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Daniel Téllez. Asideros

daniel-tellezBreve muestra poética del libro Asidero. Roxana Elvridge-Thomas, dice de su compatriota mexicano que su poder radica en el carácter lúdico y el dominio del lenguaje y ve en estos versos un cierto poder chamánico. Leamos pues a Roxana y al poeta Téllez.

 

 

 

Asideros
Daniel Téllez

Breve muestra poética del libro Asidero, en su segunda edición, publicado por Proyecto Literal, este 2019.

I

Dónde un poco de artificio en el aliento del blasón. Otra vez
la danza de la noche cómo
flota cómo llama
el devenir de la agilidad en el número de fibra
entre la hora del ojo
entre el objeto la emanación sacuda la memoria.
Acometa el aquí un zumbido un embudo que arde
el rasguño de tierra firme en la diagonal del colectivo
atañe la música hendida de la testigo que dice querer al escribiente.
Un gajo del nombre que arde cada noche por el teléfono público.

IV

Emergiéndote en mi rúbrica noctívaga qué constituyes con un angora entre
las manos
vacila sueño de mi cazador que fija entre las vísceras la zona del cosquilleo
la tarde y el ramal multiplican las ascensiones imaginarias porque no hay
precipicios (la náusea del amor que abandonamos ayer)
las tortugas dilatan el sueño de tu hermano porque algo se ha de extraviar
entre la niebla
algo tóxico ha de trepidar cuando hierva la sangre entre los ojos de los
cachorros.
La danza de enseñar los colmillos para pedir auxilio a la mujer del ruido
dónde el juego giratorio de las mandíbulas
dónde el caparazón debajo de las brasas muertas
la teoría del miedo de nuestras celdas movedizas en el mismo pentagrama
urdir su nombre para no dejar de hablar de los antiguos perros
para no blasfemar porque se acerca de la mano de ella.

VI

Sobre tu cólera el silencio de las medusas. Culebras en cañadas rojizas
zumban lejos del oriente en el agua de la nueva cellisca
yo propongo el poniente en el estertor del hijo
el aire que doma el soplete de los alerones crispados
el entumecimiento posterior a la tercera muerte
el azogue
en el final los naufragios y el andrógino
Ixión espera en la Avenida Central al hombre domesticado
la dama bermeja entreteje su geometría para inmolar el puente.

IX

La esquela sexual del doble filo espera. Igual la vértebra en el humo de la
cocina
igual los olores de los moluscos
el té de la infusión
las llaves de la habitación vacía que se resigna
cuando el cuchillo taja los muelles del pedestal que apuramos
algo cepilla la cabecera colmada
silencios
salir de nuestros fetos ya se sabe
del tragaluz húmedo, las arterias, el péndulo.

XXI

siempre se ahogaban
un varón y una hembra en verano un varón y una hembra
en verano.

                                                                       José Kozer

Nada preciso desde la copla
pálido también en la micción nocturna
el comienzo del cuento es crucial frente a todas las hermanas
el promedio de la mujer resentida (quiero decir tus enojos) por aquellos años
la promesa inmemorial tan de repente
la canción hincada en los álamos primeros
los pañuelos kleenex extraviados en las alturas de la Latinoamericana
nuestra ofrenda tan
          de la ciudad
con el espejismo de nuestros apellidos saltones
la tela rasgada es el columpio de nuestros días
en la faena
(detenidos)

Otros asideros

VI

TRASLACIÓN

Intenta dormir con la flaqueza de la traslación. Núbil hecatombe que al doblar el sueño de las sortijas asomará crespas navajas –intrusas del muro de las tortugas- para la marea alta, imán que amanece colmado: naufragio del rehilete que no resarce viejas infancias. Guiño de largos pasos en el movimiento vertical de tu cuerpo. Guiño de feraces pantanos en el licor extraño con que unges la mórbida península. En la memoria que nos esconde anida la elegía del impostor de tus sueños. Líbranos de la conciencia atónita de lo que no está en el lugar adecuado. De los que entran sin abrir la puerta. 

VIII

REVOLUCIÓN

Asirse a los pechos de la mujer-libertad
guiando al pueblo
en el desarrimo monodáctilo de Delacroix
los cuatro muertos fingen la muerte
a la sazón un soldado pistola en mano
rehén inmóvil de una lengua muerta
salva los pezones de la patria francesa.

IX

RUEDO

¿Qué pantorrillas celebérrimas
esconde en el glamour la infanta Margarita en azul?
certidumbre de estíptico de avispa guarda Diego de Silva Velázquez
ser lo transitorio que desea, el espacio que escribe
la siguiente línea
          asistir como el ujier de cámara de su sarga
para desnudar este retrato de olores y de soles
correr el aire de Madrid, untar plumas sedosas
fundar la piel desnuda represa en la inferencia de las pausas.

