Lucía Estrada. Poemas español-francés

Jean Portante nos presenta la traducción al francés de esta muestra poética de la colombiana Lucía Estrada, quien nació en Medellín en 1980, y es sin duda una las voces más identificadas en su país.

 

 

 

Lucia Estrada

Du receueil: MAIASTRA (2001)

Traduits de l’espagnol – Colombie – par Jean Portante

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Jean Portante

 

II

Abres el libro, no de los muertos sino de los desenterrados. La reina es llevada por el aire negro, la luna a sus pies y el mundo. Densas nubes aprisionan su cuerpo blanco, un cuervo que se precipita, un grito de lechuza. ¿Quién puede dormir? El viaje prosigue a través del espanto. Vas prendida a su cabello, corona de horror  te sientes. ¿Hacia dónde se dirige? Desnuda, es la tormenta que ven desde abajo, un lento castillo de niebla que avanza. No puedes desprenderte; la reina te ha sumado a su vértigo. Se deja llevar. Fuerzas invisibles hacen de su paso el ascendente de los nacimientos, de la vida que rompe sus tallos esta noche. No puedes ocultarte. Su cabello es la estela en que graba su nombre la pesadilla.

II

Tu ouvres le livre, non des morts mais des déterrés. La reine est emportée à travers l’air noir, la lune à ses pieds et le monde. De denses nuages emprisonnent son corps blanc, un corbeau qui se précipite, un cri de hibou. Qui peut dormir? Le voyage continue à travers l’épouvante. Tu t’accroches à sa chevelure, tu te sens couronne d’horreur. Vers où se dirige-t-elle? Nue, c’est la tempête qu’on voit d’en bas, un lent château de brouillard qui avance. Tu ne peux pas te dégager; la reine t’a ajoutée à son vertige. Elle se laisse emporter. Des forces invisibles font de son passage l’ascendant des naissances, de la vie qui brise ses tiges cette nuit. Tu ne peux pas te cacher. Sa chevelure est l’étoile sur laquelle grave son nom le cauchemar.

 

III

El ángel va a desaparecer. Entre las ramas, es casi una corteza. Sólo escucho su canto, no puedo distinguirlo. Toma la belleza de la hoja, la libélula. Me señala con el viento un punto en el que debo concentrarme. Sí, allí está con todo su brillo. Algo me enseña. En poco tiempo, podría dibujar la perfección del mundo, un siglo, lo que el dios de la montaña.

-¿Y después?-

El cielo cae del árbol cubierto de hormigas. Ángel transformado, su belleza roedora, el más antiguo. También en él hay un mapa, la misma escritura pero en otro tiempo, el mensajero de la aurora en los jardines de la noche, la misma luz pero en los ojos de la muerte. – ¿Nada ha cambiado entonces? – No, es el mismo rostro, el gusano que antes era estrella, una misma voz en ambas bocas. Nada ha cambiado.  Salvo el momento de mirar y comprender.

III

L‘ange va disparaître. Entre les branches, c’est presque une écorce. Son chant, je ne fais que l’entendre, je ne peux pas le distinguer. Il prend la beauté de la feuille, la libellule. Me signale avec le vent un point sur lequel je dois me concentrer. Oui, le voilà, dans tout son éclat. Il m’enseigne quelque chose. En peu de temps je pourrais dessiner la perfection du monde, un siècle, ce que le dieu de la montagne.

– Et ensuite?

Le ciel tombe de l’arbre couvert de fourmis. Ange transformé, sa beauté rongeuse, le plus ancien. En lui aussi il y a une carte, la même écriture mais en un autre temps, le messager de l’aurore dans les jardins de la nuit, la même lumière mais dans les yeux de la mort. – Rien n’a donc changé? – Non, c’est le même visage, le ver qui avant était étoile, une même voix dans les deux bouches. Rien n’a changé. Sauf le moment de regarder et comprendre.

