«Canciones en voz baja». Alicia García Bergua

alicia-garcia-berguaPoeta, ensayista y divulgadora de la ciencia, es una de las poetas más reconocidas de su generación. Los poemas que aquí se presentan forman parte de su libro, que ya comienza a circular en México, con los sellos de Bonilla Artigas Editores y UACM.

 

 

 

Alicia García Bergua, México, del libro Canciones en voz baja

 

Al llevarnos de niños por la calle
nuestra madre iba absorta
sin ponderar el suelo que pisaba
y casi sin mirar alrededor.
Apretaba nuestras manos fuertemente
transmitiendo su miedo de exiliada
de estar perdida en la ciudad ajena.
Esos eran los sueños que tenía
y yo los heredé
como si fueran parte de mi cuerpo.
Me ha costado saber que no son míos,
que es su desamparo que me toma con fuerza
y me aparta de mí y del territorio
que recorro a diario con mi perro
sólo para curarme la extrañeza
de la impronta que traigo.

 

Desde que mi marido murió
he ido recuperando poco a poco ese cuerpo
que dejaba en sus brazos por momentos.
Ahora lo percibo como en la pubertad
cuando me internaba con él en lo desconocido que sentía.
Otra vez aprendo de su ignorancia
                          de su torpeza y de su soledad.
Ahora que atiendo sus mínimos achaques
y camino con él todos los días
sin que nadie lo vea o tome en cuenta,
lo empiezo a disfrutar como cuando corría largos trechos
regresando de la secundaria.
Me despedía de él entonces,
ahora lo sé, y ahora lo reencuentro.
El es el misterio final para el que siempre estaré ciega,
el es yo y lo veo solamente al pasar.

 

Cuando paso junto al parque de al lado de mi casa
vuela de un árbol a otro una paloma blanca,
la miro de reojo y pienso que es un guiño
que me hace ese paisaje de palomas grises y cafés,
pero ella no es un símbolo,
es una excepción en esos árboles
en los que anida junto a otras.
Sólo mi mente las vive en otro reino.

—-

 

Luchábamos por festejar la Navidad.
Insistíamos en poner el árbol
y un nacimiento en cuyo pesebre
siempre dormía un gato.
Lo único que lográbamos
era comer pan dulce con chocolate
y jugar dominó,
no había cena,
había una comida el 25.

Todos la festejaban, por qué nosotros no;
que éramos ateos, respondían.
Pero nosotros, sus hijos, pedíamos ser como todos
y quizá algún día ese dios vendría a socorrernos.

Nuestra madre se paraba en el balcón,
se fumaba un cigarro esperando ver el ovni.

 

Todos los días se arregla ante el espejo
y perfila sus ojos como si se supiera de memoria.
Pero no, se ha olvidado,
Ya no sabe quién es la persona que pinta,
ella es sólo una actriz que conoce sus líneas.
Las repite asumiendo que se van alterando.
No, no sabe quién es, pero no importa,
ya en el escenario todos harán lo mismo.

 

Alicia García Bergua nació en la Ciudad de México el 9 de septiembre de 1954, estudió la licenciatura en filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, es poeta y ensayista y ha trabajado también por poco más de 40 años como editora, traductora y en la escritura de textos de divulgación científica. Es autora de los libros de poesía Fatigarse entre fantasmas (Ediciones Toledo, 1991),  La anchura de la calle (Conaculta, col. Práctica Mortal, 1996), Una naranja en medio de la tarde (Libros del Umbral/ Pablo Boullosa, 2005); Tramas (Cálamos-INBA-Conaculta, 2007), El libro de Carlos (Ed. Juan Malasuerte, 2007), Ser y seguir siendo (editorial Textofilia 2013),) Salto y sueño (inédito) y Canciones en voz baja (Bonilla Artigas-UACM, 2021). También es autora del libro de ensayos Inmersiones (Dirección General de Publicaciones, UNAM, 2009).
Ha sido miembro del Sistema Nacional de Creadores de México de 2001 a 2007, de 2011 a 2013 y de 2017a 2019.