Antonio Moreno Montero. Sobre Geney Beltrán Félix

Antonio MorenoEl libro, Habla de lo que sabes (Jus, 2009) de Beltrán, es revisado aquí por uno de nuestros más asiduos colaboradores. Diez cuentos, diez lecturas.

 

 

Antonio Moreno

 

Antonio Moreno Montero
Habla de lo que sabes, de Geney Beltrán Félix

 

Diez cuentos. Habla de lo que sabes (Jus, 2009). Y tras saber que Alejandra Pizarnik está inmiscuida en este proyecto de lectura, de una u otra manera, es anticipar lo más áspero en la vida de los personajes, que pueden correr el riesgo de terminar devorados por sí mismos y comprender que la inocencia, en rigor, forma parte de las sombras. Es el primer libro de ficción de Geney Beltrán Félix (Culiacán, Sin., 1976), un autor dedicado a la crítica literaria, disciplina que ejerce de manera notable.

El título puede vincularse con la idea básica de expresar conocimiento humano; o también, para rastrear atmósferas urbanas en cuyos puntos oscuros habitan el delirio y lo ilusorio, los entornos familiares azarosos y las pasiones desaforadas. Hace falta parafrasear el axioma policial de Ricardo Piglia: el que habla pierde. Pero aquí los personajes construyen un modo de comunicación particular a partir de rupturas interiores, de relaciones tortuosas con la ciudad, con el destino, el semejante y los deseos ocultos.
Los personajes crean sus propios mundos. Cada historia narrada posee un tono y una respiración narrativa perceptibles, a flor de piel, como las humanas limitaciones, el padecer de las angustias y las tensiones que ellos viven.

En “Sara antes del fuego”, Beltrán Félix mezcla muy bien la abnegación y la desdicha. Una ama de casa es incapaz de modificar el sistema que rige su vida. Ella, calmosa, sin otras ambiciones, acepta su calamidad y los despojos de sí misma, al lado de un hijo alcohólico y un marido que la golpea, como una tentación, cada vez que se embrutece.

La conclusión es de alta factura: La mujer se dirige hacia la cochera, sin dejar de contabilizar el tiempo—es la maldita condena de los desdichados—otea el cielo estrellado de una ciudad turbia; luego, camina dos pasos con rumbo a la calle, no para relajar esa amargura que le ha paralizado el alma, es que alguien la llama—situado allá donde el aire se hace vertical, el de su conciencia.
Los tres primeros cuentos poseen un magnetismo que despereza al lector, destacándose la presencia de una ciudad trepidante, siempre sórdida y de una fortaleza inagotable. Hay razón para que algunos personajes la llamen Ciudad de Mierda o Pinche Ciudad.

En “Anoche soñé que volaba”, una narración extraordinaria, dedicada a la inocencia perdida, la ciudad se torna agria y sin remedio, pese a su belleza. Disociado de lo divino, el incesto siempre nos produce un extraño (¿contracultural?), inmediato al horror y la repulsión.

El hecho de que Joaquín, su protagonista, desee a su propia hermana, viva en un ambiente con tintes de neo-naturalismo urbano (la pobreza mordiéndole los talones), y a cambio de una pistola ceda a su hermana para que un amigo suyo la posea, son recursos que le dan fuerza y sentido a la narración como historia; y son directamente proporcionales a la puesta en cuestión de un tema que, al mismo tiempo, Beltrán Félix lo temporaliza y ahonda con mucha sutileza: el racismo en México.

Cada cuento de Habla de lo que sabes propone una interrogante (o más de una, claro está), cuya respuesta no puede ser planteada en términos simples. Hablar de lo que uno sabe es más complejo de lo que parece, porque puede resultar un ejercicio fraudulento y generar malos entendidos, pero implícitamente es una práctica para demandar diálogo o apelar por la presencia del otro.

A medida que uno avanza en la lectura, sin dejar de lado las disyuntivas de Sara y Joaquín, por citar dos personajes memorables, el lector puede percatarse de un tema que no es aleatorio. En sus respectivos contextos, ellos se comunican en prórrogas. En el cuento “El cuerpo de Sicrano”, que es apabullante, la gema de la corona de este libro, se insiste en el tema de la comunicación nuevamente, estableciéndose sobre todo una filiación metafórica entre la figura del escritor y su lector idóneo.

El cuento es desafiante y provocativo, todavía más por el exquisito bordado de la trama y la manera de ejercer el trabajo creativo de Beltrán Félix. Se constituye de seis elementos: dos protagonistas (Gabriel Sicrano, viudo, hombre entrado en años y de oficio cartero; María Aspettani, huérfana, perceptiva, de clase media y que por su dolencia, una enfermedad cardiaca severa, en espera de un trasplante de corazón, nos evoca a los enfermos de Thomas Mann), algunas cartas y postales, un manuscrito, y finalmente el cuerpo de Gabriel—que nos hace recordar al personaje célebre de Elías Canetti—convertido en las páginas de un libro. Como un fantasma que declina materializarse, Gabriel escribe desde las sombras una suerte de diario personal.

En cierto modo Sicrano escribe de lo que sabe…Cuando él transcribe el contenido de su manuscrito dividiéndolo en fragmentos que hará llegar a la enferma, metidos en sobres como si fuesen cartas personales (o cuentos por entregas), y que ella los lee con avidez y extrañeza, asistimos a un homenaje—porque deriva en eso—al escritor y sus lectores invisibles.

Tengo la impresión que la imagen del cráneo en la portada, sin mandíbula, con los cuencos de los ojos del tamaño de una boca abierta, logra atenuar ciertos miedos. Pero, desafortunadamente, las contingencias de los protagonistas de Habla de lo que sabes se confunden con las nuestras. Y no inquieta esta aseveración porque, como ellos, también poseemos una endeble fragilidad, sino da miedo saber que para sobrevivir al azar no es
recomendable olvidar nuestra condición salvaje y natural.

 

 

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