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Miguel Hernández en la guerra y en Jaén. Juan Carlos Abril

juan-carlos-abrilAbril nos narra las estancias del poeta de Orihuela en Andalucía, su boda y sus vínculos con esa tierra de olivares a la que dedicó uno de los más bellos poemas, asimismo las masacres cometidas contra los aceituneros altivos.

 

 

 

ESTANCIAS HERNANDIANAS DE JAÉN EN GUERRA

Juan Carlos Abril

 

PRIMERA ESTANCIA
Jaén, 2 de marzo de 1937. Hoy llego a Jaén con la misión de reactivar la propaganda, animar a los soldados, consolar al pueblo, dar palabras de esperanza, darle fuerza al Altavoz del Frente Sur. Hay mucho por hacer y tengo muchas ganas. Haremos un periódico en el que colaborarán los mejores escritores internacionales y españoles: Fernández Ballesteros, Pasionaria, Rafael Alberti y María Teresa León, José Bergamín, Virgilio Llanos, Ilia Ehrenburg, Carlos J. Contreras, Herrera Petere, Martínez de León, Pedro Garfias, Vicente Uribe, Antonio Machado… recordaremos en un número especial, cuando haga el año de su muerte, ¡a Federico! Haremos muchas cosas… hay que movilizar a toda la gente, hay que ponerla sobre aviso. Está en juego la libertad y hay que tomar conciencia, de una vez por todas, y realizar muchas actividades: conferencias, periódicos murales, representaciones de piezas teatrales, ruedas de prensa, recitales poéticos y musicales, proyecciones cinematográficas… Todo lo que se haga es poco y la causa nos exige el máximo de esfuerzos. ¡Hay que luchar!
       Justo hoy, al llegar a esta pequeña ciudad de provincias donde hasta ahora hemos resistido —Málaga acaba de caer—, me he dado cuenta de una cosa: cumpliré un sueño: quiero casarme. Me organizo, tomo posesión de mi trabajo, y me escapo cuatro o cinco días para casarme con mi mujer, con sus veinte años como flores, para traérmela conmigo, para sembrar su vientre de semillas: el amor es nuestro lema. ¡No pasarán! Con el amor todo podrá detenerse, todo podrá combatirse, el amor será nuestra resistencia.
       El frente está cerca, pero no lo suficiente como para que haya llegado aquí. Esta ciudad es un buen centro de operaciones… como si se mantuviera en medio del vacío y resistiera a lo que sucede en el resto del mundo. La paz de estos olivos, este paisaje, esta tierra callada… Este mar de olivos habla de una vida dedicada al campo, de aceituneros y jornaleros, de familias marcadas por el sudor y el esfuerzo, de generación en generación, trabajadores dedicados al campo, volcados para extraer el fruto, el aceite… el oro líquido… Y todo el resultado de ese esfuerzo siempre, siempre, siempre para otros. ¿Cuándo se acabará la injusticia de esta tierra, de estas gentes, esta rabia que anida en el trabajo —¡el trabajo!—, lo único sagrado en el hombre?
Voy a escribir un poema que se titule «Aceituneros».

ACEITUNEROS

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de las lomas.

