Toledo nos abre la perspectiva poblana y afirma que la actividad literaria en esta entidad mexicana goza de cabal salud porque poetas como Miguel Donoso Pareja, Raúl Dorra, Hugo Gola, hicieron escuela, pero la dinámica de búsqueda y de consolidación sigue y hoy existe un rico panorama lírico.
Dossier de escritores poblanos
Víctor Toledo
Presentación. Víctor Toledo
Roberto Martínez Garcilazo
Miguel Martínez Barradas
Roberto Corea Torres
Saúl Pérez Escamilla
Iván Vázquez
Jorge Márquez Murad
Rodolfo Herrera López
Víctor Toledo
La presente muestra de poesía poblana, desde escritores consolidados de la generación de los Cincuenta, hasta los más jóvenes que aún no cumplen los treinta años y otros en el inicio de su madurez, brota en general de la intensa fuente castalia de la Universidad Autónoma de Puebla, desde ésta se han lanzado importantes revistas de literatura y poesía, colecciones de libros, longevos y vigorosos congresos internacionales de poesía y literatura, conferencias, talleres, seminarios, conducidos por creadores o teóricos nacionales y extranjeros, amén de la facultad de Filosofía y Letras y de sus prestigiosos posgrados en Literatura Hispanoamericana. La cercanía con la capital del país ahora es más beneficiosa, sin dejar esta región de mantener su propia diversidad y de ser en sí un propio México, sobre todo porque la publicación y difusión digital ha logrado, desde una cara positiva un mundo más global y más profundo. Puebla antes de los años setenta se distinguía, sobre todo, por sus narradores y dramaturgos, de fuera llegaron las semillas y el abono que actualmente abrió una flora exuberante poética. No obstante, raíces las había y poderosas: Manuel M. Flores, el mejor poeta rómantico mexicano y Germán List Arzubide, el señero vanguardista: los más distinguidos poetas del no tan lejano pasado poblano, así como las reuniones de poetas prehispánicos cerca de la capital poblana, donde además de leerse la gran poesía mexicana de esa época se discutía acerca de Ser y de la esencia misma de la poesía. Ya un moderno Congreso de Poesía y Poética.
Dice Iván Vázquez, uno de los poetas jóvenes seleccionados, creador maduro y crítico bien formado:
Puebla goza de una gran actividad literaria en estos momentos. La fabulosa ciudad puede jactarse de la gran heterogeneidad de sus escritores que trabajan desde la periferia de la fuerza central de la ciudad de México y la abundancia de su poesía. La existencia de talleres, espacios y preocupaciones artísticas de ciertos grupos literarios, han forjado lo que hoy podría distinguirse como la nueva voz de las letras poblanas. Este mérito se debe por supuesto al trabajo fundacional de escritores y académicos como Raúl Dorra, Miguel Donoso Pareja o Hugo Gola, quienes laborando desde hace años en la creación, edición, enseñanza y traducción de los estudios literarios han cultivado noveles talentos en este estado.
Especialmente, hablando de poesía, en múltiples ocasiones se ha mencionado que el estilo de los poetas poblanos no es más que una vertiente de raigambre barroca, fiel a su historia y arquitectura exuberante. Sería un craso error seguir definiendo desde esta óptica la lucha de escritores contemporáneos que se han batido con distintos registros de escritura. Solo basta poner atención a los vehículos expresivos de algunos poetas que emergieron en las últimas décadas del siglo pasado, como Gilberto Castellanos, Gerardo Lino, Juan Carlos Canales, Julio Eutiquio Sarabia, Juan José Ortizgarcía, Roberto Martínez Garcilazo, Moisés Ramos, entre otros. Por otro lado, el clima tanto narrativo como poético presente en Puebla es enriquecido por la presencia de escritores que han hecho su carrera literaria sin ser originarios del estado. Tal es el caso de Víctor Toledo, Enrique de Jesús Pimentel, Alejandro Palma, Mariano Morales, etc., quienes proviniendo de diferentes vertientes estéticas gestaron el semillero de los talentos que hoy forman parte del círculo poblano de escritores sobresalientes.
Los autores aquí reunidos en este breve dossier han sido serios continuadores de aquella tradición enunciada, y por ahora su tarea consiste en reinventar la obra de sus predecesores, sin ostentar los grandes reflectores críticos que en ocasiones abruman y pervierten la función del arte. Llegará el día en que con propios pasos su lenguaje posea una manera particular y original distinguible al resto de sus colegas mexicanos. Por ahora sólo basta ser partícipes de esa variedad y pluralidad de sonidos y ritmos que se levantan entre el ruido poético del momento.
