Poeta queretano, integrante de los talleres literarios de Alejandro Aura y Paula de Allende. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

  1. CHILANGO BLUES

  2. Y OTRAS CANCIONES FUERA DE LA LEY

  3. Rafael López

  1. Chilango blues

Esta vez tu silencio tiene el desdén amargo del agravio.
Me niegas el recuerdo, y al recordarte
te convierto en la primera mujer del universo,
en la tierra prometida.

A veces, azorado, oigo cómo tu risa estrepitosa inunda las calles
de la ciudad que amamos…
¿Por qué te resistes a derramar la reverberante luz
que hay en tu mirada lacustre?

A mí me ata al muelle el bálsamo de las voces del amanecer;
a ti te espera, en la otra orilla, una fulgurante ciudad
construida con la argamasa y la furia de tu antigua estirpe de viajeros.

En medio de los puertos el viento es propicio para el viaje.

Un día dije algo parecido
y las aguas apacibles se tornaron indomables.
Era el proceloso mar de la vida doméstica.
Aquel fue tiempo de promesas.
Ahora el navegante vuelve a zarpar.

Tú guardas en los pechos las hechizantes flores del desierto;
yo deambulo por un palacio de concreto
igual al laberinto del Minotauro.

Tú eres el personaje principal de un film hollywoodense
con final casi feliz;
yo despierto a media noche
por algo parecido a la pesadilla del Tercer Mundo.

Tú escribes con disciplina sajona la novela premiada
de la women liberation;
yo estoy en la lista de espera del siguiente vuelo
a la isla de los condenados.

Tú eres la californiana que bebe margaritas
en las tardes inquietas de San Diego;
yo tengo un lugar reservado en la cena de los poetas proscritos
de mi generación.

El último verano finisecular
quise encontrarte entre las bañistas de Coronado Island
mientras retozaban como antiguas vestales.
Una ventisca pretensiosa, aliada de la propiedad privada,
no lo permitió
y con la frustración en la garganta regresé a Tijuana
a brindar con cerveza por la libertad de pensamiento.

Ahora la única referencia tuya es un lugar inasible en el ciberespacio,
donde cada día busco tu respuesta,
como el cazador furtivo a su presa en medio de la noche polar.

Tú caminas soberbia –me imagino–
sobre un prado desbordante de aterciopeladas rosas amarillas
empeñada en restañar las heridas del enloquecido talibán.

Yo soy el globalifóbico posmoderno que guarda con perseverancia
un deseo sabor cranberries & chocolate chips
                                             por si nos volvemos a encontrar…

Epicedio

1.

Tus brazos reposan inertes.
Tu corazón yace inmóvil.
Tu boca es un hueco de silencios.
Tu amoroso cuerpo, padre,
está ahí, desnudo y solo,

en la plancha del médico forense.
¿Qué vamos a hacer ahora?

(Se encuentra el cadáver de una persona del sexo masculino/
se da fe de tener a la vista en posición de decúbito ventral/
ordena que el cadáver de referencia fuese despojado de su vestimenta/
solicito a usted se sirva levantar el acta de defunción
.)

2.

Bañamos tu cuerpo antes de amortajarlo.

De los ojos opacos de nuestra madre
fluyó el llanto desolado

de los pájaros heridos.

Indefensos, deambulamos a su alrededor.

En la tarde la confortamos
con los pétalos de la flor de tu recuerdo
–luchador social, está escrito en las esquelas–
y salimos. El funeral terminó.

3.

Una lápida con tu nombre
es lo único que me queda en esta noche carcomida.

Protégeme de tu ausencia,
y antes de que la tristeza
–bestia viscosa–
trastorne nuestra casa,

ampárame.

4.

La escuela permanece en silencio.

Maestros y alumnos se miran azorados.

Hablan en silencio. Respiran luto.

5.

Desde ahora soy huérfano de ti;
soy

mil veces

tu vástago desolado.

Me vas a hacer mucha falta.

6.

No podré escuchar tu voz,

río atravesando la sierra.

No podré sentir tu abrazo,

aguacero de verano.

No podré estrechar tus manos.

        manantiales de agua fresca.

Y en la fiesta del pan familiar
extrañaré tu risa pluvial

7.

Ya no contestas, pero me gusta hablar contigo.

8.

Por legado tengo un desvaído carnet rojo
la savia y la sabiduría eterna de los abuelos indígenas,
y el afán por una vida nueva.

Canciones de La Laguna

1.

Insondables corrientes marinas
llevaron la nave de mi padre
a la playa lagunar,
donde fluye el origen de mis sueños.

2.

Con las lluvias de junio
tejen su alfombra los lirios morados;
luego el coro monumental de ranas
celebra los aguaceros nocturnos.
Esta agua no tiene dueño,
corre afanosa por las compuertas.

3.

Salen las nasas repletas de carpas;
(chunde, también se llama este artificio).
Patos, acociles y charales
completan el sustento apetecido
con aromas de ajo, cebolla y epazote

4.

Metztli, luna antigua,
luna pisoteada, luna secuestrada,
antes de que las nubes tóxicas posmodernas
oculten tu luz, derrama el brillo balsámico
frente a nuestros ojos neo-nostálgicos.

5.

Que no me bese la noche
con sus labios marchitos;
mejor la aurora,
                          mulata solar,
de susurrantes senos maduros.

6.

