El poeta y editor brasileño, Floriano Martins y el escritor colombiano, Omar Castillo presentan el libro Esferas del tiempo – poetas iberoamericanos nacidos en los 1950, que reune 20 autores de distintas tradiciones y estilos.
Esferas del tiempo
Floriano Martins | Omar Castillo
Esferas del tiempo – poetas iberoamericanos nacidos en los 1950
(ARC Edições, Editora Cintra, Fortaleza, San Paulo, 2020)
El libro Esferas del tiempo – poetas iberoamericanos nacidos en los 1950, reúne 20 poetas que con su escritura han buscado aprehender el decir del mundo, los súbitos asombros que el acto poético aúna ante lo maravilloso y lo abrupto de la realidad, haciendo posible la celebración, la danza cognoscitiva, el girar vital de la existencia en la elíptica donde prende la creación que recoge los sonidos del mundo, el polvo del universo, las palabras necesarias para asumir cada día. Organizado y presentado por dos de ellos, el brasileño Floriano Martins, y el colombiano Omar Castillo, este es un libro que abre el encuentro con los poetas iberoamericanos nacidos en los años 1950, para explorar sus contribuciones poéticas, el aliento vital de su ser cotidiano, de su ser creador. Un libro para celebrar la palabra íntima y la común.
Presentación: el principio de las esferas
Leyendo los poemas de los 20 poetas incluidos en esferas del tiempo, poetas iberoamericanos de los 1950, se hace evidente que más que pretender crear movimientos literarios, quienes nacimos en esos años decidimos asumir el conocimiento propiciado por los movimientos poéticos en Occidente desde el romanticismo. Así, en la escritura de nuestros poemas nos aventuramos por los motivos que estos participan y, ante todo, por las confluencias que propician e informan. Y no solo en Occidente, pues también estamos atentos al suceder de la poesía en el mundo. De alguna manera intuimos que de no asumir estas experiencias en sus contrariedades y encuentros, podríamos correr el riesgo de caer en lo huero de la repetición. Creo que uno de nuestros mayores impulsos como generación ha sido crear poesía sin ignorar la poesía creada antes de nosotros. Asunto complejo, empero fascinante.
Aunque estuviéramos relativamente cerca de lo que se ha llamado segunda vanguardia –o la contracultura–, la verdad es que los movimientos fueron de algún modo decepcionantes en eso de crear un ambiente solidario y de respeto por la diversidad. De este modo, considerando que el camino estético siempre ha exigido singularidad, lo que pasa a interesarnos es la definición de una voz propia que sea deudora de una multiplicidad de voces, pero sin vínculos con lo clasificable. Y nuestros países ya habían constituido una relevante caja de referencias que nos fue muy atractiva. Pensemos en Cuba con José Lezama Lima, en Brasil con Carlos Drummond de Andrade, en Chile con Vicente Huidobro, poéticas que enriquecieron nuestra identidad.
Podríamos decir que las voces de nuestra generación, se fundan en la aproximación y en la distancia que nos da el conocimiento de las obras producidas por movimientos como el romanticismo, el modernismo, el simbolismo, el dadaísmo, el impresionismo, el surrealismo, el creacionismo y otros que con sus acciones y sus creaciones desvelaron pasadizos fundamentales para aprehender la realidad y la otredad. Por eso la poética de cada uno de nosotros se establece en ese cruce de tiempos donde inevitablemente estos movimientos se funden, alimentando el continuo creativo de una tradición que crece entre la ruptura y la fundación. Así, nuestros poemas reflejan una unidad fragmentaria, es decir, a través de ellos participamos de un mundo cuyas realidades se desenvuelven en un caleidoscopio fabuloso y dramático. El mismo título de este libro: esferas del tiempo, poetas iberoamericanos de los 1950, dice de ese cruce, de ese encuentro.
Aquí tenemos que avanzar un poco más en las fuentes, que no siempre son literarias. Y todo esto tiene que ver con algo muy precioso que ha surgido como un regalo de las vanguardias, que es el amplio territorio de la imagen. Por supuesto hablo de la imagen tanto plástica cuanto poética. Igual que de la comprensión de los ritmos evocados a partir de los atributos del verso libre, y también de los mitos, porque los bultos de la singularidad poética de cada uno de nosotros, también contemplan la presencia misteriosa de una mitología personal. Además, somos beneficiarios de muchos avances tecnológicos que permiten un caudal de conocimiento que amplía la velocidad de las conexiones, lo que se podría llamar de vasos comunicantes, pero con su electricidad vertiginosa.
