La expulsión de los bárbaros. Krystyna Rodowska

krysrtyna-rodowskaPolonia ha sido escenario constante de invasiones y de desplazamientos humanos, de pérdidas de territorio, pero también una tierra fértil para la poesía y el arte.

 

 

Krystyna Rodowska
Polonia, la expulsión de los bárbaros

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Krystyna Rodowska
A partir de 1989, cuando Polonia salió por fin de la zona de dominación soviética y entró al periodo de transformación, el papel del escritor fue perdiendo la importancia de la que gozó durante la época del comunismo oficial reinante y en el tiempo de la resistencia —de tres cuartas partes del pueblo polaco— al régimen del general Jaruzelski, en los ochenta. En el trance de los últimos veinte años de una Polonia independiente que escogió el camino de liberalismo económico, el escritor, y el poeta en particular, ha dejado de ser una figura emblemática dotada de lucidez ejemplar, un guía espiritual. Lo que interesaba a los actuales gobernantes del país fue el nacimiento y el desarrollo dinámico de la clase media, no la voz ni las prácticas artísticas de los escritores y poetas. Los mismos poetas de generaciones surgidas en los noventa y siguientes dieron la espalda a las fórmulas de compromiso de la Nueva Onda, para concentrarse en las tendencias intimistas y en las exploraciones del lenguaje de la poesía. El escritor, y sobre todo el poeta, se encuentra ahora en una situación rarísima: por un lado, a condición de ser Premio Nobel u otro premio —por ejemplo, Nike o Gdynia, Silesius o Angelus—, puede volverse una gloria nacional y un artículo de exportación; por otro lado, si no cumple con esta condición, como es el caso de la mayoría de escritores y poetas no premiados, lo que publica y lo que piensa está silenciado por los medios todopoderosos, como la televisión y los diarios. En la promoción actual de la cultura en general, parecen contar sólo los proyectos gigantescos, como el Año de Federico Chopin o la construcción del Museo de Arte Contemporáneo y el de Judíos Polacos. A pesar de todo, la poesía y los poetas se defienden, mostrando una vitalidad sorprendente. Cuentan con sus aficionados ardientes y con algunos editores para quienes el beneficio económico no es una prioridad. Creo que Polonia nunca dejará de ser el país de los poetas.

Luchadores sociales

Existen varios poetas y escritores de alta calidad involucrados en la lucha de liberación; también los que perecieron como víctimas de un opresor o del otro. Durante la Insurrección de Varsovia, en 1944, contra los alemanes, un esfuerzo desesperado y heroico de los habitantes de la capital, fueron fusilados los jóvenes poetas, Krzysztof Kamil Baczyński y Tadeusz Gajcy —la gran promesa de la poesía polaca—, ambos ya con una obra prestigiada y quienes no vacilaron en tomar armas contra el invasor. En Lwow, ciudad entonces polaca, los alemanes fusilaron, junto con los eminentes universitarios de la ciudad, a Tadeusz Boy-Żeleński, autor de muchos libros importantes y un enorme traductor de literatura francesa, además médico de formación profesional. Hay que recordar también el destino trágico de un gran poeta vanguardista, Aleksander Wat, que pagó muy caro su adhesión inicial al comunismo, pues fue deportado por los soviéticos a un campo de concentración, mientras su esposa , junto con el hijito, casi morían de hambre en el otro. Aleksander Wat terminó suicidándose en París, pues los dolores de cabeza que le afectaban desde hace mucho —seguramente como efecto de las torturas físicas y psíquicas sufridas en la Unión Soviética— le eran insoportables.
Los casos de Czeslaw Milosz y Witold Gombrowicz fueron distintos. Estos grandes escritores también han pagado muy caro su actitud de resistencia frente al poder comunista, que pohibió furiosamente su lectura en Polonia. Agreguemos a Lech Piwowar —poeta y primer traductor de Altazor, de Huidobro—, una de las víctimas del crimen soviético cometido en Katyń, Miednoye y Kharkov, donde, en pleno secreto, por orden personal de Stalin y Beria, se fusilaron a 22 mil oficiales polacos, culpando a los alemanes, quienes descubrieron las fosas comunes en estos lugares. Tanto los fascistas alemanes como los comunistas soviéticos tenían un plan: el de liquidar la inteligentzia polaca, lo cual lograron en gran medida. Piwowar y sus traducciones de Huidobro desaparecieron, dejando sólo la leyenda del hombre y de su obra.

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Monumento a Copernico, Varsovia

Cultura del libro

Desgraciadamente la tendencia general en Polonia es que los jóvenes, atraídos por la civilización de las imágenes, juegos de computadora, conciertos de rock o heavy metal, leen cada vez menos. Entre los aficionados de la alta cultura y esos “nuevos bárbaros” hay una tensión permanente, característica en los últimos decenios. ¿Qué y quién vencerá? Por el momento, los editores de libros “refinados” —los que esperan entrar en diálogo con un lector educado— están alarmados con los resultados de su actividad y se defienden con numerosos descuentos, promociones, ofertas, etcétera.
Las revistas literarias por lo general son trimestrales. Creo que actualmente sólo hay dos que salen cada mes o cada dos meses: Literatura na świecie (Literatura en el Mundo), que no ha dejado de publicarse desde 1970 y ha evolucionado para volverse mucho más elegante y de alta calidad, y la revista Twórczość (La Creación), también con una gran tradición, gracias a la personalidad de sus primeros fundadores, en los cincuenta. El destino de éstas y muchas otras revistas depende del financiamiento del Ministerio de Cultura, quien prefiere apoyar grandes proyectos de música, cine o conservación de monumentos, antes que crear a los escritores las condiciones para promover su obra y el mercado del libro.

