Es conocida la labor de traducción que Toledo realiza desde hace muchos años y con esta la difusión de la poesía rusa entre los lectores de habla española.

LA MARIPOSA EN LA ESTRELLA

ONCE POEMAS RUSOS

VÍCTOR TOLEDO

(traducción)

Alexander Pushkin

A  K…

Recuerdo aquel mágico instante:

Apareciste frente a mí

Como visión fugaz:

El genio de la belleza pura.

En la angustia opresora de la desesperanza

En la zozobra del trajín escandaloso

Largo tiempo resonó tu dulce voz

Y soñé tus líneas armoniosas.

Pasaron los años. Tormenta de rebeldes

Temporales los sueños ahuyentó

Y olvidé tu cariñosa voz

Tus líneas celestiales.

En la espesura lóbrega de la prisión

Mis días silenciosos se estiraban

Sin la divinidad e inspiración

Sin lágrimas, sin vida, sin amor.

Pero el alma un día se despertó:

Y otra vez apareciste tú

Como el rayo:

El genio de la belleza pura.

Pulsa encantado el corazón

Para él nacieron otra vez

Divinidad e inspiración

Y vida y lágrimas y amor.

ROSA

¿En dónde está nuestra rosa

Amigos míos?

Se marchitó la rosa

El bebé de la Aurora.

No digas:

¡Así se seca la juventud!

Ni digas:

¡Ésta es la alegría de la vida!

Dile a la flor:

¡Perdona, lo lamento!

Y condúcenos

Hasta el lirio blanco

Barís Pasternak

MAGDALENA

Apenas llega la noche y aparece mi demonio,

Pagaré por mi pasado.

Llegan sorbiendo mi cuerpo y el alma

Recuerdos de mi depravación

Cuando era la bruta poseída

La esclava del capricho de los hombres

Y mi refugio era la calle.

Quedan unos instantes

Y vendrá un silencio sepulcral.

Pero antes que terminen con mi vida,

Vaso de  alabastro que sació su borde,

A tus pies la haré pedazos.

¡Dónde estaría yo

Maestro mío, mi Salvador,

Si en las noches, a la mesa,

La eternidad sensual no me esperara

Como en las redes de mi profesión

Un nuevo visitante atraído por mi sed.

Pero explícame qué es el pecado,

La muerte, el infierno, la azufrada llama,

Si ante los ojos de todos

Como el retoño del  tallo

Uní a tu talle mi tristeza inmensa.

Cuando aprietan mis rodillas

Tus firmes pies, Jesús,

Tal vez aprendo a abrazar

La recta viga de la  cruz

Y perdiendo los sentidos me arrojo a tu cuerpo:

Te preparo para la inhumación.

Por aquí cruzó la uña misteriosa del enigma

Es tarde, mejor me iré a dormir

y con las luces del alba

Lo comprenderé. Mientras no me despierten

Tocaré a mi amada, como nadie sabe.

¡Cómo te tocaba!

Incluso con el cobre de mis labios te tocaba

Como una tragedia conmociona a su auditorio.

Te tocaba. El beso era un verano

Se venía en agostado día estival que tardaba y tardaba

Y de pronto derramaba la tormenta.

Bebía como las aves, dilatándose hasta perder el conocimiento.

Lentas corrían por la garganta las estrellas

Y los ruiseñores temblando, con los ojos en blanco

Apuraban gota a gota el firmamento.

Marina Tsvietáieva 

MAGDALENA (3)

Sobre tus caminos no voy a interrogar

Querida, todo se realizó

Yo iba descalzo y tú me arropaste

Con aguaceros de tus lágrimas y de tu cabellera.

No pregunto a qué precio

Se compraron tus esencias

Yo estaba desnudo y tú una ola

Con cuerpo y pared me ceñiste.

Tocaré con mis dedos tu desnudez

Más silencioso que el agua

Y más bajo que la hierba.