Roberto Martínez Garcilazo, San Andrés Chalchicomula, Puebla, el 25 de febrero de 1960. Estudió Filosofía, Música y Literatura en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Es fundador de las revistas Federratas e Ítaca. Trabajó en la biblioteca José María Lafragua de la buap. Publica ensayos, artículos y crítica literaria en Cambio, Catedral (suplemento de Síntesis), Ítaca, Página regional, Río (suplemento del diario Intolerancia). Ha sido director de la Casa del Escritor de Puebla y de Literatura, ediciones y biblioteca en la Secretaría de Cultura de Puebla. Becario del foeca, en poesía, 2000-2001, y en 2003-2004.
AJUSCO O EFRAÍN*
(El Xitle)
A Rodrigo Arenas Betancourt
Los días se mezclan, se entrecruzan,
se enredan en su oficio de espiral, en sus telares,
modelan el jornal de la hora en punto
y en el musgo del tiempo –partículas de sal del infinito–,
trabajan ciegamente el movimiento,
lo modelan segur a ras del suelo.
Abajo los días inventan horarios verdipardos,
se encuentran en las calles, acales de humo. Se evitan,
se aniquilan en cruz entre el estruendo.
Las que fueron lagunas, ojos secos adormecen.
De pronto, de los pistilos del ruido
la vista se levanta, dardo a vuelo,
y en lo alto, en la patria del relámpago,
en el prisma ancestral de la sorpresa,
la silueta del Tlatoani,
allá su penacho, su etérea soledad,
ala descomunal, allá, su cresta planetaria.
Silencioso titán, poblado de rumores, mudo y magnífico,
muy sobre las filigranas del tezontle,
sobre el naufragio de solios y canales,
por encima de los nuevos lenguajes, del estrépito,
su carne de piedra acumulada, nos vigila,
Piedra de sol, pirámide perpetua
con la piel desollada ante el espacio.
Su cuerpo de lava y de maíz,
Prodigador de pedregales en el amanecer,
llueve edades sobre el valle;
ecos de obsidiana
fluyendo en los arroyos
quemaron su epidermis orográfica,
su estar ahí, entre los pájaros
y la gramática enhiesta de los testimonios.
Hay un puño en lo alto, en el valle,
apretando sus venas de tierra enarbolada.
Nos vigila, ternura aérea, ronca, áspera,
sangre alta, negra en su altura,
en donde somos página tan suya, tan del tiempo,
sombra de sus ramas
tejida con flautas y reptiles, con ecos
que nos dan forma y palabra.
Nos vigila ternura áspera
que cabe en el vientre volcánico de Anáhuac,
en el viento, en el agua,
en el cadáver de algún grillo.
Gigante nuestro, protuberancia nuestra,
carne y sol de nosotros, los de tierra,
nuestro canto, atabal de nuestra arcilla,
nuestro sur, nuestro signo,
obelisco fincado en nuestra savia,
alumbrada con lámparas de todos nuestros muertos,
de los que nacerán bajo sus siglos.
Escalamos sobre nosotros mismos sus arterias,
abajo, la sed cuadriculada,
la cerrada geometría del humo,
a nuestros pies se estrellan los oleajes, su flor de pedernales,
suman manchas rojas como mapas,
el sol abajo sangra, se precipita por las escalinatas,
el tezontle tlacuila códices a corno oscuro
y hay un temblor perenne sobre cielos y casas.
El volcán precipita la mirada,
todo se observa desde nuestro abismo,
desde este cuerpo de vértigos azules,
de piedra respirando entre las nubes;
abajo se estremece el valle.
No somos el volcán,
sólo el invierno que sube por sus miembros,
la primavera ceñida a montañista
hinchándose en las gavias de la tierra.
No somos el volcán, sólo su vuelo,
su arrastrarse de barro;
no lo crecemos, nos crece en el asombro.
Varón del sur, abismo de su peso,
lengua en alto decir de la memoria,
¿vive águila o sol de este minuto?,
¿pájaro de lumbre?,
¿hoguera que arde alas?
Águila o sol, surco hacia arriba
naciendo en las raíces de lo aéreo.
*Aparte de la dedicatoria al gran escultor colombiano Rodrigo Arenas Betancourt, este poema es también un homenaje al poeta Efraín Huerta, para ello la pieza está resuelta en el mismo número de versos que contiene su poema El Tajín.
CANTATA DE LA VIEJA CIUDAD DE HIERRO
Esta es mi casa, mi amargor, mi gozo,
las paredes del aire la sostienen,
y las horas de mí a sangres vienen
desde los tiempos.
Un relámpago parte en dos la noche,
arco de luz, electrizado puente,
felino del pasado en el presente,
voltio del verbo.
