Les presentamos los poemas del libro Golpe de Agua del poeta mexicano José Falconi. Sobre la poética del autor hablan Pedro Salvador Ale y Carlos Illescas.

Les presentamos los poemas del libro Golpe de Agua del poeta mexicano José Falconi. Sobre la poética del autor hablan Pedro Salvador Ale y Carlos Illescas.

Falconi en Golpe de Agua es un hombre sincero y desgarrado a la conquista de un estilo propio y único,  es una de las voces más notables de la poesía mexicana contemporánea, en su escritura se dan con extraordinaria lucidez las virtudes y los símbolos característicos de la tradición literaria: la sugestión de la metáfora, llena de revelaciones, la rebeldía del verso a trajinar por otros ritmos surgidos de la contemplación del paisaje, pero sobre todo el uso de la imagen revestida de una dimensión vital de las cosas sencillas. A lo anterior se agregan los rasgos personales, cierto desenfado poético es evidente, como consecuencia de la libertad formal que adquirió la metáfora al desembarazarse de su esclavitud clásica, plenitud de fuerza es la palabra que resuena  rotunda  y agresiva. Rebeldía poética como rasgo de inconformidad ante el acontecer social, búsqueda creadora, lanzada sin vacilaciones, a denunciar una realidad que comienza a despertar por un cambio colectivo necesario. Todo esto entraña la poesía de este libro cuya publicación constituye un llamado de alerta que obliga a mirar la tarea poética de Falconi, desde otra perspectiva, hasta entonces no observada entre nosotros por la potencia casi dramática de su mensaje.

Pedro Salvador Ale

En Falconi creemos en todo. Sus versos están hechos para que nos descubramos en las cosas que nos rodean, y en manera muy especial en la mujer que atestigua el tamaño de nuestro amor sin que en ello vaya el menor desmayo a favor de un lirismo de última hora. En sus versos están los dioses antiguos. No los modernos. Los suyos comparten la multiplicación de la vida en montañas, ríos, bosques, en la siempre invocada Ceiba de las Consejas, en las invocaciones a los antepasados que nos miran en los ojos de los indios vapuleados por la historia traducida en la perpetuidad de la conquista. Y sin embargo, en Falconi es poesía y no antropología la que ocurre, habla y se hace presente.

Sus versos son propios de una facultad y una vocación nunca fallidas: sentido de la (su) lengua, plasticidad merced a los fenómenos lingüísticos en donde la metáfora se hace hábito compensatorio de la curiosidad en lectores que han hallado en Juan Bañuelos, Oliva, Garduño, Vásquez Aguilar, las velas encendidas en viejos templos que son los antepasados, tanto los españoles como los indígenas.

Carlos Illescas

Poemas de José Falconi

13

se rompe el cordón

                te unía al espacio y las cosas

caminas por una calle destruida, de la casa

sólo queda la sombra de tu amada, a media noche

te despierta un rumor, el esquema de un cuerpo se desliza

por las paredes de tu cuarto, en diferentes planos de tu imaginación

despiertas y escuchas el zumbar del tráfico

el pequeño espectáculo transcurre

entre los vapores de las cocinas

y el golpeteo de cuchillos que asesinan

verduras, a ti otra tibieza te envuelve

las imágenes de tu sueño, el deseo de acariciar el cuerpo

son ya algo lejano, de tu mujer entre las sábanas

borroso como una fotografía, anidan sus delgados pies

fuera de foco

El Gran Tonto

(A don Ramón Martínez Ocaranza. En su estilo y una sola coma)

A plena luz

Caen flores que vomita un perro muerto

Por el silencio y su pupila ciega

Por el absurdo tránsito del sueño

Un violín hace ladrar sus cascabeles

En humo y aceites malditos

Y el Gran Tonto

Tendido sobre la gangrena

De los pastos

Calienta el mitín de sus huesos

Bloque de hielo en llamarada

Él viene del sueño

Y como aquello que se nombra y no se nombra

Me dicta estas palabras, oscuras brasas

En sus malabarismos:

“De erizados cristales

Traigo herido mi cuerpo

Por la sombra eleva su canto”

Eau de toilette

Se iba a afeitar. La navaja, lista.