Yo era recto

Y tú me inclinaste apretado a tu cariño

Cávame un foso en tus cabellos

Cúbreme sin lino, apaciguadora,

Para qué quiero el mundo

Si tú como una ola me lavaste.

31 agosto 1923

Osip Mandelshtam

Toma, para el goce, de mis manos,

Un poco de sol y algo de miel

Como nos ordenaron las abejas de Perséfone.

No se puede soltar una barca a la deriva

Ni sentir en la piel la sombra de una bota

Ni vencer al temor en la dormida vida.

Sólo nos quedan los besos

Felpudos como pequeñas abejas

Que mueren al salir de la colmena.

Ellos murmuran en la transparente espesura de la noche,

Su patria: el profundo bosque de Taiget

Su alimento: el tiempo, la menta y pulmonaria.

Toma, pues, para tu goce, mi regalo salvaje

Este seco y burdo collar

De abejas muertas: la miel que se convierte en sol.

1920

Cuando Psique la Vida a las sombras desciende

Y hacia el traslúcido bosque a Perséfone sigue,

Una golondrina ciega se echa a sus pies

Con la ternura Estigia y con la rama verde.

Hacia la fugitiva corre miríada de sombras

A recibir la nueva compañera con lamentos.

Y sus débiles brazos rompen ante ella

Con desconcierto y tímida esperanza.

Quien un espejo ofrece, y quien un perfume:

Como el alma es mujer, gusta de naderías

Y el bosque sin hojas de diáfanas voces

Secas quejas rocía como llovizna pequeña.

Y en el vaivén cariñoso sin saber qué hacer,

No reconoce el alma el transparente robledal.

Su aliento empaña al espejo y se demora en dar

La moneda de cobre al nebuloso cruce.

1920

GOLONDRINA

Olvidé la palabra que quería decir.

Regresará en el aposento, al esplendor de la sombra, la golondrina ciega

En alas recortadas para jugar con transparencias.

En el olvido se canta la canción nocturna.

No se oyen las aves. La siempreviva no florece.

Traslucen las crines de la caballada nocturna.

Por el río seco flota una barca vacía.

Entre los grillos la palabra desvaría.

Y crece lentamente, cual pabellón o templo.

O de pronto finge ser Antífona demente,

O golondrina muerta, a los pies se lanza

Con la ternura Estigia y con la rama verde.

Oh, si se pudiera volver al pudor de los dedos videntes

Y al júbilo sinuoso del reconocimiento.

¡Yo que tanto temo el llanto de las Aónides,

De la niebla, del hiato, la abertura y el sonido!

A los mortales les fue otorgado el  poder de amar y de reconocer,

Para ellos el sonido fluye de los dedos,

Pero ya olvidé lo que quería decir,

Y la idea incorpórea al aposento de las sombras volverá.

La palabra transparente siempre desatina

Siempre golondrina, Antífona, amiguita…

Y en los labios arde como hielo negro

El estigio recuerdo del sonido.

1920

AL HABLA ALEMANA

Cual polilla en la nocturna vela

En la contradicción estoy perdido

Salir me gustaría de nuestra lengua

Y tanto eternamente ya le debo.

Tenemos alabanza sin lisonja

Tenemos amistad recta y sincera

Tomemos algo de la honra y seriedad

Del Occidente en la familia ajena.

Recuerdo un militar tudesco

(¡Te adornan las tormentas, Poesía!)

En cuya espada se enredaban rosas

Y Ceres en su boca florecía.

Aún los padres en Francfort dormitaban.

De Goethe nada entonces se sabía.

Al son de himnos danzaban los corceles

Y como letras en papel corrían.

¿En qué Walhalla, amigos míos

Del mismo plato nos alimentamos?

¿Qué libertad ustedes poseían

Qué rutas señalado ya me habían?

Y de la hoja del fresco almanaque

De la blancura del primer escrito

Bajaron escalones de la muerte

Como al hostal por un vaso de vino.

Un habla ajena será mi envoltura

Pero mucho antes de nacido

Fui una letra, una línea de vid

El libro fui que en sueños has leído.

