Ambar Geerts Zapién, traductora y académica mexicana, ensaya sobre la obra de Diane di Prima (1934), poeta de la Generación Beat, analizando «la articulación del deseo sexual con el deseo materno» en los textos poéticos de la escritora.

“Estando embarazada siempre tengo más ganas de coger.”

Sexo y maternidad en Diane di Prima

Ambar Geerts Zapién

Tal vez porque lo materno está tan estrechamente ligado a la domesticidad, la cual se manifiesta muchas veces como irremediablemente burguesa, un avatar del privilegio y de las identidades esencializadas, los estudios culturales no han tomado en serio las políticas de la maternidad y la familia. Desde este punto de vista, hablar de la poeta Beat Diane di Prima en relación con su deseo materno parece a primera vista sentimental. Claro, en un contexto bohemio de poesía contracultural, jazz y viajes de peyote ¿qué podría ser menos cool que la maternidad? Verla como madre, o como deseando ser madre rompe con su imagen de radicalidad, visto que el público prefiere la “Beat chick” desnuda, desapegada y sulfurosa de sus Memorias de una Beatnik a la mamá de cinco tratado de llegar al final del mes con paquetes de arroz integral y yogur hecho en casa. Sin embargo, si volvemos un momento al cierre del libro que acabo de mencionar, uno de los pocos textos de di Prima que han sido traducidos y publicados al español (Muchnik Editores, Barcelona, 2000), recordamos que termina con el inicio de dos vidas nuevas: la suya y la de su futuro bebé, lo cual equivale a voltear el tropo tradicional del erotismo y la muerte de cabeza. Después de tantas páginas de orgías, sexo anal, violación e incesto, la incomodidad que provoca esta decisión más bien convencional, o, en el argot de la época, “square,” revela la distancia que hemos creado, como sociedades modernas y laicas, entre sexo y concepción, y entre deseo sexual y deseo materno. En este ensayo quiero comentar muy brevemente la articulación del deseo sexual con el deseo materno en algunos textos de Diane di Prima.

        Ya sea en el campo de la procreación o de la sexualidad, el patriarcado reposa en gran parte sobre el control sobre los cuerpos femeninos. Las autoras feministas llevan décadas denunciando que la maternidad tal y como es practicada en dicho sistema es un campo sobre el cual se libran importantísimas batallas políticas ligadas al mantenimiento del status quo. Por lo tanto, esta apropiación espejea y se conjuga con la apropiación del deseo sexual femenino, o mejor dicho con su colonización por las prerrogativas sexuales y/o religiosas masculinas. No nos sorprende, pues, la creencia generalizada (y quizás sea una profecía coercitiva que se autorrealiza) de que el autosacrificio voluntario y las exigencias masoquistas de la maternidad cancelan la sensualidad y la agresividad de las mujeres. Desde este punto de vista parece que las embarazadas y las madres han cruzado la barrera invisible pero muy real del atractivo sexual, adquiriendo en el imaginario social una especie de halo sagrado que encauza un tabú social fuerte y pernicioso. El paradigma de la MILF, por si a alguien se le ocurre que podría ser un contraargumento, únicamente confirma esta tesis al proponer que las madres sexualmente atractivas son una especie de excepción transgresiva.

        En la historia de las contraculturas literarias, a menudo se define a Diane di Prima como “excepcional,” aunque por otras razones. Si bien personalmente trato de evadir esta clase de epítetos, porque vuelven a las otras mujeres menos merecedoras y de alguna forma incluyen a di Prima en el “boy gang” infame de Allen Ginsberg,1 su biografía ciertamente vuelve esta distinción tentadora. De hecho una de las mayores dificultades que conlleva el estudio de su obra poética y autobiográfica es el no caer en la trampa anecdótica, es decir intentar mover el lente de su ciertamente importante ruptura y reapropiación de los estereotipos tradicionales de la feminidad hacia su obra. Con esto también me refiero a ir más allá del lugar común: sí, las mujeres de la generación Beat han sido infravaloradas, infraestudiadas, opacadas. ¿Qué hacemos con esto? No parece que a di Prima le haya importado mucho, lo que no significa que no le haya afectado. Lo que tenemos, en cambio, es una enorme cantidad de material; urge leerla, pensarla, escribirla, a ella y a las demás mujeres “excepcionales” que anduvieron y siguen andando por los caminos de la beatitud.

        Para volver a la cuestión de lo anecdótico, está claro que el enmarañamiento de la vida Beat con los textos y el empeño que pusieron en escribir desde el material de sus vidas comprueba una vez más que la supuesta “objetividad” que implica el estudiar estos textos como autocontenidos es imposible y algo artificial (ya se ha intentado establecer este tipo de acercamiento, y el resultado es una de las herramientas menos apasionantes de la crítica literaria). De cualquier forma, creo que es importante indagar enfáticamente más allá del simple rechazo del estereotipo de la “Beat chick”, es decir explorar los poemas, arriesgarse en el universo de su imaginación mística y mitopoiética.