 

 

VI

El rey viaja en mi sueño. Conoce la partitura de la muerte, por eso el albatros no devora su corazón y continúa de pie, sin apenas hundirse en el bosque que le ha preparado. Toco mi flauta. Que no descubra mi asombro como en otras aves del paraíso. Que no sospeche la dulce acogida de la hechicera, su barco, el más hermoso y temible. Se hundirían sus pies, luego su cuerpo, su cabeza, y lo que está abajo estaría arriba, y el secreto, de golpe, abierto.

Mi rey herido por la tormenta, su corazón en la boca de la noche.

VI

Le roi voyage dans mon rêve. Il connaît la partition de la mort, voilà pourquoi l’albatros ne dévore pas son coeur et continue debout, sans à peine s’enfoncer dans la forêt qu’il lui a préparé. Je joue sur ma flûte. Qu’il ne découvre pas mon étonnement comme dans d’autres oiseaux du paradis. Qu’il ne spoupçonne pas le doux accueil de la sorcière, sa barque, la plus belle et redoutable. S’enfonceraient ses pieds, ensuite son corps, sa tête, et ce qui est en bas serait en haut, et le secret, soudain, ouvert.

Mon roi blessé par la tempête, son coeur dans la bouche de la nuit.

 

XV

La mano que escribía fue arrojada lejos, quemada. No es posible vivir con la cerradura cuando, más allá de guardar, se ha convertido en la sombra que sufre el adentro, que lo conoce y se duele, que revienta bajo el golpe de sus mareas. -¿Has visto el vuelo del dragón? Yo sólo lo he imaginado. Derrota al tuyo noventa y nueve veces-.
No aciertas a escribir sobre lo blanco.

XV

La main qui écrivait a été jetée loin, brûlée. Il n’est pas possible de vivre avec la serrure quand, au-delà de garder, elle est devenue l’ombre qui supporte le dedans, qui le connaît et se plaint, qui éclate sous le coups de ses marées. – As-tu vu le vol du dragon? Moi je l’ai seulement imaginé. Il défait le tien quatre-vingt-dix-neuf fois. –
Tu n’arrives pas à écrire sur le blanc.

 

XIX

Entro en la fiebre. Desde mi ventana veo el nacimiento de los mares, colinas que la espuma reviste, novias muertas, sumergidas. Temo ser encontrada con esa visión, que descubran mi deseo de correr tras una legión de ahogados. El cuerpo se precipita, resplandece. Soy una con el todo; los pies me liberan del camino. Convulsa la espada, el oro del estanque. La llama va en ascenso, corta el hilo de la resistencia. Hay una mano perdida para la escritura, otra que la rescata, que sostiene las agujas de lo imposible. No lo teje, sólo cuida la verticalidad del sueño. No paro de caer. Mira la lluvia: ha encontrado otro linaje, un anticipo místico, un animal de fondo que se recuerda y nos recuerda.
Es el frío, la exaltación, la mano volcánica que te abre, y el goce.
No sueltes la flor.

XIX

J‘entre dans la fièvre. Depuis ma fenêtre je vois la naissance des mers, collines que l’écume habille, fiancées mortes, submergées. J’ai peur qu’on me rencontre avec cette vision, qu’on découvre mon désir de courir derrière une légion de noyés. Le corps se précipite, resplendit. Je suis une avec le tout; les pieds me libèrent du chemin. Convulsée l’épée, l’or de l’étang. La flamme est en ascension, coupe le fil de la résistence. Il y a une main perdue pour l’écriture, l’autre la sauve, qui soutient les aiguilles de l’impossible. Elle ne le tisse pas, elle prend seulement soin de la verticalité du rêve. Je ne cesse de tomber. Regarde la pluie: elle a trouvé une autre lignée, un acompte mystique, un animal de fond qui se souvient et se souvient de nous.
C’est le froid, l’exaltation, la main volcanique qui t’ouvre, et la jouissance.
Ne lâche pas la fleur.

