Jorge Boccanera, escritor argentino, nos hace llegar los poemas de Kris Vallejo y Rebeca Becerra, poetas que representan la poesía hondureña de las últimas promociones, continuadoras de una larga tradición poética.
Poetas hondureñas de hoy
Kris Vallejo y Rebeca Becerra
Jorge Boccanera
La lírica centroamericana escrita por poetas mujeres encuentras sus pilares en las voces de la salvadoreña Claudia Lars, la costarricense Eunice Odio, la nicaraguense-salvadoreña Claribel Alegría y la hondureña Clementina Suárez, entre otras que dieron a conocer sus libros en las décadas de 1930 y 1940. Todas ellas por fuera del espacio reducido –el ámbito doméstico, la castidad, la pasividad– al que confinó el patriarcado literario a la mayoría de las “poetisas” que las precedieron.
Insumisas, rebeldes, dueñas de su propio destino, cada una de las poetas citadas tomó las riendas de su búsqueda estética y le dio voz a su conciencia. Clementina Suárez lo dice en un par de versos contundentes: “¿quién hay ahora que no se revele/ y no tenga en el alma una voz incendiada?”. (A propósito de esta poeta, se acaba de agregar este año a su Poesía Completa editada en 2012, el libro de poemas “dispersos” Dejadme ser poeta, edición a cargo de la traductora Frances Siman).
Las dos poetas de Honduras que presentamos aquí, transitan tendencias diferenciadas y sólidas. Una, Kris Vallejo, que inicia su camino con un muy buen primer en el que prima la imagen visual; mientras que Rebeca Becerra Lanza da muestras de su solvencia en el género mediante una experiencia acumulada desde hace algunos años. Ambas, representantes de la poesía hondureña de las últimas promociones, y continuadoras de una tradición poética que incluye desde Juan Ramón Molina –una de las grandes figuras del Modernismo– a autores de un registro contemporáneo, como Clementina Suárez, Pompeyo del Valle y Roberto Sosa, y más acá en el tiempo José Luis Quesada, Soledad Altarinao Trujillo, Rigoberto Paredes, José González, hasta llegar promociones más recientes representadas, entre otros por Fabricio Estrada, Leonel Alvarado y Rolando Katan.
Kris Vallejo, poeta y artista plástica con varias exposiciones en su haber, es una de las organizadoras de la “Semana Alicanto”, un espacio que anualmente convoca desde Honduras a escritores de diversas partes del mundo para realizar lecturas y charlas. Su poesía ha sido traducida al italiano e incluida en las compilaciones Antologia della poesía honduregna y Almanacco dei Poeti e della Poesia contemporanea 6.
Con un primer libro publicado en 2019, Tigres sin memoria, Vallejo se ubica en un camino escasamente transitado por la poesía hondureña: la escena onírica, la imagen visual, el lenguaje de textura surrealista. A sus imágenes fulgurantes, suma Vallejo un fraseo y un ritmo logrados. Un niño perdido “en la estepa densa de un poema”, en medio de lo incierto de un desierto enmalezado (valga el oxímoron), recuerda el bosque encantado (y desencantado) de Olga Orozco, donde una niña extraviada perseguida por un rumor de hojas, busca un talismán que la rescate de la pesadilla. Podría ser que en un sueño que se asemeja, compartan ambas un aquelarre con calderos de aceite hirviendo, pócimas mágicas y duendes. De relieve onírico, dark, gótico, Tigres sin memoria esgrime excelentes imágenes, como ese “cuervo y su aliento de baúl olvidado” y “la lengua negra de las campanas”. Y si hay muerte y camas que huelen a sangre, hay también goce y plenitud. La de sentirse disolver en todo (“ser parte de todas las cosas”); adentrarse en al agua, la tierra, el aire, el fuego, hasta dormir sobre el oleaje de la noche.
