Jorge Boccanera

boccaneraEl crítico canario Octavio Pineda escribe sobre Palma Real, libro ganador de Casa de América, España, en el 2008, del Argentino Jorge Boccanera.

 

 

 

 

 

Jorge Boccanera

 

Dentro de la selva: la imaginación

 

OCTAVIO PINEDA DOMÍNGUEZ

 

 

 

Ni crece, ni se expande la selva. / Nunca se multiplica. / Nunca asciende la selva, / vive / de imaginar al tiempo. / Todo el tiempo. (XXIV)

 

boccanera

“Imagen” e “imaginación” provienen de la misma raíz latina ĭmāgo, que quiere decir: representación, retrato. El diccionario etimológico de Joan Corominas los incluye como términos emparentados con magĭ: cerebro, y de ahí nace la última obra del poeta argentino Jorge Boccanera (1952, Ingeniero White) titulada Palma Real, galardonada con el premio Casa de América 2008 y publicada por la editorial Visor en Madrid el mismo año. “Imagen”, la de la palmera o la palma, la obra natural, solitaria y a la vez múltiple que compone la selva y los bosques primarios de Centroamérica (principalmente Costa Rica, antiguo lugar de residencia del autor), y la “imaginación” de la propia selva, la representación de sí misma y lo que ella significa. Un lugar garabateado y sugerente, una caligrafía de palmeras (IX)simbólica y literaria, un espacio de interpretación y descubrimiento que se enmaraña y se dispersa, que es vivero de la imaginación y caracol. (XXVIII)

 

Tras la publicación de algunos de sus poemarios anteriores como Contraseña (1976), Música de fagot y piernas de Victoria (1979), Polvo para morder (1986) Sordomuda (1990) o Bestias en un hotel de paso (2001), Palma Real continúa una trayectoria poética brillante alabada por la crítica. Es un libro dinámico y complejo escrito a lo largo de diez años en varios lugares, teniendo como origen la visita de parajes naturales como son Dos Ríos de Upala, Tortuguero o Monteverde en la costa costarricense, junto a su amigo “tico” el poeta Norberto Salinas. Un recorrido en el tiempo y en el espacio sin coordenadas preestablecidas: el relato del viaje, la palmera (XXXVI), que se adentra en el origen mismo del paisaje y de la literatura. Lugares convertidos en metáfora de donde nacen la mayor parte de los textos de la obra: sesenta y seis poemas sin título, articulados en diversas estructuras que van desde el haiku hasta el poema en prosa, pasando por la canción en cuartetos endecasílabos. El versículo, el verso y el imaginario se empina, copula, se encarama (XXI) y las voces del autor van alterándose, trasformando el “yo” de la voz poética en un “nosotros” que conversa y dialoga con los otros seres, incluso cediendo su espacio de expresión a supuestas voces ajenas. Su poesía da la voz a los animales y el propio poeta se animaliza invirtiendo el orden natural: Voy contando historias con chasquido y reclamo, como el colibrí garganta de fuego y el quetzal (LII). Versos que también recita Lezama Lima, Pablo de Rokha, Pedro Garfias, así como el zopilote rey, la serpiente terciopelo o la iguana verde, en este “fabulario” humano y animal.

 

El zopilote rey –blanco y mudo- piensa mientras planea / sobre los hormigueros gigantes / “Lo que no es selva es pobre mundo”. (XLIV)

 