Esta es mi casa, ahí, donde retozo
estas ansias de vida, este ferviente
sentirme mi ciudad, mi ojo, mi diente
y ser mi sueño.
Derroche del fluír, de humo en desgonce,
aterida armazón que hace del viento
crucigramas de hierro y de cemento,
miel y veneno.
Un relámpago parte en dos la noche.
Esta es mi casa, mi amargor, mi gozo.
Esta es la mi parte. Tengo.
Miguel Martínez Barradas
(Puebla, México, 1985)
Actualmente es estudiante de doctorado y profesor de Literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Como escritor, publicó en 2014 el poemario La pared del laberinto: ceniza y destierro.
* * *
He aquí el reino del hombre
donde todo es sangre y derroche
donde el pasado nos persigue
con un sílex de pólvora que desuella
igual que ayer
¿Dónde están los dioses?
¿Dónde los secuestrados?
En qué pirámide
moriré hoy
Qué guerrero águila
esconderá su rostro bajo una gorra
cuando clave su lanza
en mi pecho
En el reino del hombre
los descarnados existen
son vivos mutilados
vivos en el corazón
de quienes los aman
Cada nueva fosa
descubre una puerta
del pentagrama
El reino del hombre
es el ombligo de la luna
raíz y origen
vergüenza y descenso
Huitzilopochtli
murió torturado
en el cuauhxicalli
de un tambo con ácido
En esta esfera sostenida por columnas
se pasea un falso astro
planeta enano
Plutón
el Hades lleva el eterno fuego
donde la nave de las pasiones
flota
Mictlantecuhtli desterrado
El mundo corriente
ha anudado sus vísceras
Malkuth
México
* * *
Llamamos a la muerte
porque sabemos que no vendrá
porque no estará aquí
cuando digamos su nombre
Llamamos a la muerte
porque parece un chiste de mal gusto
que hace reír a todos
los que siguen vivos
Pero las manos ya huelen a azufre
Llevan el perfume del horno
en el que los cráneos explotan
pues todavía contienen a Dios
cuando son arrojados al fuego
El Sagrado estalla
y el Terrible ríe con cada cráneo
uno tras otro detona en pedazos
en astillas que se encajan en las plantas del tiempo
sin dejarlo seguir caminando
En los abrasados cráneos
han muerto todos los dioses
Llamamos a la muerte
porque no vendrá
pero si lo hiciera
ataría a la víctima del pescuezo
y a tu mano el extremo que hace explotar
a los infinitos Sagrados
Sólo entonces se dejaría de llamar al Terrible
La muerte llegó desde ayer
enfrentados al espejo
reconocemos nuestra soga
¿Quién en sus manos burlonas
sostiene el cabo
que romperá
con nuestro Sagrado?
* * *
Claro es mejor así
con la libertad en las venas
y sin la muerte a cuestas
con la vida en un tarro
que limpia con cada trago
el cochambre de las viejas palabras
de los viejos te amo
de los vivos te odio
En el ardor de este alcohol
en su caliente torrente amargo
empapa los delirios y las bellas palabras
arroja su retrato y quémalo
el amor es una enfermedad
de la que hay que curarse
Querida amiga
unamos nuestra alegría
talemos del alto tronco
los morados leños
para la hoguera del silencio
reconstruyamos
cada mañana
el roto espejo
en el que él y ella
tú y yo
coincidíamos
en nuestra vasta miseria
Amar es echar raíces
en un corazón ajeno
sentirlo propio
desdicha
si de aquella hierba
brota el fruto
del olvido
memoria impalpable ceniza
nuestras manos manchadas
revelan el anhelo
del fénix
Que la ausencia del otro
no sea el astro
que desilumina
nuestro camino
Roberto Corea Torres
Poeta nicaragüense de la generación de los Cincuenta, enraizado en Puebla ya hace décadas, ganador de certámenes de poesía en Nicaragua, autor de varios libros de poesía y editor de la centroamericana Revista Carátula que dirige el novelista Sergio Ramírez.
el mañana en escombros 190917
Horas tras días, segundos tras meses,
minutos y más minutos, el tiempo engulle.
Aparece la tragedia en paños menores:
un desnudo polvo, tierra minúscula,
ensucia los ojos sorprendidos,
la implacable sucesión de lamentos desarticulados
enciman dolor sobre dolor,
cruces en multitud figuran
el emblema inevitable del futuro de la pena,
como aullido de lobo en noche oscura una sirena
impone su exigencia:
¡déjenme entrar!
y la masa humana se abre,
pulula el hormigueo ocupado,
pedacería de ladrillos, techos fragmentados,
rocas –memoria–
piedras –historia–
cascajos –recuerdos–
se quitan con rabia,
el enjambre de manos picotea
las pulsa, las saca,
las carga en camiones.
