayor aporte lo constituyen las letras de muchos célebres tangos que compuso en su relativamente corta vida.
      De acuerdo con mi (por supuesto, discutible) gusto, me parecen joyas de su arte Yira, yira, Cambalache, Uno, Malevaje, El choclo, así como considero tremendistas e inverosímiles las letras de, por ejemplo, Esta noche me emborracho y de Confesión (en este caso compartida la autoría con Luis César Amadori).

1.1. Discépolo y Sábato

      En 1963 apareció el libro Tango. Discusión y clave, firmado por Ernesto Sábato (Buenos Aires, Losada, 168 págs.). En rigor, el texto perteneciente a Sábato se extiende sólo entre las páginas 9 y 23, bajo el título de “Tango, canción de Buenos Aires”. El resto del volumen contiene una “Antología de informaciones y opiniones sobre el tango y su mundo”, realizada por un terceto de entusiastas admiradores de tan angustiado intelectual.
      La página 9 registra la dedicatoria que Sábato ofrendó a Borges. La 11, esta opinión:

Este baile ha sido sucesivamente reprobado, ensalzado, satirizado y analizado.
Pero Enrique Santos Discépolo, su creador máximo, da lo que yo creo la definición más entrañable y exacta: “Es un pensamiento triste que se baila”.

      Puesto que Sábato se refiere al baile y que Discépolo jamás ejerció como coreógrafo, será difícil probar que éste es “su creador máximo”.
      Acaso quiso expresar que Discépolo, en cuanto letrista, es “su creador máximo”, afirmación que no constituye una verdad inconcusa pero que circunscribe un poco mejor el objeto definido. Por otra parte, el componente imprescindible en el tango es la música, y no la letra, como lo prueba el hecho de que existen tangos sin letra, pero no tangos con letra pero sin música. Tampoco pueden obviarse los músicos que dan vida a las partituras y, cuando hay letras, los cantores que las interpretan.

1.2. Discépolo y Borges

      Allá por 1970 o 1971 tuve el honor y experimenté el condigno placer de entrevistar largamente al mayor escritor argentino del siglo XX. (2) Esas entrevistas fueron publicadas en el libro Siete conversaciones con Jorge Luis Borges, que alcanzó sucesivas ediciones, la última de las cuales pertenece a la Editorial Losada (Buenos Aires, 2007).
      Con respecto al “pensamiento triste que se baila”, creo útil reproducir estos pasajes:

F.S.: ¿Usted leyó la dedicatoria que le dirigió Sábato en su libro sobre el Tango?
J.L.B.: Sí: él obró muy generosamente conmigo… Pero yo no sé por qué citó en ese libro una frase tan rara…, tan rara, que me desconcertó. Parece escrita por una persona que nunca hubiera oído un tango en su vida. Dice: “El tango es un pensamiento triste que se baila”. Primero, yo no creo que la música nazca de pensamientos sino de sentimientos. Luego, lo de triste parece escrito por una persona que nunca hubiera oído un tango, porque en todo caso, lo que se llama tango-milonga es una música alegre y valerosa. Y, en cuanto a lo del baile, creo que es aleatorio: creo que, si una persona pasa por la calle y está silbando El choclo o El Marne, nos damos cuenta de que está silbando un tango y que no está bailándolo. Ahora…, no sé de dónde sacó Sábato esa frase.
F.S.: Es la definición del tango que dio Discé­polo.
J.L.B.: ¡Ah, bueno, entonces todo se explica, ya que es de Discépolo! Usted me ha descifrado el misterio, porque, al leerla, yo pensé: “Esta frase ha de estar hecha por alguna persona que no tiene absolutamente nada que ver con el tango”.
F.S.: Bueno…, en realidad, es una frase que goza de mucha fama…
J.L.B.: Yo no sé por qué.
F.S.: Y…, a lo mejor, a causa de la radio…
J.L.B.: ¡Ja, ja, ja! Bueno…, pero, de todos modos, no creo que Discépolo sea el inventor de la radio. Y, sobre todo, lo de triste es lo que me parece más raro. Cuando yo digo que el tango es alegre y que suele ser valeroso y compadre (El apache argentino, por ejemplo), lo cual no se aviene con la tristeza, con esto no quiero decir que los compadres no sentirían tristeza: quiero decir que se hubieran avergonzado de confesarlo; quiero decir que ningún compadre se hubiera quejado de que una mujer no lo quiere, por ejemplo, porque eso hubiera pasado por una mariconería (págs. 206-207, ed. cit.).

      Teniendo en cuenta su socarronería, merced a la cual Borges solía emitir demoledores sarcasmos con la más angelical de sus sonrisas, no cabe duda de que sabía perfectamente que la frase “el pensamiento triste que se baila” pertenecía a Discépolo. Él mismo lo dice: “al leerla, yo pensé…”. Entonces: ¿cómo pudo haber leído la frase sin haber visto la mención de los dos nombres y el apellido del autor?
Afirmar que Discépolo “no tiene absolutamente nada que ver con el tango” es hipérbole humorística, semejante, por ejemplo, a insinuar que Miguel de Cervantes no guarda relación con la literatura. (O –agrego yo, por puro “argentinismo”– imaginar que Diego Maradona y Lionel Messi carecen de relevancia en el mundo del fútbol.)