 

XXI

Se empieza por buscar en la memoria, en los sueños, en las distintas formas de la luz que golpea contra el mundo. Se extiende la mirada, se contrae. He hablado tantas veces de la lejanía, de fijar un punto y caminar hacia él sin detenerse. ¿Qué harán de ese lado? ¿Quién cantará? ¿Quién abrirá un libro, cerrará otro, moverá una taza, guardará para siempre un cofre? Recordar esas ciudades invisibles, suspendidas, un hombre como pocos sobrevolando lo imposible. Una visión gloriosa por desaparecer. Todos estuvimos ahí, en la construcción de altos cristales, puentes de humo, antiguas avenidas, tiendas de color canela. Sigo allí, sostengo un hilo que me lleva a galope; sigue, sigue, ¡qué larga la travesía! Mi boleto cuesta lo que tres viajes. Primero una calle ancha, iluminada, fragor de transeúntes, fantasmas, luego un espasmo.

Cada tiempo, alguien reinventa las ciudades, las que amó, las que imaginó. Somos ese tiempo. Es nuestro turno.
Memoria de Bruno Schultz e Italo Calvino

XXI

On commence par chercher dans la mémoire, dans les rêves, dans les diverses formes de la lumière qui frappe contre le monde. S’étend le regard, se contracte. J’ai parlé tant de fois du lointain, de fixer un point et de marcher vers lui sans s’arrêter. Que peut-on bien faire de ce côté-là? Qui ouvrira un livre, en fermera un autre, bougera une tasse, gardera pour toujours un coffret? Se souvenir de ces villes invisibles, suspendues, un homme comme peu survolant l’impossible. Une vision glorieuse pour disparaître. Nous avons tous été là, dans la construction de verres élevés, ponts de fumée, anciennes avenues, magasins couleur canelle. J’y suis encore, je soutiens un fil qui m’emporte au galop; il continue, continue, quelle longue traversée! Mon billet coûte celui de trois voyages. D’abord une route large, illuminée, fracas de passants, fantômes, ensuite un spasme.

De temps en temps  quelqu’un réinvente les villes, celles qu’il a aimées, celles qu’il a imaginées. Nous sommes ce temps-là. C’est notre tour.
Mémoire de Bruno Schultz et Italo Calvino

 

XXXI

Redimir la noche, mezclar su escritura y comprender. No es posible huir luego de haber iniciado la cacería mayor, brazos y ojos señalados por el fuego de la búsqueda. El dedo que fijó la página, el agua que vemos resplandecer en el poema. Todavía, ese leve gesto se repite. La luna del comienzo no declina ni se oculta.
Un instante: se descifra el movimiento de la llama.
Otro: el humo que asciende.
Ahora se prueba el fluir de la sangre, ahora un círculo de correspondencias.
El silencio explora su laberinto. La estela de ese otro sol se mantiene. El rito de la noche no termina. Viejos hombres deambulan hoy bajo su antorcha.

XXXI

Racheter la nuit, mélanger son écriture et comprendre. Il n’est pas possible de fuir après avoir commencé la grande chasse, bras et yeux signalés par le feu de la recherche. Le doigt qui a fixé la page, l’eau que nous voyons resplandir dans le poème. Ce geste léger se répète encore. La lune du début ne décline pas ni s’occulte.
Un instant: se déchiffre le mouvement de la flamme.
Un autre: la fumée qui monte.
Désormais on goûte au flux du sang, désormais un cercle de correspondances.
Le silence explore son labyrinthe. La stèle de cet autre soleil se maintient. Le rite de la nuit ne finit pas. Des hommes vieux déambulent aujourd’hui sous sa torche.

 

XXXV

La araña resplandece. Cada noche trae su crecimiento. Agujas tejen catedrales.
Entro en la primera: círculos señalan uno mayor, siempre en fuga. El aire, tela metálica, antigua visión de uno que permanece en oscuros dormitorios.
La araña construye una segunda catedral: coros que fluyen ocultos bajo tierra; niños muertos en cortejo fúnebre seguidos por la tormenta.
Un cielo urdido por muchas manos que son sólo una, mandíbula ardiente, belleza y horror de haberme encontrado en su partitura frente al vacío: última catedral.
Nubes de insectos furiosos agujerean el silencio.
                                                A Pedro Arturo Estrada y su poema Bach

