Juan de Marsilio, poeta y crítico uruguayo, ensaya sobre el poemario Antología inventada (FCE, 2020) de su compatriota, el poeta Rafael Courtoisie. El libro "reúne textos desconocidos de autores reales, vivos o muertos, textos reales de autores desconocidos, imaginarios, posibles o imposibles", en palabras de su propio autor.

Todas las voces

Juan de Marsilio

Sobre el libro ‘Antología inventada’ (Fondo de Cultura Económica, 2020) de Rafael Courtoisie.

De Fernando Pessoa para acá ha quedado clarísimo que el poeta finge para mejor decir la verdad. Y desde Antonio Machado se sabe que la tal verdad es una invención de la fantasía. Sólo gentes muy ignorantes, muy nostálgicas o muy liberticidas podrían, luego de eso, exigirle al poeta que se limite a fotografiar lo que la realidad dada ya tenga de poético –suponiendo que haya en el mundo cosas que sean poéticas de por sí  y otras que no, y que eso permanezca inmutable– o a expresar las dichas o las angustias de su yo, con las que el lector podrá o no identificarse. El de poeta ha sido, es y será un oficio arduo, que requiere rigor y lucidez, pues para lograr un decir genuino y personal es necesario primero construir una voz y un estilo. Aunque lo artificioso deba rechazarse, no hay que olvidar que la poesía, en tanto es arte, por sincera que sea, es artificio. Y puesto a crear artificios, ¿por qué no habría el poeta de fantasear e inventarse otras identidades y otros estilos distintos al suyo habitual desde los que escribir, para mejor decir alguna faceta de una verdad que seguiría siendo siempre suya?

Tampoco debe olvidarse que el poeta, en tanto que hombre y parafraseando a Ortega, es él, sus circunstancias y la cultura de la que forma parte. Queda todavía algún tonto que se plantea no leer para no recibir influencias y ser más auténtico. Pero lo cierto es que cada escritor llega a ser quien es y a escribir como escribe como resultado de un largo diálogo con otros escritores, músicos, pintores, cineastas, filósofos, científicos, políticos y, al último por ser lo más importante, personas comunes con las que se topa. Desde antes del inicio de su vida creativa es cruzado por diferentes líneas tradicionales, según el azar o el método de sus lectura y experiencias, líneas que pueden luego seguir su rumbo, influidas en poco o en mucho por el aporte del poeta al que primero han influido.

Rafael Courtoisie (Montevideo, 1958) sabe de sobra todo lo hasta aquí escrito. Bueno sería que no, tras más de cuatro décadas haciendo poesía, cimentada en una lectura permanente, variada, profunda y rigurosa. Por eso, en esta Antología inventada, inventa poetas del pasado, del presente y del futuro, les inventa poemas a escritores pasados y actuales, se inventa poemas apócrifos a sí mismo.

¿Se trata estrictamente de heterónimos o complementarios, a la manera de Fernando Pessoa, Antonio Machado o el uruguayo Washington Benavides, a los que Courtoisie ha leído con atención? No del todo, y ese es uno de los ingredientes que hacen que este libro valga mucho la pena. Como lo escribe el poeta en la Presentación: “Todos los textos de este libro han sido soñados y escritos por mí. El poeta del siglo XXI en ocasiones debe ser muchos para ser uno, para encontrar esa esencia que viene desde el fondo de la historia y desde el comienzo de la literatura y nos hace humanos.” Y añade unas líneas más adelante: “Aquí no se miente ni un ápice; se dice la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, pero para decirla recurro a un juego de máscaras.”.

No hay, como el propio Courtoisie lo asume desde el arranque, ni un poeta que haga de médium ni esté habitado por distintos alter egos. Aquí se trata de un hombre poniendo en juego su oficio, sus lecturas – no todas literarias – su frecuentación con el lenguaje – que no sólo con el idioma: hay en este libro varios excelentes poemas en inglés – que le dejan, tras décadas, un bien ganado sedimento de sabiduría estética y técnica.

Pero estos poemas no son nada más una sucesión de interesantes ejercicios de estilo. Hay un montón de homenajes a otros artistas: el poeta bien nacido no se menoscaba elogiando en público a sus maestros, sino que se honra. Estos homenajes no se limitan a tomar la posta del poeta difunto y escribir lo que él no escribió pero hubiese podido (o a desagraviarle de vilipendios disfrazados de homenaje, como le hace escribir a Alfonsina Storni: “Detesto esa canción, Horacio Quiroga, la aborrezco:/“Te vas Alfonsina con tu soledad, qué poemas nuevos/fuiste a buscar. Larará, lará, larará. Lará, lará, larará.””). Es recurrente el artificio del texto encontrado al azar, en librerías de viejo, en archivos de computadora y otros repositorios, que ya estaba en Cervantes, en Potocki, en Stanislaw Lem. Courtoisie homenajea ese azar, fundamental en la construcción de los distintos cánones literarios, que ha hecho pensar a tantos lectores y críticos en el tesoro de textos excelentes que pudiera haberse perdido, porque el azar les fue adverso.

