Cecilia Trevillana, joven escritora y artista visual, colaboradora de La Otra, ensaya sobre el género, como un constructo social, y su naturaleza colonial.
(De)generadas
Cecilia Trevillana
¿Quién quiere género pudiendo tener sexo?
—Leonor Silvestri
Advertencia: El siguiente texto puede cambiar de género gramatical sin previo aviso y sin aclaraciones. No es un error, lo hago con toda la intención.
A menudo se confunde el sexo (de carácter biológico, orgánico) con género (construcción cultural y social). El género responde a las conductas impuestas coercitivamente sobre cuerpos anatómicos dados.No creo que se pueda ya abolir, aunque la psiquis no esté relacionada con el sexo, a menudo se cruza a través de lo visual y lo moral, se ponderan así la ejecución de roles y prejuicios a través datos que se pueden “ver” sobre los cuerpos, lecturas superficiales que se recopilan para usarse en el mercado.Por lo que a usted se le ha solicitado y solicitará a través de diversos dispositivos, reiteradamente, la siguiente información a lo largo de su vida:
F □ M □
(Y, recientemente, las personas que usan las redes sociales se habrán percatado, existe una tercera opción a elegir, libertad mediante, por supuesto:)
Personalizado (pronombres el/ella/ellx): _______________
Libres de elegir entre papel higiénico con aroma a manzanilla, perfume indefinido, de hoja sencilla, doble o triple, somos libres también de elegir nuestra identidad. Una absurda problemática, ya que los cuerpos no están dados; nuestras anatomías son diversas y pueden modificarse, prótesis y cirugías mediante, sin dejar de contar la experiencia virtual occidental y sus filtros en distintas redes.Sobre todo ahora se ve: marzo del 2020, mientras hacemos, o no, cuarentena y nos animamos a encontrarnos a través de lo virtual: se han hecho dinámicas donde a través de los dispositivos se transmite poesía, se dan cursos a distancia y ayudas terapéuticas para la crisis y el pánico generalizado, si ya se había considerado esto un mercado a. de C (antes de Covid19), ahora es más tangible como albur, se comienza a especular con ello, a expensas de mantener ingresos y vivir al día se preserva un método económico.¿Hay personas que no estén conectadas? No serán occidente, que, y quienes quieren que todos logremos estar conectados, porque eso es el progreso, avanzar al abismo como un ejército. Nacer persona en este sistema planetario es pagar un precio, primeramente, epistemológico, luego se pierde el cuerpo y sus posibilidades para salir a trabajar por el pan de cada día, aunque hay quienes desabastan los supermercados y se encierran a hacer cuarentena no en metros cúbicos, sino en hectáreas; y ni hablar de la espiritualidad.
Como dijo Maria Auxiliadora, en una entrevista que realizamos para La Otra y que a estas fechas supongo se podrá consultar en línea:
(Antes de estudiar el concepto de género y su asociación al colonialismo) sentí tremendamente el peso de esa construcción cultural sobre la identidad femenina (…) estamos llenas de mordazas, impedimentos del peso histórico… no había un desgajado de historias (…) padecimos múltiples presiones (…) nos tallaron la identidad en prejuicio de la realidad, de nuestra contextura natural, es como si hubiera un lazo de amistad, un lazo para estrangular que se va cerrando y se va cerrando (…ahora tengo) diferentes perspectivas, percepciones, pienso que hay muchas cosas más dolorosas que las diferencias de género; pienso en el odio, en la muerte, en las circunstancias, la condición humana pasa por tantas formas diferentes de sufrimiento, centrarse sólo en una desenfoca todas las demás, es como sonidos separados que hay que armonizar, construir una melodía, (…) vivir es un esfuerzo y una debe involucrarse en ese esfuerzo (…) hoy tú me das aire, mañana te doy yo a ti (…)
Entonces, para entender las problemáticas del género, hay que reconocer que los hombres/la heterosexualidad se beneficia de este sistema de opresión, y que desde antes de nuestra concepción estuvimos sujetas a un proyecto, una de sus definiciones es: «sistema/mundo moderno/colonial capitalista/patriarcal blanco/militar occidentalocéntrico y cristianocéntrico»1, que tiende a excluir y extenderse a fuerza de dicotomías desde un esquema de poder. Esto lo identificó Walter Mignolo como una «coexistencia de nudos complejos», en vez de una «sucesión lineal de periodos»:
-Renacimiento/lado B del Renacimiento;
-periodo moderno temprano/ periodo colonial;
-la Ilustración/ lado B de Ilustración;
-periodo moderno/colonial/ periodo nacional secular.2
He aquí la truculencia binomial que define a un sistema-mundo al que estamos inscritas: la humanidad: entidad superior, que existe a expensas de lo no-humano y en su constante progreso universalista omite las particularidades de las vivencias, sobre todo de las que no ha expropiado. Sólo neblina y barbarie hay más allá de occidente, según occidente, encarnado a través de micropolíticas de sus individuos, como el tic tac de una máquina que hace un sonido cada vez más estrepitoso y por demás obvio, mientras las trabajadoras domésticas, informales y putas mantienen cubierta la economía local y mundial; luego, además, se les sigue exigiendo cuidados, algo que hace la mujer cuando ama.
