De este poeta, músico y editor mexicano dice su compatriota Juan Domingo Argüelles: «En su fe poética, Cosme Álvarez (Ahome, Sinaloa, 1964) afirma que «el poeta no señala direcciones, sigue huellas en el río de la experiencia». Esto es exacto, en su caso (y en el caso de otros poetas tan vitales como él), de la primera a la última palabra, pues es verdad que la poesía sucede, sucede cada día.
En su fe poética, Cosme Álvarez (Ahome, Sinaloa, 1964)
afirma que «el poeta no señala direcciones, sigue huellas en el
río de la experiencia». Esto es exacto, en su caso (y en el caso
de otros poetas tan vitales como él), de la primera a la última
palabra, pues es verdad que la poesía sucede, sucede cada día.
El poeta asume su tiempo, no escribe libros, escribe poemas
que luego se convertirán en libros, pero sólo por la costumbre
que tenemos de formar y leer libros: estas colecciones de
escritos que, tratándose de poesía, revelan casi siempre un
espíritu íntimo: palabras privadas que decimos en público.
Juan Domingo Argüelles
En 2014, poco después de cumplir 50 años, me di cuenta de que probablemente no volveré a escribir poemas en lo que me queda de vida. No es una deserción. Los libros Poeta en muerte (2008) y Tras la huella (2011) fueron lo que podría llamar el primer aviso, y tras escribir el poema «Machíria» (2014), algo me dijo que debía callar, no sé si para siempre, y seguir humildemente tras la huella.
Cosme Álvarez
Poeta en muerte
(2008)
Cosme Álvarez
A mis hijos
Es al amor de su hogar
adonde iría yo a colocarme
si hubiese que aclimatarse
a este mundo.
F. Nietzsche
De qué están hechos mis recuerdos
sino del hueso de la vida,
de qué están hechos vida y hueso
sino del polvo de la muerte.
De rueca y polvo es la memoria,
rama prendida a mi reflejo,
de la memoria un solo rastro
enciende hogueras en mi cuerpo;
de un rostro nace un firmamento,
del firmamento otra vida.
De las palabras cae un eco,
la mano palpa en la memoria,
bosque imantado de mis huesos,
cristal de áspero mercurio
donde los dedos del olvido
dan al espíritu espejismos.
Una pregunta es un fantasma
cuando interroga lo perdido;
trazo de luz más que presencia,
yo voy detrás de sus pisadas.
He vuelto, solo y vulnerable,
a la ciudad de mis recuerdos,
volvimos, yo y mi torvanada,
para cavar sobre mi huella,
uña sangrante de experiencia,
guadaña, aguja puercoespina,
rasga el ahora, y en la muerte
cambia el misterio por nostalgia.
En la mirada crece el tiempo,
nube hilandera de espantajos.
Aquí a la orilla del silencio,
vida liviana para el ojo,
no hay luz, hay voz que se derrama:
va del ombligo a la retina.
De ayer a hoy hay sólo un paso,
la uña, el filo, la hendidura
de los recuerdos y las fechas,
donde el telar de lo visible
hilvana polvo de los huesos
y teje vida de la nada.
Aquí es el llanto, el alborozo,
o es el silencio de la muerte;
mi vida pende como fruta:
recia raíz de lima dura
donde la mano del recuerdo
mueve el tobillo del instante.
Hecha de imagen y de mundo,
la realidad es otro sueño,
va boca adentro de la vida,
hilvana horror en la mirada.
Aquí me entrego a los incendios,
bajo mis párpados hay lumbre;
aquí despierta lo indecible
desde la voz de la mirada.
De qué están hechos ojo y sueño,
sino de imagen y medida;
de qué está hecha la mirada,
sino de instante incomprensible;
la luz concibe el arco iris,
el ojo es voz de lo sagrado.
En el decir de la mirada
todas las voces y ninguna;
del hueso nacen las palabras,
de las palabras: balbuceo.
Uno al mirar palpa siluetas,
vocales, sílabas de carne,
ya no es un eco de la muerte,
es un decir y es el silencio;
hay algo hablándome al oído,
me entrego entero a su dictado.
Aquí es el límite del habla:
toco la luna con las manos;
del agualuz brotan objetos;
de lo que es real, albor nacido.
Aquí, a la orilla del lenguaje,
la voz es lazo de mi aliento,
aquí intercedo, me disuelvo
en lo sagrado que contemplo;
el mundo es hecho de silencios
en danza hueca de vocales.
La realidad no tiene lados,
dátil caído de la rama;
desde la rama nace el habla
entre el follaje de los verbos.
Hago que callen las palabras,
los dioses huecos y su espuma,
el ruidajal del hablerío:
alto crepúsculo sonoro
donde el ramal de la experiencia
es lo mirado y lo que mira.
De qué está hecho nuestro barro
sino de luz y de conciencia,
limo preñado por el tiempo
en el azar de lo nacido.
De piel y jaspe, de esqueleto
es la materia de mi cuerpo;
desde la rueca, desde el vientre,
se teje el hilo de mi muerte,
el cuerpo es voz, memoria, polvo,
rama prendida a algún reflejo.
De qué está hecho el hombre en muerte,
sino de ausencia en la pupila:
es la mirada lo que muere;
detrás del ojo: albor vacío,
memoria y polvo de los huesos
entre la sed de lo perdido.