En la luna vio sus rasgos, que esa mañana

sufrieron tensiones inesperadas. Arrimó su cara al espejo:

ahí estaba, en sus pupilas.

        Pero crecería hasta abarcar

todo su rostro, hasta invadirle todo el cuerpo. Los gestos

involuntarios eran signo inequívoco de que ella

comenzaba a crecer dentro de él.

        Ya no se afeitó.

        Le dio otro uso a la navaja.

1

(Nagasaki)

Un hombre, repitiendo 400 monólogos, vaga por la vía muerta.

Recoge fragmentos: un monje zen camina por sus ojos

en busca de una palabra antigua: Kiusiu.

Tras un sueño intranquilo llega al puerto:

en él encallan 40,000 cadáveres

(hay peces que se bañan en la arena

y quelonios con pasos al desierto).

El mar admite la herrumbre

del uranio, la fisión atómica.

Ojo inmóvil descubre su casa:

maderas, cuerpos, metales en derrumbe.

Hecho añicos el eco de su espejo;

su infancia:

abrir de puertas a gatos

que arañaban

los tejados del insomnio.

No está iluminada por el Sol ni la Luna, ni por la electricidad

Antes de evaporarme,

ceniza acumulada en la demencia,

antes de convertirme en granizo,

en sombra amarga de un jardín,

debo surcar el espacio sideral,

recorrer su cubierta

y penetrarla hasta el abrevadero

que apagará mi sed.

Ya me crece por dentro una yerba

inmaterial,

se detiene en mis huesos

y no está iluminada

por el Sol ni la Luna,

ni por la electricidad.

¡Ya del todo mi luz se me nublaba!

SONETO

Las noches del amor en sus rodillas

guarda la niña olor de yerbabuena,

sus breves senos en la noche buena

edulcoradas mentas amarillas.

Con sus delirios y sus ironías,

sin vencedor porque los dos perdemos

en un juego amoroso en que sabemos

el dulce gusto de las sodomías.

Y la noche nos tiene desvelados:

te vienes sin piedad sobre mi boca,

en mis nerviosos labios acallados.

Y la sombra al pasar nos repetía:

<<En el amor hay una loba loca

que se asombra y padece en alegría>>.

CANCIÓN

Este poema es un cuchillo de bruma,

es una broma que brama y siembra confusión

como una flecha que atravesara una parvada.

Este poema es un cielorraso de armadillos

que cardan besos en las rodillas de la tarde;

está hecho de nada y genuflexiones de orquídeas

en las exequias de una zarigüeña.

Es un águila. Se derrite en vuelo.

Águila que en su levitación

le pone más velocidad al sueño.

Este poema es un recién cadáver

que resucita entre el mito y el deseo,

es el presagio de que nada existe

y nada hay más allá del hoyo en mi zapato.

Este poema es la danza desgarbada de la muerte

en su cuchitril atávico.

O bien, es tan solo un pensamiento

que rumia ruinas y ripios en el enigma del poniente.

Este poema es una cabellera enloquecida,

la noche adicta en la llanura inmóvil

venida de muy lejos, desprovista de mensajes.

Este poema creció con largueza entre mis huesos

como una herida de fuego bendiciendo mis sonajas,

como una imagen bíblica de languidez extrema

en la ventana aullante en que cavan mi sepulcro.

Este poema es el viento:

Me trae el sabor de tus labios y sus enjoyados besos.

Este poema

es el camello equivocado y el ojo de la aguja;

este poema no es muerte ni vida

ni humo ensangrentado

ni mi nagual de fuego;

es —ya lo dije— un cuchillo de bruma,

una broma que brama,

un puñal que despierta en el rojo follaje de tus ojos

para obsequiarme la otra vida.

