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“Noches de Celofán”, de Alfonso Peña

alfonso-penaEl colombiano Omar Castillo opina del libro del costarricense Alfonso Peña: “Los once cuentos que componen Noches de celofán, consiguen poner al lector en medio de la nostalgia por una otredad que acecha y perturba a sus personajes y la lúcida y vital orfandad con que estos asumen la realidad que los consume”

 

 

 

Omar Castillo

UN INSTANTE EN LA ESCRITURA DE ALFONSO PEÑA

Omar Castillo
Omar Castillo

I
        Encontrarse con los libros de Alfonso Peña, con las historias que narra en ellos, es encontrarse con una escritura abriéndose hasta dar cuenta de las huellas de su generación convertida en los personajes de las tramas con las cuales busca desvelar las incógnitas y extrañezas de su época. Entonces en sus narraciones se pueden leer las certezas y extravíos vivenciados por esta generación, cuanto la amarra y la suelta como hilos tejiéndose en unas existencias que suceden entre los laberintos de sus intimidades y los de su ciudad, San José, en Costa Rica. Son narraciones donde las vidas de los personajes se nutren y mueven en espacios que más parecen la extensión de un collage impredecible y abrupto armándose al filo de noches lúdicas, espesas, las mismas donde cada uno busca configurar su existencia, reconocerse en los ecos de su historia, en lo coloquial de sus encuentros y de sus fugas ingenuas y libertinas, entre la incertidumbre y el asombro de diálogos que parecen caer como letras exuberantes en lo marchito de su decir, en las oquedades de sus silencios.
        La de Alfonso Peña es una escritura que se abre y crece en las fisuras de su generación y en las manchas que de ésta le permiten aprehender lo visible y lo oculto de los caracteres con los que arma sus personajes, buscando descifrar los abstractos de la condición de su extrañeza, la incógnita donde pernoctan sus vidas. Vale anotar que en esta narrativa el tiempo se da como un escenario donde se presentan los hilos de los personajes, el suceder del tejido de las realidades que arman sus experiencias tanto propias como comunes tras las cuales se recrean las formas y maneras de sus vidas, igual que si se tratara de un negativo revelándose en medio del desasosiego nocturno, los aullidos y silencios de la ciudad.
        Esta es una escritura que se imprime como la broca de un taladro que ausculta y delata la superficie y los recovecos cotidianos de sus personajes hasta penetrar en sus vivencias, en lo enrarecido de sus obsesiones y arbitrio, de ahí que al leer sus textos, nos encontremos con historias de extraño mestizaje envueltas en tramas y descripciones que rondan lo absurdo y lo visceral de las vicisitudes de seres cuyas vidas emergen de un delirio caleidoscópico.

