Manuel Illanes, escritor chileno radicado en México y colaborador de La Otra, nos presenta al poeta peruano Reinhard Huaman Mori con una selección de su poemario E•C•O•S.
Familiae Domi
Reinhard Huaman Mori
Familiae Domi
a Josefa Torres Ribas, “Pepita”
La lluvia se repite sobre la casa
Su expiación en la caída
la intensidad / los golpes
Tu derrumbe
Fija la mirada sobre el mismo punto
y porfía
una y otra vez
unay otravez
unayotravez
hasta doblarla o
negarla por completo
Toda la Belleza desplomándose
sobre la idea de belleza
Los caminos del Señor nunca existieron
solo el destierro
y unas cuantas directrices
en las entrañas de los animales
/ la ambigüedad de sus atajos /
El aire enrarecido enturbia la mañana
fuerza la vista
empobrece el ojo
Difumina.
La casa grande y vacía
como un cuerpo cóncavo sin eco
que jamás olvida ni consuela
Sus rosedales escalando por los laterales
la fachada blanca / roída /
con la humedad filtrándose
entre los peldaños de las escaleras
El desvarío del viento sacude
viejos recuerdos / heridas abiertas
alimenta anhelos…
Aviva el fuego
hasta que el cansancio se apodera del alma
sin mediar esfuerzo
El declive de los días que nos quedan
Cada una de sus arbitrariedades
tus males necesarios…
Esa incandescente intermitencia
que tenemos tanto miedo de perder
lentamente
a medida que avanzamos
lentamente
a medida que cedemos
La circularidad de los relojes:
¿perversidad o perseverancia?
Al final todo confluye / Todo encaja
La belleza es una carga.
Mera cuestión de perspectiva
Cuerpos en descomposición
esparcidos bajo el polvo
presionados por el peso de los años
y la paleontología
Amonites trilobites puntas de lanza
Cráneos y vasijas
La altura de la casa
/ blanca / corroída /
es el ancho de la isla
Una piedra sobre una piedra sobre otra piedra
unatrasotratrasotra
hasta acumular historia y desagravio
Ilusiones perdidas
La luz del sol nos toca la cara
Nos seca desde dentro
/ con estrépito /
en un gesto de nostalgia anticipada
& estremecimiento
Aquello que hemos sido
es lo que jamás volveremos a ser
un celeste y arcano espejismo
en la boca de los más sabios:
Jo sempre cuidaré de valtros
Mi casa es tu casa
No dejes que alguien de fuera
destruya esta familia
entre otras elongaciones
y formalidades
Nos seducirán con todo
ese paisaje silvestre y aprensivo
Los frutos de la ira
y su empecinado fervor hacia la propia tierra
La lluvia se repite desde el centro de la casa
El temporal arrecia / entumece
Segrega inseguridad
supura celo
Inocula esperanza
en nuestros ventrículos cordiales
Este no era lugar para el amor
ni tampoco su momento.
¿Qué camino es el camino
cuando ya no queda más camino?
Nada está inmóvil
todo se mueve / todo vibra
Lo que es arriba es abajo
excepto para la casa
/ blanca / derruida /
sin tendones ni músculos entre las vigas.
Del silencio absoluto
a la precariedad del espíritu
Solo las joyas sobreviven a sus muertos
La Belleza es Una e indivisible
Insondable precipicio el de los lirios y la muerte
La noche se debate entre el reposo
y el hartazgo
/ el soliloquio de las horas
en tanto pasatiempo solitario /
Pernicioso
Toda la oscuridad abarcada en la retina
diluida entre partículas
fragmentos
& presagios
Mudar de cuerpo como mutar de casa
Los desatinos de la climatología
Un sentimiento de culpa compartida
nos arrastra a la abjuración
/ la oligofrenia /
Tu corazón es una isla sin orillas
un mórbido horizonte
No descansaré hasta tomar el cielo por asalto
Aquella casa donde dormíamos felices
/ blanca / destruida /
tenía tres pisos
helechos & lavandas
además de las criaturas que proliferan
en el fondo del estanque
Solíamos cenar allí
pero jamás contamos con su beneplácito
La lluvia se repite por debajo de la casa
¿Realidad o sofisma?
Solipsismo tal vez o demasiada ternura
Caminamos sin descanso
hasta encorvarse uno a uno cada hueso
astillando el nervio y la paciencia
/ merma de volumen / espesura de la sangre /
Pérdida de movimiento
parcial crónica mortal
La cordura se apaga como una vela
desprende humo / sofoca el sufrimiento
silenciosamente
inevitablemente
He ahí la constatación de que siempre
existirán más dudas que certezas
Tus secuelas…
Ha llegado el momento.
Agacha el tiempo la cabeza
La lluvia escampa, titubea…
De a pocos nos persuade la calma:
Solo quien acepta morir en una isla
se convierte en todas partes
Desde mi ventana
A simple vista,
pareciera que todo lo que escapa
a estos cuatro irreductibles ángulos
careciera de forma definida.
Si acaso sustancias que apelan al sonido
para dar sentido a dicha porción de mi horizonte.
Por ejemplo,
un avión aparece repentinamente
dentro de ese encuadre rectangular.
Sobrevuela el océano sin apremio,
hasta que al cabo de unos pocos segundos
se desvanece para no dejar rastro.
Si por alguna razón pestañeara
—o bajara la cabeza,
ese minúsculo punto de acero
que desfigura el paisaje
dejaría de existir por completo,
y con él su tripulación.
