Notas sobre "A veces en la vida". Federico Bonasso

federico-bonassoBonasso, cantautor y narrador argenmex, escribe sobre la antología A veces en la vida / A volte nella vita, de la hispanomexicana Carmen Nozal, cuya traducción viene de esa incansable labor del italiano Emilio Coco de llevar la poesía escrita en español a su italiano materno.

 

 

 

Federico Bonasso, Notas sobre A veces en la vida / A volte nella vita
antología de Carmen Nozal
con traducciones al italiano de Emilio Coco

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En las fauces de la belleza nos salvaremos. La criatura humana ha inventado la manera de filtrar lo mundano y llevarlo al reino de la maravilla. Y esa técnica se llama poesía.
Y será un misterio siempre.

Coleccionamos definiciones de poesía. Todas son reducciones, inevitablemente, pero no por eso dejan de cautivarnos. Aquí invocaremos la de Enrique Molina, que nos resulta propicia: “En un poema uno se despide de un instante cenital”.

libro-nozalDentro de A veces en la vida, de Carmen Nozal, hay un bello ejemplo del axioma de Molina. Con él cerramos estas notas.

En una ocasión, hablando con amigos escritores, uno de ellos quiso comunicar al resto lo que parecía una verdad relevante: “la poesía, es, de las artes literarias, la que exige mayor maestría”. Me dejé convencer entonces por las bondades aparentes de aquella sentencia. Pero no es así. La reina de la maestría será la prosa. Porque la maestría es una virtud que se puede entrenar, incluso alcanzar después de un profundo esfuerzo. Y la poesía (corregible siempre, sí, aunque a costa a veces de convertirla en una lista de exactitudes) se trae. No se aprende. Para tristeza de muchos y privilegio de algunos escogidos. No lo digo yo, lo dice la poesía.

La poesía es un don. Así lo dijo Juan Gelman una mañana, y tuvo razón desde entonces. También lo había dicho Borges en el prólogo de “Cuadernos de San Martín”: ese “brusco don del espíritu”.

Otra prueba de que la poesía es un don, es Carmen Nozal. La imagino con su pícara sonrisa, sabedora de que pertenece al club de las personas que pueden dormir tranquilas. O al menos cobijada por un título que, finalmente, solo se conquista en el fuero interno. Basta abrir esta antología: en cada una de sus páginas hay ejemplos de una libertad que no puede ser labrada:

La tierra del amor no tiene bordes
Es tan difícil quedarse
como hacerle una estatua al movimiento.

Y listo. En tres versos hemos hecho un viaje. Sobrevolamos ese reino sin fronteras: amplio debe ser porque el amor lo es; y la mente ha pensado en mil estatuas y conserva un mensaje insinuado, cuyo misterio es sin duda placentero. De eso se trata este juego.

Disfruté A veces en la vida como disfruté el primer poema de Carmen, que leí hace ya no pocos años. Entrando en él como se navega un río. Si la poesía no se mueve está perdida. Lo dijo la poeta española Blanca Abreu:"Un poema respira o no respira, no hay término medio. O es un poema o es un artefacto escrito con la cabeza".

Supongo que hay un arduo trabajo detrás de esta magnífica edición, que poeta y traductor han cuidado mucho. Aunque esta suposición complica mi idea de la poesía como inspiración pura. Pero bueno: como no se me antoja abrir contrafactuales en mi ámbito subjetivo, y menos en este momento, y frente a ustedes, cargaré del lado del “don” la siguiente noticia: nunca me he tropezado con un verso trivial en la poesía de Carmen Nozal. Ella puede escribir:

Detrás de mi sombra
vive mi sombra
Sueño
detrás del sueño…

Y lo dice graciosamente. Porque no sabemos qué harían otros con esas mismas palabras. Justamente porque no se trata de palabras la poesía; aunque ellas, las palabras, sean las portadoras, disfrazadas de importante, de un mensaje mucho más instintivo.
Hay que ser dueña de cierta insolencia para hablarnos de esa manera. Es una prerrogativa de los poetas. Siempre hay una cuota de insolencia en una revelación sincera.

Eludo proponer datos sobre la autora o el poemario. A diferencia de lo que sucede con las ciencias políticas o la medicina, poco ayudan los doctores al ocuparse de la poesía. Igual que con la música, no sirve de mucho contextualizar su disfrute. Sí digo que respira la generación del 27 en este libro, con ciertos ritmos. Y eso siempre se celebra. Creo que pocos poetas del español actual han salido avantes al intentar evitar a la generación del 27 de manera consciente. Y con ella eludir a sus dos grandes abuelos, uno más alejado que el otro en el tiempo: primero Juan Ramón, y después Quevedo.

“Qué las alas arraiguen y las raíces vuelen” le dijo Juan Ramón a Carmen. Y aquí está entre nosotros.
Y “Enfermedad que crece si es curada” le susurró Quevedo. Y Carmen nunca eludió la difícil tarea de ensanchar sus poemas con amor.

Cierro con los versos mencionados, que sostienen aquella revelación de Molina. Me conquistaron desde la primera lectura de esta antología, reclamando su legítimo derecho a ser mis favoritos.

Constituyen un poema, sí. Pero también un cuento. Son incluso una nouvelle. Rareza destacable. Es un cuento porque esconde una moraleja. Ya verán. Y es una novela corta porque tiene claramente tres capítulos.

La “maestría”, ¡bah! Si se quiere, aquí queda comprobada. Pero lo admirable está en otro sitio; en el vuelo de los ángeles que habitan A veces en la vida.

 

Nordeste

Tengo un silbido
y no lo escucho.
Mis amigas dicen que lo tengo
y no lo oigo.
Dicen que me llevarán con el neumólogo
y no me gusta.

Escucho
el viento que azota sobre la marejada,
el nordeste
sobre las gargantas de los acantilados, oigo,
mientras nos corta la cara con su frío salvaje.

Ahí sobre la colina,
ahí sintiendo,
yo me tomaba de la mano de mi madre
y mi madre se tomaba del brazo de mi padre,
y mi padre iba a pasarle el brazo por encima de los hombros
a mi hermano,
pero lo guardaba en un arrebato de cobardía,
empujándolo hacia el bolso de la chaqueta
como si se escondiera del mar
en ese instante
que nunca más ha vuelto.