X

TRASPALEO

Cha-U-Kao baila sobre los tobillos del Mouline Rouge
toma en sus brazos al enano Toulouse-Lautrec. Asido
a ella
expulsa excéntrico yermo la sonrisa
brinda el perfil voluptuoso de la espalda corito
abate la mirada ilustre de Henri en un sanatorio
          de Nevilly-sur-Seine
desciende el velo translúcido de las piernas cortas.

XII

ABLACIÓN

Qué luz esconde la mano de la Venus de Urbino. Intemperie
sueño que se sueña de cabellos largos para fundar un último
arcoiris. Néctar
del cuerpo de madera roja mira sus cortos años
tiende Tiziano los flujos en el perro que dormita. Espera
hay una sed que no concierne
la mujer que no duerme la ilumina la hoguera, borra la mano
se recobra la nieve encendemos el vestido desnudo
caza la hostia del domingo el repertorio improbable
          del día siguiente.

 

Para no desaparecer asido
(fragmento)

Con Asidero, Daniel Téllez continúa en esa búsqueda infinita que es la poesía e intenta descifrar el mundo, el cuerpo, la lengua en su doble sentido de órgano abierto a las sensaciones y lenguaje, habla que se construye nuestro poeta.
          Su tarea es la del cabalista que descifra el entramado de la escritura del mundo para después él también, a su vez, tejer su propia urdimbre, esa que logra dar vida, crear a partir del arte combinatorio de las palabras.
Conoce el poder del ensalmo, convoca a sus colegas, estén donde estén, a las voces de éstos, como el mejor de los chamanes. Congrega las palabras para entrar al juego interminable de la polisemia. Domina la potestad de los fonemas, esculpe con ellos sus  versos para llevar al lector o al escucha al hipnótico viaje hacia el seno profundo de la palabra.
          Es dueño, asimismo, de una voz propia, con imágenes osadas y gran intuición poética, que sabe nombrar los rostros, los pliegues, las sensaciones, el tránsito de las cosas y los cuerpos hacia el mundo que Daniel Téllez trama en su urdimbre creadora que va aludiendo, paulatinamente, a todos los sentidos y seduce al lector por cada uno de ellos.
          Denota, también, una excelente asimilación de sus lecturas fundacionales, de las obras pictóricas que son elocuentes para él y así crea, dentro de una tradición, la suya, con una estirpe auto forjada, una manera personal de expresarse poéticamente, a la manera de T. S. Eliot y tantos grandes poetas del siglo XX que siguieron la propuesta del «poeta crítico», aquél que conoce su tradición, la sabe elegir y a la vez insertarse dentro de ella para a partir de este linaje, crear, con la voz, la voluntad, la razón y el sentimiento del autor un cauce nuevo que se tienda como continuación y evolución de ese gran afluente que lo nutre.
          Es por eso que tal vez dos de las mayores cualidades de este libro sean su capacidad lúdica y el dominio del lenguaje. Con ellas la seducción que ejerce la poesía la traspasa los límites del entorno, se aloja en las alforzas de la memoria, en los suaves declives de la razón, en la siempre ávida piel, en la vista, el olfato, el oído, en la lengua certera.
          Para descifrar el mundo, el cuerpo, el lenguaje; para tejer su propia urdimbre, para convocar a sus colegas, a las voces de éstos; para entrar al juego interminable de la polisemia; para llevar al lector o al escucha al hipnótico viaje hacia la entraña de la palabra; para descifrar el reflejo del otro en él mismo, para nombrar, para no desaparecer asido al sacrilegio de la palabra.

Roxana Elvridge-Thomas

 

 

Daniel Téllez nació en la Ciudad de México en 1972. Poeta, profesor e investigador del Estridentismo. Ha publicado múltiples libros de poesía. Es coautor de más de diez títulos de ensayo, crítica literaria y narrativa, entre otros títulos prologados y antologados. Parte de su obra poética se encuentra compilada en El manantial latente. Muestra de poesía desde el ahora: 1986-2002; Premio Nacional de Poesía Joven de México. Treinta años; Poesía Visual Mexicana: La palabra transfigurada V y Antología General de la Poesía Mexicana. Poesía del México actual. De la segunda mitad del siglo XX a nuestros días, entre otros anuarios y antologías de lucha libre y tópicos populares. Colabora en las revistas Luvina, Castálida, Blanco Móvil, Tierra Adentro, Crítica y Periódico de Poesía, los suplementos "La Cultura en México" de la revista Siempre!, "Laberinto" de Milenio Diario y en el blog de Letras Libres. Es Académico de la Unidad 096 CDMX Norte de la Universidad Pedagógica Nacional.