2. Todo lo mudará la edad ligera

      “Todo lo mudará la edad ligera” expresó Garcilaso de la Vega en uno de sus bellos sonetos. No seré yo quien lo refute.
      Sin necesidad de remontarme a épocas lejanísimas, puedo consignar cambios importantes en mi persona. Digamos, hará diez años…
      Yo tenía pelo castaño, por el que corrían escasas hebras blancas; ahora mi completa pelambre pertenece a la gama del tordillo atruchado. Devoraba, con alegre gula, dos gigantescos platos de fideos con una u otra salsa; en estos días, al llegar a poco más de la mitad del primero, me siento bien saciado. Desde mi antiguo domicilio de Villa Urquiza, en la ciudad de Buenos Aires, solía, algunos domingos por la mañana, realizar una excursión en bicicleta hasta el Puerto de Frutos de Tigre, y regresaba, igualmente pedaleando, hasta mi punto de partida: el velocímetro, que no miente, marcaba un recorrido de 48 kilómetros; ahora, residiendo en la localidad suburbana de Martínez, acostumbro elegir, entre otros sitios más o menos próximos a mi casa, las calles linderas al Tren de la Costa, y de ese paseo vuelvo más cerca del ataúd que de la cuna, felicitándome a mí mismo por haber transitado, a duras penas, 20 kilómetros.
      Con bellísimas palabras ya nos lo había advertido Jorge Manrique:

      Las mañas y ligereza
      y la fuerza corporal
      de juventud,
      todo se torna graveza
      cuando llega el arrabal
      de senectud.

      Tal cual, con la única aclaración de que dicho arrabal puede y suele afectar en distintos grados a unas u otras personas. Pero, sea cual fuere tal intensidad, nadie se libra de sufrirla.

2.1. Devaneos e incongruencias

      Entonces, no dejaron de llamarme la atención algunas ideas que despliega Enrique Santos Discépolo en su tango Esta noche me emborracho (1928).
      Empieza por describir, con pluma entre trágica y satírica, el actual estado de una mujer que, según declara más tarde, “¡hace diez años, / fue mi locura!”. He aquí el retrato: “Sola, fané, descangallada, / […] / flaca, dos cuartas de cogote / y una percha en el escote / bajo la nuez; / chueca, vestida de pebeta, / teñida y coqueteando / su desnudez… / Parecía un gallo desplumao, / mostrando al compadrear / el cuero picoteao…”. (3)
      Por alguna relación de causa y efecto, la otrora preciosidad de esta dama provocó cambios importantes en la conducta del poeta: por su hermosura llegó hasta la traición y, para colmo de males, trastornado por su belleza, perpetró lo peor que un hijo puede hacerle a su madre y que yo imagino así: en un descuido, cuando ella fue a verificar si, en la cacerola, ya estaba lista la sopa de dedalitos, él extendió la mano y ¡le quitó el pan que la vieja había reservado junto a su plato!
      Asimismo, otra circunstancia curiosa: “me tuvo de rodillas, / sin moral, hecho un mendigo, / cuando se fue”. Pregunto: si la señorita ya se había ido, ¿cuál era la utilidad de permanecer de rodillas, de despojarse de la moral y de optar por una vida mendicante?
      También resulta extraña la superposición de tiempos y de sucesos. Lamenta el actual deterioro de la damisela en cuestión. Han pasado diez años y, según se deduce, nunca la ha visto desde entonces. Carece de la mínima relación con ella: siendo así, ¿qué diablos puede importarle lo que ocurrió hace una década y qué vinculación puede tener con su existencia actual?
      Dice: “¡Mire, si no es pa’ suicidarse / que por ese cachivache / sea lo que soy…!”. En todo caso, no es lo que es por “ese cachivache” actual sino por la bella personalidad pretérita de la mujer que ahora, como ciertos desdichados equipos de fútbol, se ha ido al descenso, ignoro si a la B, a la C o a la D.
      Y, no menos importante, la década transcurrida ¿no afectó en absoluto la gallardía y la lozanía de este quejoso galán? ¿Conserva, al modo de un nuevo Dorian Gray, todos los atributos con que, a algunas personas, adornan los verdes años?

2.2. Coincidencia de Manrique y Le Pera

      Manrique, con plena razón, negó tal persistencia:

      Decidme: la hermosura,
      la gentil frescura y tez
      de la cara,
      la color y la blancura,
      cuando viene la vejez
      ¿cuál se para?

      Al tratar un tema bastante parecido, Alfredo Le Pera, (4) en Volvió una noche (1935), escribió con sensatez: “busqué un espejo y me quise mirar. / Había en mi frente tantos inviernos / que también ella tuvo piedad”. De esta manera, el paso del tiempo se mostró ecuánime para la dama y el caballero.
      Nótese que Discépolo (“¡Y pensar que hace diez años, / fue mi locura!”) y Le Pera (“fue locura en mi juventud”) relacionan aquel pasado con alguna manifestación de demencia erótica.
      Es evidente que el tango de éste se inspira, en alguna medida, en el de Discépolo. Lo cual no me impide experimentar la mayor simpatía hacia Alfredo Le Pera, entre otros motivos a causa de que su mamá tenía por apellido el mismo que llevo yo desde mi nacimiento.

(1) Enrique Santos Discépolo nació en Buenos Aires el 27 de marzo de 1901 y falleció en la misma ciudad el 23 de diciembre de 1951.
(2) En el siglo XIX la cúspide del podio le pertenece a José Hernández.
(3) Los gauchos del siglo XIX y algunos españoles de todos los tiempos pronuncian desplumao y picoteao. Pero estoy seguro de que Discépolo pronunciaba desplumado y picoteado.
(4) Alfredo Le Pera nació en San Pablo (Brasil) el 7 de junio de 1900 y murió en Medellín (Colombia) el 24 de junio de 1935. Tanto su nacimiento en Brasil como su fallecimiento en Colombia son hechos azarosos, ya que su vida y su obra son enteramente argentinas.

[2004 palabras]

Última revisión: 23 octubre 2022