Luna de ciegos y Los ladrones nocturnos, de Juan Manuel Roca, sirven a su compatriota colombiano, el académico y escritor Carlos Fajardo, para desentrañar su poesía.
Estética del miedo y de la muerte en
- Luna de ciegos y Los ladrones nocturnos
- de Juan Manuel Roca
- CARLOS FAJARDO FAJARDO
- Luna de ciegos: las sagas nocturnas
- Hay cambio de guardia en la noche.
- Algún ciego tañe el viento.
- Juan Manuel Roca
- Si, como lo asegura Gilbert Durand, la imaginación en la historia de la filosofía occidental ha sido considerada un “pecado en contra del espíritu”, “una infamia de la conciencia”, “una turbia bastardía”, o bien “la loca de la casa”, en el poemario Luna de Ciegos (1976) de Juan Manuel Roca es donde confirmamos la capacidad subversiva de la imaginación y el porqué de tan excluyentes frases en contra de lo imaginativo, pues en este libro se comprueba la fuerza de confrontación que la poesía contiene. En él, las imágenes nocturnas predominan y construyen arquetipos fundacionales de espacios para el sueño, el delirio, desde la realidad transmutada en constelaciones simbólicas.
- Más allá de una simple apreciación poética social –que rayaba muchas veces con un ingenuo compromiso partidista y panfletario–, Roca (Medellín, Colombia, 1946) supo asumir una actitud de vocación desde y sobre el lenguaje poético. Consciente de que el poeta moderno es ante todo un crítico desde y con el lenguaje, se propuso hacia los años setenta, levantar una poética que superara toda legitimidad paradigmática de la poesía panegírica superficial, dispersa y muchas veces trivial de algunos de sus contemporáneos colombianos. En estas exploraciones no estaba solo. Junto a él, otros jóvenes poetas trataban de encontrar un ritmo, un tono más acorde con los hallazgos de la poesía latinoamericana y mundial. Sus búsquedas los llevarán a las concepciones de una modernidad crítica y analítica. Desde los románticos alemanes y franceses, pasando por los simbolistas y tocando puertos de poetas vanguardistas europeos y latinoamericanos, Roca supo –y ha sabido desde entonces– asimilar, y no simplemente yuxtaponer, un lenguaje que se sustenta en la aventura, el riesgo, el peligro y lo utópico. De allí que hacia los años setenta supere la poesía de pasquín y el panfleto fácil, situándose en las estancias de una estética moderna; petición de un lector-poeta, versado en los paisajes románticos alemanes, expresionistas, surreales. Heredero del ethos y de la estética de las poéticas vanguardistas del siglo XX, Roca fusiona reflexión y creación; exploración y encuentro, crítica y análisis, tensión y convulsión, identidad y rechazo, lo que lo constituye en un poeta de atmósferas y tonalidades muy afines con la mejor poesía hispanoamericana.
- Son estas algunas de las razones por las cuales hemos querido sumergirnos en dos de sus libros iniciales, donde están ya las raíces primigenias de su poética: Luna de ciegos (1976) y Los ladrones nocturnos (1977). Ellos registran los síntomas de una cultura en crisis. Como barómetros, ambos textos sienten la presión de algo que está en el ambiente y que deja sin esperanzas reales a las sensibilidades de la época. A pesar de ello, anclados en su tiempo, estos libros son intemporales: sirven y servirán en el futuro para testimoniar una situación y un proceso tanto social como poético en Colombia; confirman la universalidad de lo local y la localidad de lo universal.
- Luna de ciegos posee, como predominante, una atmósfera onírica dinámica unida a una gran preocupación por lo cotidiano. Esto lo vincula con las exploraciones del expresionismo alemán (principalmente Georg Trakl), del malditismo francés (sobre todo Rimbaud) y de las vanguardias surrealistas. Dicho dinamismo es anunciado por la presencia del viaje, proceso y movimiento tanto en el ritmo del poema como en la realidad nombrada. El viaje, la movilidad, la súbita entrada de un estremecedor cambio, levantan en este libro una simbólica de transformación. “El verdadero poeta, dice Bachelard, quiere que la imaginación sea un viaje” (1980, p. 12). Este movimiento de la ensoñación podemos apreciarla en las imágenes noctámbulas de trenes, en el fluir misterioso del viento, en sus estaciones para el miedo. Metáforas explosivas que ponen al lenguaje en tránsito:
- Los trenes/ Los furgones del correo
- (látigos negros que parten la noche)
- dibujan oscuros trazos/ secretas escrituras
- (Trenes).