Sí, la imagen haciéndose y deshaciéndose. En el caso de la plástica avecinando lo real y lo maravilloso para el logro de sus imaginarios. Y en la poesía encontramos imágenes nutriéndose de súbitas analogías y de ritmos que las impulsan hasta componer un dibujo metafórico, cuyos ámbitos y atmósferas atraen lo real y lo azaroso hacia el misterio revelador del poema. También debemos hablar de la música, de su presencia en el decir de nuestros poemas. Las músicas que nos han tocado, colorean el aura de nuestros versos esparciendo los sudores, los olores, los colores, los sonidos y el asombro de ver y palpar lo exuberante y complejo de nuestra geografía íntima y común. Empero, también hemos sido tocados por la exasperante polarización que fundamentó la Guerra Fría. Nuestra época se cuece en ascuas maravillosas y al mismo tiempo, patéticas.
Y hay aquí un punto esencial que enlaza el ambiente político con la vorágine de conocimiento que la tradición, la curiosidad y la tecnología permiten, y es justamente la condición humana, el humanismo que reflejamos en medio de las trampas del formalismo, el subjetivismo infecundo, los vicios de complejidad camarillesca de una escritura cifrada en los andamios de un verbo politiquero. Creemos que los nacidos en los 1950 tuvimos que enfrentar este escenario ardiloso, lo que incluía los riesgos del aislamiento. Iberoamérica crecía tambaleándose en la oscuridad, confundiendo sus enemigos y sin poder de reacción. Hasta hoy esta parte casi total del continente es un archipiélago cuyas islas casi que se devoran entre sí. No tuvimos otro modo de ser que no fuera crecer desde el interior y buscando la extinción de todas las fronteras.
Por eso podríamos decir que de manera intencional nuestra poesía surge en la periferia de la actualidad domesticada. Y es una poesía cuyo centro es la palabra en su desgarramiento verbal cuando se revela como una cresta en el vacío de la creación, cresta súbita y penetrante en el asombro vital que propicia. Y por presuntuoso que pueda parecer nuestro oficio nos mantiene en lo luminoso y en lo oscuro. Somos habitantes en las márgenes del mundo geoeconómico actual, empero, vivimos en el centro de la realidad, en sus más exasperantes y esclarecedoras erupciones. Nuestro oficio es la lucidez. La pasión y la lucidez ante quienes ofertan un mundo sustentado en la usura depredadora. Un mundo homologado para la obediencia laboral y el consumo como única visión de la vida.
Esto incluso tiene que ver con lo que defiende Carlos Parada Ayala (El Salvador, 1956) al decir que no aspira a una sola voz poética, por el contrario: Aspiro a explorar la poesía en el plural, en sus muchas voces. Lo mismo que apunta Floriano Martins (Brasil, 1957) cuando describe que la creación –esta multitud de voces– sale siempre a buscar otros modos de ser. O la simbiosis buscada por Maritza Cino Alvear (Ecuador, 1957). Igual podemos seguir las palabras de Omar Castillo (Colombia, 1958) cuando observa que su noción de la poesía se nutre de todas las poéticas posibles para la realización de su escritura. Haciendo evidente una característica más de los poetas que nacimos en los 1950, como lo es también la pasión por los abismos, por las esferas sagradas de la creación, más allá de sus límites de lenguaje. Además de poetas, entre nosotros también encontramos los que juegan con la plástica, la música, el teatro, la narrativa, el ensayo, la traducción etc.