El amor de la humanidad es el amor romántico que regula nuestras relaciones y nos hace maleables, pero «si observamos desde lo humano, nos ayudará a comprender mejor lo que esta modernidad es». Otro concepto dentro de la jerarquía occidental moderna y humanista, es el racismo, que, si se le representa como lo identificó Frantz Fanon, sería la línea de lo humano, por arriba de ella se denota superioridad, es allí donde están también las ideas de “derechos”, “identidad-subjetividad” y el “reconocimiento social”, que trae “libertad”; por debajo de la línea está lo inferior, lo invisible, subhumano, subdesarrollado, lo no-humano.3
Nos han domesticado tan bien que creeríamos que defendemos una identidad que las más de las veces es triste y depende de terceros, como casarnos, tener hijos, un trabajo estable (un mito para mí y otros jóvenes), una carrera; estas ideas nos carcomen como lo hacen los virus, ideas de las que podríamos ser portadores asintomáticos, o podríamos desarrollar inmunidad a su infección.
Sí: nuestra identidad está coercionada; no, no hemos terminado dedudar sobre lo que deseamos, hay quienes nos jugamos el sexo, desgenitalizamos la experiencia; no, hay un más allá de lo visible, más allá de unos senos turgentes, vulvas y falos y esperma que inseminan y se aman: heteronormatividad más bien anodina y triste, que, con su amor romántico a muchas nos la reseca.Hay tanto amor de receta que se extingue la sofisticación del odio, el entendimiento y la voluntad, se sacrificaría tanto por pereza, hasta el mismo goce. ¿Qué más faltaría para que todos odien hasta rabiar algo que aniquila si no lo encarnamos? No necesitamos tener excusas para sentir placer.
Occidente con sus distintas jerarquías conceptuales se percibe como un orden moral que norma y universaliza experiencias, distinta a una ética, que hace frente a la singularidad de cada caso, sin recetas. El sistema inmunológico de lo moderno, de moral cristiano-centrada, prescribe y comete un genocidio de orden epistemológico a través del olvido indolente de lo que no existe fuera de sus parámetros. No hay lugar, por ejemplo, para lesbianas antinatalistas, para indígenas, pobres y discapacitadas.
Si no existimos dentro del orden de la moral, de lo permitido, del deber ser, seremos consignadas a las autoridades.Quienes fiscalizan pueden ser hasta nuestros vecinos de al lado, la tía fulanita, hasta amigos “cercanos”, sobre todo si “están esperando” y su maternidad y crianza es “deseada”, oh, «dulces antepasadas mías/ ahogadas en el mar/ o suicidadas en jardines imaginarios/ encerradas en castillos de muros lilas/ y arrogantes/ espléndidas en su desafío/ a la biología elemental/ que hace de una mujer una paridora/ antes de ser en realidad una mujer/ soberbias en su soledad/ y en el pequeño escándalo de sus vidas”4.
No se habla mucho y con la relevancia que tienen, por ejemplo, las experiencias ajenas a Occidente, como las musulmanas, africanas, zapatistas, en los «lugares en los cuales las relaciones de dominación de género no existían (…), regiones del mundo en las que el género femenino no existía, (…) regiones con un patriarcado local especifico, es decir, uno no cristiano-centrado, y no necesariamente heterosexista»5. Al sudoeste de Nigeria la sociedad Yorùbá, antes de la colonización de Occidente, no concebía el género como base de organización social, dentro de su lenguaje los pronombres no se dividen por masculino y femenino6; la categorización social era referida a la senioridad de sus personas, de sus experiencias que podían transmitir a los más jóvenes7.