Un grito se oye desde el fondo
de las paredes caídas,
cimbra la vocación solidaria.
Ojos sorprendidos se alegran
cuando ven salir al infante resucitado.
¡Bendita generosidad!
El trepidar de acciones continúa,
son legión los corazones doloridos.
“¡Castigo de Dios. Oremos!”
clama la creyente,
alguien la sigue,
otros corren, llevan, gritan,
cargan sobre sus hombros al asombrado dolor.
El sentimiento de la insignificancia ante la poderosa natura
impregna las almas,
pobres partículas al garete,
sin más destino que su efímera
permanencia ante la majestuosidad del universo.
¿Qué somos?
Ahora aguardamos la cruda densidad
impuesta por las horas negras:
recuento ingrato,
mudez en vilo sobre pálidos labios,
resequedad silenciosa incrustada en la sangre,
desgracia a desgracia.
Ya no hay hogar,
la algarabía infantil ha sido enclaustrada:
ha desaparecido la ilusión.
Llorar no alivia,
pero el hombre llora,
la mujer sufre, apretadamente.
La impotencia se torna sal de su ser.
Una muchedumbre de fantasmas
recorre las calles,
procesión silente
con el ¡ay! suspendido en los cabellos,
reclamando,
aullando sin abrir la boca:
Mis hijos, mis padres,
mis hermanos ¿dónde están?
estancia en la transición
No me detuve a verlo
porque el camino
a una misma velocidad
puso el velo
el reloj se detuvo
en la
polvorienta estación
el techo-lámina
desvencijado
rojo sangre al cielo
volvió a verme
cuando a fuerza de sudores
me senté en la banca
los pies cansados
tamborilearon el piso
un repentino parpadeo me devolvió
presto
a la realidad de este
siglo nuevo que
revienta en
adminículos electrónicos digitales
noctívago
El noctívago:
el amante de lo oscuro:
de esa genuflexión a la luz que
nos aleja de su alumbramiento.
El caminante discreto,
el que va más allá de la luz apagada,
habitante cercado por los despojos de la jerga.
El hambreado nocturno,
obrero de la noche,
de ese aleteo del tiempo
consanguíneo de la memoria.
El clandestino,
ese perezoso:
el eterno desvelado.
Saúl Pérez Escamilla, poeta náhuatl. Estos poemas son sus propias traducciones de esta lengua. Naupan, municipio de la sierra norte de puebla en 1992 Estudió la educación media superior en su comunidad y en la Ffyl de la Buap. En 2015 ganó el XXXI premio de cuento nahuatl que convoca el consejo estatal para la cultura y las artes de puebla. En 2017 obtuvo el segundo lugar del concurso «Lengua que vive» en la categoria de poesía, convocado por el Instituto Municipal de la Juventud y el H. Ayuntamiento de Puebla
Ti’tekijtikate
Chipak i’yayo inon kuauitl
I’yolo miyotia
Tech ualmaka yolilistli
Tiaue ti’atlakuike, timoseuiaki
Yo’tisiajke, in to’uik peua tlatsiui
Iyixko in tlako tonali.
In teme ki’tlalyeualuiake
nochipa kipipixtikate
I’yalakyo in aukuauitl
Tlatsintla temo uan mokueptij
In tlateochiual’amanali
Tlen texchia ikuak tiaue ti’mochikoseuaki
Axan in mili yoltij
Paki I’selis in sentin
Yelototon yauitsin uan xokoyoltsin
Choue ti’tlakua, ueka poliui inin tonali
Poliui tik’popouaski I’tlakayo in to’tlakualtsin
Nepa keski metstli, to’sentsin tik’asiske
Pakiuas in to ameltsin
Uan tiaske titemaktiske
Keski sentoton to’nantsin.
Trabajando
Limpia es el agua de ese árbol
Respira su corazón
Nos otorga vida
Vamos a traer agua, descansamos
Ya nos cansamos, la pala empieza a tener flojera
Frente al mediodía
Las piedras la rodean en tierra
Siempre están vigilando
La savia del encino
Que baja y se va volviendo
El sagrado manantial
Que nos espera cuando vamos
A levemente descansar
Y hoy la milpa va creciendo
Se alegran los retoños de la mazorca
Elotitos tiernos negros y rojos
Vayamos a comer, falta terminar la jornada
Falta limpiar el cuerpo de nuestro sagrado alimento
De aquí a unos meses, nuestro señor maíz encontraremos
Se alegrará nuestro noble manantial
E iremos a ofrendar
Nuestro maíz a la virgen, nuestra madre.