A estas experiencias con los elementos de la creación cabe agregar unos puntos de intensificación de la vida de cada uno de nosotros, las residencias en otros países, las relaciones oníricas, el acento autobiográfico, los fantasmas de una identidad imposible y otros. Aída Toledo (Guatemala, 1952) aclara: Por largos años me vi en medio de diversas identidades, tan variadas, transformadas, transculturalizadas y metamorfoseadas que incidieron en la escritura que yo misma, que iba sufriendo esos procesos, vivía. Beatriz Hausner (Chile, 1958) prende su luz en otra dirección: Más que un adentro, afuera, arriba o abajo, para mí lo poético se gesta en un estado liminar, próximo a la ensoñación. Movimiento en muchas direcciones, como la transmisión de cosas vitales en el mundo que llevamos adentro y afuera. Pero siempre mundo cargado de existencia, de los fuegos íntimos de nuestra percepción de la realidad. Y mundo épico formado por esas mil voces que salen del mismo estado de asombro.
Ya desde el verbo erótico que recorre la piel del sueño del deseo, o en las palabras que prenden en la flora de nuestra geografía real e imaginaria, o en esas nostalgias de infancias acurrucadas en la memoria o en los barrios de nuestras ciudades donde se curten los relatos de lo asombroso, como también los del aciago, en nuestros versos cunde la cotidianidad y la otredad. Inevitable, los poetas Iberoamericanos que nacimos en los 1950, componemos una generación cuyas voces informan una caleidoscópica visión de la vida y de la muerte, no otra cosa muestra este libro esferas del tiempo, poetas iberoamericanos de los 1950. Quedan temas como los técnicos en la escritura de cada uno. Ya vendrán quienes se interesan en estos aspectos y realizarán sus aportes.
Aquí una muestra:
Daisy Zamora (Nicaragua, 1950)
QUÉ MANOS A TRAVÉS DE MIS MANOS
Las anchas manos pecosas y morenas de mi abuelo
con igual destreza vendaban una herida,
cortaban gardenias
o me suspendían en el aire feliz de la infancia.
Las manos de mi abuela paterna
–artríticas ya cerca de su muerte,
una vez fueron frágiles manos, filigrana de plata,
argolla de matrimonio en el anular izquierdo;
pitillera y traguito de scotch o de vino jerez
en atardeceres de blancas celosías
y pisos de madera olorosos a cera,
recostada en su chaise-longue leyendo trágicas historias
de heroínas anémicas o tísicas.
Mi padre siempre cuidó la transparencia de sus manos
delicadas como ala de querube
hechas para lucirlas
con violín o batuta.
Mi madre heredó las manos de mi abuelo Arturo,
pequeñas y nudosas, con dedos romos.
De tantas manos que se han venido juntando
saqué estas manos.
¿De quién tengo las uñas, los dedos,
los nudillos, las palmas, las frágiles muñecas?
Cuando acaricio tu espalda,
las óseas salientes de tus pies
tus largas piernas sólidas,
¿qué manos a través de mis manos
te acarician?
Soledad Álvarez (República Dominicana, 1950)
CLASE DE COCINA
Arrancarle la piel a la cebolla.
Desafiante
sobre la tabla de cocina
como en el poema
la palabra.
Atravesar sus capas tiernas,
su rojiza esfera;
llegar a su rotundo henchido corazón
a su poso de cristal
a su médula.
Pero no con el cuchillo
–por el filo el corte–
no con el ajeno utensilio y la pericia.
Con las manos tendré que desgajarla
con las uñas escarbar su carnadura,
y lloraré incontenibles lágrimas
y su sabor será mi sabor
y su olor agrio mi marca.
Manuel Orestes Nieto (Panamá, 1951)
[EN EL DESLUMBRANTE MAR]
En el deslumbrante mar
que nos hizo;
en la evaporación que se levanta
en la túnica plateada de las olas,
en las aguas tibias
donde los cardúmenes nadan
en una estelar sincronía
dentro de nuestro corazón,
en la angostura
donde se pulen las piedras
en el vaivén de los siglos
y emergen las aguamarinas,
tallamos el memorial de este océano salobre
y de los que supieron empinarse
hasta alcanzar la resonancia del amor
y el crepitar del coraje.
Reina María Rodríguez (Cuba, 1952)
EL MURO DEL VERANO
Miro hacia el litoral los blancos
donde el azul se zafa
y la arena cubre poco,
la orfandad.
Es la corriente –digo–,
que arrastra toda razón con su infortunio.
Como el cisne sin esperanza de librarse
a sí mismo desde su lejanía,
contempla el caos que
hacia donde vivir cuesta la vida.