Dormido sin imagen ni concierto

La amistad me despertó con un disparo.

De Pílades concédeme la suerte

Dios Nachtigall o prívame del habla.

¡Dios Ruiseñor! Me arrastran a otras pestes

De siete años nuevas guerras,

Silban rebeldes las palabras, el sonido se encoge

Pero tú vives, y me salvas.

1932

No escuché los cuentos de Ossián

Ni probé el antiguo vino:

¿Por qué se me aparece el claro del bosque

Y la sangrante luna de Escocia?

Y el contrapunto del arpa y el cuervo

En el silencio maldito me suena.

Con el viento agitando las bufandas

¡Pendones de guerreros fulguran con la luna!

He recibido una bendita herencia:

Los sueños errantes de extraños cantores.

El parentesco y la aburrida vecindad

Nosotros despreciamos libremente.

Y puede suceder: más de un tesoro

Saltando a los nietos pase a los bisnietos

Y de nuevo el escaldo componga esa canción extraña

Y la interprete como si fuera propia.

1914

Joseph Brodsky

LA MARIPOSA

I

¿Decir que tú estás muerta?

Tan sólo viviste una jornada.

Cuánta tristeza hay en la broma del Creador

Apenas puedo articular “vivió”:

Unidad de la fecha del nacimiento

Y de cuando en mi mano te deshiciste.

A mí me desconcierta restar

Una de las dos cantidades

A los confines del día.

II

Después que los días para nosotros

No son nada -sólo nada-

No los atrapas

Y de pitanza para los ojos no los tendrás:

Ellos

En el fondo blanco

No tienen cuerpo, son invisibles

Los días son como tú

Exactamente ¿qué puede pesar

Disminuido diez veces

Uno de estos días?

III

¿Afirmar de lleno que no existes?

¿Pero qué es en mi mano

Algo tan similar a ti?

¿Y el color?

Que no es fruto del no ser

¿De quién es este soplo

Que así se unta en la pintura?

Dudo que yo

Balbuceando un nudo de palabras

Ajenas al color

Pudiera delinear esta palestra.

IV

En tus alitas hay

Pupilas, pestañas, ninfas o aves.

¿Fragmentos de qué rostros es este retrato volador?

Dime de qué partes y pizcas tu casualidad

Aparece una naturaleza muerta:

De cosas, quizá frutos,

Incluso el trofeo

Extendido de la pesca.

V

Es probable que seas un paisaje,

Si tomo la lupa

Encuentro al grupo de ninfas,

al embrujo, la playa

¿Es tan claro allá como en el día

o tan abatido como la noche?

¿Qué estrella se encendió en la bóveda celeste?

¿De quiénes son estas figuras?

¿Dime

De qué naturaleza

Todo el paraje se hizo?

VI

Pienso: tú eres

Esto y lo otro

Tienes rasgos de astro, rostro, objeto

¿Quién fue el orfebre

Que sin arrugar el ceño

Engarzó en miniatura

Los rasgos de este mundo?

Que enloquece.

¿Quién nos tomó entre sus pinzas:

Donde tú eres el pensamiento sobre la cosa

Y nosotros la cosa misma?

VII

Dime

Para qué este arabesco

Te fue dado sólo un día.

En el confín de los lagos

¿A quién esta amalgama

Reservará espacio de antemano?

Quitándote la posibilidad

El corto tiempo

De caer en la red

Estremecerte en la palma de la mano

Y en el instante de la persecución

Deslumbrar a la pupila.

VIII

Tú no me respondes

Y no es por timidez

Y no por algún mal

Y no por estar muerta.

Pues a cada criatura

-Viva o muerta-

En señal de parentesco

Se donó una voz:

Para el entendimiento, el canto,

La prolongación de un instante

De un día.

IX

Estás privada del empeño

Pero hablando con rigor: mejor así.

Para qué tener deudas con el cielo.

