Poeta estadounidense, profesor universitario, editor y traductor, comparte con el público de La Otra, tres poemas traducidos por el poeta mexicano Fernando Carrera.

Tres poemas de Ravi Shankar para La Otra

Versiones al español de Fernando Carrera

How Excursions Can Rupture Time    

Reading Cavafy here, a lakeside thick with mist,

I return not for the first time to the sultry heat

that lit up the rickshaw and the sense of escape

we shared in Mumbai, away from the academics

and poets, uncoiled from contraption for a fierce

instant, as if these moments stitched alongside

our quotidian lives are realer, more intensified

and rare as certain birds that live in deep jungle.         

The central conceit in “Longing” is a sumptuous

mausoleum where beautiful, too-young corpses

molder, like unfulfilled desire not given its night

or radiant morning, which I find both quite apt

and intrinsically flawed when I think of hurtling

together, infinitely possible in a yellow meteor,

speaking about ourselves intimately, uninhibitedly,  

walking through the crowded streets, anonymous,

into alleyways heaped with multicolored fabrics

and buzzing with flies, past that sign in English

for a book printer in front of which we snapped  

your photograph, posing with writerly delight.

Apt because despite my best efforts, you drifted

in tanktop and backpack alone into the night,

nullifying some coefficient in the cosmic proof.

But flawed because such desire never ever dies.

That’s its great appeal, why the Buddha saw it

at the root of all suffering, how want won’t stop

wanting, but why I see it quickening the heart

of much art, veering towards truth and beauty

headlong like in a three-wheeler blindly headed

nowhere but towards this wild place between us.

Cómo las excursiones pueden romper el tiempo

Leyendo a Cavafy aquí, a la orilla de un lago cargado de neblina

regreso, no por vez primera, al sofocante calor

que encendió la calesa y la sensación de huida

que compartimos en Mumbay, lejos de académicos

y poetas, desenvueltos de artilugios por un feroz instante

como si estos momentos bordados

a nuestras vidas cotidianas fueran más reales, más intensos

y extraños como ciertas aves que habitan la selva profunda.

La presunción central en el “Anhelo” es el suntuoso

mausoleo donde hermosos y jovencísimos cadáveres

se desmoronan, como el deseo insatisfecho sin su noche

o mañana radiante, que encuentro a ambas muy aptas

e intrínsecamente defectuosas cuando pienso en precipitarnos

juntos, infinitamente posibles en un meteoro amarillo,

hablando de nosotros mismos íntimamente, sin inhibiciones,

caminando por calles repletas, anónimos,

en callejones colmados por tejidos multicolor

y zumbando con moscas, pasado el cartel en inglés

de un impresor de libros en frente del cual tomamos

tu fotografía, posando con encanto de escritora.

Oportuna, porque a pesar de mis mejores esfuerzos continuaste

sola, con blusa y mochila hacia la noche,

nulificando algún coeficiente en la prueba cósmica.

Mas imperfecto porque tal deseo nunca nunca muere.

Ese es su gran encanto, el porqué Buda lo vio

en la raíz de todo sufrimiento, cómo el querer no dejará

de querer, pero, ¿por qué  lo miro acelerando el corazón

de tanto arte, virando hacia la belleza y la verdad

precipitado de cabeza como en un motocarro ciegamente dirigido

hacia ninguna parte salvo a este indómito lugar entre nosotros.

The Sweet Science

Appalled and thrilled is what I wrote for its alliteration
but that was pure showmanship, shimmy shuffle
and shoulder roll, not true to the rapt attention I had
trying to pin the technical terms – jab and cross,
hook and uppercut – onto the bodies of two men
who glided across the roped off ring trying to land
blows. Watching the fight, I watched myself watch
the fight, noticing how in spite of myself raw sounds
gurgled up from my throat. Was it to help exhort
Bad Chad Dawson, New Haven’s finest, rip into his older
opponent? Or in appreciation of the way he would
slip punches like a speedboat navigating a cove?
Perhaps it was a muscle memory of the only time
I stepped into the ring, with a buddy, to playfully
grapple, until I got hit with a roundhouse in the ear,
which clicked some primal button I could not unblink,
and charged with animal aggression I never suspected
I possessed, I dropped my good friend to his knees?
Or maybe finally it was being colonized by the crowd,
in synchronicity with the growls and curses that made
me yell out in spite of myself. I could have been in
Baghdad 7,000 years ago, where an archaeologist
discovered a Mesopotamian stone tablet engraved with
two boxers preparing to fight, else in 18th century London
eating meat pies and drinking ales while watching
a bare knuckle prize fight. Somehow each feint and parry,
each exchange of fists, encapsulated an essential
idea about brotherhood and brutality that I could not
put into the right words. All I know is that when the final
bell sounded, cauliflower ear and nerve-cell damage
in the periphery, the ring overrun with promoters, corner
men, men in tuxedos and blue latex gloves, cameras
on cranes, the ring girl in her low-cut dress, I was fixated
on the two fighters with their gloved hands raised in the air.
I was galvanized yet not quite satisfied. I wanted more.

La dulce ciencia

Consternado y emocionado es lo que escribí para su aliteración

mas aquello fue puro espectáculo, tembloroso arrastre

y giro de hombro, deshonesto para la atención absorta que puse

tratando de precisar los tecnicismos —jab y cruzado,

volado y gancho— sobre los cuerpos de dos hombres

deslizándose a lo ancho del acordonado, tratando de asestar

golpes. Viendo la pelea, me vi ver

la pelea, notando cómo, a pesar de mí, ruidos brutos  

gorjearon desde mi garganta. ¿Fue para ayudar a exhortar

a Bad Chad Dawson, el mejor de New Haven, a hacer pedazos

a su rival más viejo, o en reconocimiento a la forma

en que esquivaría los golpes como una lancha rápida navegando una caleta?