SEGUNDA ESTANCIA
Miguel Hernández fue a por Josefina Manresa y el día 9 de marzo de 1937 se casaron. A los tres días estaban de regreso en Jaén. Ahí quedan las fotografías en la terraza del antiguo palacio de los marqueses de Blanco Hermoso, en la antigua calle Llana, hoy Claudio Coello, 11. Ahí sucede su particular luna de miel, junto a la máquina de escribir en las tibias tardes de marzo del 37. Miguel Hernández escribe: «Entre tu esposo y tú, compañera, amasasteis con sudor y sangre el yeso de las paredes de tu hogar. Entre tu esposo y tú, en las mejores horas robadas al sueño después de largas jornadas de trabajo, fortalecisteis con piedras cimientos y umbrales. Vuestros cuerpos pulieron con su planta el portal y por las habitaciones respirabais el aire íntimo y querido de vuestra historia de casados. Era un hogar abrazado a vuestra piel como una piel mayor, conyugal, adornada de techos y lámparas, con los balcones ahogado en flores…»
       1 de abril de 1937, Jaén es bombardeada por seis Junker alemanes, orden del general Queipo de Llano. Centenares de heridos, 160 muertos, casi 50 niños. Josefina recuerda en sus memorias: «En Jaén presencié un bombardeo que me impresionó mucho. Se veían personas que casi se podían salvar. Los familiares a los que les cogió fuera, lloraban desesperados allí en los escombros. Recuerdo a un niño, de unos diez años, muriendo entre una puerta y la pared. Miguel había salido a un pueblo cercano para dos o tres días, y al enterarse del bombardeo en Jaén me telefoneó preguntándome si me había asustado».
       Miguel escribe a los pocos días en Frente Sur: «¿Qué pasó? El fascismo. El hogar quedó arrasado bajo el bombardeo. Mi compañera contempla la ruina, desde lo que ha sido umbral, desde lo que fue su casa. El estupor le hace llevar un puño a la boca, y sus ojos se golpean desiertos contra las piedras, y se pasean por el hogar desolados como por una gran ciudad hermosa y derrumbada. Todo ha sido víctima de la metralla. Dan ganas de decir: ¿qué han hecho las inocentes sillas, las mesas inocentes para que se las atropelle de este modo? No existen las habitaciones donde se amó mi compañera con su esposo, y sobre un trozo de pared que queda se ven grabadas las entrañas de su hijo. El esposo duerme a pedazos bajo un armario caído, que ha vomitado en su caída fotografías, encajes, ropas olvidadas. El verderón que alejaba el silencio de las conversaciones y las siestas, ametrallado en su jaula, clava en quien le mira unos ojos horrorizados, inmóvilmente ingenuos, y la violenta muerte ha vuelto pálido su verde plumaje. Un colchón se desangra generoso bajo los cascos ruinosos de yeso… Mi compañera lo ve todo como si lo hubieran destrozado contra su cabeza: siente arder, quemar, agonizar cada mueble en su alma. Y los restos de su hogar reciben un llanto desesperado».

 

TERCERA ESTANCIA
Miguel sacó de los escombros los cuerpos mutilados comprobando el olor de los cadáveres pudriéndose, sufriendo en el otro la injusticia, el absurdo de la guerra, la injusticia peor que puede ceñirse sobre el ser humano. Escribe en Frente Sur, ese magnífico periódico de guerra que se editaba aquí: «Jaén es bombardeada, la trilita sacude y revienta hasta las piedras más profundas de la ciudad, y se derrumban las casas, y las mujeres madres no saben en qué rincón meterse con sus hijos, y los muertos inocentes, los destrozados, son una sangrante cantidad de cabezas, de brazos, de carne desconcertada. La cal y los ojos de Jaén se humedecen. Con cara de cadáveres ante los espejos, aceituneros y barberos calculan en las barberías el número de víctimas; en la plaza se repite el cálculo; en las calles se anda con tristeza y temor, y en el cementerio necesitan venganza a su inhumana muerte niños, mujeres y ancianos que no habían cometido otro delito que nacer y vivir».
       »La pedregosa ciudad de Jaén, lunar y solar a un tiempo, vivía de espaldas a la guerra de su pueblo, de su patria […] Escasos eran quienes daban importancia y crédito a los sucesos que se desarrollaban en Madrid y en los demás frentes de lucha, y eran muchos los que disculpaban, y hasta aplaudían en lo íntimo de su corazón la criminal introducción del fascismo en España, Jaén tenía un corazón casi sordo, casi ciego, casi insensible a las generosas oleadas de sangre que andan desplegadas sobre el solar hispano desde el 19 de julio de 1936 […] Voy creyendo que para un pueblo, un hombre, un español, sienta los sufrimientos de otro es preciso que pesen también sobre él las desgracias que al otro aquejan. Estoy viendo que el soldado más consecuente, con menos flaquezas y más capacidad, es quien más atropellado ha sido por la vida […] Jaén yacía indiferente a todo, durmiendo en un sueño blando de aceite local».