Hay, también, un homenaje a la misma tradición, y al lienzo sobre el que ella va siendo bordada y vuelta a bordar: el tiempo. Por eso es que Courtoisie fantasea/inventa poetas y poemas más que milenarios, pero también del futuro. El homenaje se funde con el acto de fe: no sólo en que  lo escrito por el poeta sea digno tributo a sus maestros, no sólo en que alguno de sus textos sobreviva, y con él la memoria de su nombre, sino también y por sobre todo, fe en que seguirá habiendo literatura mientras haya humanidad.

Con ser una indudable muestra de solvencia técnica, este libro no es un mero alarde de virtuosismo, porque está escrito también desde las vísceras de su autor, que lo advierte desde el principio, al decir en la presentación que este libro intertextual, pero escrito de su puño y letra, por tramos lo ha sido escrito más con el primero que con la segunda. Sirvan para ejemplo el maravilloso panfleto que es el poema inédito acerca del asesinato de J. F.Kennedy, atribuido a Donald Trump, en el que hace que el magnate de pelo color zanahoria se muestre como el patán paranoico que es; o los virulentos poemas del ficticio poeta y líder rebelde chino Jim Bei Jim, del siglo VII, textos que habrían sido quemados tras su derrota y decapitación, pero su pueblo habría conservado en la memoria, tanto que algunos jóvenes de la protesta dela Plaza de Tiananmén, en 1989, los habrían repartido a la multitud. Otro acto de fe del poeta: si bien las tiranías no parecen estar cerca de volverse cosa del pasado, la rebeldía tampoco, y sólo a la rebeldía se le concede la victoria irrebatible de la poesía.

Lo más bello y más fecundo de este libro es que se trate de una antología. En especial para el caso de los poetas que Courtoisie hace venir a la existencia, los textos de este volumen afloran como la parte visible del iceberg, tentando al buceo en procura de lo sumergido. Al lector le vendrán, casi con seguridad, ganas de que Coutoisie escriba y publique completo, por ejemplo, el Libro de las mutaciones populares o I Ching del pueblo llano o de la gleba, de Jim Bei Jim, hecho literario que sería digno de festejo. Si tal no ocurriese, no importaría demasiado: lo que estos textos dejen leudando en sus lectores, y sobre todo en los poetas que los lean, también es un hecho literario digno de festejo, poseedor de esa subterránea y azarosa fertilidad que hace posible que, con tantos milenios de tradición a las espaldas, siga floreciendo nueva poesía.

Juan de Marsilio

También la verdad se inventa

Todos los textos de este libro han sido soñados y escritos por mí. El poeta del siglo XXI, en ocasiones, debe ser muchos para ser uno, para encontrar esa esencia que viene desde el fondo de la historia y desde el comienzo de la literatura y nos hace humanos. Mi abuelo literario, Isidore Ducasse, el Conde de Lautréamont (L’autre  à Montevideo), afirmaba que la poesía debe tejerse entre todos.

Esta ANTOLOGÍA INVENTADA está hecha de los poetas que he amado y de algunos (pocos) que no he amado pero que forman parte de mí, esta antología reúne poetas inventados y otros que fueron poetas aunque no escribieran versos conocidos […].

Antonio Machado dijo:  “Se miente más de la cuenta/ por falta de fantasía: / también la verdad se inventa”. Aquí no se miente ni un ápice, se dice la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, pero para decirla recurro a un juego de máscaras.

ANTOLOGÍA INVENTADA reúne textos desconocidos de autores reales, vivos o muertos, textos reales de autores desconocidos, imaginarios, posibles o imposibles, textos que construyen una poética polifónica, heterodoxa, múltiple.

Es mi propia voz la que trata de desplegar  un mundo de voces entre la intertextualidad y la invención que es, como hubiera dicho Octavio Paz, “homenaje y profanación”, deconstrucción y nacimiento.

Esta ANTOLOGÍA INVENTADA escrita de mi puño y letra (en ocasiones más con el puño que con la letra, a veces más con la letra)  es, más que un libro de poesía, un proyecto cultural que emplea, entre otros procedimientos,  tal vez lo contrario de un ejercicio de “heteronimia”: una práctica de asimilación y suma dialéctica de las voces de la tradición para crear desde la tormenta y el salto, desde la ruptura con esa tradición.

Rafael Courtoisie

LA ESCRITURA DEL CIRUELO

Quieto, bien hundido

en la tierra echa pezones

dulces por las ramas.