En el recuento no te aflige

Si tu siglo y tu peso son dignos del silencio

El sonido también pesa

Pero tú eres más incorpórea

Y más insonora

Que el tiempo.

X

No alcanzaste a vivir

Hasta sentir el miedo.

Más fácil que el polvo te ensortijas

Sobre el tiesto

Estás fuera de lo transcurrido

Del pasado del porvenir con sus ahogos

Parecidos a la cárcel.

Por eso cuando vuelas hacia el prado

Soñando libar

El mismo aire -de pronto-

Toma forma.

XI

Así la pluma se desliza

En la suave blancura el abismo del cuaderno

Sin conocer el destino de su línea

(Donde el saber y la herejía se enredaron).

Más confiándose a los empeños de la mano

En sus dedos

Se bate el habla

Muda por completo:

No quita el polvo acumulado de la flor

Mas sí el peso de los hombros.

XII

Esta belleza

Y su fecha tan pequeña

Uniéndose a esta conjetura

Tuerce la boca

Sin decir  -claro-

Que en realidad

El mundo fue fundado sin objeto

Y si lo tiene

No somos nosotros.

Amigo entomólogo:

Para la luz no hay agujas

Y no las hay para las sombras.

XIII

¿El “Adiós”

Es la forma de los días?

Hay quien con sus razones

Quiere cortar el limo del olvido

Pero mira

La culpa de esto es que a su espalda

No carga días de mutuas sábanas

Ni espesos sueños

Ni pasado.

¡Pero mira el nubarrón de tus hermanas!

XIV

Tú eres mejor que la Nada

Más verdadera, más cercana

Más visible.

En el fondo eres de su familia:

En tu vuelo alcanzó la encarnación

Y por ello

En el tumulto cotidiano

Eres digna de la mirada

Como ligera barrera

Entre Ella y yo.

LA ESTRELLA DE NAVIDAD

En una fría temporada

En el cósmico lugar

Inclinado más al calor que al frío

Y más que a la montaña hacia el llano

El niño dios sonrió en la cueva para salvar al mundo.

El blanco aullaba, barría:

Así la tiza del invierno

borra y atiza en el desierto.

A El todo le parecía enorme: los pechos de la madre

El vapor amarillo de las ventanillas nasales de los toros

Los magos Melchor, Gaspar y Baltazar

Sus regalos traídos de tan lejos.

El era sólo un punto.

Y un punto era la Estrella.

Que atenta, sin parpadear, entre una misteriosa nube,

Sobre el pesebre del bebé,

Desde lejos, en el otro final,

Al fondo del  Infinito,

Miraba hacia la cueva.

Y era Ella

La mirada del Padre.

VICTOR  TOLEDO

Poeta, ensayista y traductor. Córdoba, Veracruz, México,  22-XI-1957.  Doctor en Filología Rusa U. LOMONOSOV DE MOSCU (1987-91). Investigador del Posgrado en Literatura BUAP. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores CONACYT. Premio Nacional de Poesía Joven, 1983. Becario de poesía del CENTRO MEXICANO DE ESCRITORES (1984-85), INBA (1985-86), FONCA Puebla y Veracruz, Creadores con Trayectoria, en distintas ocasiones. De Traducción del ruso, CONACULTA, 2003. VERACRUZANO DISTINGUIDO, Gob. De Veracruz, 2001. MEDALLA PABLO NERUDA, Gobierno de Chile, 2004.

Antologado en Veracruz Dos Siglos de Poesía (XIX y XX),  CONACULTA. 2 T., 1991. La Rosa Escrita. Breve antología poética de la rosa en lengua castellana, Francisco Hernández. Aldus. México, 1996. El corazón prestado (El mundo precolombino en la poesía de los siglos XIX y XX), Víctor Manuel Mendiola, ediciones cal y arena, México, 2004. Dos siglos de poesía en México, Jair Cortés, Gob. De Tlaxcala, 2010. Antología General de la poesía Mexicana, Juan Domingo Argüelles, Océano, 2013.