- Palabras / barridas por el viento,
- Ruido de ballestas/ en bosques de infamia…
- (Palabras barridas por el viento).
- Y el pie ligero de los vientos/A cuyo paso se hamaca el cafetal o navega el olor de las pomas…
- (Mis deudos jugueteaban con un violín prestado)
- Los vaivenes del aire son ante todo las vibraciones del ritmo poético y se ubican por lo regular en la noche. El régimen nocturno (para hablar con Gilbert Durand) en esta poesía es el espacio ideal que construye el delirio. Sus imaginarios vuelan por penumbras claroscuras. El poeta se adentra a una realidad donde la claridad del día poco es invitada, y sólo en la noche aparecen criaturas y paisajes que se mueven como sombras:
- He aquí la noche
- y su selva de múltiples ojos.
- (Palabras barridas por el viento)
- Esos que andan a tientas en la noche
- alumbrados por los soles interiores
- Aquellos que arrastran su cuerpo
- por selvas de piedra fría cogidos de la mano
- Haciendo sonar su violín desvencijado…
- Esos que llegada la noche
- La noche que trepa segura por los acantilados
- Cobijan su sueño con la escarcha de otros días:
- Los bosques donde los hermanos se persiguen
- La lejanía del padre que arroja anatemas
- El recuerdo de algunos que dejan caricias
- en el cuerpo de un caballo
- para que después su dulce hermana
- pase la palma de sus manos
- por azuladas crines de esparto.
- (Frente a la noche).
- El sueño entra en estas penumbras como entidad principal. Desde él, Roca funda toda su arquitectura poética. El sueño, como mecanismo total de subvertir a la razón utensiliar, construye una criatura inversa de lo real, o bien, la otra realidad, más real y secreta que la fáctica. El poeta nos invita a cruzar el espejo y, como en el surrealismo, desea ir más allá de los límites instrumentales, atacar los tres principios básicos de la lógica aristotélica (principios de identidad, de no contradicción y de tercero excluido), reivindicar el azar, lo fortuito, lo arbitrario, la lógica del absurdo. Roca asimila los fundamentos de la vanguardia surreal y, aunque no los ejerza con un determinismo absolutista, los trabaja a través de la hibridación de técnicas, tonos y ritmos procedentes de las grandes conquistas poéticas modernas. No hay en él un seguimiento sectario a las premisas surreales. No. Lo que aquí se observa es la selección de ciertos paradigmas de las vanguardias como catalizadores de la ruptura con el orden de la vigilia o del régimen patriarcal de lo diurno.
- En contra del poder y a favor de lo contestatario, el sueño hace presencia entre nosotros como otro sueño que trae noticias de un exterior amenazado por el miedo, la ira y la violencia. En el poema puertas abiertas, el sueño se ve sitiado por una realidad en peligro que anuncia las matanzas. Igual a Saint–Pol-Roux, quien colgaba en su puerta, mientras dormía, el letrero “el poeta trabaja”, la poesía de Roca también labora en la noche mientras pasan los fantasmas del sueño. El soñar está en acto y potencia. Sin embargo, este acto se encuentra en peligro, alguien anuncia su agonía. Se confirma allí la pérdida del aura primigenia de lo poético impulsada por la razón pragmática y utilitarista. Alguien no sueña poéticamente, sino que, a lo Francisco de Goya, sueña monstruos racionales:
- Una puerta
- abierta a la noche
- y se pueblan de ruido
- las estancias.
- Sus rumorosas bisagras
- Anuncian
- alguien llegado de la lluvia
- o los pasos de un lento animal
- que invade el sueño:
- Una puerta, una grieta
- abierta en el asombro.
