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Esto no es una enfermedad. Zel Cabrera

zel-cabreraRoberto Acuña, poeta y profesor de la UNAM, nos hace llegar la presente selección de poemas de Zel Cabrera, joven poeta mexicana, que en su poesía abarca el tema de la enfermedad y su enfrentamiento por el cuerpo y el alma.

 

 

 

Esto no es una enfermedad
Zel Cabrera

 

Homilía

                                  para papá

Íbamos a misa los domingos
porque pensabas que así Dios
te haría el milagro
de verme caminar
sin romper
la línea recta  imaginaria
que desde entonces quisiste
trazar en mi camino.

«Camina derecha, mi’ja»,
«endereza el pie al dar los pasos»,
repetías.

Te escuché.
Anduve alerta a tus palabras
lo mismo que a los sermones del cura
en la iglesia,
intentando enderezar el camino 
y los pasos.

Los años pasaron. Seguiste
pidiéndome enderezar los pies,
creías que así la vida
me dolería menos.

Pero como me pasa siempre
con las cosas que se repiten
y se repiten, me distraigo.

Ya no voy a misa los domingos,
pero a veces, mientras camino
enderezo los pies.
Te recuerdo.

 

Esto no es una enfermedad

Busco las palabras de lo que soy,
el crujir de mis huesos
después de cruzar una calle,
este dolor primigenio que no se borra
con analgésicos. Este cuerpo camina
a un compás distinto, se inclina,
una curva que amenaza con romperse.

El cuerpo que nació tarde.
Un cuerpo adolorido de mirar.

 

Soy algo que todavía duele,
una herida/cicatriz de algo hondo,
soy una falla de origen,
un cuerpo que no se sostuvo,
que nunca fue puntual.

 

El dolor se aguanta.
Se resiste sin llorar,
«que el llanto es para los cobardes,
para los que no creen en Dios»,
decían mis padres creyentes
cuando mis rodillas
se estrellaban en el piso
y un hilito de sangre
comenzaba a resbalarse.

En casa no podía llorar.
El llanto traía convulsiones
que asustaban a mi madre.
Si me caía, no debía pensar
en el golpe o en la sangre.

«Si lloras, te pego para que llores por algo»,
sentenció muchas veces;
era su manera de hacerme
fuerte, de enseñarme a resistir
el ridículo, a las caídas.

 

Buscar es también romper algo
y empezar de nuevo.
Dicen que el que busca encuentra.

 

Mirar es nombrar.
Poner el ojo ahí, donde duele,
recordarlo,
reconocerlo,
escribirlo.

 

Quisiera no sentir las miradas
de los que me ven pasear
con mi perro
y piensan que estoy ebria.

Quisiera
llevar un letrero:
favor de no preguntar 
«¿qué te pasó en el pie?»,
«¿así naciste o estás enferma?»

 

Esto no es una enfermedad.
No hay nada malo en mí.
Las burlas quedan lejos
de este nombre.
Es solamente otra manera del cuerpo.

Agarro fuerza de lo que escribo,
como si el poema fuese un pasamanos
donde sostenerme.

 

Zel Cabrera nació en Guerrero en 1988. Egresada de la Maestría en Periodismo Político de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Becaria del Programa de Jóvenes Creadores del FONCA (2017- 2018) y de la Fundación para las Letras Mexicanas (2014-2015). Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Tijuana 2018, y el Estatal de Poesía Joven en el 2013, convocado por la Secretaría de Cultura del Estado de Guerrero. Autora de varios libros de poesía.  Algunos de sus poemas parecen en la Antología de Poesía para Niños Triángulo del sol (Praxis, 2015). Ha colaborado en diversos medios nacionales como Luvina, Casa del Tiempo, Confabulario, Tierra Adentro y Este País.