Pasan los coches negros, los amarillos:
injusticia de un sol que le da de costado
a la calesa que finge estar en el lugar
prometido de una edad pasada.
Pero el mar, entre constancia
y volubilidad
no se deja engañar,
sabe que uno lo ama
por imposibilidad de poseerlo,
frase que no podría ahora
abarcar frente a él
sin abrazar los recovecos perdidos de mi infancia,
las ansias verde y azul
que sobresalen desde la costa
y brillan al dejar de brillar.
Cuando las boyas sueltas
en la corriente sucesiva,
mueven sus algas hacia un espacio
hondo de inconformidad
y perversión.
Me acostumbro a flotar sobre él
sin otra ocasión para despedirme,
tragándome.
Aída Toledo (Guatemala, 1952)
UN HOYITO
La vida parece un hoyito
Un íngrimo agujerito
Donde una cosita
Que los otros y otras
Logran ver desde arriba
Cuando se asoman
Soy yo
La pobrecita poeta
Que soñó un día
Que su vida sería
Ni más ni menos
Que
Una rosa puntual
Y no
Esta patética
Vida
Perinola caótica
Dando enloquecidos
Tumbos
Giovanna Pollarolo (Perú, 1952)
DESPUÉS DE LA NOCHE
Yo ahora estoy bien
camino tranquila y sin miedo
por fin miro a los hombres como a mis iguales
olvidada ya su persistencia
de llevarme a la cama, de seducirme
olvidadas ya las inquietudes
del amor
ahora me siento libre
atrás quedó el terror del abandono
aprendí a dormir sola
a hablarme por las mañanas
no tengo que esperar a que desocupen el baño
tampoco recoger ropa que no es mía.
Vanessa Droz (Puerto Rico, 1952)
LA CATEDRAL DANZANTE, UN FUEGO
¿De dónde vienen las palabras? Dime.
¿De qué oscuridad, de cuáles sueños?
¿De qué luz oculta salen mis ruegos
para dejarme ver toda su estirpe?
¿Por dónde pasa el humo de mis rezos,
por dónde la razón de mis plegarias
si no es por el corazón, esa flama
que arma y pule la piedra de los templos?
Las palabras llegan y se arrodillan.
Su recio coro todo lo enaltece
en esta catedral, como un enjambre.
Mi corazón, en ascuas, las vigila
para que inclinen todo su orbe
ante tu presencia, que las invade.
Mía Gallegos (Costa Rica, 1953)
SUEÑO EN VIGILIA
Este no es un sueño.
No es el álgebra soñada.
No es la realidad imaginada,
o la grieta entrevista.
Tampoco es la literatura que se parece al sueño,
o el sueño que se parece a la literatura.
Igual que La Intrusa que Borges escribió
en la vigilia,
fui sacrificada por dos hombres.
Mi sacrificio no los hizo ni mejor ni peor.
Ahora ellos, los dos, deben olvidarme.
Mi sacrificio fue por la luz propia.
Soy una mujer que en vigilia escribe
y recuerda a dos que amó.
El sacrificio fue amarlos,
y no esto que ahora recuerdo,
que se parece a cierta altura y al olvido.
Lourdes Espínola (Paraguay, 1954)
Eres nube, eres mar,
eres olvido.
Eres también aquello
que has perdido
Jorge Luis Borges
No estás al alba,
el diamante de la memoria
sella miradas
y mi silencio acuña tu silencio.
Espejos vienen reflejando
en mi pupila lo que fue
del amor atrevido,
del callado que respirando va
en nuestra garganta
y súbito y audaz ya nos atrapa.
El vino rojo de memorias
nos inunda y nos baña
este silencio, este tímpano sordo de tus cartas,
esas claves secretas en tus libros,
esa manzana roja que mordimos,
esos susurros,
esas noches.
Carlos Barbarito (Argentina, 1955)
[EN EL DESLINDE, UNA VOZ PERENTORIA…]
En el deslinde, una voz perentoria,
arrima alcoholes a los sueños,
una mano adormecida y la otra
da giros en el aire. En la yema
de los dedos, la extensión de una espalda,
juego de un niño que arroja
dos puñados de arena hacia arriba
y los granos se entremezclan
sin colisión alguna. En la presencia,
una breve luna caída por amor a la tierra;
boca que bebe de un tazón,
hora de trocar ángel por pliegue,
demonio por pífano,
a la niñez de regreso,
al aserrín iluminado por el mediodía.
