Marco Antonio y su Poetas del Mundo Latino

LeyvaJosé Ángel Leyva
Poetas del Mundo Latino es uno de los encuentros más longevos en su género en México y en Iberoamérica. Aunque hay diversas instituciones que participan y ha tenido distintas sedes en el país, Marco Antonio Campos es el artífice de dicha permanencia, en complicidad con Sanda Racotta y Víctor Sandoval.

 

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Marco Antonio Campos

 

Esta edición 2012 fue dedicada a la mexicana Elva Macías y a la colombiana Piedad Bonnett. Tras la euforia del poetaje internacional y local me tocó  atestiguar la defensa de Marco Antonio ante el protocolo político. “Primero van los poetas, cuando terminen, habla el gobernador.”

Del grupo Los Calacos, que solían reunirse en una taquería del sur de la Ciudad de México, con certeza es Marco Antonio Campos el que más se identifica con el poeta y erudito Rubén Bonifaz Nuño. Ambos orbitan en torno a una poética de la imposibilidad, aunque sus discursos sean formalmente distintos. Cronológicamente podrían ser padre e hijo, pero Marco lo reconoce en la fraternidad y no en la relación filial, intelectualmente hablando. Entendí a Bonifaz Nuño desde el primer libro suyo que cayó en mis manos: El amor y la cólera, sobre la poesía de Catulo, con traducción del mismo. Un estudio introductorio que despoja a la poesía de falsos ornamentos y la pone frente a los muros de la memoria popular, donde fueron plasmados los versos lapidarios y exultantes del veronés. Para Bonifaz el amor de Catulo es enfermedad, pasión nacida del fango de aguas estancadas ante lo imposible. Esa misma pasión que infecta a todo poeta, parece decir el traductor, o por lo menos a esa meta que se instala en el corazón y no en la lógica. La poesía de Bonifaz está impregnada de ese sentimiento de la insuficiencia, de la sensación de palpar no una realidad sublime sino basta, una visión que sólo eleva la condición humana en la poesía y no en la vida tangible, del diario. Como en “La Muerte de Virgilio”, donde Hermann Broch intenta destruir la “Eneida” porque ve con pesar que esa chusma, esa gente no es ni pertenece a la esfera de la mitología, del ideal.

Poetas del mundo latino

¿A qué viene la referencia? A que muchos de los autores que buscaban el amparo de Bonifaz son ahora reconocidos académicos, intelectuales y poetas. No sé si auxiliados por el prestigio  o por la mano del maestro, pero la vocación de éste se enfoca en la confianza de que lo mejor de una sociedad, de un país, son sus universidades públicas, generadoras de ciudadanos y hombres de ley. Aunque en una entrevista que le hice reconocía que valores como dignidad, honor, autenticidad, lealtad, y otras, pertenecían cada vez más al mundo antiguo, o al de la literatura. Marco Antonio Campos, de algún modo, responde al linaje Bonifaciano, se empeña en mantener  un encuentro para hacer reconocimiento de los otros que a él le interesan y supone que a todos debe de involucrar, de una u otra manera. Como Bonifaz, carece de grupo y de instrumentos dispensadores inmediatos de gloria y de poder, pero es capaz de gestionar y de urdir con tesón y carácter el andamiaje efectivo que hará que muchos más vean lo que él pondera como indispensable.

Marco Antonio apuesta por los autores en quienes halla un mínimo y un máximo de calidad. Sus fobias son virulentas, pero no excluyentes, pues tiene la capacidad de no cerrarles la puerta si les concede el talento a sus obras. Como enemigo es fiel y constante, pero no ciego. Así, por Poetas del Mundo Latino han pasado Tirios y Troyanos en los afectos de este promotor cultural que dedica parte de su vida a poner los escenarios al mundo de la poesía y de los poetas. Aunque a muchos no mexicanos y locales les parezca fácil la gestión cultural en México, uno va dejando trozos de vida en ese intento, sobre todo cuando ese propósito tiene, como en el caso de Marco Antonio, un fin no lucrativo, ni en lo monetario ni en lo personal. La burocracia mexicana pasa de la ineptitud a la negligencia, de la ignorancia al manejo mañoso de los recursos, de la exclusión al ámbito cerrado de las amistades y los gustos personales. Romper esos cercos es harto difícil, sobre todo cuando se tiene un temperamento como el de Marco Antonio Campos, inflamable y telúrico, pero capaz de resistir gracias a la nobleza de sus ideales y a un corazón donde habita el niño que construye castillos de naipes en el aire, esos mismos que año tras año vuelve a erigir.

La obra de Marco Antonio se defiende sola porque sola ha crecido y se ha edificado contra los malos tiempos. Un solo libro de Marco vale ya su inclusión entre los referentes poéticos mexicanos del siglo XX, “Viernes en Jerusalén”. Pero su obra, como la de Bonifaz, no sólo está en la poesía, se despliega también hacia el ensayo y la crónica, dos géneros en los que luce notable, en la traducción y la narrativa, en la entrevista y en el campo editorial. Como Bonifaz, un trabajo que se despliega en tantos frentes, que se vierte además en la preocupación por los otros, por los colegas, pospone la hora de los reconocimientos personales. Los  Poetas del Mundo Latino le agradecen a Marco ese espacio, esa oportunidad para la convivencia, pero la imposibilidad está también allí, en no poder corresponder desde dentro y dedicarle un encuentro al propio poeta Marco Antonio, que también lo merece. La mejor manera de expresar la gratitud sería leerlo.