Las hadas son, nos explica Víctor Toledo, la génesis de las brujas. La poesía es también en su origen el arte de las artes y de la adivinación, del vaticinio. La poesía, como las hadas, cura; las hadas y las ninfas fueron, en los orígenes, las musas.

LAS HADAS Y LA POESÍA  

VÍCTOR TOLEDO

Primero fueron las grandes serpientes, solitarias  habitantes de la Tierra, los dragones, las pitonisas. Oráculos, círculos, guardianas de la Fuente, que como proyección inmediata de la Diosa Madre (el Origen), dominaban la Tierra y el Caos,   a  través   de   la  adivinación, de  la  lectura  del   pasado,   del futuro   y   el  llamado de  lo  Eterno (y  su  visión)  con  la  prístina  conciencia  de  la  Sincronicidad.   De  aquí la ninfa Telfusa, la gran serpiente pitón1 (de ahí pitonisa2), gran oráculo que llega a dominar Apolo3, estableciendo un equilibrio entre lo femenino y lo masculino (tendiente al dominio varonil, pero aún equilibrio), entre la intuición y la razón, entre la lógica y la subjetividad, entre el arte y la ciencia, entre ésta y la conciencia cósmica.

De las ninfas a las hadas de las fuentes y los bosques media sólo un paso, cuando éstas ya no son obligadas a entregar su conocimiento (como en el caso de Apolo que se apropia, hurtándolo, de su don profético y de otras artes), las hadas (hados, destinos)4 entregan como donación maravillosa y voluntaria, por elección, su conocimiento natural: el arte de la curación, de la medicina (a través  de  las  hiervas   y  las flores), de  la  música,  la poesía  y  la  adivinación (cuando sabemos nuestro futuro, vemos también nuestro interior, nuestro ritmo y esto conlleva la curación del alma y por lo tanto del espíritu, del cuerpo, a través del ánima. El alma es el Origen, puesto que es lo que se mueve por sí mismo, y lo único que se mueve por sí mismo, que tiene ese poder, es lo inmortal, esto que es la esencia del alma es el ritmo esencial, original, sagrado5), este conocimiento es otorgado a los bardos‐druidas (Merfín: Merlín en su origen mítico, antes que el mago hoy conocido, fue un bardo‐profeta‐adivino), a los shamanes, entre nosotros y las tribus asiáticas y siberianas6. De ahí que el arte de la poesía,  en  su origen es también el arte de la danza, el canto, la música, la curación y la profecía. Todo está en la planta sagrada, espíritu poderoso de la naturaleza, inteligencia universal, estelar, trasmitida a unos cuantos guías elegidos. El hada desempeña el papel de musa y ninfa.

La ninfa es la novia, la prometida del poseído, del arrebatado por el entusiasmo sagrado. El anillo fúngico, anillo de poder, el corro de hadas, aquelarre de brujas, coro dionisiaco de Ménades, es el anillo de compromiso de la novia y brillo de la fuente secreta, el son del oro de la eternidad, el anillo son (oro) de las musas.

Se  da  el  siguiente  paso en la transmutación de las hadas cuando las religiones monoteístas‐imperialistas imponen a sangre y fuego el mundo patriarcal, rompen con la sociedad fraternal, de la que posiblemente tiene reminiscencias el relato universal del Paraíso, imponen la marginación total de la Diosa Madre y consecuentemente de lo femenino, en el mundo de la guerra y del guerrero, lo femenino es el dragón que San Jorge extermina con su lanza, es la serpiente que  repta, gracias  a  la  cual  hemos  sido  condenados a  vivir  fuera  del  Edén,  posiblemente la manzana roja, cortada del árbol del bien y del mal, es el hongo mujamor, la amanita muscaria, el hongo de los cuentos de hadas (del relato maravilloso, anterior a los  mitos diría Tölkien)7  y cantos infantiles, que como un signo secreto, llave oculta, bajo apariencia inocente, se presenta en ellos para revelar –a través de él– el acceso al mundo de la fantasía –al mundo de los fantasmas, de los espíritus, de los muertos, al inframundo–, en él se encuentra el secreto de la puerta de acceso,  de regreso al paraíso,  a  la  revelación  del  más profundo arcano, el misterio de  la  resurrección.  De tal manera que los cuentos de hadas y las canciones infantiles  no  tienen nada  de  inocentes,  ni  fueron  creados exclusivamente para adultos; es el refugio donde la poesía y el mundo prohibido, por las religiones patriarcales (como la cristiana, la judía, y la musulmana) han sobrevivido ocultos a la espera de un mundo más libre, más desarrollado y mejor: el reino basado en lo espiritual.