Miguel Márquez (Venezuela, 1955)
A SALVO EN LA PENUMBRA
Aquí vienen los días,
con sus mañanas, con sus noches,
nubes, sol, luna, estrellas.
El sonido de la primera hora,
el canto que atraviesa soledades inhóspitas,
la densa lentitud de la tarde,
el despejado deseo que ahora brilla
en una hondura tersa, en el agua
nocturna, en la oscuridad entrañable.
Aquí viene tu rostro, la piel
que te fue dada y la que imaginaste,
la fuente del continuo rumor, la risa
impregnada de una débil tristeza,
la sonora afirmación del afecto,
el miedo, la perversidad.
Aquí el agua, la sombra, los venenos.
Aquí, a salvo en la penumbra.
Gary Daher (Bolivia, 1956)
SEÑALES
En lo profundo de la selva
en la piedra que la maraña oculta
y los grillos y las inimaginables aves que dicen inimaginables trinos
en la oculta senda abierta bajo los enormes cacaotales
en los ojos
en los ojos de tus ojos más allá de tu mirada
donde mora el tigre
y espera su hambre
y tiemblas toda
apenas una gota de rocío en la hoja
es la señal del tiempo
cuando tu nombre y el mío se diluyan en la boca
y los latidos del corazón
y todas las manos se hagan una
y convoquen la alegría de la lluvia.
Carlos Parada Ayala (El Salvador, 1956)
BALLENA
Las casas caen convertidas en astillas.
Las palmeras se derrumban
como fósforos quemados.
El cielo explota y se hace añicos
esparciendo gotas que descienden como balas.
El sol se ha rajado escupiendo rayos,
truenos mudos de una luz perdida en la vía láctea.
No ha quedado nadie.
Todos han huido desterrados por las sombras.
Seco, el maremoto lanza sus terribles aletazos.
Abro los ojos. Me ausculto.
Mi corazón avanza cual ballena
a la deriva en tierra firme.
Y yo, solo en el centro del mercado,
no soy más que un iracundo cazador
afilando los arpones fríos
de una interminable y vil melancolía.
Floriano Martins (Brasil, 1957)
LA IDEA DE UNA TRADICIÓN UNIVERSAL
Mis tierras notan las tensiones en tu mirada.
Quiero que te bañes como una flor en la primavera.
Un sueño pelado que se reproduce en mil
Declaraciones de que el cielo todavía existe. Yo quiero
sus firmas ingresan a todas las páginas.
No se trata de no creer o describir lo que vivimos
está más allá del recuerdo o el coraje de una renuncia.
Mis spas registran el calor de tus entrañas.
Quiero el teatro completo de tus regalos. Las estaciones
celebran sus escaleras como un rito desnudo.
Las noches todavía existen en su belleza demoníaca.
Mantengo mis notas fuera del tiempo, llueve
sobre las letras con las que reproduzco tu nombre exacto.
Yo insisto. No se trata de cuánto me encuentras transcrito.
Si tienes que llorar, házmelo a mí. Gracias a la furia
de tu naturaleza ilegal. Gracias al símbolo, gracias.
al estruendo silencioso de nuestras alas en vuelo.
Te amo no lo ves. No tendrás que matarme pronto.
Maritza Cino Alvear (Ecuador, 1957)
FARALLÓN
Ahora que todos los mares se parecen
he vuelto a escuchar su voz epistolar,
a mis espaldas la ciudad lejana
reserva el secreto de los árboles
entre faroles y calles circuladas
como un cortejo de humo reclutando máscaras,
ante el jadeante zumbido de las olas
un lunar de hojalata confiesa que aún hay tiempo.
Asida del farallón hurto sus arenas.