Por su parte Rebeca Becerra Lanza, poeta, narradora y ensayista, fue cofundadora del Taller “Casa Tomada” y de la Federación Centroamericana de Escritoras. Obtuvo el Premio Centroamericano de Poesía “Hugo Lindo”, El Salvador, 1992. En poesía publicó: Sobre las mismas piedras, Las palabras del aire, Persuasión de las cosas y Camila. En 2016 apareció su antología Del tiempo; textos suyos han sido traducidos al inglés, italiano y armenio.
Con una marca existencialista que ronda los temas de la muerte y el suceder del tiempo, su poesía va de cuestionar el proceso de aceleración y alienación de la ciudad transitada por náufragos, esos seres cada vez más indiferentes, a la violencia cotidiana; varios de sus textos están dedicados a su hermano José Eduardo, dirigente estudiantil desaparecido en 1982. Con distintas modulaciones, su escritura instalaun teatro se sombras para narrar los sueños, y a ratos establece una lucha de opuestos entre lo vital, la libertad, el movimiento (aire, vuelo, mar) frente a lo inerte, lo yerto; esa piedra con la que tropieza cada uno de nuestros latidos que la lleva a escribir logradas imágenes: “exhausta de masticar piedras/ de hablar palabras como piedras/ de caminar sobre las mismas piedras”.
La de Becerra es una voz diáfana cuyo lirismo está cargado de emotividad. La voz que pregunta: “Por qué no sembramos en el aire,/ casas que no estén atadas a las piedras”, es la misma que susurra: “Alguien me nombraba y me dejaba hacer en su labios” y que afirma con tonos dramáticos: “También la muerte/ se convierte en rutina/ limpiamos el cuchillo/ lo volvemos a ensuciar”.
Poemas
Kris Vallejo
Ruido blanco
El dolor siempre está ahí
espera paciente en la mecedora
peinando humo
Lee revistas y se come el último pan
Cobija a todos en sus camas
besos en la frente
asegura con gratitud y tersura:
“no les olvidaré”
Nadie diría que no es leal ese dolor
llameante raíz
quieto como ciénaga
un ojo de ámbar
la ilusión de sumergirse en una tumba
El dolor siempre está ahí
solo es cuestión de que algo lo despierte
Aquí donde vivo
Puntos negros en el cielo
Cielo ahogado, viejo, incendiado
Una vasta incertidumbre
que salpica de cuando en cuando gotas de fe
Solo la fe lo convierte en cielo
aún cuando se arremolina el nubarrón
que amenaza con destruir
todo lo que será:
promesa de mañanas templadas
al filo de oraciones a un Dios de madera y cal
Paraíso e infierno a la vez este cielo
Pero aquí vivo, me levanto abriendo ventanas al paisaje lejano
la respiración pedregosa del comienzo del día
Aquí me alimento, bajo este cielo
de rocío ácido y palabras nuevas
mercados estruendosos y adoquines resentidos
Aquí parí al tigre que ahora duerme bajo mi cama
Asistir a un linchamiento
Ser parte de ese gesto aparente de justicia domiciliaria
Ver carne rosa explotar en primaveras frías
Configurar las pequeñas uniones humanas
ahí donde hay odio y sensualidad
paisaje velado por los defectos del otro
Ser la mano que grita meciendo el látigo
las uñas y los dientes del cielo enloquecido
Redonda su bóveda para que ruede el cántico rojo
y llueva sobre nosotros
Safo
En cuartos cerrados se celebran rituales
de esos que cambian el curso de los ríos
y matan lenguajes atávicos
Allí juntamos las manos tibias
como rocas al pie del volcán
Los ojos llenos de nubes cansadas
En cuartos cerrados nos abrazamos
a la corteza destrozada de la espera
damos suspiros contra paredes hondas
queriendo beber del mañana
Nada que se tropiece con la luz que se extingue
Nada que estorbe en la caída y el pozo
¿Qué somos si no un pozo?
adentro todas las tormentas
todas las lágrimas
nadie se asoma si no es con sed
Los veranos son largos en nuestra canícula
¿qué pájaros hacen sus nidos en un pozo?
