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Nuevo mundo y Rafael Cadenas. Premio Cervantes 2022. María Antonieta Flores

maria-antonietaLa poeta venezolana vuelve una vez más sobre el poeta de Barquisimeto y autor de una obra singular que le ha merecido el reconocimiento de los lectores de habla hispana y ahora del Premio Cervantes de Literatura.

 

 

 

Nuevo mundo y Rafael Cadenas. A propósito del Premio Cervantes 2022

María Antonieta Flores

 

El pasado 10 de noviembre se conoció el fallo del Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, tal distinción recayó en el poeta venezolano Rafael Cadenas (1930). Con ello, se reconoce toda la tradición de la poesía venezolana que hace cuerpo en su voz y a su obra entera, para hacer un guiño al título que recoge toda su poesía y prosa en una contundente edición del Fondo de Cultura Económica editada en 2000 y que ha conocido ediciones sucesivas aparte de haberse editado en España también gracias a Editorial Pre-Textos. Ya su poesía se conocía en México a fines del siglo XX, prueba de ello es el Material de lectura editado por la UNAM. De los tres venezolanos que figuran en el catálogo de esta indispensable colección, uno es Cadenas; el otro, Juan Sánchez Peláez y el tercero, Josu Landa. Su edición cuenta con el prólogo de Julio Ortega, uno de los críticos latinoamericanos más importante. En 1985 había recibido el Premio Nacional de Literatura, el más importante galardón en aquella época y se le consideraba un poeta mayor, pero esta percepción de sus pares y del mundo cultural no hicieron mella en su trato con el poema y la palabra. Siguió puliendo el hueso, siguió buscando la exactitud y la pulcritud en el decir. Luego siguieron distinciones como el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances en 2009 (México), el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca en 2015 y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2018, ambos de España.

En el veredicto del Premio Cervantes se destaca que Cadenas "hace destilar de las palabras su esencia deslumbrante, colocándolas en el territorio dual del sueño y la vigilia y haciendo que sus poemas sean una honda expresión de la existencia misma y del universo, poniéndolas también en una dimensión que es a la vez mística y terrenal".

El poema inicial de Memorial (1977), “Nuevo mundo”, es representativo de ese lugar intermedio entre el sueño y la vigilia que han mencionado en el dictamen, el lugar de las revelaciones, sin duda.

Está estructurado en diez partes, con predominio del poema en prosa; apenas, dos de ellas en verso libre, y una combina ambas formas. Como estrategia discursiva usa el fragmento como vía para elaborar un universo poético marcado por el enigma y cierta imprecisión. La atmósfera es la de una neblina que mantiene siempre presente el misterio del principio, de lo originario. El paisaje interior está habitado por plantas y animales, por agua. Una mujer y una caverna se entrelazan. 

Las imágenes se han desatado desde distintos ámbitos. Es fácil percibir cómo están impregnadas de simbolismo y la presencia de los cuatro elementos del universo. Refieren una búsqueda y un viaje interior que persigue darle una nueva y particular organización a los elementos, al mundo. Fundar a través de las palabras es un viejo propósito que azuza a los escritores, instaurar un mundo nuevo y primigenio, que invoque el principio y el origen. Por esta razón el poema cierra con: “Cada día es el primer día, cada noche la primera noche, y yo, yo también soy el primer habitante."

Se constituye en el primer habitante porque ha dado el paso inicial: “He quemado las fórmulas.”. Este acto, que hace pensar en el abandono de una retórica, una tradición y sus rituales (“Lejos, lejos queda el antiguo poder, mi legado.”) lo coloca ante la certeza de “mi idioma desintegrado” y lo obliga a reconstruir ese idioma, que lo conduce a “la patria adoptiva, la que me he dado.”. Fíjese que es un acto de voluntad e independencia otorgarse a sí mismo una patria nueva, buscar otra zona para ser y estar. Aquí emerge la voz de exiliado, del despatriado que debe construir para sí mismo un lugar a través del lenguaje. En este proceso, todo es una ilusión. Luego de la ruptura busca el regreso, en un movimiento de ida y vuelta (“Siempre regreso al mismo idioma.”) busca algo idealizado (“¿Qué lengua traerá los tesoros sin tocarlos?”) y ante ese deseo de pureza escribe: “Voy, abriéndome paso por entre la aspereza, al lugar donde está guardado mi retrato futuro.”.  Este poema es un viaje a través del río del lenguaje, el poeta va iluminado por una llama interior que lo liga al origen (“Un fuego remoto me sostiene. De su aura roja tomo mis préstamos.”) Así puede afirmar, y regreso a los versos finales: “Estoy bañado por lo que vive, por lo que muere. Cada día es el primer día, cada noche la primera noche, y yo, yo también soy el primer habitante."

Y quedamos ante uno de los tópicos de la poesía de Cadenas, el presente. Su obra está marcada por el carpe diem y, por lo tanto, por la consciencia del tiempo. Hay que vivir en presente. Esta visión que lo vincula a los presocráticos, a la poesía de Horacio y, al mismo tiempo, al zen —esto ha sido señalado ampliamente por la crítica—, es uno de sus rasgos más característicos y universales de su poética.

 

Nuevo mundo

1

He quemado las fórmulas. Dejé de hacer exorcismos. Lejos, lejos queda el antiguo poder, mi legado. Hálito de fogata en mis narices, mi idioma desintegrado, la sombra todavía húmeda de un sortilegio. Como vena de agua en la oscuridad otra vida avanza.
Todo el arrasamiento ha sido para desplazarme, para vivir en otra articulación.

 

2

Papeles del amanecer. Siempre hablan de la patria adoptiva, la que me he dado. Hojas amontonadas como para una ceremonia.
Sacrificio a un dios de ébano.

 

3

Esas escrituras invariables.

Siempre regreso al mismo idioma. Un cuero embrujado de animal. Inatrapable, pero presente como la vida de un antepasado.
Tejido sobre el tejido, la lengua muerta del amor, fuego que me ha hecho adicto a un culto insinuante.

 

4

El amanecer no me devuelve el amuleto perdido. Desde una playa un anciano hace señales. Trato de regresar a los pozos, pero no sé el camino.

 

5

Entra mi sombra.
Trae una serpiente, un búfalo, una mujer, una casa, un muelle.
Intoxicación de cobres salvajes.
Avanza, avanza.
Droga.

Se apodera de lo que miro.
Va marcando aquí y allá, todo.
Luego huye para unirse a un animal.

Se pierde entre las hojas como un ave.

 

6

Memoria que sale a buscar cosas huidizas. Posesiones que pertenecen menos a su dueño que al aire. Eso que un cofre de madera quiere proteger no nació para las palabras. Sólo yo me empeño en quitárselo a los ojos.

¿Qué lengua traerá los tesoros sin tocarlos?
Al fondo un rey enfermo me ve partir.
Yo le entrego un estuche con un rubí ansioso.

 

7

Voy, abriéndome paso por entre la aspereza, al lugar donde está guardado mi retrato futuro.

 

8

Un fuego remoto me sostiene. De su aura roja tomo mis préstamos.
Pasadizo hacia la incandescencia, no admites plazos.

 

9

Orgía vegetal.
Una mujer desnuda se acuesta bajo la lluvia.

Texturas donde una ausencia se mira.

Caverna olorosa, condúceme.

 

10

Légamos jamás recuperados.
De repente, un roce. El universo de la piel. El hilo extraviado en el viaje.
Estoy bañado por lo que vive, por lo que muere.
Cada día es el primer día, cada noche la primera noche, y yo, yo también soy el primer habitante.