Imito al ciruelo

cuando hago

un poema

tan desnudo en invierno

sin fuego, ni caballo, ni mujer.

Imito el gesto del ciruelo.

Me río como loco

doy saltos, finjo

la primavera.

Wen Li Fu

(China, siglo XIII)

LETTER OF LOVE AND HATE TO SARAH WHO

LEFT MY BED YESTERDAY MIDNIGHT

A hole is a backward mountain

at the top of your soul

is the skull of beauty

empty, no flesh

just peeled off bone

carious

like a dirty far moon.

Clarke Woody

(Birmingham, 1931)

SIEMPRE OTRA

Porque me viste desnuda

te encandilé y te confundiste

durante el relámpago:

me llamaste Mary.

No te preocupes.

Otros se equivocan

a menudo como tú

dentro de mí

y me llaman

Lydia, Rebecca, Lucy

o simplemente rebuznan:

“honey, bitch

grease my cock

dirty dear,

oh, yeah”.

No te preocupes

encima de mí

casi todos cometen

muchos errores.

La próxima vez

muérdete la lengua

divino.

Judy Higgins James

(Iowa, 2006)

MÍSTICA

De rodillas, de rodillas

hubiera subido el Monte

Ávila si me lo pedías.

De rodillas, desnuda

pronuncié la “a”

que querías, entoné

la “o” que te gustaba

dura

humedecí

tu palabra

con mi lengua.

Una vez, en la Guaira

me rogaste que imitara

un perro: gemí, dolida

atravesada

por ti y este poema

es el eco

de aquel aullido

en cuatro patas.

María Luisa Bunge

(Caracas, 1951)

UNO SON MUCHOS

En medio de una multitud

la intimidad es el grito

que no se da, la palabra

que no se dice.

El silencio, el voto

que el alma pronuncia.

Baltasar Brum

(Poco antes de pegarse un tiro en el pecho,

Montevideo, 1933.)

MERMELADA DE DURAZNOS AUSENTES

Cuando no hay fruta en el árbol se toma

la palabra “durazno” y se la pela, se le quita

el vello transparente, se parte

a la mitad y se extrae el carozo metafísico

la semilla de cierta oscuridad

su piedra de pecado original.

Se troza.

La operación

se repite hasta obtener un recipiente

completo

vacío de duraznos: solamente la pulpa

dulce de la idea, la frescura

sabrosa de la nada pura.

Se vierte en una olla,

se agregan tres tazas de azúcar de la mente,

ideas del pasado: recuerdos de la abuela, su voz,

el cucharón de madera

funeraria.

El clavo de olor

sin peso ni aroma, un toque

de ralladura de limón de la memoria

una rama de higuera de Izmir

un guijarro de voz de un salmo griego.

Se cuece a fuego lento

se revuelve en el aire

hasta que su falta

transparente

forma un cristal mayor

y se disuelve

la canción de la tarde

en la punta sombría de la lengua.

Anne Rosennglad

(Maine, 1897)

CAVE CANEM

Pierdo la memoria, desaparecen

los nombres de las cosas, cesa

la palabra “perro” y aparece limpio

el ladrido, las fauces, la mordida.

La bestia de los años devora

los recuerdos: ya no importa

la carne de tu nombre, queda

el hueso.

Svetana Staiev

(Leningrado, 1948)

HOUELLEBECQ DESENCARNADO

“Los Otros son la conciencia del tiempo en sí mientras que el Uno (que abarca notoriamente más que el yo en cuanto a estructura, autoconocimiento y desconocimiento, pues incluye la condición animal, innata) es el saber del tiempo como circunstancia, como mera articulación de lo que exige ser sin ser alcanzado.

Eso pasa con la narrativa de Michel Houllebecq, eso pasa con la imbecilidad: es un transcurrir entre el ser en sí, y el pretender ser en sí, una suerte de alteración o ruptura del Principio del Tercero Excluido, aunque no tan drástica, más bien cercana al imperio ostentoso pero eminentemente feble de lo banal erigido”.

Jean Paul Sartre

(Fragmento inédito del libro Houellebecq, escrito después del Baudelaire y de El idiota de la familia, dedicado a Flaubert. Se supone que Sartre habla de un escritor apócrifo, pero el apellido que utiliza en su ensayo hace pensar en una suerte de premonición “bizarra” en el sentido francés de la palabra: Sartre murió mucho antes de que apareciera el primer libro de M.H.)

Traducción: Rafael Courtoisie

A LA ORILLA DEL RÍO

Cada día que pasa vuelvo a mí

vengo de mí, de los seres

que pueblan el mundo: los árboles,

las piedras, el agua de los ríos,

las nubes predicen el futuro

y cuentan lo que fui, mi abuelo

y mi abuela regresan en la niebla

mi madre muerta acaricia

mis dedos en el barro del jardín

entre los crisantemos, mi padre

cabalga la brisa, esa yegua

transparente, el universo

nace cada día en mí.