        Cuando leo las memorias eróticas y la autobiografía de Diane di Prima, percibo no sólo que su visión infiere la posibilidad de que el placer sea una guía confiable o de que el deseo pueda enseñarnos algo sobre experiencias humanas más inaccesibles; de manera más significativa, el preservar su subjetividad no implica, como ocurre a menudo en el universo masculino y casi siempre en el mundo de los Beats, no implica, digo, negar su interés por la maternidad. Al contrario, lo maternal es parte de su búsqueda, y uno de los caminos para acceder a conocimientos otros, más alejados y complejos. Lo que me parece tan fascinante en esta posición es que llama a rescatar los deseos sexual y materno y a resistir a su caricaturización como falsa conciencia sentimental o a su descrédito como una parte esencial de la subjetividad femenina.

        Por otra parte, la cuestión es históricamente interesante, siendo que di Prima creció en la vanguardia de la llamada liberación sexual y de la comercialización masiva de la píldora. No es exagerado afirmar que la poeta detesta los métodos anticonceptivos y rechaza la planificación familiar orquestada desde las instituciones2:“…cuando quieres coger, pues coges. Nada pegajoso, nada estresante. Si quedas embarazada, las molestias duran un par de meses, a lo mucho tres, mientras que con la píldora duran para siempre. Aparte estando embarazada siempre tengo más ganas de coger, y lo disfruto más…en cuanto al parto, tener un bebé es cosa de echarte y tenerlo.”3 Aunque esto suene a caricatura, es de notarse que cinco partos más tarde, en la edición de 1988 de sus memorias eróticas publicadas originalmente en 1969, no se retracta de este promaternalismo. Sí agrega, en cambio, una nota referente al sexo seguro en la era de la epidemia global de VIH: “Jugar con un posible embarazo es una cosa: tener un bebé puede ser una gran celebración de la vida; jugar con el SIDA es otra cosa: simplemente arriesgarse a una muerte rápida y horrible.” Para la joven di Prima, en los años en que todavía no se ha escuchado hablar del VIH, tratar de limitar el riesgo que implican los encuentros sexuales es contraproducente y daña el lazo erótico que se ha establecido entre las dos partes. Como nos dejó muy claro Georges Bataille, la idea del “riesgo” como constitutivo de la experiencia erótica es sumamente importante.

        En uno de sus escritos, Julia Kristeva brinda una hermosa y brillante definición de lo materno como característicamente erótico. Nos habla de reliance, es decir de “confianza”, pero en el sentido etimológico latino y del francés antiguo, es decir “unir”, “enlazar”, para definir la maternal reliance en el marco de un heretics of reliance. Kristeva define el erotismo materno como una economía específica de impulsos que los vuelve problemáticos y disponibles, “colocándolos juntos al servicio de lo que se vive como una ‘estructura abierta’, enlazada [reliée] a los otros y a su entorno.”4Pensar lo materno como erótico me parece particularmente evocativo, en el sentido que supone una forma permeable de ser y habitar el propio cuerpo, en la que los sentidos no desconectan el sentido materno de lo sensorial y el placer físico. “Siempre dentro y fuera, uno mismo y otro, ni uno ni otro, un espacio de intervención, el erotismo materno separa y une [relie]: hiatus y junción.”5

¿Qué significa esto en un contexto social donde el sentido común opone lo materno al deseo, designando el deseo como ligado al sexo, y la maternidad como ligada a cualquier cosa menos al sexo?6 ¿Qué quiere decir en un contexto en el que las sociedades tienden a reducir la complejidad de la sexualidad y el deseo a dos fuerzas polarizadas, una que sitúa el erotismo como un impulso peligroso, subversivo, potencialmente disruptivo y antisocial, y otra que lo define como benigno, vital y liberador?7 Con Kristeva y otras quisiera sostener que hay una verdadera relación simbiótica entre los deseos sexual y materno. Al nivel más obvio, ambos están centrados y tienen su origen en el cuerpo, que es el centro del deseo y de la transformación requerida para su nacimiento y su consumo. A un nivel más profundo, los cambios abrumadores que implican la gestación y la maternidad, y, previamente, el deseo de ser madre, son trazos que se inscriben en el núcleo de nuestra sensualidad, fluctuaciones que tocan las cuerdas más sensibles de nuestra capacidad erótica.