La conquista de Occidente resultó también en manipulación de lenguas originarias del Nuevo Mundo como medios para unificar y consolidar la cristianización. Hemos de imaginar entonces lo absurdo de defender identidades de género, cuando las definiciones y narraciones que emitimos no son precisamente nuestras, sino que corresponden a un proyecto colonial que se ha propagado desde la conquista a través de micro y macropolíticas. Primero, durante el colonialismo fueron los conquistadores, misioneros y frailes, luego los conquistados, desde entonces, me atrevo a decir sin disculpas: no hay mucha entrega a pensar en lo dicho sino más bien a pertenecer.
Sin embargo, pese a todo mal augurio, tenemos pensamientos clave que han incitado a la duda y al estudio del discurso colonizador, algunas de las voces a las que recurro en este ensayo son: Ramón Grosfoguel, Walter Mignolo, Gloria Anzaldúa, Sirin Adlbi Sabin, Houria Bouteldja y Leonor Silvestri.
Gloria Anzaldúa escribió una metáfora sobre la conquista de una lengua sobre otra, en«Cómo domar una lengua salvaje», donde narra una endodoncia hecha por un dentista masculino y en posición dominante sobre el cuerpo en el que trabaja, se molesta al lidiar con la lengua movediza de su paciente:
“Vamos a tener que hacer algo con tu lengua”, oigo el enfado de su voz. Mi lengua no hace más que empujar los trocitos de algodón, presiona contra el taladro, contra las largas agujas finas. “Nunca he visto nada tan fuerte y obstinado”, dice. Y yo pienso: ¿cómo se domestica una lengua salvaje, ¿cómo se la doma para que se esté callada?, ¿cómo se la embrida y se la ensilla? ¿Cómo se consigue que se mantenga abajo?
¿Quién dice que robar a un pueblo su lengua
es menos violento que la guerra? — Ray Gwyn Smith8
¿No es irónico como se impuso la medicina y su sistema hospitalario como lugar de encierro y control, cuando la conquista trajo enfermedades letales?La medicina es del orden modernista, progresista y capacitista: dicta qué cuerpos son aptos y cuáles no. La discapacidad, aparato inscrito como el género, a la modernidad, es una construcción social, humana, ¿o no convivimos con arquitecturas que excluyen a quienes usan sillas de ruedas o a ciegos, nosotros mismos decidimos apartar la mirada de aquellas experiencias.
¿Quién o para quién se construyen hostilidades? ¿con qué intereses? ¿para los más aptos y merecedores?En pro(greso) de ello también se han invadido territorios “subdesarrollados”, «asumen un discurso colonial, racista y paternalista de salvación de la mujer colonizada de las manos de los hombres colonizados (…) discurso usado por George W.Bush para invadir Afganistan, y François Hollande para invadir Mali. Esta obsesión de Occidente de desvelar compulsivamente a las mujeres del velo no es nueva (…)»9. La mujer, pensada desde el prejuicio de occidental-cristiano-patriarcal-hetero-sexista es buena e indefensa, no se puede defender, ¡necesita que la salven!
Somos occidentales, nacimos con la colonialidad introyectada generaciones atrás, hay que decirlo y repetirlo, que nos quede claro, yo no soy blanca, pero podría estar blanqueada y reproducir aspiraciones tristes y prejuicios sin chistarlo ni pensarlo, por mera pereza; pero hay que saber, nos parieron en un lugar de encierro, donde nos recibía un desconocido, pero científico, gracias a dios no nacimos ásperamente subdesarrollados sobre la tierra, en vez de eso nos dieron una nalgada, cortaron el cordón que nos unía a nuestra madre y revisaron nuestros signos vitales con la misma importancia que los sexos, así, nos asignaron uno.
