De Invierno singular:
Ana Franco

Invierno singular muestra en su título lo distintivo de una etapa que, como es de suponerse, se revelará con el avance del libro, sin embargo, no se trata de un sistema secuencial descriptivo, digamos puntual, acerca de en qué radica la singularidad de dicha etapa del año en las ciudades, reales o imaginadas, y en las geografías referidas en el viaje de la voz ─la ladera del Sena, el Báltico, un territorio mediterráneo donde los cedros son emblema nacional, Yangtsé, Yangshuo, Hangzhou―; la singularidad de este invierno se construye a partir de panoramas de aparente impasibilidad, blancos, fríos, entre los hielos y la nieve de entornos que propician una reflexión, silenciosa y ecuánime, manifiesta en la puntualidad de sus breves poemas.
Tanto en el color (la insistencia en el blanco), como en los estados del agua o de cierta condición de humedad nutricia −néctar, gotas, pócima, lluvia− el espíritu invernal invocado por Cynthia Pech afectará ―quizá― a una pareja de amantes que habita en espirales de memoria, de distancia y de presencia, un tiempo indefinido; y afectará también a un yo poético que se posiciona en la contemplación de lo sido ─o de lo que se cumpliere en la constelación que advierte―.
No se trata de una propuesta modular, sino de un flujo a partir de los breves trayectos (¿postales, estampas, saltos de una piedra a la otra para cruzar los ríos?) en los que la relación semántica propone la sutil andanza de mapas y relojes increados, que articulan y concatenan referentes huidizos.
En la posible trama, el libro se organiza en tres estancias: “Bruma”, “Deshielo” e “Influjo”. La sutileza nominal atina en el cumplimiento de un carácter sosegado que es, quizás, una de mis primeras y más gratas impresiones. Así como no hay descripción, no hay drama en estas convergencias vitales; se narra, a veces en función de un recuerdo, a veces en el sueño que se niega, y es en el desvelo que sugiere “aprender de la vigilia”. Como bien sabemos, ésta se instala en determinados momentos de la vida y puede motivar el agotamiento emocional o la alucinación, sin embargo, Invierno singular cuestiona y descubre una serie de perspectivas para las mediciones del mundo:
y abre una pregunta: frente a la vigilia de otro sueño
                          d i s t a n t e
¿qué sueño es ese otro?

Si como dice Anne Carson en el epígrafe, las voces del recuerdo trascienden al sueño, la poética de Cynthia Pech materializa el contraste entre la brevedad y la sutileza de sus imágenes, las coordenadas y los cuerpos. Recuerdo y sueño disputan la estancia amorosa de los personajes, su recorrido, su contradictoria impresencia.
En “Deshielo”, el sitio se revela como roca. Esta segunda parte funciona como puente entre los libros primero y tercero, y si bien es la cópula entre los textos versificados, el deshielo materializa una prosa poética, nueva paradoja en que 
“La perspectiva del viaje supone el límite de lo deseable y el horizonte de lo posible.” 
El viaje sucede en este tránsito intermedio, suceden también la primavera y el verano, pero el carácter, el tono, no se modifican: el tiempo es un presagio (que se intuyó previamente en la cama).
La poeta traza una mitología que resuelve nuevas medidas (imposibles medidas) para los amantes o para la ontología del yo; apela, por ejemplo, a “el pulso de Sievalod” y a Kafka, para medir el viento: “Deseo de ser como el deseo de Kafka: atravesar el viento montada en un caballo sin espuelas”. En “Influjo”, el poema, como el tiempo, se acortan, y la negación de lo amoroso, si bien no hiere, se da en la ruptura de su signo/sino:
en esta historia no hay Marina
                             no hay Ulay
sólo piedra sobre piedra
de un borde que lleva a un punto muerto

Las sensaciones del invierno son en el cuerpo mismo, en una relación indisociable de quien se pierde, a sí, en sí, al otro o en el otro. Acudir a la parálisis del hielo sería un error, hay que procurar la metamorfosis del yo que hiberna y reflexiona; quizás sea este pensamiento poético lo que mantiene la vitalidad a que se aspira luego del invierno.
El Invierno singular avanza y siempre de manera sutil, abandona el enfoque amoroso para ir al encuentro con la palabra misma. Esa condición moderna de la poeta que reflexiona su ejercicio puede verse en un poema neurálgico, que teje espacios, tiempos e intenciones:

Condiciones climáticas

Toda ausencia duele, es inevitable. Ya no nieva, pero el sol aún es tímido. El azar hace girar el tiempo de los encuentros y los desencuentros. Por la mirilla se asoma un ojo que hunde su iris en el mismo trazo que es difícil desenfocar. Lo conocido siempre es la patria, más cuando los años nos pasan por encima con la justa precisión de la rutina. La gran rutina nos salva y el mundo, entonces, es un diminuto abismo que nos queda muy grande.

El libro pues, de nuevo en la Itaca ineludible, propone “imaginar la travesía” en la alucinación de sus formas, porque, al final, tiempo y espacio no son sino un grano de arena, una grieta borgiana. Como la trama, el erotismo y el amor son ya distantes: cirros y Trencadís, sutilezas en el girón de la palabra que no alcanza sino a mencionar, y nos sitúa en la imposibilidad y sus intuiciones, en su magia, en su deseo.

Selección de poemas
Por Cynthia Pech

Cierzo

El aire más frío que han olido mis huesos penetró despacio y del lado norte. Blandió su arista en mi costilla izquierda y los peces beta que nadaban en la pecera, murieron ahogados por el deshielo. Un fuerte temporal acompañó también a los desiertos que inundaron mi casa con su silencio y sólo en un clasto angular, la luz y sus colores contuvieron el tiempo.

Hangzhou

Sobre el delta del gran río
viento suave sopla
abre el espectro lunar
en un cielo tan igual a otros
Sólo el agua luz nocturna
refulge el silencio ancestral
y las orillas cosidas en la memoria
desenredan los ecos
Luciérnagas anidan nuestros cuerpos

V

Liviana ráfaga de luz
entra en la habitación
tú dubitativa
observas la anchura de la cama
Dudas
siempre dudas
Soliloquio:
Sigues mirando la cama
Nada es más grande que la incertidumbre
A pesar de todo
la luz entra liviana

VII

Bajo la nieve espesa
mi dedo no pudo delinear el contorno de su aliento
ni todos esos años precoces por los que asomó desnudo
el nido de obsidianas donde arremolinaron mis párpados
para contener la lluvia de sus cuencos azules

Medida de Viento

a Miguel Morey

Deseo de ser como el deseo de Kafka: atravesar el viento montada en un caballo sin espuelas, revolcar los mares y descubrir una tierra rasa, estar siempre alerta para ser la piel roja del poema, instalarme en los campos y sembrar todo de nuevo. Deseo de ser como el árbol que resiste cuando el aire embate corteza, distraer a las aves y robarles sus alas. Deseo de hurgar en las raíces sin que duela, volver a la memoria para descubrir el origen de todas las maldades y su plancton.