- (Puertas abiertas)
- Además, en el afuera, parece decirnos el poeta, di-vaga la muerte, la violencia en un país de ruinas, la ciudad de los vencidos. Exterior/interior. Cartografía simbólica de un estado de tensión que impone sus condiciones a través de su poder autoritario. Topología de una ciudad arrinconada por sentimientos necrofílicos que algún mensajero o “heraldo negro” trae como signo fatídico:
- ¿Ese mensajero que venía en bicicleta
- traía el papel que anunciaba la matanza?
- Alguien dijo: nuestro país se desangra.
- Tomaremos nota
- cuando la sangre corra debajo de las mesas,
- de nuestras mesas del café que hace esquina con el tedio.
- Silencien esa flauta que despierta mis muertos,
- no me ortiguen los ojos…
- Nuestro país (si alguna vez ha sido nuestro)
- no perdona la risa de los niños.
- Cada mañana un cadáver en las plazas.
- Cada noche mujeres visitadas por el miedo
- que golpea las ventanas.
- Cada palabra: un pájaro tocado por la muerte en pleno vuelo.
- Alguien llega.
- Pienso que viene por mis manos.
- (Mis deudos jugueteaban con un violín prestado).
- Oigo a los hombres
- arrojados de las casas.
- ¿Qué será aquel líquido rojo
- que corre debajo de las puertas?
- (Correo de las sombras).
- Pasado el tiempo propicio
- de los sueños, el estupor
- la muerte
- en las calles patrullando.
(Patrullaje).
- Imágenes que revelan un paisaje citadino destrozado, una cultura de la muerte. La pulsión escritural y el ritmo de su palabra van imponiendo cierto ambiente de zozobra en la que habitan “extraños visitantes” entrando a las casas y poblando de voces al sueño:
- Ah, la selva de muertos
- que desde algún lado hace llamados a la vida.
- Los locos de la noche que hablan de la cólera lunar
- en las frías azoteas de la ciudad gangrenada,
- descienden de los bosques.
- Ya los siento pasear por reductos interiores
- soplándome a su paso cantos de guerra en los oídos.
- (Los he visto descender).
- Más que una técnica surrealista, Roca instaura en sus poemas una atmósfera surreal y expresionista, donde el acto poético es asombro y rebeldía. Imaginación y deseo se unen logrando hallar el “desplazamiento de un objeto ordinario de su mundo habitual” al decir de Paz (1974, p. 39), o aquella fórmula de Lautréamont, “bello como el encuentro fortuito, en una mesa de disección, de una máquina de escribir y un paraguas”, lo cual por un extraño suceso, genera una realidad nueva. De este modo, el azar, la casualidad y esos encuentros inexplicables, se manifiestan en esta poesía como una propuesta de “abolir la realidad que una civilización vacilante nos ha impuesto como la sola y única verdadera” (Paz, 1974, p. 39). Necesidad de expresar lo inexpresable, descubrir lo cubierto, la otra orilla. De allí que el collage de imágenes insólitas en esta poesía logre el extrañamiento. Ubicado en las mayores conquistas del arte visual vanguardista, Roca dibuja frescos donde el collage impera como una concepción del mundo que trata de abolir lo normativo racional y elevar el arte a un descubrimiento mayor tanto ontológico como metafísico. Reivindicación de lo arbitrario, de lo desconcertante. La imagen exalta lo fortuito, la multiplicidad caótica; no se busca con ella la similitud, apunta más bien a la disimilitud. “No aproxima dos hechos o dos realidades que en alguna manera se asemejan, sino dos realidades lo más lejanas posible la una de la otra” (Michelli, 1994, p. 183), lo que pone en marcha la imaginación del poeta-lector:
- Este camino conduce al regreso.
- Repetimos el rimen del encuentro
- aunque el abrazo se niegue al abrazo.
- Algún extraño deja razones inciertas en los libros
- recordándome que siempre estoy en otra parte.
- Lejanas pisadas vuelven a la memoria.
- La pedrada vuelve al pájaro en pleno vuelo.
- La caída hoja otra vez se agita
- incorporada al árbol.