Sexo, que luego, por lo general, relacionamos con la construcción cultural social de roles que se reproducen como el tic tac de una maquinaria de reloj, cuyas condiciones se podrían subvertir, pero para eso están otros usos horarios: las disidencias son asimiladas por un sistema planetario, luego entonces, si somos hijas sanas de esta cultura aprehendida, nos casaríamos y, por amor, como se excusan los cristianos para no pecar, gestaríamos en pro de la humanidad. Yo me opongo y hace tiempo que soy antinatalista, a sabiendas de que se me recriminará o cuestionará por ello.10
No podemos existir per se inscritas en Occidente, sin documentos que nos filien a cierto orden; pasamos de institución en institución, de papel en papel, palabras en palabras que nos validan; difícilmente podría convivir con alguien a quien sólo le diga mi nombre o pseudónimo y vamos viendo, comúnmente nos identificamos, partimos de lo visible: desde un título universitario, un trabajo, región, número de hijos y parejas inscritas en el orden heterosexual,
teorías occidentales, incluso las feministas, las queer, las diversas, las disidentes, se vuelven herramientas hegemónicas cuando se aplican universalmente bajo supuestos de que las apariencias occidentales definen lo humano, cuando deciden para toda la humanidad cuál es la madre de la revuelta, el corazón de todas las luchas y corona como la reina de las opresiones a su manera binaria de construir el género en el centro mismo de lo que mantiene vivo a occidente moderno euroblanco (o blanqueado), sus instituciones capitalistas democráticas estatales fascistizantes.11
Padecer o saberse sobreviviente de este agente infeccioso porque no pudimos, simplemente, nacer personas, como nacen los animales en estado salvaje, sin constituciones y reformas.No, somos occidente y difícilmente nos sacudiremos la colonialidad y modernidad de encima, ese ente que tiene su propio sistema inmune: «Occidente impide pensar contra él. ¿Quién pude culparlo? Al fin de cuentas, es una hegemonía y ninguna hegemonía entrega armas para ser derrocada»12Estamos infectadas, de conceptos, como “género” que nos constriñen, pero también podemos infectar, ser lo otro, la barbarie, la enfermedad que intenta expulsar un sistema que podría ser tomado. Hemos podido sobreponer el estudio a la voluntad y la apreciación de vivir. De unas experiencias es el poder económico, de otras la experiencia, la desobediencia, la ternura, la prueba y el error.
Algunas prácticas del conocimiento son, por así decirlo, bilingües, en el caso de estar inscritas en un modelo colonial y a la vez estudiar hasta la elocuencia su orden conceptual para pronunciar y hacer lo contrario.
Por ejemplo, las voces de Sirin Adlbi Sibai, quien dice que: «ya no es posible (a partir de un monólogo epistemicida y genocida impuesto por el marco de identidad/alteridad) comprender ni aceptar el falso e imposible “diálogo” al modo tradicional del occidentalocentrismo entre un nosotros-el otro en términos binarios opuestos y antitéticos, el yo existo desde la anulación del otro».
La voz de Houria Bouteldja quien se define a través de lo que no quiere ser, y se percata de lo que, como argelina, moderna e integrada, ha perdido: «La exclusión es una prerrogativa de ustedes. No soy ustedes y me rehúso a serlo. Lo único que realmente quiero es escaparme de ustedes en tanto me sea posible»13.
La voz de Cristina Peri Rossien su poema “Condición de mujer”:«Vengo de un pasado ignoto—dije—/ de un futuro lejano todavía/ Pero en mis profecías hay verdad/ Elocuencia en mis palabras ¿Iba a ser la elocuencia/ atributo sólo de los hombres?/Hablo la lengua de los conquistadores/ es verdad/ aunque digo lo opuesto de lo que ellos dicen»,14Peri Rossi decidió y declaró hace tiempo que no prolongaría el discurso moderno de occidente, lo reitera una y otra vez en su obra, sabe que no es igual, no necesita matar a nadie para hacer el amor con una mujer15.
Estas autoras coinciden en trasgredir las prácticas enunciativas como han sido impuestas, adhiero porque no hay nada más triste que haya percibido al obedecer; apuesto a la desgenitalización del deseo y rechazo su vehículo moral para saciar ese deseo de cuatro lados idénticos, creo en circunstancias donde las emociones no nos vendan y releguen a elegir entre papeles higiénicos, en lugar de cuartillas de un libro, entreno para defenderme de los golpes o palabras que puedan azotarme y condenarme, dedico mi pensamiento y fuerzas a quien me potencie, a lo que pueda ampliar mis marcos teóricos para no perseguir los mismos términos-cimientos del sistema planetario.
Quisiera domar mi lengua, para ello muchas veces guardo silencio, hay experiencias que no puedo encarnar, cada cual con sus circunstancias, deseo mi deseo de autonomía, no depender de un sexo, de un género;fluctúo con la fatalidad de quien nace, no soy un héroe de acción y soy incapaz de parar guerras, sin embargo, como dice María Auxiliadora, la poeta: «hoy tú me das aire, mañana yo a ti», domo mi lengua para que no sea insolente, mejor callar, sentir su textura, le digo saboreándola: no eres la única; deseo no desear la humanidad: proyecto fallido de la modernidad, me da asco: su sexo, su raza, su género, sus derechos humanos, su identidad, su libertad, sus binomios que todo doman matan y desaparecen, ¿para qué luchar por algo de lo que puedo prescindir para escindir y compartir el goce?