        Además de ser adherente y exploradora de la articulación profunda entre sexo y fertilidad, di Prima cree firmemente en una esencia femenina corporalizada. Lo expresa en la descripción de su cuerpo y de su voluntad como dos entidades totalmente fiables: “Los primeros cuatro o cinco años que viví sola nunca usé anticonceptivos. Sentía que podría ‘sentir’ si me iba a embarazar. Y que podía rechazar al niño si fuese necesario. Cualquier niño.”8 El superpoder que cualquier mujer fértil quisiera tener. El nacimiento, por otro lado, como la muerte, implica un peligro concreto, experiencia de la carne:

La cuestión era delicada, porque al mismo tiempo sentía que si me acostaba con alguien tenía que ser alguien de quien no me molestaría tener un hijo. Y en mi mundo, donde los doctores, como la policía y los siquiatras, eran personas a las que casi nunca pedías ayuda, portar un hijo significaba la posibilidad de perder la vida. Lo tenía clarísimo.

Esto está, por decirlo así, preñado de entrelazamientos de deseo sexual y materno. Incluye, además, la imponente y poderosa presencia de la muerte en las experiencias liminales. Las tres piedras angulares que son el nacimiento, la gestación —o la ausencia de ella— y la muerte forman puntos de quiebre fundamentales en la vida de una mujer. Sarah LaChance Adams lamenta la omisión de Bataille respecto a la experiencia femenina de la gestación: “El embarazo, el parto y la maternidad son, en verdad, las experiencias más dinámicamente eróticas de las cuales es capaz un ser humano.”9Efectivamente, si el intelectual francés describió de manera maravillosa cómo lo erótico se entrelaza con la experiencia de la muerte, creando un movimiento cíclico con los diferentes umbrales de la experiencia humana, omitió por completo la experiencia del dar a luz. Esto a pesar de que, como lo articula LaChance Adams:

¿Qué otra experiencia podría representar mejor la idea de “asentir a la vida hasta la muerte”? Al prestar su cuerpo para dar vida, la mujer gestante arriesga varias muertes posibles: muerte de la identidad de doncella, aborto, aborto espontáneo, las enfermedades mortales de la gestación, el riesgoreal de morir en el parto, la tentación del filicidio y el traer al mundo un ser que inevitablemente morirá.

Di Prima afirma su reconocimiento absoluto de esto: “Entonces cada encuentro sexual fortuito tenía que sopesarse: ¿valdría la pena, al final, morir por esto, si tal era el caso? Y la respuesta solía ser si.”10

        La paternidad no tiene, desde su punto de vista, ninguna importancia, y la poeta opera una despatriarquización de la maternidad:

Obviamente ni por un segundo pensaba incluir un hombre en mi vida, en mi casa. Eso estaba descartado. Había visto lo suficiente en Brooklyn en mi infancia para desechar completamente la posibilidad de vivir con un hombre. Alguien probablemente más estúpido que una misma que querría tener el control. Que creería saber cómo se hacen las cosas, cómo se debe gastar el dinero, o peor, cómo se deben criar los hijos. Hasta donde yo entendía, ellos sólo eran problemas.11

En este sentido, su deseo de ser madre se enfoca en encontrar un donador, desarrollando así una contranarrativa matricéntrica. Sus años fértiles se impregnan con su deseo de tener hijos, pero su maternalismo está lejos de ser familismo, y trastorna el papel más tradicionalmente femenino para reapropiárselo. Como vimos, con paternidad también se refiere a las instituciones “los médicos, la policía, los siquiatras” a los cuales se resiste porque son agentes masculinos de un sistema letal. “No era que no valorara mi vida, pero la experiencia, el saborear la vida era todo para mí.”Quiere dejar bien claro que su marginalidad es voluntaria, sublimada en un deseo por la experimentación. A través de esto establece una relación entre el sexo y la muerte, relación que funge como catalizadora del deseo:“La experiencia en sí era buena, era el bien supremo.” Esta mezcla de sexualidad, de deseo, y de su relación estrecha con su cuerpo es característica de su autorepresentación literaria.

        Ciertamente, siempre permanece la pregunta de hasta dónde la autora realmente practica la condescendencia, la seguridad, la firmeza que expresa en estos pasajes. Como pregunta Joel Gwynne al discutir las memorias eróticas “Posfeministas”: “¿Será que las políticas de la alcoba son tan igualitarias como lo…parecen sugerir sus sensibilidades?”12 De hecho, di Prima siguió por un buen tiempo esa búsqueda de experiencia, y parió y crió a cinco hijxs en circunstancias materiales más o menos difíciles.