Luis Bravo (Uruguay, 1957)
DIVÁN DE LOS HALLAZGOS
la tibia brasa el fuego enciende
Yalal al-Din Rumi
En Isfahán visité serrallo
ya vacío ya poblado
de sedas que al cuerpo envuelven
en lluvia de a puñados
– lentejuelas y espejos móviles –
las dulces quejas del kamánche sueñan en la fuente;
en las serpientes del tabaco algo se mueve
la luna del daf hace esdrújulo el latido
y un pie de estrella se alza en las cuatro cardinales del laúd
es el diván de los hallazgos
cúpulas radiantes, grafías tholth, minaretes del muecín,
arte de sílabas, cocido azul de un mundo cuya mitad
no alcanza, ni entiende, quien de lueñes tierras viene
convidado por los cánticos
convidado por los cánticos
convidado por los cánticos
que a esta otra mitad del cielo encienden.
Beatriz Hausner (Chile, 1958)
DESDE ESTE CORAZÓN
para Susana Wald
Desde este corazón, yo, Beatriz Hausner
les digo: vislumbro la flor
que brota detrás de la piel donde
los escasos míos pasean con insectos
y mamíferos grandes y pequeños.
La extrañeza baja de
esos conjugados ojos mecánicos
similares a los de las moscas que relucen
mientras el líquido de la aguja me
despacha a mi pequeña muerte.
Es profundo este sueño y hecho
de seda las hojas se abren camino
por afilados instrumentos que perforan
la matriz hacia la primera semilla donde
losríos y arroyos que alimentan el corazón
nacen cada mes y luego mueren.
Omar Castillo (Colombia, 1958)
TAROT DE OJOS
Tus ojos en el río cargado por el invierno
En un mango maduro recién caído del árbol
En esa esquina donde tantas veces se oculta el día
En el aroma del café que me dispongo a beber
Tus ojos tras los peatones que cruzan La Oriental
Y siguen por La Playa
En esta mañana que el sol irrita
En los adoquines de la carrera Junín
En las paradas de bus
Al pie de los semáforos
Tus ojos en las raíces que los árboles dejan ver
En la fachada de ladrillos de la catedral
Vueltos sobre la fuente del parque Bolívar
Donde la luna muestra su paso
Tus ojos en la ciudad cuyas luces la consumen
Hasta arrojarla en un sueño surreal
El mismo donde he encontrado
Tus bellos ojos de siempre
José Ángel Leyva (México, 1958)
LA REGIÓN AUSENTE
Hay un espacio tan lleno de vacío
donde mi voz no es voz sino eco
el puro cascarón del ruido
la marca de un pie que no me calza
He deseado regresar y ya no existe
la región donde dejé de ser
el territorio por mí deshabitado
En mis calles no hay caminos
Si intento describir la dirección del aire
en cada esquina de su ser baldío
aparecen esferas de cardos en la lengua
recuerdos de un cadáver en la plancha
conservando en formol su aburrimiento
Con las primeras gotas de luz
el cielo fibroso se adhiere al descarnado suelo
resplandeciente de manos y nervudos brazos
Otras tierras empujan sus arenas
en vendavales de un azul esmerilado
La calva ciudad peina sus frondas
El polvo nos embosca
Los árboles se van desvencijando
María Eugenia Ramos (Honduras, 1959)
AUSENCIA
Alguien se fue
y dejó todos los cuadernos
abiertos en la página 21,
servidos el café
y los frijoles
en la mesa,
caliente
la cama sin hacer,
el perro
esperando su comida,
una cita de amor
puesta a secar en la ventana
y en los vacíos del ropero
el olor de los sueños.
Floriano Martins nació en Brasil en1957. Poeta, ensayista, traductor, editor. Dirige la editorial ARC Edições y Agulha Revista de Cultura, además de una colección de libros de circulación por Amazon. Estudioso del Surrealismo, ha publicado algunos libros sobre el tema, en países como Brasil, México, Costa Rica y Venezuela.
Omar Castillo, Medellín, Colombia 1958. Poeta, ensayista y narrador. Autor de múltiples libros. De 1984 a 1988 dirigió la Revista de poesía, cuento y ensayo otras palabras, de la que se publicaron 12 números. Y de 1991 a 2010, dirigió la Revista de poesía Interregno, de la que se publicaron 20 números. En 1985 fundó y dirigió, hasta 2010, Ediciones otras palabras. Ha sido incluido en antologías de poesía colombiana e hispanoamericana. Poemas, ensayos, narraciones y artículos suyos son publicados en revistas y periódicos de Colombia y de otros países.