Por cierto, el coro‐corro, danza de las hadas, no es otra cosa que la imagen de la ronda de hongos, sus esporas, creciendo circularmente (espontáneamente, como por acto de magia) alrededor del hongo madre, después de un día de tormenta y de rayos (que refleja la inspiración, el dictado imperioso de la musa). Como hay  musas  mayores  y  menores,  hay musas  de  las  formas  menores  y mayores y poetas elegidos por éstas, poetas menores o altos poetas: el shamán (puente) original se ramifica en sabios y sabias, curanderos y curanderas, brujos y brujas, y finalmente druidas‐bardos y poetas.

Quizá los pies (espondeo, yambo, trocaico, dáctilo, etc.),  no solo se refieren a las indicaciones de los pasos (pies) del ritmo de la danza y de los acentos del canto, de  donde  surge  la  música  poética, sino también a “un solo pie”, nombre secreto universal del hongo maravilloso. En el diálogo más juvenil de Platón, Sócrates le dice a Ión:

Ese talento, que tienes, de hablar bien sobre Homero, no es en ti un efecto del arte, como decía antes, sino que es no sé qué virtud divina que te transporta […] En igual forma, la musa inspira a los poetas, éstos comunican a otros su entusiasmo, y se forma una cadena de inspirados. No es mediante el arte, sino por el entusiasmo y la inspiración, que los buenos poetas épicos componen sus bellos poemas. Lo mismo sucede con los poetas líricos. Semejantes a los cori‐ bantes, que no danzan sino cuando están fuera de sí mismos, los poetas no están con la sangre fría cuando componen sus preciosas odas, sino que desde el momento en que toman el tono de la armonía y el ritmo, entran en furor, y se venarrastrados por un entusiasmo igual al de las bacantes, que en sus mo‐ vimientos y embriaguez sacan de los ríos leche y miel, y cesan de sacarlas en el momento en que cesa su delirio. Así es, que el alma de los poetas líricos hace realmente lo que estos se alaban de practicar. Nos dicen que, semejantes a las abejas, vuelan aquí y allá por los jardines y vergeles de las musas, y que recogen y extraen de las fuentes de miel los versos que nos cantan. En  esto dicen  la verdad,  porque el poeta es un ser alado, ligero y sagrado, incapaz de producir mientras el entusiasmo no le arrastra y le hace salir de sí mismo. Hasta el mo‐ mento de la inspiración, todo hombre es impotente para hacer versos y pro‐ nunciar oráculos. Como los poetas no componen merced al arte, sino por una inspiración divina, y dicen sobre diversos objetos muchas cosas y muy be‐ llas, tales como las que tú dices sobre Homero, cada uno de ellos sólo puede sobresalir en la clase de composición a que le arrastra la musa. Uno sobresale en el ditirambo, otro en los elogios, éste en las canciones destinadas al baile, aquél en los versos épicos, y otro en los yambos, y todos son medianos fuera del género de su inspiración, porque es ésta y no el arte la que preside a su tra‐ bajo […] El objeto que Dios se propone al privarles del sentido, y servirse de ellos como ministros, a manera de los profetas y otros adivinos inspirados, es que, al oírles nosotros, tengamos entendido que no son ellos los que dicen co‐ sas tan maravillosas, puesto que están fuera de su buen sentido, sino que son los órganos de la divinidad que nos habla por su boca. Tinnicos de Calcide es  prueba  bien  patente de ello. No tenemos de él más pieza en verso, que sea digna de tenerse en cuenta, que su Pean que todo el mundo canta, la oda más preciosa que se ha hecho jamás, y que, como dice él mismo, es realmente una producción de las musas. Me parece, que la divinidad nos ha dejado ver en él un ejemplo patente, para que no nos quede la más pequeña duda de que si bien estos bellos poemas son humanos y hechos por la mano del hombre, son, sin embargo, divinos y obra de los dioses, y que los poetas no son más que sus intérpretes, cualquiera que sea el Dios que los posea.8

El esquemático y represivo mundo cristiano que reduce el inframundo, el reino de los espíritus (las hadas) y los dioses subterráneos, “al infierno de todos tan temido”, no puede sostenerse sin un mínimo equilibrio: de ahí que las ninfas, las hadas (las plantas sagradas, las diosas de la naturaleza), son convertidas en las vírgenes del santoral cristiano, la diosa de la Primavera, el hada Freya, diosa de la fertilidad y la felicidad, puede transformarse en la virgen María, madre de Jesucristo. El hada‐virgen tiene todo el simbolismo de las culturas clásicas occidentales y prehispánicas: aparecen la virgen y el hada en una gruta, de donde mana  una  fuente, símbolo de la fertilidad  y  lugar de conexión  del  cielo,  la  tierra  y el inframundo, lo bajo, lo medio y lo alto, la vida,  la muerte  y  la resurrección,  generalmente esta gruta está bajo una montaña, y el simbolismo general nos da el cuerpo de la Diosa Madre,  generadora  de  todo:  del caos  que  se  ordenará  posteriormente, madre de los dioses (masculinos) posteriores dominantes, guerreros destructores del cuerpo de  la madre (la naturaleza) y del dios guerrero (incluyendo  la  práctica  de  la  fe  cristina colonialista) de  las  religiones‐estado.