Akin’teua
Akin teua, keman o’tiasiko
Tleka teua oksepa,
Kanin o’tiaka, kanin o’tipolijtoyaki
Nochi nik’neki nik’matis
Tleka yo’tik olini no’yolo
Neua o’nik nekiaya ma’tsakto
Tleka yo’kikoko tlen yo’kipanok
Nikan axan yo’timoasike
Yo’nijkak mo’kamatlatol
Tlen kualikas mo’kuikuikal
Mo’kamak kakisti
Ken kukuikali petlani
Uan maski ueka ti’ka
Maski amo nimits’itstok
Mo’tonal yo’asiko no’nak
Uan yek yo’nimits ix’itak
Amo no’tekiuj kanik o’tinene yalua,
In otli tex’chiatika
Neau noyojki o’ninenekayaya
Uan o’nimotlam’tekuini
Mati kanin o’niueuets
Uan o’nimotlam’uitsui
Uelis teua kuali ti’nech pepenas
Nochi tlen yo’techpanok
Ma’yauj, ma’kimalintij yeyekatl
Matikilkauakan akin opanok to’ixpan
Uan o’techkajteuak,
Choue tik’yeyeko
Ti’mopatiske,
Kanin o’techkokokoke,
Istak to’tonal oksepa mo’kuepteuas.
Quién eres
Quién eres, cuándo llegaste,
Por qué tú otra vez,
Adónde habías ido, dónde estábamos perdidos,
Todo quiero saber,
Porque ya has conmovido a mi corazón,
Yo lo quería mantener cerrado,
Porque ya la ha dolido, lo que le ha pasado.
Acá hoy nos hemos encontrado,
Ya he escuchado tu voz,
Que traerá tu canto,
Tu voz suena
Como canto que brilla,
Y aunque lejos estás
Aunque no te he visto,
Tu alma ya llegó a mi lado
Y ya reconocí bien tu cara.
No me importa dónde caminaste ayer,
El camino nos espera,
Yo también vagaba
Y tropezando andaba,
No sé dónde habré caído
Terminé todo espinado,
Quizá levantarme puedas.
Todo lo que ya nos ha pasado
Que se vaya, que se lo lleve el viento
Olvidemos a quien haya pasado frente a nuestra cara
Y nos abandonó,
Las heridas causadas
Vayamos a intentar
Curárnoslas,
Se tornarán blancas otra vez
repentinamente nuestras almas.
Mo’uan
O’tinechnots
O’tinech ilui xi’ualaj,
Nepik o’niktlali no’tlamamal,
O ’nitsekuin, a am’ueka o’tikatka
“yi’nikik niaj, sa’chiton uan ni’asis,
O’nimits tlakuiluitaya
O’niasito, o’tinech ixnamik,
Kualtsin nestikatka chichil’chipak
Mo’kamak,
Uekaj sankema o’tlapoyaj
Tel teua ti’meyo’petlantikatka
Kanin o’uilouak mo’nana?
O’nimits’tlatlani,
Amo nikan kochiuas,
O’tinechilui, ne’kuepalos
Sankuel yi’tlaka
O’tiake kalitek, o’tinech tlamakak,
Uelik nektik maski san chiton
Atl o’tinech’makak,
Choue, axan choue tlakpak,
O’tikito,
O’nikitski mo’man, o’nia mo’kuitlapan
O’timoixnamijke oksepa uan o’titlatsak,
Ken tletl o’yoltikatka
In to’tlasotlalis tlen o’tik yolitike,
Ikuak o’mosekinin’tlalike to’kamak
Opejke ti’seseuike
No’yolo o’tlatlak uekaj,
O’kichixtikatka inon youali,
O’uaktikatka, onimits chixtikatka,
O’nipolij itech mo’tlachialis,
Otiake, o’tipatlanke matin’kampa
To’tlakayo o’mochijke seya,
Uan tlapouali o’mokets,
In kaualistli o’ya
O’mokitskike to’mauan
Uekaj o’tiyoltikatkake
I’tech I’mikilis in tlayouilotl,
O’nikoch chiton,
O’nimits yektekocho chikak
O’niualisak mo’majko
Oksepa o’nitlakat mo’nak.
In tonaltin popoljtiue
Otia, ayakomo kema onikitak
Chipakton mo’xayak
Tla´kuali nimits itani
Tsiluiani:
“Amo’kema nimits ilkauas”.
Contigo
Me hablaste,
Me dijiste ven,
Dejé a un lado mi yugo, mi carga,
Corrí, lejos no estabas,
“Ya voy por acá, falta poco pa’llegar”
Te iba escribiendo.
