Cantos de ebriedad

el-spleen-de-parisHay tanta tinta que viene de la copa o copas y botellas que inspiran versos a ese estado de lucidez o de estúpida claridad: Goliardos, Omar Khayam, Malcolm Lowry, Charles Baudelaire, Jorge Luis Borges.

 

 

 

Cantos de ebriedad

  1. Goliardos
  2. Omar Khayam
  3. Malcolm Lowry
  4. Charles Baudelaire
  5. Jorge Luis Borges

 

 

Cantos goliardos
EN LA TABERNA. IN TABERNA CUANDO SUMUS

Cuando en la taberna estamos
no nos importa que arcilla seamos.
al placer nos dedicamos 
pues sólo por él sudamos.
Qué se hace en la taberna
donde el dinero es bodega.
es algo que saber debemos;
lo revelaré, por ello. Escuchen:
unos juegan, otros beben,
otros se gozan sin recato;
y entre los que jugando están,
algunos de ellos desnudos quedan,
otros ahí mismo por fin se visten,
y con sucios costales otros más se cubren,
Pero ahí nadie a la muerte teme,
y sólo por Baco arriesgan su suerte.
Primero por lo que valga el vino.
Y por esto brindan los libertinos:
una vez por los cautivos,
después de tres veces por los vivos,
luego cuatro por todos los que sean cristianos,
cinco por los fieles difuntos,
seis por las monjas casquivanas,
siete por los caballeros de campo,
ocho por los monjes depravados,
nueve por los frailes errantes,
diez por los navegantes,
once por los insidiosos,
doce por los penitentes,
trece por los que van en camino,
y tanto por el papa como por el rey
beben todos sin ninguna ley.

Bebe el ama. bebe el amo,  
bebe el ejército y el clero,  
bebe aquél, bebe aquélla,  
bebe el siervo con la sierva,  
bebe el listo, bebe el tonto,  
bebe el blanco, bebe el negro,  
bebe el tenaz y el inconstante,  
bebe el rudo, bebe el sabio,  
bebe el que está pobre y enfermo.  
bebe el desconocido exiliado,  
bebe el joven,. bebe el viejo,  
bebe el obispo y el decano,  
bebe la monja, bebe el monje,  
bebe la abuela, bebe la madre,  
bebe ésta, bebe aquél.  
beben cientos, beben mil.

Poco durarán las ciento seis monedas
ahí donde beben
sin medida y sin recato,
con el alma alegre.
Por ello nos denigran todas las gentes,  
por ello siempre estaremos indigentes.
¡Pero que sean confundidos quienes nos denigran
y que entre los justos nunca sean contados!

(13) Carlos Yarza señala el parentesco con "Lauda, Sion, Salvatorem", atribuido a Santo Tomás de Aquino: Sumit unus, sumunt mille,/ quantum iste, tantum ille… / sumunt boni, sumunt mali.

 

 

UN RUBAY

Omar Khayam

Más que el reino
de Kobad
vale un buen vaso
de vino.
Vale más,
cuando amanece,
el día, el eructo
de un bohemio,
que el rezo
de un hipócrita.

 

 

Malcolm Lowry

SIN EL DRAGÓN NOCTURNO

Ideas de libertad están atadas a la bebida.
Nuestro ideal de vida contiene una taberna
Donde un hombre puede sentarse y hablar o sólo pensar,
Sin ningún miedo al dragón nocturno;
O bien otra taberna donde no aparecen
Letreros de No se Fía ni de No hay crédito
Y, dejando aparte las ilimitadas cervezas,
Nos sentamos tranquilamente borrachos y locos a editar
Panfletos de un país realmente mejor donde un hombre
Puede beber un vino más delicado, ¡Ah!, no destilado
Que intoxica sutilmente sin dolor,
Tejiendo la visión de una taberna inasimilable
Donde siempre podemos beber sin pagar
Con la puerta abierta, y el viento soplando.

 

 

ABRIDOR DE OJOS

Cuán semejante a un hombre, es el Hombre, que se levanta tarde
Y contempla los platos sucios de la cena
Y contempla las botellas, vacías también.
Todo ello tragado durante el sordo «¿Cómo estás?» sin fin de la noche anterior
-Aunque un vaso contiene todavía un refresco espantoso-
Cuán semejante al Hombre es este hombre y su destino,
Aún borracho y tropezando entre los árboles amarillentos
Va a desayunar ron picado, sardinas y guisantes.

 

 

EPITAFIO

Difunto de Bowery
Su prosa era florida
Y a veces reñía
Vivió, de noche, bebió, de día,
Y murió Tocando el ukelele.

 

 

Charles Baudelaire

Cantó una noche el alma del vino en las botellas:
«¡Hombre, elevo hacia ti, caro desesperado,
Desde mi vítrea cárcel y mis lacres bermejos,
Un cántico fraterno y colmado de luz!»

Sé cómo es necesario, en la ardiente colina,
Penar y sudar bajo un sol abrasador,
Para engendrar mi vida y para darme el alma;
Mas no seré contigo ingrato o criminal.

Disfruto de un placer inmenso cuando caigo
En la boca del hombre al que agota el trabajo,
y su cálido pecho es dulce sepultura
Que me complace más que mis frescas bodegas.

¿Escuchas resonar los cantos del domingo
y gorjear la esperanza de mi jadeante seno?
De codos en la mesa y con desnudos brazos
Cantarás mis loores y feliz te hallarás;

Encenderé los ojos de tu mujer dichosa;
Devolveré a tu hijo su fuerza y sus colores,
Siendo para ese frágil atleta de la vida,
El aceite que pule del luchador los músculos.

Y he de caer en ti, vegetal ambrosía,
Raro grano que arroja el sembrador eterno,
Porque de nuestro amor nazca la poesía
Que hacia Dios se alzará como una rara flor!»

 

 

Soneto del vino

Jorge Luis Borges

¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa
conjunción de los astros, en qué secreto día
que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa
y singular idea de inventar la alegría?
Con otoños de oro la inventaron. El vino
fluye rojo a lo largo de las generaciones
como el río del tiempo y en el arduo camino
nos prodiga su música, su fuego y sus leones.
En la noche del júbilo o en la jornada adversa
exalta la alegría o mitiga el espanto
y el ditirambo* nuevo que este día le canto
otrora* lo cantaron el árabe y el persa.
Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia
como si ésta ya fuera ceniza en la memoria.