La montaña es el seno abundante de la madre, la gruta su sexo misterioso y fértil,  por  donde  se alumbra  la  nueva  vida  renacida  y  por  donde  se  entra  al  reino  de la muerte, del espíritu, el mayor misterio, símbolo igual de la fecundidad de donde mana  la  fuente,  el arroyo  o  el  río  que  da  lugar  a  la  feraz  selva  o  al  bosque maravilloso, a la vida, la abundancia, al goce y al perdón. La poesía, recogiendo todo este simbolismo arquetípico y universal es el triunfo de la vida sobre la muerte, donde lo circular, el dragón, la serpiente, el oráculo, el mito,  la estrofa , la rima, la imagen, nos hablan del órgano universal  generador, del verbo y su mantra.

Si  las  hadas  custodian  las  fuentes sagradas,  su  pureza  no  puede  ser  tocada, la fuente de la eterna juventud y del máximo secreto, voz del oráculo, del destino, del hado: las vírgenes aparecen como ellas en el milagro de un acto de magia,  junto a una gruta y una fuente (la virgen de Fátima,  la virgen de Guadalupe, la de Juquila, la virgen María de Arthuro, etc.), surgen para salvar a un pueblo, curar sus males, darles identidad, consuelo femenino (comprensión de la  muerte  y  dulce  goce  de  la  vida), y  predecir  su  suerte,  que de viene  en  magnífico futuro desde una raíz luminosa.

A cada flor o planta sagrada, correspondía una deidad (un hada) y a cada nombre y química natural, una alquimia, una enseñanza, un día, una celebración mágico‐religiosa, un color, un canto, un poema, (una habilidad oracular o adivinatoria), un remedio y un hechizo.

Por ejemplo la hierba de San Juan9, principal referente, inspiración, del Sueño de una noche de Verano (la noche de San Juan)  de William  Shakespeare, junto a Edmud Spencer,  con  el  poema  épico isabelino  La reina de las hadas (1597) y otros poetas menores, pero sobre  todo  el  bardo  de Avon, dieron lugar al renacimiento y posterior culto victoriano de las hadas, donde destaca The faire´s painting, la fantástica escuela victoriana de pintores de hadas, entre los que brillan John Simmons, Richard Dadd (sobre todo con The fairy feller’s master‐stroke, El hachazo maestro del leñador feérico, que ya en su locura  asesina,  por  la  obsesión  del  detalle  y  aprovechando  el  tiempo  que  le regala  la  cárcel,  llega  a la tercera  dimensión   en  la pintura10),  John Fitzegarld y el mismo William Blake11, entre otros.

Las  obras  de  estos  grandes  artistas  de  la  perfección  están  llenas  de  referencias claves a las plantas sagradas: junto a los personajes (Oberón, Titania, Tita‐ nia dormida, Puck, etc.) siempre aparece una amapola (de donde se saca la morfina, de la palabra Morpheo, dios del sueño), una datura (floripondio, toloache, flor característica que enmarca constantemente las figuras de las hadas), una rosa (también usada en la medicina o  hechicería  antigua),  y,  sobre todo,  el  hongo maravilloso.

En los textos de sus obras dramáticas Shakespeare demuestra su gran conocimiento de los encantamientos con plantas enteógenas, pues los hechizos que menciona eran realmente fórmulas secretas.