Llegué, nos miramos de frente
Se veía hermosa, la pureza roja de tu boca,
Largo rato ya que había llegado el ocaso,
Pero tú resplandecías,
¿Adónde fue mamá?
Te pregunté,
No dormirá aquí, dijiste,
Volverá tarde ya a media mañana.
Nos dirigimos a la casa, me diste de comer,
Sabrosa y dulce me diste en sólo un poco de agua
Vamos, ahora arriba vayamos,
Dijiste,
Tome tus manos, fui a tus espaldas.
Nos encontramos de frente otra vez,
Cerraste,
Como fuego ardiente estaba creciendo
El cariño que construimos,
Cuando se juntaron nuestras bocas
Comenzamos a apagarlo.
Mi corazón se quemó largo tiempo,
Estaba esperando esa noche
Se estaba secando, a ti te esperaba,
Me perdí en tu mirada,
Nos fuimos, volamos al infinito.
Nuestros cuerpos se hicieron uno,
El tiempo se detuvo,
El silencio se fue,
Mientras nuestras manos se tomaban.
Largo tiempo estuvimos vivos,
En la muerte de la noche,
Dormí un poco,
Te abracé fuertemente,
Desperté entre tus brazos,
Nací otra vez a tu lado.
Los días se van borrando,
Te fuiste, nunca volví a ver,
Tu chapeadita cara,
Si pudiera verte otra vez,
Te diría:
“Nunca te olvidaré”.
Yalua
Yalua, nono keman o’panok?
Ma’ka o’nikitak mo’amtlimil uestkilis
Mo’pakil uan kanak tlamachilis
Mo’kamaktlajtol kuikal,
In tonali petlantikatka mo’yeualko,
In tlapouali tlen te’sekinintlalia
Uan tech’chialtia pakilistli
Sanima oksepa kichiua ma’timi kakauakan
Uelis no’xoanalis mits temoske
Mo’kuepaski aj’teua,
Uelis I’yitek in kuajyo ti’nech asis,
Ken o’nimopolo
Ipan mo’kualtsinyo tlamantik ok’setik,
Se tlapitsalis itstik nech’ patlanis
Aj’in mauistik tlalpan tlen iksen ti’nenemi
In mets’tentika nech’uikas
Tlatsintla mo’pantlachial’teskaj
Oksepa ompa ni’tlauaualchokatuij.
Ayer
Fue ayer, o cuándo fue?
Que vi tu inacabable risa,
Tu feliz y tenue calma,
Tu voz cantando,
El sol brillando a tu alrededor.
El tiempo que une y depara felicidad
A un tiempo separa.
Quizá mis pasos te busquen,
Regresen a ti.
Tal vez en el bosque me encuentres,
Que me perdí,
En tu encanto mágico especial.
Un soplo de viento frío me volará
Al árido y tierno suelo que pisas a diario,
Una luna llena me llevará
Bajo tu ventana
De nuevo a aullar.
Iván Vázquez
(Puebla, México, 1985)
Ensayista y poeta poblano. Cursa actualmente el Doctorado en Literatura Hispanoamericana en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). En 2010 fue publicado en la antología de poetas jóvenes De cinco a siete, bajo el sello editorial de la colección Alejandro Meneses (BUAP). Docente de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP) realiza una indagación acerca de los aportes estilísticos e influencia de la obra poética de Octavio Paz.
Amilamia
los arqueólogos están en un grave error.
Ni las siete maravillas del mundo antiguo y moderno
resguardan tanta perfección como la que atesora y encuentro
bajo
tu falda.
El pan nuestro de cada día
Y con justa razón decían
que estabas deliciosa
En mi boca
suave es el sabor de tu pan
y vertiginosa
corre la levadura
de tus piernas
en mi nariz
Yo no soy culpable de tener
harina en las manos
pero sí
de tener la barriga vacía
y el corazón contento.
Sincericidio
A estas horas
no hay nada que pueda
detener tu rumbo
serás la destrucción
total de la distancia
alejando tus dulces linderos
de esta sombra absurda que soy
serás mi voz calcinada
por el suave espumarajo de luz
en el relámpago de la noche
Y todo en mí empezará a caer
todo se derrumbará por su contrapeso
como cae
la luz
el polvo
la palabra
en los lúgubres cúmulos del fuego
Y ebrio
por el movimiento vago de mi sangre
hervirá íntimo el dolor que me amarga
y a estas horas
ni tomar un tropel de alcohol del 96
curará la costra oscura
que soy
que somos
— o en el peor de los casos —
que fuimos.
Jorge Márquez Murad
(Ciudad Serdán, Puebla, 1961)
Ha publicado Asir y Atar, en la colección La abeja de Perséfone de la Buap, Eleusis Zen en Leviatán, Argentina, entre otros poemarios. Actualmente es director del Colegio Humbolt en Puebla y escribe su tesis de Doctorado en Literatura Hispanoamericana de la BUAP.