¿Tal vez fue la memoria muscular de la única vez

que me subí al ring, con un muchacho, para pelearnos

de juego, hasta que fui golpeado en la oreja con un gran volado

que pulsó algún botón primitivo que no pude apagar,

y cargado con una agresividad animal que nunca sospeché

que poseía, puse a mi buen amigo de rodillas?

O finalmente fue el ser conquistado por la muchedumbre,

en sincronía con los gruñidos y maldiciones que me hacían

gritar a pesar de mí mismo. Podría haber estado en Bagdad

hace 7,000 años, donde un arqueólogo descubrió

una tablilla mesopotámica de piedra grabada

con dos pugilistas disponiéndose a pelear, o en el Londres del XVIII

comiendo pasteles de carne y bebiendo cerveza mientras veía

una pelea a puño limpio. De algún modo cada finta y bloqueo,

cada intercambio de puños encapsulaban una esencial

idea acerca de la hermandad y la brutalidad que no pude

poner en palabras. Todo lo que sé es que cuando sonó

la campana final, deformada oreja y daño de células nerviosas

en la periferia, el ring rebasado por promotores, asistentes,

hombres con esmoquin y guantes de látex azul, grúas

de cámara, la anunciadora en su vestido escotado, estaba

obsesionado con los dos peleadores con manos enguantadas y en alto.

Electrizado mas no del todo satisfecho. Quise más.

Misty Blue

Reared for the afternoon, the boutiques display

Furniture, fur-coated mannequins, defunct signs

From a passed time, as we stroll along Broadway,

Serene, until there’s a mild censure, the saturnine

Response, a harsher rebuke, my defensive thrust,

And soon we two, nearly grown one, are at war,

Charged with anger that doesn’t turn to lust

As it does in the movies. We stop at a parked car,

Oblivious to the passing faces, and try to rip free

From the gravity that holds us, verifying love

As an algorithm of hate, something guaranteed

To hurt. Drained, we turn. Then as if from above

Comes Misty Blue, a version Ella Fitzgerald sings.

The music, while it lasts, changes everything.

Azul brumoso

Cultivadas para la tarde, las boutiques exhiben

muebles, maniquíes en abrigos de piel, signos extintos

de un tiempo pasado, mientras paseamos por Broadway

serenos, hasta que hay una leve censura, la saturnina

respuesta, un reproche más severo, mi impulso a la defensiva

y pronto los dos, casi uno, estamos en guerra,

cargados de ira que no se vuelve lujuria

como sucede en las películas. Nos detenemos contra un auto estacionado,

indiferentes a los rostros que pasan, y tratamos de liberarnos

de la gravedad que nos detiene, comprobando el amor

como un algoritmo del odio, algo garantizado

para lastimar. Agotados, nos volvemos. Luego, como venida del cielo

comienza “Brumoso y triste”, cantada por Ella Fitzgerald.

La música, mientras dura, cambia todo.

Ravi Shankar

Originario de los Estados Unidos (1975), es poeta y editor. Profesor de Literatura en Central Connecticut State University y la City University of Hong Kong. El es uno de los fundadores de uno de los primeros periódicos de poesía en línea: Drunken Boat .

   Es autor de una docena de libros de poesía incluyendo la más reciente colección “Los muchos usos de la menta: nuevos poemas 1998-2018” . Recibió el Premio Pushcart. Editor fundador de Drunken Boat. Actualmente es poseedor de la beca de investigación literaria de la Universidad de Sydney. Su trabajo ha sido publicado en el New York Times, The Press Review, The Financial Times, en la National Public Radio, la BBC, entre otros. Libros y poemas de su autoría han sido traducidos a diez idiomas.

Fernando Carrera, autor de la traducción.

1983, Guadalajara, México. Es autor de los libros de poesía “Expresión de fuego” (Mantis Editores-Sec. de Cultura de Jalisco, 2007), “Donde el tacto” (ICA-Conaculta, 2011; “Là où le toucher/ Donde el tacto” segunda edición bilingüe, Mantis Editores-Écrits des Forges-Sec. de Cultura de Jalisco, 2015) y “Fuego a voluntad” (Instituto Municipal de Cultura de Toluca, 2018). Recibió el Premio Nal. de Poesía Horacio Zúñiga de los Juegos Florales de Toluca 2017 y el Premio Nal. de Literatura Joven Salvador Gallardo Dávalos 2010. Recibió menciones honoríficas en el Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén 2009 y en el Premio Nal. de Poesía Efraín Huerta 2006. Becario del Programa de estímulo a la creación y al desarrollo artístico, del Conaculta y la Sec. de Cultura de Jalisco en 2008-2009 y en 2010-2011. Ha sido publicado en diversas antologías y en medios impresos y electrónicos a nivel nacional e internacional, tales como: Letras Libres, Revista Crítica, Revista de la Universidad de México, Confabulario-Suplemento del Periódico El Universal, Periódico de poesía de la UNAM, Revista Armas y Letras, Revista Tierra Adentro, Revista Punto de partida, Revista Luvina, Suplemento La Jornada semanal, y en publicaciones de Chile, Suecia, España, India, Grecia, Turquía, Eslovenia, Albania y Bangladesh, entre otros. Libros y poemas de su autoría han sido traducidos al francés, inglés, ruso, turco,  griego, esloveno y albanés. Como traductor han sido publicadas sus versiones al español de textos de Malcolm Lowry, Glorjana Veber, Ravi Shankar, Hwang Ji-woo, entre otros.