XXXV

L‘araignée resplandit. Chaque nuit apporte sa croissance. Des aiguilles tissent des cathédrales.
J’entre dans la première: des cercles signalent un plus grand, toujours en fuite. L’air, toile métallique, vision ancienne de quelqu’un qui reste dans des dortoirs obscurs.
L’araignée construit une deuxième cathédrale: choers qui coulent cachés sous terre: enfants morts en cortège funèbre suivis par la tempête.
Un ciel tramé par beaucoup de mains qui n’en font qu’une, mandibule ardente, beauté et horreur de m’être retouvée dans sa partition devant le vide: dernière cathédrale.
Des nuées d’insectes furieux trouent le silence.
                                                À Pedro Arturo Estrada et son poème Bach

 

XXXVII

Un silencio seco rodea la palabra. Todo termina y todo vuelve a comenzar. Son estos los minutos por venir, ya en la memoria. Un tiempo pasado y un tiempo futuro reunidos. Un tiempo dentro del tiempo. Y así como el coloso inmóvil, sus pies en ambas orillas, la palabra se abrirá al paso de las olas, y el arriba y el abajo, el mar golpeará con fuerza.
En este vuelo del dragón a la serpiente, agua, no aire tibio.
Habitantes de hondos sonidos, lentas sílabas sumergidas, vendrá un segundo en que las aguas se retiren, y la palabra seque sus maderas hasta convertirlas otra vez en fuego.

XXXVII

Un silence sec entoure le mot. Tout se termine et tout recommence. Voilà les minutes à venir, dans la mémoire déjà. Un temps passé et un temps futur réunis. Un temps dans le temps. Et comme le colosse immobile, ses pieds sur les deux rives, le mot s’ouvrira au passage des vagues, et le haut et le bas, la mer le frappera avec force.
Dans ce vol du dragon au serpent, l’eau, pas l’air tiède.
Habitants de sons profonds, lentes syllabes submergées, viendra une seconde où les eaux se retireront, et le mot séchera ses bois jusqu’à les transformer de nouveau en feu.

 

XXXVIII

Escucho música lejana, como de palabras que van a decirse, las últimas de una lengua en extinción. El aire trae sus capillas, recintos aislados, semillas de luz en el espacio negro. Dentro de sus cristales, robustas plantas tejen un canto silencioso: habla de dioses perdidos, de aves fabulosas, seres vegetales, edénicos, a la búsqueda de un tiempo semejante al vacío. Van a decirse, van a fluir en ausencia de bocas, todas las palabras, las del principio, las de la muerte; van a recorrer lo inmóvil, lo consumado, abrirán la tierra, separarán las aguas, río contra río, el fuego será rodeado, barrerán nuestros huesos que ocultan el primer jardín, derribarán los sarcófagos del oído y la lengua, y todavía ese viaje sería el inicio.
Reinas de sí mismas, las palabras, somos apenas su tránsito misterioso, no la región que las espera.

XXXVIII

J‘écoute de la musique lointaine, comme de mots qui vont être dits, les derniers d’une langue en extinction. L’air apporte ses chapelles, enclos isolés, graines de lumière dans l’espace noir. Dans ses cristaux, des plantes robustes tissent un chant silencieux: il parle de dieux perdus, d’oiseaux fabuleux, d’êtres végétaux, édéniques, à la recherche d’un temps ressemblant au vide. Ils vont se dire, vont couler en absence de bouches, tous les mots, ceux du début, ceux de la mort; ils parcourront l’immobile, le consumé, ils ouvriront la terre, sépareront les eaux, rivière contre rivière, le feu sera cerné, ils baleyeront nos os qui cachent le premier jardin, ils démoliront les sarcopages de l’ouïe et la langue, et toujours ce voyage sera le début.
Rois d’eux-mêmes, les mots, nous sommes à peine leur passage mystérieux, pas la région qui les attend.

 

XLV

Estamos en juego. Golpes de tambor anuncian la batalla: sombra o claridad.
Pero nuestro pacto asciende en ambas direcciones.
No hay abismo entre pájaro y tigre.

XLV

Nous sommes en jeu. Des roulements de tambour annoncent la bataille: ombre ou clarté.
Mais notre pacte monte dans les deux directions.
Il n’y a pas d’abîme entre oiseau et tigre.

 

 

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