Presentación
He traído un traje astral para vestirte,
he traído el sueño que despierta en el ocaso,
he traído la ofrenda del pez multiplicado,
el pan de luz,
el aire,
la aspiración más alta del perfume,
el oro en incienso transmutado.
He traído lo necesario y lo que siempre falta,
lo que mañana echarás de menos,
lo que nunca se movió de donde estaba;
todo lo que pudo ser y lo que nada fue he traído.
He traído lo que no traje,
lo he visto,
ahora que iba a la deriva lo he visto
y lo he traído.
He traído el final,
he traído el principio.
Aérea salmodia
San Ambrosio, Aurelius Ambrosius, protege a tus hijas;
canta el canto que las guíe al corazón de Dios.
Al corazón de Dios nos dirigimos, cantan por su parte las abejas.
“Las abejas huyeron del paraíso cuando los hombres cayeron en pecado”,
afanosas buscaban el tono absoluto.
Abre tu canto, Aurelius Ambrosius, de monódico a melismático,
que tus hijas quieren cantarlo,
abre tu canto columna de luz.
La bendición divina viene hacia ellas. ¡Abrid el templo!
Cultivaremos abejas como flores aéreas
“no tanto por la miel como por la cera virgen que las abejas producen. Arde limpiamente, con un perfume suave y una llama clara y la connotación de ser producido por abejas vírgenes”.
Danos una prueba,
de tu dulce amor, como se dice, San Ambrosio.
Siembra un salmo, pero en el aire, antifónico;
la conquista de Siria y Palestina será la semilla.
Danos una prueba de luz, dicen las abejas, protégenos.
Ingressa
Introitus
Psamellus
Alleluia
Jubilus.
Cantus,
Post Evangelium (que no tiene equivalente en el rito romano)
Offertorium
Confractorium
Transitorium
Más no les puedo dar.
Es la música de Dios.
Únanse a la música de Dios.
Nota: San Ambrosio de Milán, Tréveris, c. 340 – Milán, 4 de abril de 397. Obispo de Milán, uno de los cuatro padres de la Iglesia Latina y uno de los treinta y seis doctores de la Iglesia Católica. Importante músico medieval. Se le considerada patrono de los apicultores.
Bedzhe Manuel Contreras Borislova
(Moscú, Rusia, 1992)
Publicó su primer libro de poemas a los 8 años. Ganó el Premio Nacional de Poesía Joven para menores de 18 años en el año 2007. Terminó la carrera de arquitectura. Actualmente trabaja como diseñador y continúa escribiendo.
Cuentos miedosos para niños escalofriantes
Cierto día Vanessa miraba al cielo y se preguntaba. – ¿Por qué no puedo ver las estrellas de día?– Resopló el cabello de su frente y tras un largo suspiro se fue a jugar. Ella vivía en el bosque con mami y papi que la querían mucho, y por eso todos los días sin falta alguna justo a las seis de la tarde, llamaban a Vanessa para regresar a casa porque a esa hora el bosque comenzaba a ponerse muy oscuro. En él habitaban muchos animales extraños que querían robársela.
Después de cenar jugaba a ser una estrella, ella miraba por su ventana encantada de ver al cielo nocturno, imaginándose brillar junto a sus amigas las estrellas. Tenía de todo, botas con lucecitas, brazaletes y collares que brillaban en la oscuridad y una mochila en forma de estrella, brillantina, colores fosforescentes y hasta una linterna que proyectaba una gran estrella. Cada que la veían correr por la casa con su pijama de estrellitas pedían un deseo -¡Qué bonita estrella fugaz!- Le gritaba su mami tiernamente.
Cierta noche, en su rutina de ver al cielo estrellado Vanessa vio caer una estrella en el bosque y sin dudarlo ni un segundo salió corriendo con todo su equipo estelar. Muy al fondo del bosque se veía una luz palpitar, amarilla, azul y blanca, siendo más de las seis y conociendo los peligros Vanessa tomó valor y echó a correr muy deprisa adentrándose en el negro bosque. Sus brazaletes y collares brillaban, sus botas prendían y apagaban, y por toda la luz y el ruido comenzó a llamar la atención de los animales, ¡Un ojo, tres ojos y muchos pares de ojos comenzaban a abrirse en la oscuridad! Así que encendió su linterna de estrella y comenzó a apuntarles con la luz para ahuyentarlos. En las sombras se veían las siluetas de lobos con dos o tres colas y murciégalos gigantes, aun así continuó caminando bosque adentro protegiéndose con su linterna.