He de cantarte en mi voz más suave
en este cuarto cerrado quiero tomar tu mano
llevarte entre los filones de oro que salen de mi vientre
Rebeca Becerra Lanza
El sonido verdadero
Detrás de tus ojos
hay otros ojos que no conoces.
Detrás de tu boca
está tu boca verdadera.
Detrás de la palabra que dices
hay una cuerda,
un sonido veraz.
El espejo que te ve a la cara
es el agua que borra tu rostro.
Detrás de la vida,
que no es la muerte
podemos ser.
Evocación
No hubo principio,
pues ya todo existía,
como el pasto trenzado por el viento.
Todo era bulla,
algazara,
reinaban los colores en las plumas.
Sí, ya todo existía.
No sé por qué me dejaron dormida
debajo de la muerte,
y aún más allá de ella,
en el ombligo neutro de la nada.
No consideraron mi carne de maíz,
mis dedos de obsidiana.
Yo me digo levántate y escribe.
Recoge del día la sangre de la noche
y líbrame del tiempo tejido por la muerte.
Nuestro mundo
Este mundo
se reduce al tamaño de un ladrillo,
al moho de un clavo,
al eco de lenguas extintas,
a inútiles entierros que envenenan la tierra.
Pero estamos unidos a la piedra,
a la sal,
al agua,
al sonido de la palabra
que se afirma en nuestra boca.
Somos, a veces,
un naufragio de cosas
que cuelga de los días.
Las viejas horas
Las viejas horas vuelven,
encienden los caminos de la sangre,
y me enseñan tus huesos inundados de espanto.
Ciudad, apenas te percibo
como un nido sobre un árbol desnudo;
una gota de agua solitaria
enredada en los labios.
Las viejas horas me abrazan,
me torturan como a ti,
como a ti hermano.
Me sangran,
me sangran,
me quebrantan los huesos
y me pintan el pelo
como un río de polvo
que atraviesa tu rostro.
Pequeña ciudad
tu voz me susurra en la espalda,
y los pasos avanzan;
la piel se me desgaja de los huesos.
Y somos iguales, hermano,
los dos sentimos frío
y nos buscamos en dos ciudades
sobre la misma tierra.
Bajo a morir
Vivo
inclinada a los días que envejecen.
Trato de distraer la mirada
en las formas arabescas de una alfombra,
en la intacta posición de la guitarra
junto al librero,
en el vacío de mis manos,
en la luz que no encuentro.
Bajo a morir
y el sol sobre mis ojos
es el único ojo que me observa.
Me descubro
debajo de un pórtico
armando la memoria de los siglos.
Fría.
Inundada mi boca de furia y de sangre.
Algo me susurra en la espalda:
empuja,
empuja
para que salga el corazón a la tierra.
El corazón en la tierra
Vuelvo a esconder
el corazón en la tierra
esta vez no quiero que nazca
déjenlo
que se alimente de piedras
que viva atado entre las raíces
que conozca la dureza de los metales
que sepa donde nace el agua
y donde se esconde su furia
Todos tenemos una parte oscura
necesito algo de infierno
en los ojos.
Kris Vallejo es poeta y artista plástica hondureña, con varias exposiciones en su haber, y diversas colaboraciones en proyectos de plástica nacional e internacional.
Tallerista por dos años en “Alicanto” en el taller de poesía dirigido y coordinado por el poeta Rolando Kattan. Su obra poética ha sido publicada en Honduras, México, España y actualmente traducida y publicada en Italia por el poeta Emilio Coco en la “Antologia della poesia honduregna” y en el “Almanacco dei Poeti e della Poesia contemporanea 6” de Raffaelli Editore.
Rebeca Becarra Lanza es poeta, narradora y ensayista. Nació en Tegucigalpa, Honduras en el año de 1970. Licenciada en Letras con Orientación en Literatura. Realizó estudios de teatro en la Academia Nacional de Arte Dramático. En el año de 1992 recibió el Premio Único de Poesía Centroamericana “Hugo Lindo” en la ciudad de San Salvador, El Salvador. Autora de varios libros de poesía.