- Vuelven el pie al estribo, el badajo a la campana.
- Este camino conduce al regreso:
- ¿Cómo si no, recuerdas esa calle,
- por la que nunca jamás has pasado?
- (Este camino conduce al regreso).
- Destiendan la cama
- crucen a nado el aire de la casa…
- ………….
- ¿Pero quién asegura que los puentes
- no caminan sobre el río
- entrando o saliendo de la noche?
- (Cambio de guardia).
- El brazo inexistente que aún
- le duele al mutilado,
- El calor de un cuerpo
- abandonado en su asiento:
- La persistencia de las formas ausentes.
- Así los espacios donde la rosa caída
- aún espectra su olor
- Y aunque sea difícil percibirlo
- en el viento puede verse la forma
- de un abrazo momentáneo.
- (Las lluvias anunciadas)
La poesía logra establecer con esta gama de exploraciones la presencia en la ausencia; tiende puentes allí donde antes existía un vacío; trastorna la visión unilateral sobre el mundo. Este libro inicial del poeta Juan Manuel Roca muestra ya la fisiología de un largo y prometedor recorrido que vendrá después. He aquí los orígenes de una visión poética que se afianzará de forma más sólida en libros como Los ladrones nocturnos, Señal de cuervos, País secreto; un compromiso con las ideas y la poesía modernas donde la autonomía de la individualidad se une con la petición ética de comunión. “Yo soy el otro” había escrito Gerard de Nerval; “yo es otro” poetizó Rimbaud. Y estas dos sentencias servirán de guía a la gran mayoría de vanguardistas en la búsqueda de una ética personalista y comunitaria que pretende abrir el Yo a la totalidad a través de lo poético. Comunión exterior/interior: creación comunitaria; afán por salir de sí mismo y habitar en el otro. Se trata de romper con el ensimismamiento individualista de la sociedad burguesa y elevar al hombre a un descubrimiento de otras posibilidades sociales. La fragmentación ética del sistema capitalista queda resuelta en una síntesis dialéctica, la cual promete una nueva alianza mítica-real epistemológica en la escala del conocimiento, criticando las raíces de la cultura occidental. El poemario Luna de ciegos se une así a estas grandes empresas que llevan a cabo un “ejercicio de libertad”, no como doctrina, sino como actividad poética que obliga a la realidad, según palabras de Paz, a ser ella misma.
Los ladrones nocturnos: la ciudad del miedo
- La larga noche labrada por el miedo,
- La que nos hace apresurar en las calles del hombre
- Juan Manuel Roca
Con una aguda sensación paradójica, que fluctúa entre la aceptación y el rechazo, los poetas modernos han descrito las grandes transformaciones de la ciudad. La pronta secularización que lo moderno trajo en el plano estético; la ruptura con la topología urbana premoderna; el situarse en un ambiente de “fisiologías” citadinas de rápidos cambios estructurales, hizo del poeta un ser ávido de asimilar estos éxtasis en movimiento, como de rechazar los ambientes de soledad, conglomeración y anonimato. El caso Baudelaire frente a los bulevares del alcalde Haussmann; el caso Rimbaud en actitud de ser “absolutamente moderno”; Poe dándose un baño de multitud; el caso José Asunción Silva, provinciano en París, dan cuenta de algunas sensibilidades de finales del siglo XIX que sintieron los aletazos de la villa burguesa en vías de masificación.
Pero la gran aventura de habitar, cifrar y descifrar la ciudad ya masificada se la debemos a las vanguardias. Éstas experimentaron una ciudad construida a través de las últimas conquistas de la racionalidad instrumental, con estructuras monopolistas económicas burguesas, lo que desembocó en conglomeraciones caóticas cuyos resultados fueron la cosificación y enajenación. Algunos poetas alzaron armas críticas frente a la razón capitalista, imponiéndose el reto de la ruptura, la trasgresión, la rebeldía y la revolución. Utopía y sueño; imaginación y libertad contra las sensibilidades masificadas. El hombre de acción capitalista –que tanto preocupó a los escritores del diecinueve– entró en pugna con la acción poética vitalista. En Colombia esto tuvo sus grandes conquistas y ventajas. Juan Manuel Roca forma parte de la generación que le tocó padecer y sufrir la hibridación de la ciudad, su proceso de transición entre lo premoderno semicolonial y lo moderno masificado. Como poeta ha registrado estos cambios y nos ha dejado testimonios de una transformación no sólo arquitectónica, sino imaginaria cultural, los cuales sirven hoy por hoy para asomarnos –no sin asombro– a lo que padecemos y seguimos padeciendo en la aldeanización de las urbes y en la urbanización de estas aldeas que son nuestras ciudades.