        Quiero concluir estos breves comentarios con un último aspecto importante de la compleja esencialización y autorepresentación diprimiana, la cual se localiza en su negociación de la maternidad y el coolness. No es ningún secreto que los Beats consideraron la producción literaria de los hombres muy superior a la de las mujeres. De hecho, los textos más celebrados o discutidos, ya sea en el medio académico o aficionado, son invariablemente “Howl” y En el camino. Otras autoras han hablado extensivamente de cómo las representaciones femeninas en ambos textos, pero más específicamente en el de Kerouac, están lejos de ser halagadoras. De hecho, otros textos menos conocidos escritos por varones Beat están igualmente llenos de representaciones estereotípicas y/o negativas de las mujeres. Si exploramos un poco esta vertiente, hallamos al lado de esta misoginia desacomplejada un antimaternalismo latente, que tiene su origen, al menos en parte, en el existencialismo Beat.13Di Prima, en cambio, al menos en las dos primeras décadas de su recorrido literario, ignora ostensiblemente la falta de cool inherente a la maternidad. Como bien lo dice Mary Paniccia Carden: “retrata la maternidad, como la poesía, como un producto de la verdad hacia ella misma,” logrando incluso “volver la maternidad contracultural.”14

        Esta capacidad de reabrir y restablecer dinámicas fluidas entre aspectos de la existencia que han sido divididos, distanciados, divorciados unos de otros es lo que vuelve la reapropiación de los deseos sexual y materno operada por di Prima tan significativa: burla la pérdida de la capacidad humana para proveer escapes auténticos a los llamados visionarios y a los modos de experimentar los estados liminales del cuerpo y del espíritu que desembocan en la trascendencia de la subjetividad.

Bibliografía citada:

de Marneffe, Daphne. “The Problem of Maternal Desire,” inAndrea O’Reilly, Maternal Theory, Demeter Press, 2007, pp. 668-682.

di Prima, Diane.  Pieces of a Song.City Lights, 1990.

—- Recollections of My Life as a Woman. The New York Years, Viking, 2001.

—-  Memoirs of a Beatnik. Olympia, 1969. Last Gasp, 1988.

Fraiman, Susan. Cool Men and the Second Sex, Columbia UP, 2003.

Ginsberg, Allen. Journals: Early Fifties, Early Sixties. Gordon Ball (ed) Grove Press, 1977.

Gwynne, Joel. Erotic Memoirs and Postfeminism. The Politics of Pleasure, Palgrave Macmillan, 2013.

Kristeva, Julia. “Reliance, or Maternal Eroticism”. Journal of the American Psychoanalytic Association, vol. 62, no. 1, February 2014, pp. 69-86.

LaChance Adams, Sarah. “Erotic Intersubjectivity:Sex, Death, and Maternity in Bataille”, in Jonna Bornemark and Nicholas Smith (eds.), Phenomenology of Pregnancy,Södertörn University, 2016. pp. 91-102.

Paniccia Carden, Mary. Women Writers of the Beat Era. Autobiography and Intertextuality. U of Virginia P, 2018.

Ambar Geerts Zapién es traductora y candidata a doctora por la UNAM. Estudió la licenciatura y la maestría en la Universidad Libre de Bruselas (ULB), donde escribió una tesis sobre la experiencia mística y los enteógenos en los textos de Carlos Castañeda y Timothy Leary.  Estos últimos cuatro años se ha dedicado a investigar y a estudiar los archivos, la poesía y los textos autobiográficos de Diane di Prima. Los resultados de esta investigación serán presentados en una tesis doctoral enfocada a la autorepresentación y la corporalidad en la obra temprana de la poeta (hasta 1970).

  1.  Ginsberg Journals: Early Fifties, Early Sixties p.80 ↩
  2.  Todas las traducciones son mías, salvo cuando se indica lo contrario. ↩
  3.  Diane di Prima, Memorias de una Beatnik p. 76 ↩
  4.  Julia Kristeva, “Reliance, or Maternal Eroticism”,  p. 71 ↩
  5.  Ibid., p.76 ↩
  6.  Daphne de Marneffe, “The Problem of Maternal Desire”, p.668 ↩
  7.  Joel Gwynne, Erotic Memoirs and Postfeminism, p.2. ↩
  8.  Diane di Prima, Recollections of My Life as a Woman, p.153. ↩
  9.  Sarah LaChance Adams, “Erotic Intersubjectivity. Sex, Death and Maternity in Bataille” pp. 91-101. ↩
  10.  Diane di Prima, ibid. p. 154. ↩
  11.  Diane di Prima, Recollections of My Life as a Woman, p.157. ↩
  12.  Joel Gwynne Ibid p.22 ↩
  13.  Es significativo que esto sólo concierne las parejas. En el caso de Kerouac, por ejemplo, el poeta parece haber resguardado una lealtad muy particular hacia su madre, que aparentemente no se extendió hacia sus parejas, la madre de su hija, ni tampoco la hija. Para conocer más acerca del antimaternalismo de la bohemia, la academia y la contracultura, véase el libro de Susan Fraiman, Cool Men and the Second Sex. ↩
  14.  Mary Paniccia Carden, Women Writers of the Beat Era, pp. 43-56 ↩