El sueño.

A

l-baida, mete tu pie, como si fuera uva madura, en mi boca. Que tu pie sepa de esa tibia y húmeda cueva. Al-baida, monta en mí a la jineta y cuando me cabalgues, moja mi espalda con tus aguas menores. Que algunas gotas lleguen a mis labios y se mezclen con la saliva de mi lengua. Esa roja y colgante lengua —la quisiera más larga— que te divierte tanto cuando me pides que cecee como un perro. Como un perro no, como tu perro. Al-baida, enséñame a lamer tu sexo con la paciencia con que un samurai abrillanta y afila su catana.  Al-baida, adiéstrame para besar tus pezones con la atención de un monje zen en busca del sâtori. Al-baida, testerea mis testículos, acuéstame sobre una roca, camina en mí y que mi cuerpo se haga humo.        

Nada sirve de nada, Perro, nada sirve de nada…

Max Rojas

E

lhombre aquel de la esquina cuando se va nace en mí. Un hombre sin plan alguno, una serpiente o una manzana o una caña salvaje en una selva sin senderos, un dios contradiciendo el aire suelto de levante, alimentando pájaros tornasolados con el gesto de un poeta morboso y aburrido. El hombre aquel esparce despojos en la acera y la calle se llena del más viejo misterio. Chispas de Dios cuajan en sus ojos como si él no supiera que fluye hacia la nada. El hombre carga un dolor de metal y sin embargo el sol ha madurado su cuerpo. El amor lo ha poblado de llagas divinas, pequeñas depravaciones en su sangre mordida y el peso muerto de la muerte pronto doblará su testa. Él tiene horas en que no reconoce su propia voz doméstica. Se rompe en soledad, se siente resto de ruinosa ruina.

C

onsiderando imparcialmente,

en frío,

bebiéndose una copa de azucenas,

que uno no es ninguno,

que uno es tan sólo raíz cuadrada de sí mismo,

ante-sueño de un agonizante que al destino le niega permisos

y encalla en su memoria.

Que uno, descalzo, con el cráneo rapado,

el ojo pulido de obsidiana,

envuelto en una sábana amarilla,

atribulado por elDueño del Cerca y del Junto

encuentra siempre la raíz cuadrada del ¿quién es?  

en la terca soledad que fuese la señal de vivir

en el país de los hombres no nacidos

que crujen en sus sombras:

confusión de palabras

cercadas por escorpiones en la Caverna del Tedio.

Esas palabras peregrinas en la zaga del verano:

hojarascas del Planeta Extraño.

José Amador Falconi nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en 1953. Poeta, narrador y periodista.

Premios y distinciones: 1978: Premio Iberoamericano de Poesía Carlos Pellicer, otorgado por el INBA. Libro premiado: Cercadas Palabras / 1979: Premio Estatal de Poesía, otorgado por el municipio de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Poema premiado: Tuchtlán, ciudad abierta. / 1980: Su poema Aguamuerte obtiene Primera Mención en el Premio Literario Plural, Revista cultural de Excelsior. / 1984: Su poema Sonidos nucleares obtiene Mención Honorífica en el Premio Literario Plural. / 1986: Su poema País de labios rotos obtiene el Premio Ciudad de México, otorgado por Socicultur. / 1987: Tercer lugar en el Certamen Nacional de Guiones de Telenovela, guión premiado: Aura en el espejo. / 1992: Su poema Se abre al silencio obtiene el primer lugar en los Juegos Florales de Jiquilpan, Mich. / 2009: Premio Estatal “Alejandro Ariceaga” para Primera Novela, convocado por el Centro Toluqueño de Escritores y avalado por el Instituto mexiquense de Cultura. Libro premiado: Fragmentaciones. 

Autor de varios libros de poesía, ensayo, narrativa, teatro y historia.