Ciudades construidas a partir de la violencia, el hambre, la muerte y el miedo, son las que se observan en esta poética de nocturnidad y penumbra. Los ladrones nocturnos (1977) nos construye un imaginario urbano –y suburbano– donde la pobreza, la imagen nada agradable de ambientes sórdidos y mortecinos no son telones de fondo en el poema, sino su esencialidad y presencia: “Todas las noches me armo de palabras/ para la blanca batalla que libro entre papeles”, dice el poeta antes de emprender camino por “la larga noche manchada de sangre/en los salones de las oscuras notarías” (Poética). La aventura creativa vence al miedo y a la muerte. Reto subversivo que sitúa al poeta en una marginalidad crítica y explosiva, con la urgente necesidad de distanciarse de aquello que fortalece y envilece al poder. Como un outsider ve la ciudad que se abalanza contra su condición libertaria y su autenticidad artística y ética. De modo que bombardea esos espacios urbanos, violentos y agresivos, de los “señores”, cuya doble moral invade las estancias:
- El celador de la rosa cuida sus botones.
- Yo me cuido de ciertas noches ulceradas
- que golpean la casa como el caudal del Orinoco.
- De los pulcros caballeros.
- Porque uno no es el atril donde las gentes
- quieren leer sus arrulladoras verdades.
- Yo me cuido de la matanza de caballos
- y estas gentes que quieren saludarnos
- forzando las ventanas.
- Porque descienden por el techo y babean el piso.
- Yo me cuido de sus dientes amorosos.
- De sus pulcros alfabetos.
- Porque entre su fino trato
- y su andar de agua bendita/ media un cuchillo relumbroso.
- Yo me cuido de sus lenguas que barren la ciudad
- y los bolsillos.
- Temo que me den los buenos días.
(Vigilante)
- Aquí la fuerza poética se transmite con un gran sentido de la disonancia. El poeta, irónicamente, se ha distanciado y es consciente de que la historia, el tiempo y el poder construyen una situación límite: la muerte. Camina por la ciudad como un héroe romántico rodeado de noche y sueño, o como un ángel caído en las calles, un vagabundo a lo Apollinaire, solitario entre la muchedumbre, pero avistando todo con su fuerza sarcástica e irónica que desgarra la armonía del día, pues son las ideas de las vanguardias modernas las que le han dado a esta poesía la profunda condición de cambio, la necesidad de renovar un orden, el emprender un gran trabajo de sacudimiento de lo social.
- La propuesta surrealista en estos poemas se hace imprescindible. Producir una nueva percepción de lo real y del lenguaje; buscar un reordenamiento del mundo y una escritura anti-representacional. Puesto en crisis el discurso tradicional, la pretensión de esta poesía va más allá de un “discurso naturalista representativo” (Ortega, 1983, p. 59). La empresa es ardua: superar el simple naturalismo y proponerse a describir lo indescriptible, es decir, fundar una ciudad interior/exterior; crear presencias metafóricas y no sólo copias fotográficas de la ciudad; armar una exploración imaginaria, la cual muestre el estado de ánimo del poeta enajenado por este espíritu citadino:
- El aire resuena en las calles como resoplido
- de bestia tumultuosa y los abanicos musicales
- despliegan su madeja de manos.
- Una iglesia especial para un crimen pasional
- donde los amantes se citan entre cirios y agua bendita…
- Vendedores de lotería del verano
- bajan al mercado negro entre las moscas
- más ruidosas del continente. (…)
- Los teatros de cascada de piel de estaño
- huelen a frituras y a cortesía cuando la noche
- viaja en vagón de segunda hacia hoteles de madera
- adormecidos por el surtidor de las rocolas.