La sensación es lo que muere,
el fundamento de los sueños;
el peso muerto de la muerte
cae sobre el cuerpo de la vida.
De la embestida, del instante,
es la materia de lo muerto;
hacia la muerte sólo un paso
hecho de ayeres en los ojos.
La muerte escarba, con los dientes,
el hueso, el jaspe, el esqueleto,
busca en la piel de lo nacido
el hueso vivo de tus huesos,
muerde la luz, lengua de frío,
y lleva el alma hacia el espanto.
De qué está hecha nuestra muerte,
sino de amor seco en los ojos;
mi muerte no es estar callado,
es voz sin riesgo en mi palabra.
Soy el arquero de la noche,
mi flecha es luna de obsidiana;
en la memoria está mi arco,
en el carcaj toda mi vida;
la muerte habla por el ojo,
la mano palpa sobre el mundo.
De qué está hecha mi tristeza,
sino de pérdida y penuria;
aquí libero los sentidos,
no hay voz que oír, sólo sonido;
callan mis ojos, calla el arco,
y calla el eco de la muerte.
Soy un arquero de palabras
donde no hay blanco sino ausencia;
mi vida pende de la rama
en el presente con la muerte.
El habla tiene una frontera,
en su contorno está mi riesgo,
voy tras su huella entre palabras,
voy por el bosque de los ojos.
Avanzo a solas entre espectros,
hay un relámpago en el iris,
hay un murmullo, un balbuceo,
hay un arquero tras la flecha,
es la mirada, su sonido,
la voz que pende del vacío.
De qué están hechas mis palabras,
sino de actos en la vida,
de amor y muerte, de mis huellas,
de luz y sombra, de sendero.
Aquí confieso, me disuelvo,
mis ojos siguen una estela;
quiero fundirme en los misterios,
quiero ser mundo en el incendio,
interceder desde mis huesos
entre tus ojos y el silencio.
breve nota bio-bibliográfico:
Cosme Álvarez (1964)
Premio Nacional de Poesía «Gilberto Owen» 1997
Colaborador en Unomásuno, Sábado, La Talacha, Tierra Adentro, Revista de la Biblioteca de México, Blanco Móvil y Acequias, entre otras. Ha fundado y dirigido dos revistas de arte y literatura: Revólver (1991-1992) y Astillero (2000). Dirige la revista electrónica La Guarida. Literatura de España y América Latina. Fue Coordinador de Difusión Cultural, Publicaciones y Extensión Universitaria de la Universidad Autónoma Indígena de México (UAIM), Mochicahui, El Fuerte, Sinaloa (2008-2009) y Coordinador de proyectos en la editorial Espejo de Obsidiana (2001-2002).
Libros publicados y antologías (1988-2015)
2017 Dies poemas para leer en el metro. Selección de Diego Cera. Cltra Clctva
2017 Una fiera lentísima (Muestra de poesía sinaloense). Colección Ex Libris. Instituto Sinaloense de Cultura. Primera edición.
2015 El azar de los hechos (Poesía 1992-1997). Fondo de Cultura Económica (FCE). Segunda edición. e-book
2014 Antología general de la poesía mexicana, Tomo II (Océano, Sanborns). Compilador: Juan Domingo Argüelles.
2013 Alquimia de la tierra. Antología poética. Universidad de Huelva-Ediciones del Lirio. España. Incluye poemas de T.S. Eliot, Rabindranath Tagore, Miguel Hernández, Juan Ramón Jiménez, W.H. Auden, Octavio Paz, Primo Levi, Sakutaro Jagiwara, Anatoli Astáfiev y Cosme Álvarez, entre otros muchos poetas de todo el mundo.
2009 21 Balas. Antología de poesía mexicana actual (3ª edición, Ediciones del Ermitaño, If ediciones. Colección Minimalia. México, 2009).
2009 21 Balas. Antología de poesía mexicana actual (2ª edición, Fundación Juan Ramón Jiménez. Béjar, Salamanca, España, 2009).
2008 Permanencia del relámpago. Antología de poesía de Sinaloa 1960-1970. Editorial Práxis.
2008 15 Balas. Antología de poesía mexicana actual (1ª edición, Fundación Juan Ramón Jiménez. Andalucía, España, 2008).
2007 Cantos de venado. Conaculta.
2006 Vivo sueño. Ediciones sin nombre.
2004 Eco de voces. Generación poética de los sesentas. Ediciones arlequín-Fondo Nacional para la Cultura y las Artes-Sigma servicios editoriales.
1999 La bamba cultural. Anuario del Instituto Mexicano de Cultura en Chicago. Incluye textos de Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Sergio Pitol y Alberto Ruy Sánchez y Cosme Álvarez, entre otros.
1998 El azar de los hechos. Fondo de Cultura Económica (FCE).
1994 El cántaro de fuego. Revólver editores.
1992 Sombra subterránea. Fondo Editorial Tierra Adentro. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Firmado con el seudónimo Cosme Almada.
1988 Taller y Tierra Nueva. Libro colectivo. Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); incluye textos de Octavio Paz, Alí Chumacero, Leopoldo Zea, Roberto Vallarino y Cosme Álvarez, entre otros.