II  
        Ahora, entremos en uno de los libros de Alfonso peña, Noches de celofán, que posee el perturbador encanto de recordarle al lector el aciago y el desasosiego que lo amparan, las ascuas donde se coce su existencia, la cuerda floja donde suceden sus malabares. En mí, el libro resulta perturbador por los símiles que encuentro en sus textos con las escrituras, realidades, obsesiones y olvidos que se dieron en las tres últimas décadas del siglo XX en Medellín, mi ciudad. Símiles posibles entre ciudades de esta región de América y sus escrituras poéticas y narrativas cuando vivimos y asumimos las discrepancias y retos que significa el mundo de hoy en sus sueños y miserabilidades. También por las fatigas y asombros que tales obsesiones y olvidos implican en las existencias de quienes habitamos estas ciudades agarrados de un afán por devorarlo todo hasta hacer del mundo una semilla estéril y al mismo tiempo, de un ímpetu por realizar en él la revelación y plenitud de nuestras vidas. Mientras anoto lo anterior pienso en uno de los libros más característicos de lo escrito y publicado por esos años en Colombia: Manrique’s micros y otros cuentos neoyorquinos (Medellín, 1986), de Jaime Espinel, donde el autor reúne muchos de sus cuentos publicados en Esta y mis otras muertes (1975) y en Agua de luto (1981), además de otros inéditos.
        Los once cuentos que componen Noches de celofán, consiguen poner al lector en medio de la nostalgia por una otredad que acecha y perturba a sus personajes y la lúcida y vital orfandad con que estos asumen la realidad que los consume, en una estampida de vivencias y apetitos que los llevan por sustancias pegajosas, pétreas, recorriendo un tiempo entre el sueño y el despertar, un tiempo que los mantiene como si fueran las piezas de una trama proyectada en un caleidoscopio. Así, sus historias quedan como pedazos aprehendidos por el asombro mismo de quien los nombra, de quien los narra en una escritura que parece aferrada a la penumbra y al resplandor de cuanto dice o silencia. En una prosa que arde en la piel de las tramas de sus personajes y en la piel de quien las nombra penetrando el frío de las realidades que en el mundo hemos creado. Al filo de la noche, siempre de la noche, como si esta fuera el abracadabra misterioso para ir hacia el esclarecimiento del incógnito humano.
        En la presentación que abre Noches de celofán, el escritor Guillermo Fernández dice: “En Noches de celofán hallamos una prosa semejante al divagar onírico, a la rememoración lenta y morosa, a la confesión susurrante del que expone influido por una confusión de los sentidos”. Creo que esa confusión de los sentidos apuntada por Fernández se da en la escritura de este libro por la forma y la manera como el autor explora y aprehende con su escritura la magnitud de la intemperie y de las sañas que cunden la realidad creada por la misma humanidad. Es así que en la particular estructura movilizada en cuentos como La media naranja, Galería apocalipsis, Límite de patio y Purulenta lengua de asfalto, encontramos visibles las tramas que contraen y expanden la domesticidad y los ideales de personajes cuya cotidianidad se resquebraja entre las rutinas y los imaginarios de sus existencias.
        Heñir la piel de la masa humana justo en los instantes cuando su cotidianidad es tocada por lo enrarecido de su oculta entraña, hasta tocar lo extrañado de sus sensaciones e instintos, es fundamento de la escritura que ejerce Alfonso Peña, de su capacidad para aprehender el ardor de los momentos de sus personajes en los escenarios donde los convoca a través de su escritura, esa misma que le permite esclarecer su tiempo que como una huella irrepetible, holla la tautológica historia.
        También son de Alfonso Peña: Cartografía de la Imaginación, conversas con 10 artistas latinoamericanos (Ediciones Andrómeda, San José, 2008) y Conversas (Fundación Camaleonart, San José, 2014), libros donde reúne sus encuentros con poetas y creadores de esta región de América. Son conversas en las cuales las preguntas y las respuestas nos conectan con las experiencias de poetas y creadores cuyos procesos buscan ampliar lo cognoscitivo del arte de nuestro tiempo, Conversas dadas alrededor del fuego, del frío, del silencio y del delirio cuando se arriesga una imagen, un ritmo, un color, un signo surgiendo de la libido de la realidad donde prende el súbito de la creación, el continuo de la vida. En estas Conversas los poetas y los creadores convocados por Alfonso Peña nos dicen de sus formas y maneras de aprehender la realidad y la otredad cuando impacta sus instantes creativos, su relación íntima y mundana con la vida. Nos dicen con frases encarnadas en sus creaciones, la pasión que los consume y hace resurgir igual al Fénix donde se consignan los misterios del mundo. Ea.
        Cabe anotar que el libro Noches de celofán, en su tercera edición, ha sido publicado por la Fundación Camaleonart y ediciones Andrómeda (San José, 2015), la primera salió en 1987. Cada uno de sus once cuentos está acompañado por una obra de la artista Sila Chanto, quien logra mantener un diálogo con los textos que acompaña. El diseño de carátula y el cuidado de la edición son obra de la artista Amirah Gazel. Otros libros de Alfonso Peña son: La novena generación, con ocho relatos acompañados por una muestra gráfica de Fabio Herrera (segunda edición, Ediciones Andrómeda, San José, 2009) y Labios pintados de azul, con siete cuentos en español, con traducción al portugués de Eva Schnell y Ana Damasceno y acompañados por una muestra gráfica del poeta y creador Floriano Martins, (primera edición Fundación Camaleonart y ediciones Andrómeda, San José, 2016), éste último libro abre con la presentación que de él hace Aglae Margalli.

Medellín, febrero de 2017.

 

Omar Castillo, Medellín, Colombia 1958. Poeta, ensayista y narrador. Algunos de sus libros publicados son: Obra poética 2011-1980, Ediciones Pedal Fantasma (2011), Huella estampida, obra poética 2012-1980, el cual abre con el inédito Imposible poema posible, y se adentra sobre los otros libros publicados por Omar Castillo en sus más de 30 años de creación poética, Ambrosía Editores (2012), el libro de ensayos: En la escritura de otros, ensayos sobre poesía hispanoamericana, Editorial Pi (2014) y el libro de narraciones cortas Relatos instantáneos, Ediciones otras palabras (2010). De 1984 a 1988 dirigió la revista de poesía, cuento y ensayo Otras palabras, de la que se publicaron 12 números. Y de 1991 a 2010, dirigió la revista de poesía Interregno, de la que se publicaron 20 números. En 1985 fundó y dirigió, hasta 2010, Ediciones otras palabras. Ha sido incluido en antologías de poesía colombiana e hispanoamericana. Poemas, ensayos, narraciones y artículos suyos son publicados en revistas y periódicos de Colombia y de otros países.
Contacto: ocastillojg@hotmail.com 

 

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