La poesía  y  la  música  tienen  un  mismo  origen,  nacieron  juntas,  y  en  sus  mejores manifestaciones se mantienen unidas. De esto nos habla el mito de Orfeo, el dios de la poesía  y la música. Los acentos son notas que producen una colorimetría y un simbolismo universal, una sinestesia mágica. A Orfeo es  al  único mortal o semidios (poeta del origen, la creación y de los dioses) al  que  los  celestes  le conceden, por lo extraordinario de su canto, regresar  a  la vida  de  la  muerte,  su  viaje  al  inframundo (como todo viaje  sagrado  que  las  plantas  maravillosas trasmiten, al que nos arrebatan, devorándolas para que nos devo‐ ren: el rapto,  la  violación  sagrada)  para  traer  de  vuelta  a  la  amada  al  mundo  de  los vivos,  es un viaje prohibido,  jamás permitido,  y  refleja  este  triunfo  de  la  vida  sobre la muerte  en la poesía, en lo sagrado, a través de las estructuras circulares del mito y del ritmo, pilares de la creación poética. La infracción de las severas reglas impuestas por los dioses12,  del  rito  del   mayor   de  los  misterios (celebrado en los pantanos de Eleusis, donde crecían los enteógenos, “el  dios  en  sí,  o  dentro  de  sí”,  las plantas  sagradas  maravillosas, con la aparición‐renacimiento‐resurreción  de  Deméter, la diosa madre),  por  la  tentación  de  la  voz de ella (Euridice-Eva), produce la ruptura del hechizo  y  el   castigo   de  él,  desmembrado,  como  Dionisio  y   la  Coyolxhauqui, sacrificado  como  Jesucristo,  por las ménades,  las bacantes,  proyección de las furias,  la  embriaguez  y  el delirio (de lo que está más allá de la muerte). El desmembramiento también es una metáfora de la ingestión del hongo y de la desarticulación d e   la racionalización  cerebral (del hipotálamo entre otros miembros), desmembramiento también del lenguaje convencional.

Perséfone, la hija de Deméter, raptada por Hades, el dios del inframundo, en su historia  contiene  la estructura  de  esta  misma  leyenda  y  rito  (mapas del viaje espiritual), que refleja el ciclo de la resurrección de la naturaleza, a través de las estaciones,  del  invierno  a  la primavera,  del   mundo  sublunar  al  reino  de  las  flores y  los cantos,  como  un  permiso  extraordinario  concedido  por  los  dioses  a  Deméter,  la  Diosa  Madre,  para recobrar –por  una  temporada– a su hija,  la diosa  de  la fertilidad.  El rapto  de  Perséfone  es descrito  magistral  y  obsesivamente  por  Roberto Calasso13(como si quisiera con la repetición del arquetipo realizar el ritual), y  las flores  que  recoge  ella  en  el  lugar  donde  desaparece  no  son  otra  cosa que entéogenos, las plantas sagradas maravillosas que sirven de vehículo al rapto y a la aspiración‐inspiración, la inspiración es la absorción, la respiración del  aliento  de  la  musa,  a  su  vez  proyección  del  viento  divino, Dios.  El raptor  es  el toro enteogénico  principal (Zeus,   el  dios  del  rayo),  sus  cuernos  pueden  significar el falo sagrado vegetal  y carnal,  el hongo maravilloso.

Acordémonos que las hadas (las ninfas, las sirenas), gustaban secuestrar a los amantes elegidos perdiéndolos en el tiempo (anulando a esta entidad, y  robaban o cambiaban niños humanos por los suyos).

Así que también hay una conexión entre las hadas y las musas que podemos situar entre éstas y la virgen (otra derivación sería la hueste de ángeles que aflora en la edad media), las musas son las ninfas del oído (la fuente, de la palabra, del sonido), la vista y de la inspiración, traman la posesión, poseen el arrebato, el carácter impulsivo y electivo de las hadas: no solo curan a través del arte, también  trasmiten  las  profecías más  sagradas,  a través  del  trance  y  el arrebato (el rapto),  el delirio (quizá  delirio  viene  también  de  lirio,  otra acepción del hongo sagrado (quizá el lirio morado de Pellicer: símbolo de Cristo), pues delirar significa apartarse del surco –la muerte, el tiempo lineal–, desvariar, y surco también significa lira (y verso), que tiene un doble sentido: surco,  cuerda,  lira, instrumento;  de  ahí  poesía  lírica,  que  no  solo  designa  a la musicalidad, el lirismo, si no al extravío, la inspiración): por esto es que Platón diría: “hay una tercera clase de delirio y posesión, que es la inspirada por las musas [               v         e                  hículo, puente de los dioses, espíritus o dioses, culminación de la creación]  cuando  se  apodera  de  un  alma  inocente  y  virgen  aún,  la  transporta  y  le inspira  odas  y otros poemas  que  sirven  para  la  enseñanza  de  las  generaciones nuevas, celebrando la proeza de los antiguos héroes. Pero todo el que intente aproximarse  al  santuario  de  la  poesía,  sin  estar  agitado  por  este  delirio  que viene de las musas, o que crea que el arte sólo basta para hacerle poeta, estará muy distante  de  la perfección;  y  la  poesía  de  los  sabios  se  verá  siempre  eclipsada por los cantos que respiran un éxtasis divino” (Platón, 264).