Un poco como ocurre con el tiempo,
al que creemos amaestrado
y bien aclimatado a una circunferencia.
Cuando lo cierto es que
cada secuencia que ordenamos,
cada palabra en fila india,
no son más que una paradoja que atenta contra sí misma.
Un perro
Y así,
mientras la gravedad
empezaba a arrastrar la pelota
en una prolongada elipse,
un perro corría.
La torpeza de lo nimio
se alimenta de los pequeños detalles.
El viento hacia su cara.
A contraluz,
lejos de ese cúmulo de materia
que se oscurece indefinidamente
por detrás de la nuca.
Lo extraordinario latente entre lo ordinario.
Y aún sin tocarla del todo,
con el hocico abierto
y la vista fija en la trayectoria,
sentía el final cada vez más cerca.
—A menos que la escena
se repitiera por un rebote.
La posibilidad es una constante
que se atraganta en su propia tragedia.
Solaridad
la luce si fa avara – amara l’anima
—Eugenio Montale
En ocasiones,
incluso el sol impide la visibilidad.
Indiferente a si el párpado
permanece extendido o replegado,
menoscaba el cálculo.
Paulatinamente,
se aglomeran en un mismo punto las distancias
hasta aturdir con secretismos
la nitidez de sus halos.
Las más de las veces,
nos enreda de sarcasmo con sus hilos.
Envenena el paisaje de luminosidad,
— i r i d i s c e n c i a —
y nos obliga a sopesar
entre lo que percibimos
y aquello que reconstruimos.
Indefensos a plena luz,
su juego dificulta el presagio.
Perfila, entonces, el momento:
empieza primero por los márgenes,
socava el sentido. Calcina sus imágenes
y lo reduce todo a volátiles despojos.
Marasmos de espejo contrariado.
Perforada la certeza,
siempre a salto de mata entre
coartadas, arborescencias y sofismas,
la ceguera repercute en la paciencia.
Traslucido el horror, abjura la evidencia.
En la oscuridad de la mañana,
inexactos se vuelven los minutos,
anacrónicos los números.
La multiplicidad de los fosfenos
contamina la visión.
Enerva el nervio la sevicia
a la espera de que se resquebraje la tarde
y que desde su cúpula desoven las estrellas.
Al menguar la calma, avanzamos por inercia:
hacia los extremos se extienden las extremidades.
Solo nos resta inferir el tiempo con las manos,
extraer de su presencia aquel cúmulo
de retales desperdigados,
indistinguibles bajo esa trombosis solar
que desde lo alto se proyecta.
En la soledad más honda, predispone el fuego a la desdicha.
Berliner Nächte
Had to get the train from Potsdamer Platz
David Bowie
1.
yo soy el mapa y su cartografía
la oscuridad repartida en el tiempo
y el espacio
un ancho edificio arremetiendo
contra el corazón de esta noche
lo cierto es que llega un momento
en el que solo advertimos las fisuras
en el que únicamente tenemos en cuenta
un rostro por sus debilidades
no por sus secretos
el aire enrarecido en los espacios de los dedos
y en la piel un hedor crónico a habitación cerrada
el futuro es un ladrillo rojo
acorralado por sus propios ángulos
una geometría que por útil
no deja de ser precisa
inequívoca
caminar es otra forma de encontrarse
2.
no todos los edificios que vemos
son idénticos
ni equidistantes
pero conservan una simetría oculta
que solo tú y yo seremos capaces de suplir
pese a la ceguera
una topografía equilátera
en su correspondencia celeste
articulada y sin jardines
línea punto punto punto
el humo se impregna en la ropa
el frío en el cuerpo
punto
punto línea punto
a veces la inercia se apodera del camino
estrechándolo alargándolo
evitamos el regreso
en una sucesión de días y horas
sin un orden concreto
punto línea punto punto
dos puntos
línea punto
todos nuestros movimientos
son mecánicos y pedestres
cuadriláteros
3.
sin importar cuán rápido o lento sea su paso
o la distancia de un pie al otro
la tarde siempre sucumbe a la misma hora
en ese imperceptible instante
en el que el ocaso nos corta el aliento
este será el principio y a la postre su final
el color diluyéndose a escala de grises
mientras todo desaparece ante nuestros ojos
a velocidad de vértigo
ingrávidos
esféricos
a nosotros también nos toca reposar la cabeza
guardar silencio sentados en un tren
y adentrarnos en los nervios de la noche
sin detener su marcha
dejarlo todo atrás
hasta prolongar esa rosada barrera de sonido
su flujo cósmico atravesando
los límites de esta ciudad
cada una de sus geografías esenciales
más allá de las esquinas
de los campanarios
de los ríos el asfalto
más allá de los edificios y sus estrellas caídas
el este y el oeste
tú las constelaciones yo la noche
Reinhard Huamán Mori (Lima, 1979). Ha publicado los poemarios el Árbol [tRpode, 2007] y fragmentos de Fuego* [Paralelo Sur, 2010], así como la plaquette de poesía Ella (12 secuencias) Isabel Archer [2015]. Sus poemas sueltos y dispersos aparecidos previamente en revistas, diarios y antologías han sido reunidos y publicados en el volumen titulado E·C·O·S [Ejemplar Único, 2019]. Es colaborador habitual en la revista OPERACIÓN MARTE, en la que, además, es columnista. Fue director de la revista de literatura Ginebra Magnolia.