Morihei Ueshiba

(Tanabe, Japón, 1921)

PARA RODIN

Lo ido persiste para siempre

lo que se queda no está:

Ignoro todo lo que sé.

Y sé que lo ignoro.

Desnuda de mí

más adentro.

Camille Claudel

(París, 1910)

LEÍDO EN UNA HOJA DE BAMBÚ

Si se puede definir, no es Tao.

Si lo puedes tocar, no es Tao.

Si es fuerza, no es Tao.

El Tao es invisible

el Tao es camino

el Tao es mar.

El Tao no es Poder.

El Deseo no es Tao.

El Tao es hacer.

El Tao es quietud.

El Tao es movimiento.

El Tao es reposo.

No hay contradicción

en el Tao.

Los opuestos, en el Tao,

son iguales.

La apariencia no es Tao

el Tao se encuentra debajo de la piel

de la apariencia como los huesos

dentro del cuerpo.

Pero el Tao no es hueso

el Tao no es músculo.

El Tao es la energía,

la voluntad que mueve

el cuerpo.

Pero el Tao no es cuerpo.

Piensa en un tigre:

ahora quita su piel

sus manchas, sus garras

sus dientes, la misma

ferocidad del tigre

borra su fuerza

haz desaparecer al tigre

de tu mente: sólo deja

el salto, el movimiento

la pura voluntad de ser

en el salto.

Lo que queda es poesía

y la poesía es Tao.

Una sola gota y toda

la lluvia es Tao.

Pero el agua no es Tao.

La sed no es Tao.

Tao es el río, no el agua.

Tao es poesía, no palabra.

Tao es ver el silencio

con los ojos cerrados.

Lao Tse

(Siglo V a. C.)

SYLVIA PLATH LEE UN POEMA DE VALLEJO

ANTES DE COMETER SUICIDIO

“Me moriré en Londres con aguacero”

es un buen verso, creo

ya dejé a los niños a buen recaudo

ya abrí la puerta del horno, ya giré

el grifo del gas, ya puse mi cabeza

en Auswitchz, mi rostro de judía

hermosa en el horno de la cocina

de rodillas, hincada, como si fuera

a decir mi última oración, te rezo

a ti, Ted, oficial de las SS, príncipe

doméstico, mi amor, mi cielo, my

sweet heart, my honey, dejé el pastel

de fresa que tanto te gusta, listo

en el refrigerador, para ti,

el libro que aborreces

de César Vallejo, mal traducido

al inglés en su lugar, a la izquierda

en el tercer estante

del anaquel, junto a esos sonetos

tan estúpidos, tan falsos

que escribiste para mí

mi vida.

Cuando llegues

–advertido por la policía

y los vecinos–

no enciendas la luz

de la cocina.

La deflagración

podría quemar

este poema.

Sylvia Plath

(Londres, 1963)

INÉDITO DE ALFONSINA STORNI

Tú no me viste, Horacio, cuando bebí el mar de un trago.

Te escribí un poema que un muerto no puede leer.

Te llamé en la noche absoluta, viuda, sonámbula.

Te llamé en la mañana de ese día, pero ya no estabas.

Detesto esa canción, Horacio Quiroga, la aborrezco:

“te vas Alfonsina con tu soledad, qué poemas nuevos

fuiste a buscar. Larará, lará, larará. Lará, lará, larará”.

Qué tontería.

¡Ninguno!

En el fondo del mar

sólo hay piedras.

Ahora dame la mano

invisible, Horacio.

Bésame sin labios.

(Mar del Plata, 1938)

Rafael Courtoisie, Montevideo. Poeta, narrador y ensayista. Miembro de número de la Academia Nacional de Letras. Miembro correspondiente de la Real Academia Española. Su antología Tiranos temblad obtuvo el Premio Internacional de Poesía José Lezama Lima (Cuba, 2013). Obtuvo el Premio Internacional Casa de América (Madrid) de Poesía por su libro PARRANDA (Editorial Visor, Madrid, 2014).

Ha recibido, entre otros, el Premio Fundación Loewe de Poesía (España, Editorial Visor, jurado presidido por Octavio Paz), el Premio Plural (México, jurado presidido por Juan Gelman), el Premio de Poesía del Ministerio de Cultura del Uruguay, el Premio Nacional de Narrativa, el Premio de la Crítica de Narrativa, el Premio Internacional Jaime Sabines (México) , el premio Jaime Gil de Biedma y  el Premio Blas de Otero (España). Ha sido Profesor Invitado en Florida State University (Estados Unidos), Cincinnati University (Estados Unidos), Birmingham University (Inglaterra) y la Universidad Nacional de Colombia, entre otras.

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