De  aquí  se  infiere  que  la  verdadera  poesía  es  un  destino (“la posesión o la locura que viene de las ninfas es la verdadera literatura”, diría Calasso) designado por  el  hado  y  un  hada,  la  musa  (la  que  sopla   el viento  divino,  dicta  y  enseña  el  arte de la música, el verso y la profecía): musa, palabra –conexión entre lo poético y la música,14 y el museo, el panteón o puente (entre los hombres y los dioses, entre  la  tierra  y  el  cielo. Como  las  plantas  sagradas, el  poeta  es  un  puente  entre  el tono de  los  pueblos  y las voces divinas, establece el diálogo, dice Heidegger comentando a Hölderlin), la casa de los dioses, y, por esto también toda poesía auténtica  tiene  una  conexión  sagrada,  panteísta,  es  delirio  y  arrebato.

La poesía de Gerald de Nerval, por ejemplo, está inspirada por un pathos más profundo que la de Efrén Rebolledo (pathos que no es patológico o mórbido), los dos son grandes maestros de la forma y de la música y los dos parten del mundo (h)adánico, pero la inspiración linfática, castálida,  de  Rebolledo  es menor, su forma –con minúscula– sólo es hija de un referente artificial mitológico de la época. No cree más que un erotismo superficial, aunque poderoso y vitalizante, porque es una poesía de Sátiro que  se  queda en remover  un  tanto, en el mundo más cerrado y exquisito, la moral hipócrita de la época, juego propio de máscaras morbosas en su condición diplomática, responde a la forma de un vacío decadentista. Su fantasía es falsamente infantil y tarde o temprano se agota  como  de  una  pobre  o  falsa  fuente (a esto, creo, se refería la  crítica de Amado Nervo  sobre  su  primer  libro). En  cambio  Nerval  es  un  poeta  profético, un poseído verdadero que anuncia un devenir más natural y espiritual por el cual el mismo se sacrifica, es la voz sibilante de su época gigante. La Forma –con mayúscula– de Nerval, con  un verso más extenso y solemne, de  mayor aliento, el alejandrino,  es  la  forma  del  erotismo  sagrado: la  forma  de  la  fe.  Las   hadas  a  las  que se refiere Nerval son hadas verdaderas, espíritus reales del poderoso reino de la Fantasía (el fantasma es el Espíritu, los descarnados, la voz del inframundo y de los dioses), no son ninfas meramente decorativas. El río nervaliano es el Terrible Aqueronte,  la  voz  de  la tragedia (la tragedia  de  la  modernidad,  el tiempo sin tiempo,  la llegada  tardía  para dios y la temprana para el ser),15esa bifurcación del  río  del  inframundo. No obstante,   no  sólo es  desencanto  y  nihilista  renuncia, limpio spleen, es fundación: las ninfas, las hadas, las musas y la virgen son fundación. Fundación de lugares sagrados y de profecía y fundación de pueblos, de lenguaje, fundación  del  ser,  triunfo  sobre  la  nada  o  el vacío: Entusiasmo.

Sobre el arco triunfal de Constantino (que celebra la victoria del cristianismo sobre el mundo pagano), duerme, por el momento la Sibila, la poesía, la esperanza, la vida.

Yo  creo  que  en  la palabra del Poeta –del extraviado que se convierte en puente,  su voz  es  la casa  de  dios  y  de  las  hadas– quedó grabada, genéticamente, de  algún  modo, una  práctica  shamánica (que se  refuerza  con  la  práctica  de la lectura y la escritura), un  ritmo  universal  y sagrado del canto del origen y del origen del canto: La   atracción  fatal  de  la  ninfa: “los suspiros de la santa y los gritos del hada”.

Délfica

¿No recuerdas, oh Dafne16, esa antigua canción

Al pie de algún sicomoro17 de laureles lucientes,

Bajo   olivos  y  mirtos, bajo  sauces  dolientes,

Este voluptuoso e inacabable son?

¿Reconoces el Templo, ciclópeo Partenón,

Los limones acídulos que mordían tus dientes

Y la gruta fatídica al viajero imprudente,

Do yace el viejo semen del vencido dragón?

¡Regresarán los dioses por los que siempre lloras!

Volverá   el   tiempo  al  orden  de  las  antiguas  horas;

Un   profético  soplo sacudió al orbe entero…

No obstante, la sibila, la del rostro latino,

Duerme aún bajo el arco que erigió Constantino:

–Y nada ha perturbado su pórtico severo.

El viejo semen del vencido dragón es el soma de las culturas paganas, la saliva, el semen de dios, que  puede ser el hongo sagrado o maravilloso. El semen es nacimiento, sementerio, y cementerio, renacimiento de la antigua canción. El dragón vencido (la dragona, sibila vencida) por el cristianismo es el dragón asesinado, pero del otro lado del espejo, el dragón dominado en la gruta, es el miembro sacrificado para donar la vida, es el hongo en la vagina sagrada, la gruta fatídica, fatal, hadánica –con h y sin ella–, eyaculando el renacimiento (Dafne es el laurel siempre verde, sempiterno, característica de este árbol, por eso símbolo de la victoria, corona de los héroes y poetas, es el color del dragón y la naturaleza): Nerval anuncia una época grandiosa: el renacimiento espiritual, la  época  de  Acuario  de  la  que  habla  Jünger18… ¡que  espero  sea  la  nuestra!