 

CUARTA ESTANCIA
Miguel Hernández escribe: «¿Ha despertado Jaén de su modorra incrédula y moruna? Todas sus bocas llaman asesinos, y no se hartan de llamarlos a los que han cometido en su población un acto más de destrucción inútil. Pero yo veo que muchos de esos hombres se conforman con gritar y se previenen contra otro posible bombardeo, yéndose a vivir debajo de los olivos. Esta actitud estática, pasiva, fatalista y torpe exaspera al combatiente más templado. ¿Por qué no se ocupan esos hombres en la construcción de refugios para sus hijos y esposas, o por qué no colaboran con los que llevan nueve meses bajo la lluvia y las balas, conquistando la tierra que a todos nos quieren arrebatar? Hombres que ven que, cuando Jaén quedara totalmente destruida, cuando no tuvieran un rincón donde meterse, ocuparán los nichos de los ratones y allí se dejarán matar sin hacer otra cosa que lamentarse.»
       1 de mayo de 1937. Cada día las tropas franquistas avanzan más y más, pero les vamos a plantar cara. Nos dejaremos la vida. Queipo de Llano se aproxima, pero no nos acobardaremos. Quieren llegar al Santuario de la Virgen de la Cabeza, pero aquí es precisamente donde nosotros les ganaremos. Hoy tomaremos el Santuario. Caerá esta panda de retrógrados, atrincherados para hacerse héroes. Pero no lo serán. La República necesita un golpe de efecto como este del Santuario. Después del Alcázar de Toledo, y con las últimas pérdidas, cunde el desánimo en nuestro ejército, en el pueblo desmoralizado, en las tropas leales a la legalidad democrática, que cada vez desertan más. En masa, cada vez más preocupante. La guerra, esta locura, esta espiral fratricida sin sentido, este absurdo para esclavizar al pueblo, esta razón enajenada… pero no es la guerra sin más, no, sino la Guerra Civil, los ricos contra los pobres, el poder contra la masa, la tiranía frente a la libertad. Y lo peor, la miseria moral, esa costra pegada a la piel de la injusticia… Nuestras son las razones, nuestros son los valores, no de ellos. No queremos encadenar a nadie sino liberar. Viene Viento del pueblo. «Vientos del pueblo me llevan, / vientos del pueblo me arrastran, / me esparcen el corazón / y me aventan la garganta.»
       No podré olvidarme de esta tierra donde he vivido quizá los meses más intensos de mi vida. No podré olvidarme de esta primavera. Y cantaré como el ruiseñor, encima de los fusiles y medio de la batallas… No podré olvidarme de esta gente hospitalaria que ha visto la injusticia caer del cielo sobre ellos. No podré olvidarme de estos olivos que son el símbolo del trabajo y sudor. El símbolo del pueblo. El símbolo de la lucha. No podré olvidarme, no. Aquí me quedaré para siempre, en esta primavera.

 

Juan Carlos Abril (Los Villares, Jaén, España, 1974) es doctor en literatura española por la Universidad de Granada donde trabaja como profesor titular. Ha publicado los poemarios Un intruso nos somete (1997), El laberinto azul (2001), Crisis (2007) y En busca de una pausa (2018). Su poesía reunida ha aparecido en México (El Tucán de Virginia, 2013), Costa Rica (Casa de Poesía, 2016), Argentina (Buenos Aires Poetry, 2021), Honduras (Cisne Negro, 2022) y, de próxima aparición, en Ecuador (El Quirófano, 2023). Ha editado la antología Deshabitados (2008) y coordinado Gramáticas del fragmento. Estudios sobre poesía española para el siglo XXI (2011), entre otros volúmenes monográficos. También ha traducido a Pasolini, Marinetti, Salgari, etc. En México, entre otras publicaciones, tradujo para la colección El Oro de los Tigres El instante después, de Massimo Gezzi (2015). Para la editorial La Otra preparó la antología Jardín en la niebla, de Francisco Brines (2015), y en coedición con la UANL, las antologías Campos magnéticos. Veinte poetas españoles para el siglo XXI (2011), Material del deseo, de José Manuel Caballero Bonald (2013), y Lágrima extraña, de Luis García Montero (2018). Forma parte asimismo de antologías como 10 menos 30. La ruptura interior en la «poesía de la experiencia» (1997), La inteligencia y el hacha (Un panorama de la Generación poética del 2000) (2010), ambas de Luis Antonio de Villena; o Centros de gravedad. Poesía española en el siglo XXI (Una antología) (2018), de José Andújar Almansa. Crítico literario, destacan asimismo los ensayos Lecturas de oro. Un panorama de la poesía española (2014), El habitante de su palabra. La poesía de José Manuel Caballero Bonald (2018), y Panorama para leer. Un diagnóstico de la poesía española (2020). Dirige la revista Paraíso.