Lloraba como la sirena indefensa
que encontraron envuelta en la neblina.
La madre abrazaba a la hija
desde la noche en que los soldados
derribaron la casa, persiguiendo al guerrillero.

Fiesta en el muelle

Ahora sé lo que es recordarte.
No tus breves mensajes matutinos
-puntuales latidos cibernéticos-
ni el susurro marino cuando hablas.

Pienso en aquella tarde frente al muelle
y en la sonrisa de los inmigrantes
al margen de la fiesta centenaria,
singular ritual de almas indomables.

La barcaza adornada con banderas
rodeó orgullosa la ondulada costa
y volvimos al punto de partida.

Eras la rutilante capitana
embarcando canciones marineras
al lado de las olas insistentes.

***

Ven conmigo, hablaste decidida.
Sombra fresca al viajero era tu casa:
allí se trabaja, acá se ensueña,
allá amanece el sol, aquí el invierno.

El menú fue cerveza acidulada,
mixtura sutil de lúpulo y melón,
una parrillada exacta para dos,
cebollas, auténticos jitomates…

¿Y los besos flameados al tequila?
¿y las miradas en pasión mezcladas?
¿y el viejo dicho: “tú serás el postre”?

El postre fue un aviso incuestionable:
camino equivocado, no hay retorno.
Sin final acabó la sobremesa.

***

Cuando la multitud colmó el mirador,
el valle comprometió a las estrellas.
Entonces empezó la pirotecnia,
artificio del cielo encandecido.

Rojos astros cayeron en cascada,
tormentas de verdores refulgentes.
Alegraron con su ruido los cohetes
(triquitraques, según los novohispanos).

Quise atar mi futuro a tu cintura
en medio de la noche iluminada.
¿Para qué, pues, la invitación primera?

La decisión, dijiste, es cosa mía;
tiempo es de empoderar a las mujeres.
Un vano abrazo fue la despedida.

Selfi de familia

Ocupan los cuatro el espacio visual.
Padres e hijos, el grupo sonríe.
Con ávida mirada de futuro
el muchacho traza firme el escorzo.

Luego la hermana, vestida de flores,
anuncia una historia de amor en francés.
La madre atrás, tocada de sombrero,
resiste orgullosa el sol insolente.

El clan celebra gozoso el momento,
mas el tiempo despiadado pasará;
otros días vendrán, meses después, años…

¿Volveremos todos al mismo lugar?
¡Que la cámara congele el instante
y la dicha se fugue al infinito!

Watabeag Lake

1.

La mirada circunda el bosque de abetos.

Más allá, el lago se hunde en el cielo boreal.

Sobre el agua ondean los recuerdos.

2.

Un enjambre zumba, estremeciendo la espesura;
es el canto fecundo del verano.
El corazón se alegra, imperturbable.

3.

La cabaña aparece insolente en la ladera.
¿Cuál será el tributo a la madre Tierra?
Como hormigas,
el grupo trepa con baldes rebosantes de agua.

4.

En la orilla los pescadores preparan sus avíos;
hablan y hablan de hazañas y capturas.
Bajo el agua, las truchas golosas
esperan los anzuelos.

5.

El sol crepita en el horizonte y anuncia plenilunio.
Los pinzones regresan apacibles;
concluyó el ritual amoroso.
¿Cuándo volveré a las playas oaxaqueñas?

Ottawa River

1.

Orgullosa, caminas en la rivera;
sopla complacido el viento del otoño.
Enrojecen los arces en Ottawa.

2.

Paula, la embarcación veraniega,
navega vacía.
No se escucha más el clamor sajón,
ni el martilleo eslavo o los murmullos de Asia;
sólo tu español chilango, cantadito.

3.

Pronto, el invierno
–dictadorzuelo de uniforme blanco–
congelará el torrente azul.

Vuelan gozosos los gansos trompeteros a otra parte.

4.

La corriente hace un remanso
en la diminuta bahía solitaria.
Parece detener su marcha cuando la miras.
Luego continúa incesante, como la vida.

5.

El aire huele a sal y a fluidos vegetales.
Sobre el tapete terrenal
permanecen aún los tulipanes.
Tus labios son dulces como el vino de hielo

6.

En el supermercado de Rideau Street
los cestos rebosan arándanos, fresas y manzanas.
Faltan mangos, chirimoyas y aguacates.
Se antoja un tratado comercial más equitativo
de olores, colores y sabores.

7.

En la otra orilla las copas de los arces
saludan en francés.
Es Gatineau, puerta del camino dorado a Québec.
El río también divide al corazón.

8.

La rubia rema bajo el sol.
Río arriba el kayak es una hoja de álamo.
Se levanta colérica una ola en suave québécois.

9.

Otros cuerpos bañarán estas aguas,
otras risas se unirán al eco de la brisa.
¿Acaso quedará un recuerdo de nosotros?

10.

La primera lluvia ahuyentó a los ciclistas
del paseo vespertino.
Los muchachos cruzan bulliciosos el Puente Alexandra.
Es hora de volver a casa.

Rafael López, Querétaro, 1953. integrante de los talleres literarios de Alejandro Aura y Paula de Allende en la capital queretana. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Colaborador de diversas publicaciones locales y nacionales. Actualmente se desempeña como académico en la citada facultad.

Rafael López, Querétaro, 1953. Integrante de los talleres literarios de Alejandro Aura y Paula de Allende en la capital queretana. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Colaborador de diversas publicaciones locales y nacionales. Actualmente se desempeña como académico en la citada facultad.