Como hemos llegado apenas a ver las huellas de las huellas de lo divino, el eco de los celestes, la sibila, el ser, aún duerme. Pero como sólo podemos habitar poéticamente, aquí en la tierra (así en los poemas aztecas: sólo venimos para celebrar la flor y el canto, pues lo eterno se manifiesta en el instante), la antigua canción se despertará y el orden de las antiguas horas: el orden sagrado, el tiempo feliz e inmortal. Las horas son también ninfas danzando en un círculo sagrado, lo que produce el tiempo, son las hadas del tiempo, las manecillas del agua de donde nace la flor del fuego.

Las ninfas, las musas y las hadas,  son  el prístino espíritu de la naturaleza,  su emoción. La naturaleza es la fuente de la poesía, lo que la inspira, la vibración que la florece. La fuente que  habitan  o  resguardan, es la  misma: tiene  poderes curativos y oraculares (puesto  que  ella  une  cielo  y  tierra, pasado y futuro, silencio  y sonido, dioses y hombres, a  través  su  espejo), es  la  fuente  de  la  que beben los poetas. Todas  determinan  el destino  de  los  mortales,  quizá  por  ser  la  tierra, su  hábitat,  lo  que  engendra  y  recoge  la  vida. Son  hijas  de  Mnemosine, la Memoria (con mayúscula, memoria tribal, colectiva, memoria  de  la  eternidad, dan  a beber el agua de la vida, opuesta  al  agua  del río del olvido el Leteo; de  ahí  también su poder curativo). La virgen, sincretismo cristiano de ellas, también es una proyección de la Diosa Madre (Gea, Deméter, Perséfone, Isis) originadora del mundo, y su fuente es la matriz del Ser, de ahí la santidad de sus linfas, su virtud. Todas estas representaciones del poder cósmico femenino son siempre de radiante juventud y dorada belleza (no puede tener mejor síntesis la naturaleza, todo lo feo y lo terrible, lo oscuro y tenebroso sirve para crear la belleza de la eterna juventud y la eterna juventud de la belleza: el triunfo de la vida, del bien sobre  el mal, demostración  de  un frágil  estadio  superior  quizá,  pero potente en su elevación por sobre todo lo inferior‐terrible. Triunfo de la luz. La forma que se adquiere del vacío, producto además de éste, es el sentido y demostración del victorioso ser, del esplendor vital. Es la Forma de la poesía, vehículo sagrado, transporte divino  de  esta  esencia  vital  superior  absoluta).  Las brujas (las sabias de la naturaleza marginadas y estigmatizadas por el cristianismo), la otra máscara sagrada de esta relación, pueden cambiar, como las hadas, a capricho, de jóvenes hermosas  a  horripilantes viejas. Otra conexión: las hadas pueden no ser eternas, pero sí vivir alrededor de cuatrocientos años, como algunas hechiceras. No obstante, cuatrocientos es un número metafórico y puede designar la eternidad, el infinito.

        gida para escuchar en determinados santuarios de Grecia las preguntas de los consultantes y dar después el oráculo correspondiente. Derivados: pitonisa, pition: sacerdotisa, adivinadora.

        La Fócida o Focia es una antigua región del centro de Grecia atravesada por el gran macizo del monte Parnaso. En época de la Grecia clásica una parte de esta región, la que está situada al pie de dicho monte, tenía el topónimo de Pyto (o Pito), en griego Πυθω. Este lugar es el conocido como Delfos, es decir, Pito y Delfos son sinónimos. El nombre de Pito fue tomado de la serpiente Pitón (Πυθων) que vivía en una cueva de estos parajes y a la que el dios Apolo dio muerte para apoderarse de su sabiduría y ser él quien presidiera el oráculo. La mitología cuenta que después de dar muerte a la serpiente, Apolo guardó sus cenizas en un sarcófago y fundó en su honor unos juegos fúnebres que se llamaron Juegos Píticos.

        De este nombre derivó el de Pitia o Pitonisa (Πυθια), nombre que se le fue dando a las mujeres que interpretaban las respuestas, es decir el oráculo. Al templo de Apolo se le llamaba también Pi‐ tion (Πυθoν). Pithogia es la fiesta donde se abrían las grandes cráteras del vino: las Pithoi.