Jorge Boccanera maneja una fauna adjetivada, una botánica descriptiva y exacta con un vocabulario rico y variado, como ya advertía años antes el crítico Vicente Muleiro sobre la antología Servicios de insomnio (2005): escribe selvas del territorio y de las palabras latinoamericanas, conduciendo al lector a través de cierto mundo “boccaneriano”. Dice el poeta en una entrevista: si trabajar es ir al encuentro de algo, intento viajar hacia los espejos de la selva donde pueda aparecer reflejada la pasión, el deseo, el tránsito hacia lo que desconozco, y los árboles talados de mi generación. Éstas son algunas de las obsesiones que también pueden encontrarse en otros de sus poemarios y que refuerzan la continuidad de una obra cohesionada que se mueve y que sigue desarrollándose en la actualidad. Los temas de la meta-poesía, el exilio y el viaje, la “otredad”, la confrontación naturaleza-hombre, el tiempo, el desorden, se expresan en este escenario salvaje y poético, entre ramas de árboles y hojas donde escribir y leer: Hay que aprender a leer las hojas, sus enjambres (XXIX). La selva se convierte en un objeto de creación y en un apoyo metafórico a través del cual evoca, denuncia y advierte. Lo natural se solidariza en el texto y toma protagonismo. Podemos encontrar muchas imágenes que identifican a la selva con otros elementos: toda la selva es una rosa (XXXIII) o La selva es lo inminente (X). Esta selva es un escenario infinito, por su interior transitan las preguntas, los colores, los sabores, los personajes o el tiempo. Pero es sobretodo espacio y ubicación, igual que la poesía. Lugares que se comparten en una Palma Real intensa y brillante en donde el arte y la naturaleza forman parte integrante de una moraleja humana. La que se expande es selva enmarañada / prosa verbal / y catedrales góticas (XXVIII).

 

La poesía de Boccanera es también la poesía del movimiento, la poesía del desplazado, del lejano y del ajeno. Un trazo que deja señales y que va recordando los árboles talados (sus compañeros desaparecidos) y las ciudades grises del camino. Una escritura comprometida consigo mismo, que son los otros. Hay un bosque quemado en el centro de mi juventud / son treinta mil esos sueños talados / […] / Palma cortada es holocausto (XXXVIII). Como decía el maestro de Jorge Boccanera, el poeta guatemalteco Luis Cardoza y Aragón: mis raíces son pájaros, […] el exiliado nunca pierde su tierra, la lleva consigo, más que en la memoria en la imaginación. La imaginada es íntima y sutil, por real y por imaginada. Y es de ahí de donde nace una poesía que se traslada en medio de la paradoja, entre lo sensual y lo dramático, entre lo surreal y lo explícito, entre el lugar y la imaginación.

 

Jorge Boccanera confirma con Palma Real que es actualmente una de las voces más importantes de Latinoamérica, tanto por la calidad de su obra, como por el riesgo de su expresión poética, apartada de la beligerante literatura urbana de la ciudad de Buenos Aires, su lugar de residencia. La profundización en la literatura continental, la geografía de sus textos, creados y reconstruidos una y otra vez sobre el territorio americano, nos conduce a una lectura universal de sus metáforas.  Lo que no es selva es ruina (IV). Su poesía, gracias a esa técnica deshumanizante del texto, es ahora algo selvático, elástico y manipulable, una parte más de la naturaleza frondosa y del follaje, una verbalización animal y humana y una palma donde poder contemplar el mundo a su manera (tal vez el otro mundo que ansiaba hace años en los versos de su poema “Marimba”: yo quiero un mundo, otro).

 

La poesía de Jorge Boccanera se ha convertido entonces en ese balcón al exterior y al interior, a la selva y a nosotros.

Exclamación de lemas y consignas a cargo del / pájaro estaca sobrevolando el río Amarillo: / “La poesía para quien la trabaja / la selva para quien imagina”. (XLIII)

 

 

 

 

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Octavio Pineda Domínguez (Gran Canaria, 1979).
Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. En la actualidad prepara una maestría en la Universidad Toulouse II (en Francia) sobre poesía argentina contemporánea. Fue colaborador en la revista universitaria Calibán de la ULPGC y ha sido editado en la colección Ágape dentro de la antología “Y como éramos pocos” sobre poesía canaria joven. Desde 2007 trabaja como Lector de español en la Universidad Toulouse II, ha participado en la revista Caravelle de esa universidad y en la publicación Nu2 de Lanzarote. En 2008 fue galardonado con el VII premio de poesía Domingo Velázquez de Fuerteventura con su poemario bersos, y en el año 2009 ganó el accesit del III Premio de Poesía Joven Injuve a nivel estatal con el poemario amasijos conversaciones y otras ciudades.

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