Juan Manz visto por Luis Armenta Malpica

juan-manzA propósito de Dispensario, poemario publicado por La Otra en “Temblor de cielo”, Luis Armenta ofrece su lectura de corte lírico.

 

 

JUAN MANZ: POEMAS PARA UN VIAJE SIN REMEDIO*

Luis Armenta Malpica

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Juan Manz
Dispensa, Juan, que estás líneas sean breves como las de mi palma. No podía ser de otra forma si la mano es amiga. Así nos lo marcaste con tu libro. En un Temblor de cielo lo he mirado. Como un viaje del que entre tantos sitios se recuerda uno solo: del más cálido hielo en la garganta, de junio hasta septiembre (y estamos en octubre), el de los propios signos bajo asedio. Dices: envés de tierra (y por complicidad yo digo: de agua). Porque en todo lugar tenemos un reverso que juega con el minimalismo.

Mal estaría decir que te conozco. Yo vine al Dispensario porque me dijeron que aquí vendían remedios para curar gargantas afectadas; que a base de café podría contrarrestar la hora de la siesta; que el cloruro de magnesio reduce la dolencia en codos y rodillas; que la infusión de hierbas consuela la nostalgia y la de hoja de coca previene el mal de altura, eficaz, sobre todo, si este viaje termina en la ciudad de Cusco.

DispensarioPero no dices viaje de una manera fácil: cruzada, dices, y última. Con aires de añoranza, de saludo, como un fluir de río en una biblioteca. Crucero del poema de quien escribe en realidad de la realidad de otros: Eliot y Whitman (casi nada), de la capitanía y el puerto (casi nadie), del padre (casi tú) y de ti (casi todo). Escribiste cruzado por el viaje y esa fe del marino en lo desconocido. Cercado por el mar de tantos libros. Arrellanado, dices, en el tiempo, si es que ves el futuro.

En el revés del cielo, Olga Orozco compara el cuerpo con la historia. Si poblaras el mundo, como Dios, con proyectar la sombra de la mano, la fundación de arena de tu libro tendría el mismo final, pero en lugar del desencanto áspero que produce la imagen, tu semejante, Juan, sería el de “El narrador”: uno es el fugitivo debajo de la piel, quien habita los párrafos (cuartetos), sobrepasa los límites, altura y precipicios, hasta que finalmente amortigua las luces y cierra el escenario.

Así marcas mi mano. Tal vez hasta la sombra de mi mano. Este asedio lo teníamos pendiente hasta concluir el viaje. Santo remedio, Juan: no irás a ningún sitio. Has escrito un poema. Y todos (casi hermanos) mejoramos con él.

* Texto leído en la presentación de Dispensario, el 27 de octubre de 2012, en el Museo de los Yaquis, en Cócorit, Sonora, en el X Encuentro Internacional de Escritores Bajo el Asedio de los Signos y en la Sala Rosario Castellanos de la Feria del Libro, Sonora 2012, el 30 de octubre de 2012, en Hermosillo, Sonora.

 

 

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