        Pit en ruso es beber, Pitia (beber agua).

        La sibila es un personaje de la mitología griega y romana. Mujer que dispone de poderes para la profecía, inspirados por el dios Apolo. Según algunas tradiciones, hubo una joven hija del troyano Dárdano y de Neso (que era hija del gobernador Teucro), que estaba dotada del don de la profecía y tenía una gran reputación como adivina. Esta joven se llamaba Sibila y por eso desde entonces vie‐ nen llamándose así a todas las mujeres que ejercieron esa capacidad de profetizar. Las sibilas tenían su vivienda en las grutas o cerca de corrientes de agua. Las profecías eran manifestadas siempre en estado de trance y expresadas en hexámetros griegos que se transmitían por escrito.

        A lo largo del año la posición del sol, visto desde  la  tierra  se  mueve  hacia  el  Norte  y  el Sur.  Los solsticios  son  los  momentos del  año  en  los  que  la  posición  del Sol  sobre  la  esfera  celeste  alcanza sus posiciones más boreales o australes.  Los solsticios son los  dos  puntos  de  la  esfera  celeste  en la que el Sol alcanza su máxima declinación norte (+23º 27′) y su máxima declinación sur (‐23º 27′) con respecto al ecuador celeste.

        La existencia de los solsticios está provocada por la inclinación axial del eje de la Tierra. En los solsticios  la  longitude  del  día  y  la altura  del  sol  al  mediodía  son  máximas (en el solsticio de verano) y mínimas (en el solsticio de invierno) comparadas  con cualquier  otro  día  del  año. En  la mayoría de  las culturas   antiguas  se  celebraban  festivals  conmemorativos  de  los solsticios.

        gerald, Fuseli, Atkinson, Heatherly, Hughes, Morgan, Maclise, Holmes, Bottom, Blake, Danby, Cruikshank, Parris, Essex, etc.).

        También la escansión es una patología: “Trastorno neurológico consistente en hablar des‐ componiendo las palabras en sílabas pronunciadas separadamente” Diccionario de la Real Acade‐ mia Española. Edición 2000.

        La escanda (del  latín  scandula: “trigo que crece en terrenos pobres cuyo grano se adhiere con fuerza al cascabillo: Larousse), escandia o escaña es una especie de trigo (donde podría estar el hongo o cornezuelo), quizá de ahí escándalo (del drogado o pose‐ído). El escantador, es el en‐ cantador (quizá el que hechiza con una pócima o una canción o con las dos).

        Dafne fue perseguida por Apolo, a quien Eros había disparado una flecha dorada para que se enamorase de ella, pues estaba molesto porque Apolo había bromeado sobre sus habilidades como arquero, y afirmó que su canto le molestaba. Dafne huye de Apolo porque el dios del amor le había disparado a su vez una flecha con punta de plomo, que provocaba desprecio y desdén. Durante la persecución, Dafne imploró ayuda al dios del río Peneo, quien la transformó en laurel, árbol que des‐ de ese momento se convirtió en sagrado para Apolo. Se puede recordar el famoso soneto sobre Daf‐ ne de Garcilaso de la Vega.

        Como planta medicinal, el laurel es un tónico estomacal (estimulante del apetito, digestivo, co‐ lagogo y carminativo). El aceite esencial obtenido de los frutos (manteca de laurel) se usaba tradi‐ cionalmente para el tratamiento de inflamaciones osteoarticulares y pediculosis. Es una de las plantas que con más frecuencia producen dermatitis de contacto y fenómenos de fotosensibilización (en periodos de contacto prolongado). No se puede confundir el Laurel (Laurus nobilis) con el Laurel‐ cerezo o Laurel real (Prunus laurocerasus) al que se parece en cierta forma. Esta última planta es tóxica por ingestión para las personas.

        Se emplea en cocina como condimento culinario, aunque tiene connotaciones simbólicas en cier‐ tas culturas como la romana y en la cristiana. Sus hojas se usan durante la cocción de los alimentos para darle su característico aroma. En grandes cantidades llega a ser tóxica, y a veces se ha usado como droga. Es el objeto simbólico preferido en la astrología para el signo Aries. Además sobre el laurel existe un dicho antiguo de que “el que planta un laurel nunca lo verá crecer”, aludiendo al len‐ to crecimiento de la planta, aunque en la cultura popular alude a la muerte del que lo planta. Con las hojas del laurel se elaboraron coronas triunfales que usaron generales y emperadores de la antigua Roma y que han llegado como símbolo de la victoria hasta nuestros días.