Arduo cometido

A pesar de todas esas circunstancias desfavorables, el escritor debe mantener el sentido de su muy especial misión: despertar las conciencias; hacer valorar las capacidades intelectuales y de la imaginación creativa, más que el talento de ganar dinero; defender las riquezas del idioma natal contra los intentos del lenguaje de políticos y tabloides por empobrecerlo. El escritor es una especie de Sísifo de nuestra época.

Traducir a los latinoamericanos

krysrtyna-rodowskaCon mi trabajo de traductora quiero compartir con otros la emoción de mis hallazgos personales, no lo hago con cabeza fría . En la mayoría de los casos soy yo quien propone a un autor determinado, una antología de poemas o una novela. La literatura latinoamericana, y sobre todo la mexicana, poco a poco me conquistaba incluso antes de conseguir mis becas, para estudiar en la Facultad de Filosofía y Letras de la unam. De hecho, vine a México con el propósito de escribir, investigar por mi propia cuenta, escoger obras y autores para traducirlos. El primer libro mexicano, traducido por mí con amor, fue el de José Revueltas Dormir en tierra, al que le puse un postfacio. En 1970, lo traduje cuando en Polonia, si bien me acuerdo, aún no se conocía nada de este escritor, muy importante para la literatura mexicana y para toda la generacion de 1968. Al llegar a México por primera vez en el otoño de 1974, tuve la oportunidad de conocer personalmente a Revueltas y de hacerle una larga entrevista, publicada después en la revista polaca Literatura en el Mundo. Como miembro de la redacción de esta revista, y dirigiendo allí más tarde el departamento de letras hispanoamericanas, he podido realizar, en colaboración con mis colegas, una cierta estrategia cultural para dar a conocer a los lectores polacos los aspectos mas interesantes, desde mi punto de vista, o más característicos de la literatura latinoamericana y mexicana, en particular. Dentro de este proyecto, he lanzado, por ejemplo, un número especial, dedicado a las escritoras latinoamericanas (Rosario Castellanos, Gioconda Belli, Claribel Alegría, Cristina Peri Rossi, Alejandra Pizarnik). Publicamos un número dedicado a Juan Rulfo y Fernando del Paso, cuyos mundos interiores y estéticas encontradas abrían un cierto camino de interpretación de lo que pasaba en la literatura mexicana. De manera sistemática he publicado en la misma revista mis traducciones de la poesía de Octavio Paz, junto con algunos ensayos suyos, traducidos o comentados por otros colaboradores nuestros. También acabo de publicar mi antología personal de los fundadores de la poesía latinoamericana en el siglo xx que desemboca en la muestra de dos poetas mexicanos más jóvenes (Ambar Past y José Ángel Leyva), con el propósito de llenar una laguna muy seria en la conciencia de lectores polacos que no conocía casi nada o conocían muy mal la poesía de este continente. Espero contagiar a mis compatriotas con mi afición fiel por esta poesía y esta cultura en general.

México

Desde la distancia, veo que la sociedad mexicana actual está enferma e invadida por el cáncer de la corrupción y la violencia. En mis benditos años mexicanos, en la segunda mitad de los setenta, me sentía segura y bien en todas partes: en la calle, en el metro, en el camión, lo que no habría podido sentir actualmente. Tampoco me siento a gusto en la Polonia actual, dividida en dos partes que se odian mutuamente, sin buscar un camino para entenderse o, por lo menos, para tolerarse. Al expresar esas verdades bastante tristes, hay que recordar que entre los polacos y los mexicanos hay muchas afinidades, y siempre nace una simpatía espontánea que no necesita explicaciones.

Leer ¿para qué?

La costumbre y la necesidad vital de leer hace la realidad más comprensible y ayuda mucho a “humanizarla”. La gente que lee crea un cosmos de complicidades, encuentra mucho más fácil el lenguaje en común. Seguro que somos minoría, pero capaz tal vez de salvar a los demás o a algunos, enseñándoles, con su propio ejemplo, maneras diferentes de vivir su vida que la violencia y la trivialidad.

Krystyna Rodowska (Polonia, 1937). Poeta, traductora y ensayista. Ha traducido al polaco y publicado en Polonia a Jorge Luis Borges, Vicente Huidobro, Pablo Neruda, Octavio Paz, Roberto Juarroz, José Emilio Pacheco, Nicanor Parra y muchos otros. Ha publicado Abajo fuego, arriba fuego —Premio de la Fundación de la Cultura en Polonia—, Hacia la desnudez, entre otros títulos. Ha participado en varios festivales de poesía en Europa, América Latina y Canadá. Sus poemas han sido traducidos al español, francés, checo, eslovaco, lituano, rumano, italiano y macedonio.

 

 

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