- Los poetas callejeros traficando con nubes de mala clase
- cantan en el argot del fuego
(Capital de las ausencias).
- Aquí no existe una mera enumeración de sucesos e imágenes urbanas; por el contrario, la transformación metafórica es la que impera. Pero es de aclarar que se registran imágenes de una ciudad tan extraordinariamente real que inventa metáforas para el asombro. La realidad absurda se vuelca a las calles y construye ambientes de situaciones mágicas. La pobreza tercermundista se transmuta en visión trágica más que graciosa. La poética de Roca invita a recorrer espacios de una profunda agonía, donde se conjugan carnaval y muerte; risa y llanto; silencios y música, paradojas y ambigüedades propias de situaciones límites, lo cual nos recuerda algún tono de la poesía de Luis Vidales:
- Entre la flora marchita de las avenidas
- por cuyo asfalto que espejea bajo el sol
- corren las colegialas con un hilo de sangre
- entre las piernas blancas de piel de adormidera ( … )
- A todas estas la sabana de Bogotá ensaya un color,
- elabora una distancia, mientras los cantantes criollos
- cantan una canción que habla
- de lunas herrumbrosas, de sonoras flechas
- en los bosques de otros días…
- El bar de humo donde la vitrola muele un tango
- hace silencio cuando entran los músicos ciegos
- en fila, cogidos de la mano como elefantes,
- y entonan una canción golpeando sus bastones…
(Escenarios)
- Ciudades del hambre, de lo absurdo; frescos donde impera el claroscuro, las sombras, los fantasmas en penumbra. Cuadros que expresan la ciudad del terror, vivido y sufrido desde el interior del poeta en supremo estado de vigilancia. De esta forma, se entra a las comarcas de lo fantasmagórico. En el poema “Mujer invadida por fantasmas”, Roca explora un erotismo asediado por el placer y el miedo. La realidad y el deseo emprenden sus búsquedas y frustraciones en un mundo no construido para el goce. Son los fantasmas de la noche del cuerpo que invaden espacios prohibidos; figuras en una escenografía erótica, asediada y sangrienta, que edifican un ambiente de perseguidos por la muerte:
- Los corsarios que asediaban tus playas
- con galeones dorados a estribor de tu pellejo,
- los perros adiestrados
- que buscaban tu olor entre la hierba,
- la noche tocando tambores con un fémur
- entre la algarabía de los bailes estivales
- donde tus piernas desgarradas
- hacían la delicia de los hace mucho tiempo muertos…
(Mujer invadida por fantasmas)
- Estas atmósferas tratan de penetrar en la piel del lector con filosas dagas. Imágenes sensoriales que desgarran la superficie de lo real y se sumergen con todas sus puntas en lo normativo hasta sacudir un orden, una armonía. Caos y estremecimiento. A este poeta moderno le es dado fluctuar entre la identidad y la diferencia, y asume su distanciamiento desde la elaboración de espacios góticos y medievales para registrar un nuevo oscurantismo a finales del siglo veinte en las ciudades latinoamericanas. Simbologías medievales recorren los poemas de las series “Mester de hechicería” y “Presencia del miedo”; imaginería neorromántica y vanguardista, donde el mito de la naturaleza, antes divinizada y ahora secularizada, resurge gracias a esta fusión de voces provenientes de los grandes poetas modernos. La noche medieval se homologa con la noche del siglo XX:
- Por los corredores del tiempo oigo caballos
- sin freno galopando sobre los cráneos de los muertos.
- Las crines mojadas por la lluvia y el sonoro
- latigazo en los húmeros ijares:
- los cascos enrojecidos al regreso de la fiesta.
- Oigo la castigada piel de los siervos
- como un golpe seco sobre almohadones de sangre.
- Miro los bosques lastimeros donde los perros
- persiguen a un hombre apaleado
- o acorralan a la hechicera sediciosa de cabellos de fuego
- junto al río nocturno
- que atraviesa la aldea mordida por el miedo…
- (Memoria de negras cacerías).