        Sicómoro: árbol moráceo de Egipto, sus hojas se parecen a la morera y sus frutos son comes‐ tibles y semejantes al higo. Su  madera incorruptible se empleaba para las cajas de las momias.

        de la técnica absolutamente diferente: la transformación de la técnica en magia pura; por ejem‐ plo, la de la telegrafía inalámbrica en telepatía […] la técnica puede revertirse de una tendencia mágica, puede espiritulizarse o petrificarse […] es posible que venga un tiempo mágico. Julien Herver, Conversaciones con Ernst Junger, FCE, México, p.111.

  1.          De la que nos habla Roberto Calasso en  La locura que viene de las ninfas,  México,  sexto piso, 1999, p.11. ↩
  2.          Del griego Πυθια, que a su vez se deriva de Πυθων, la serpiente Pitón. Su plural es pitias, mujer ele‐ ↩
  3.          Pero Apolo le otorga este poder a las mujeres, lo devuelve al principio femenino. Sibila, es, quizá, una onomatopeya de silbo, de silbo de serpiente, ésta, la dragona, silba cuando profetiza. ↩
  4.          Y según Gutierre Tibón: “Hada. Latín popular, *fata, derivado del latín clásico, fatum, ‘destino’ […] Fatum, a su vez, viene de fatus (sum), participio de for, “hablar, decir”; el destino es lo hablado, lo dicho por los dioses […]”. Diccionario de nombres propios, FCE, México, 1986. ↩
  5.          Ver: Diálogos. “Fedro o del amor”, Platón, Porrúa, México, 2003. p. 265. ↩
  6.          Veáse respecto a la adivinación y la curación el libro de Marie‐Louise Vonz Franz: Sobre adivinación y sincronicidad. La psicología de las casualidades significativas. Paidós, España, 1999. ↩
  7.          Veáse: J. R. R. Tölkien, Sobre los cuentos de hadas. www.clubdelibros.com/ninoshadas.htl y www.amazon.co.uk/Tolkien‐Fairy‐Stories‐Verlyn…/0007244665 ↩
  8.          Ion o de la poesía, Obras completas de Platón, traducción de Patricio de Azcárate. http://www. fi‐ lososfia.org/ /cla/pla/azc02187.htm, pp. 7‐8. ↩
  9.          El día (y la noche) de San Juan es el más mágico del año pues la luz triunfa sobre la oscuridad, en el nocturnal del 23 a la madrugada del 24 de junio se celebran los grandes encantamientos: es el   arranque   pleno  del  verano. “Solsticio” es   un término astronómico relacionado con la posición del Sol  en  el  Ecuador  celeste.  El   nombre   proviene  del  latín  solstitium (sol sistere  o  sol quieto). Los solsticios   son  aquellos  momentos  del  año en los que el Sol alcanza su máxima posición meridional o boreal. En el solsticio de verano del  hemisferio Norte el Sol alcanza el cenit al mediodía sobre el Trópico de Cáncer,  y  en  el  solsticio  de invierno  alcanza  el  cenit al  mediodía  sobre  el  Trópico de Capricornio. Las fechas del solsticio de invierno y del solsticio de verano están cambiadas para ambos hemisferios. ↩
  10.          El pintor asesina a su padre, manipulado por el espíritu del opio. Este cuadro lo inmortaliza. Fredy Mercury recrea la pintura en una canción que incorpora palabras del inglés antiguo hacien‐ do referencia a Oberón y Titania. ↩
  11.          The fairies painting school (John Simmons, Joseph Noel Paton, Richard Dadd, John Anster Fitz‐ ↩
  12.          Seguramente escandir los versos (del latín scandere) tiene su origen (derivación o relación) en escanciar (scansio: acción de escandir. Escansio, con s, es medir los versos. Escanciar, con c, es “servir el vino en mesas y convites”: Corominas) la pócima del enteógeno (posiblemente el cornezuelo de centeno) con otras plantas para equilibrar y controlar su poder, ya que no saber la medida correcta ni la combinación adecuada causaba la locura permanente o la muerte. El arte de escanciar los brebajes tardó siglos en perfeccionarse. ↩
  13.          En Las bodas de Cadmo y Armonía, Anagrama, España, 2000. ↩
  14.          Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, J. Corominas J.A. Pascual, Gredos, Madrid, 1981. ↩
  15.          Veáse: Arte y Poesía, Martin Heidegger, Breviarios, FCE, México, 1973. ↩
  16.          Dafne (Δάφνη, ‘laurel’) era una dríade (ninfa de los árboles), hija del dios río Ladón de Arcadia (o del dios río Peneo de Tesalia) y Gea. ↩
  17.          Empleo una licencia poética para mayor musicalidad: le quito el acento a sicómoro. También algunos versos de la traducción de El desdichado están modificados por mí. ↩
  18.          Es posible que lleguemos a una nueva edad espiritual y a otras formulaciones, a una utilización ↩