Bibliografía
Anzaldúa, Gloria.Borderlads/ La Frontera: The New Mestiza. Traducido por Carmen Valle. Madrid: Capitán Swing Libros, 2016.
Grosfoguel, Ramón (comp.). Feminismos islámicos. Venezuela: Editorial El perro y la rana, 2016.
Martínez Contreras y Ponce de León, Aura (coord.). El saber filosófico: Sociedad y ciencia. México: Siglo XXI Editores, 2007.
Mignolo, Walter. El lado más oscuro del renacimiento : Alfabetización, territorialidad y colonización = The darker side of the Renaissance.Traducido por Cristóbal Gnecco. Popayán : Universidad del Cauca. Sello Editorial, 2016.
Oyěwùmí, Oyèronké. La invención de las mujeres. Una perspectiva africana sobre los discursos occidentales del género= The Invention of Women. Making an african sense of western gender discourses. Traducido por Alejandro Montelongo González.Bogotá:Editorial en la frontera, 2017.
Peri Rossi, Cristina. Poesía reunida. Barcelona: Numen, 2005.
Sibai, Sirin Adlbi. La cárcel del feminismo. Hacia un pensamiento islpamico decolonial. España: Akal, 2016.
Silvestri, Leonor. El eje del mal continua siendo occidental. Consultado en: https://leonorsilvestri.wordpress.com/blog/el-eje-del-mal-continua-siendo-occidental/ el 17 de marzo de 2019.
En vez de «lado B…», Mignolo nombró: «lado más oscuro», sin embargo, lo considero un desatino usar tal adjetivo para designar a una época, ya que se ha utilizado de forma esencialista y estigmatiza circunstancias particulares de las que no se abunda. Por ejemplo, la Edad Media designada como la “Era oscura”, incluso se habla de una “época oscura de la enfermería”, cuando en ese entonces la práctica como tal no se ejercía. Acá la importancia de contextualizar. Considero que el empleo de tal palabra corresponde pragmáticamente, el concepto se antepone al progreso del Modernismo.
Por “ustedes” se refiere a quienes encarnan el pensamiento moderno, cuyo fundamento filosófico parte de la locución cartesiana cogito ergo sum, (yo) pienso, luego existo: «Ese yo es un “yo” es un “yo” conquistador. Está armado. Tiene a un lado el poder del fuego y al otro la Biblia (…) será él quien ocupará el centro. Yo pienso, luego soy yo quien decide; yo pienso, luego soy yo quien domina; yo pienso, luego soy yo quien somete. (…) Yo pienso, luego soy yo el hombre moderno, viril, capitalista e imperialista.»
- Concepto construido por la red de pensamiento decolonial latinoamericano: Modernidad/Colonialidad/Descolonialidad. ↩
- Walter Mignolo, El lado más oscuro del renacimiento. P. 23 ↩
- Sirin Sabin, La cárcel del feminismo. p. 31 ↩
- Cristina Peri Rossi, “Genealogía”, en Poesía reunida. p. 597 ↩
- Hourian Bouteldja, Los blancos, los judíos y nosotros. p.82 ↩
- Oyèronké Oyěwùmí,La invención de las mujeres. p. 96 ↩
- Ídem. p. 84 ↩
- Gloria Anzaldúa, Borderlands. p.103 ↩
- Sirin Sabin, “El velo (hiyab) de las mujeres musulmanas”, en Feminismos islámicos, p.45 ↩
- El pensamiento aristotélico decía que la “materia fémina” nacía como un macho defectuoso, mas occasionatus, pues el semen no había podido empujar dicha materia hacia el sexo masculino. Luego el axioma “propter solum uterum mulier est id quod est” (la mujer es lo que es, sólo por el útero). “Estos errores habían orientado la antropología hacia una devaluación de la mujer en comparación con el varón”. Esto denota la importancia de ampliar los marcos teóricos, compararlos y contextualizarlos. Luciano Barp, “Fundamentos antropológicos de los derechos humanos”, en El saber filosófico: Sociedad y ciencia, p.19 ↩
- Ídem ↩
- Leonor Silvestri, El eje del mal continúa siendo occidental. https://leonorsilvestri.wordpress.com/blog/el-eje-del-mal-continua-siendo-occidental/ ↩
- Houria Bouteldja, Los blancos, los judíos y nosotros. p.36 ↩
- Cristina Peri Rossi, Poesía reunida. p. 598 ↩
- Buscar su poema: “Once de septiembre” y “Antropología” ↩