- Evocación, invocación y fundación neorromántica y Surrealismo tonal. Hechiceras, galopar en la espesura, jinetes briosos, mensajeros de la muerte, lejanías. Roca somete el poema a un rigor de invención de asesinatos, persecución y castigo. La nueva inquisición ha llegado a las ciudades masificadas. La racionalización instrumental occidental se funde con la imaginería de las sagas sangrientas medievales. Aquí también, a lo Goya, los sueños de esta razón producen monstruos; la lógica del poder es terrorífica y no ha cambiado desde entonces. El poeta se sirve del pasado para hablarnos del presente y su futuro:
- La mujer perseguida por los perros
- (su vestido blanco hecho jirones)
- tropezaba con cercados de sangre.
- Esta es la larga noche de mi país,
- la larga noche
- con el cuerpo cubierto de algas y cuchillos.
- (La noche de las sagas)
- En la serie “Presencia del miedo”, última del libro, Roca une verso y prosa, donde la imagen poética no es descripción ni relato, es prosa que se esculpe en imágenes:
- El vuelo de ciertos pájaros espanta a los caballos. Con rojas espuelas la luna hiende el bosque. Fantasmas olorosos a hierba llegan por geografías de miedos ancestrales, por escalones de brumosas catedrales, por plazas de mercado frutecidas de rojo…
(El miedo)
- Más que una aproximación a la tradición modernista española, Roca ha hecho permeable en sus poemas los acentos, las pausas y los tonos de los poetas europeos y latinoamericanos de vanguardia. Los autores de los epígrafes citados en sus libros dan cuenta de ello: Georg Trakl, Saint John Perse, Yorgos Seferis, Álvaro Mutis, André Malraux, Novalis, Aimé Césaire…Por tanto, su poesía está en el plano de la tensión contemporánea, registrando el habla de los poetas modernos, el lenguaje de las urbes, sobre todo colombianas, donde los elementos de una premodernidad, vigente y usable; de una modernización tecnócrata sin planeación e impuesta desde arriba, sólo han posibilitado el sonambulismo ciudadano, la miseria, el atraso y la violencia. En medio de estos laberintos se mueven los personajes en la poesía de Juan Manuel Roca, aventureros del delirio, alucinados por el terror, el miedo y con las fobias del sonámbulo:
- Es el miedo. El que hace sangrar al hombre sobre el blanco muro de dientes de vidrio de botella. El que hace que dos sombras se arremetan en los recodos del campo o entre el bosque de piedras pone a correr los pies descalzos…
- Es el miedo el que aprisiona el faldón de la mujer en su huida por el bosque.
- (Presencia del miedo)
- Hay en el aire un ruido de rasgadas gasas y gotas de sangre sobre la nieve blanca. Se quiebra una rama en oscuros matorrales. ¡Atención! El asesino limpia su puñal color de luna.
- (El miedo)
- REFERENCIAS
- Bachelard, Gaston. (1980). El aire y los sueños. Ensayos sobre la imaginación del movimiento. México: Fondo de Cultura Económica.
- Durand, Gilbert. (1971). La imaginación simbólica. Buenos Aires: Amorrortu.
- Durand, Gilbert. (1982). Estructuras antropológicas de lo imaginario, Introducción a la arqueología general, Madrid: Taurus.
- Michelli, Mario de. (1994). Las vanguardias artísticas del siglo XX. Madrid: Alianza.
- Ortega, Julio. (Mayo de 1983). La escritura de vanguardia. Quimera, 31, pp. 56-60.
- Paz, Octavio. (1974). Los hijos del limo: del Romanticismo a la vanguardia. Barcelona: Seix Barral.
- Roca, Juan Manuel. (1976). Luna de ciegos. Cúcuta: Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus.
- Roca, Juan Manuel. (1977). Los ladrones nocturnos. Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional,
- Roca, Juan Manuel. (1983). Antología poética. Bogotá: Félix Burgos.
Roca, Juan Manuel (2013). Tres caras de la luna. Medellín: Sílaba.