Cuando llegó se fascino al ver que la estrella que había caído era un niño muy brillante, ¡todo su cuerpo y su ropa relucían! Vanessa se quedó mucho tiempo a ver si despertaba, pero el chico brillaba cada vez menos y segundo a segundo se estaba apagando al igual que su linterna que se estaba quedando sin batería. La noche avanzaba sin parar despertando así, a más y más animalejos.
De pronto tuvo una idea, rápidamente sacó de su mochila la brillantina que al momento esparció sobre el niño estrella, ésta comenzó a brillar sobre el niño, recorriendo todo su cuerpo con una luz hermosa hasta que por fin despertó. Le ayudó a levantarse, pero el niño comenzó a flotar, su luz era tan intensa que todos los animales que miraban al acecho huyeron. Vio a Vanessa y le dijo:
– ¡Hola! ¿Qué ha pasado?
– Te caíste del cielo- Respondió ella.
– Oh, ahora lo recuerdo, estaba viajando a toda luz y me tropecé con un asteroide.
– Entonces perdiste el control y te caíste aquí- Dedujo Vanessa.
El niño confundido al verla toda vestida de estrella le preguntó:
– ¿Eres una estrella como yo?
– Si- mintió ella.
– ¿Y por qué ya no brillas ni flotas?
– Es que se me terminó mi polvo estelar, utilicé el último que me quedaba para salvarte- Volvió a mentir.
– ¡Eso tiene arreglo!- Y entonces el niño tocó a Vanessa regalándole parte de su luz, comenzó a brillar y a flotar, ella gritaba de emoción y volaba de aquí a allá.
Juntos regresaron a casa y mamá y papá no lo podían creer. Ella les dijo que quería ir a viajar con el niño y esto los puso un poco tristes pero sabían que su hijita siempre quiso ser una estrella, así que le dieron permiso de irse a volar por el universo con el chico de las estrellas. Vanessa abrazó a sus padres y se fueron.
Todavía de vez en cuando mami y papi miran al cielo esperando el regreso de Vanessa. Si prestas mucha atención, podrás ver dos estrellas fugaces pasar, como si estuvieran tomadas de la mano.
Rodolfo Herrera López 16 de junio de 1987. Puebla, Puebla. Ha publicado ensayo, artículos de opinión y poesía en distintos medios impresos y digitales. Licenciado en Literatura Universal por la UDLAP y maestro en Literatura Mexicana por la BUAP. Director de talleres de expresión literaria donde sus alumnos han obtenido consecutivamente los primeros lugares a nivel nacional en diferentes géneros.
y ofreció uno de sus ojos para beber de la fuente
: (a)parece escarcha, fiordo que trasciende mis capullos
savia en que él se mira y navega / y se agota con su cuerpo herible
que se abre para poder reconocerse, para hender las puertas
que algún día, cuando sean los días, regarán mi tierra
pero el agua es ahora otros sonidos y el viento no deriva de mi oriente
sino de velas
atadas con la sangre de sus manos, para así continuar eternidades
origen es el rumbo de aquel que lo ha sentido, que ha remado en desaliento
singlar para el ciclo de mis piedras, sangrar para el brote de tus huesos
bregar para ser el que proteja / antes
de alumbrarse el abismo
con heimdal que escuchaba crecer la hierba
(tronco del periodo previo)
en el aura aún no existe el aire
sino la forma de hambre e ira
antes del alma
somos destino
ulterior a los brazos del viajero
para buscarlo en la planicie
cuando sea-marga
y en ramas cabalgó hacia la mañana
(rama del periodo primero)
comienz(h)a(z) del abismo a verme, lífþrasir
con alas surgiendo de una seda vulnerable
al irte iluminando serás sin mi refugio
al deshilar el sotobosque
(rama del periodo segundo)
cálida y húmeda
mi cesta estrepitosa
colmada de almendras
cae labrando verterás hasta sumirte
las grutas de mi sangre y jadeíta en la frialdad del álef
(rama del periodo tercero)
símbolos del fuego aedes
y la marea aestus
se ve la distancia de los lobos
para el orden y el olor de las semillas
qué harás fugaces
rodando por mi rueca
(rama del periodo cuarto)
musgo
más en voz-que rama nueva
con la húmeda hojarasca cerca
del nombre en polvo tuyo
el alfabeto
(rama del periodo quinto)
halcyon senegalensis en tus manos
caricia y un lindero
para el signo en que me nombres lazo y lar
(rama del periodo sexto)
eres hijo de las ramas
corbícula y pistilo cabalgando
para coronar a lo que brota
(embla a ask) desde el tejo
a la cima de cenizas donde el águila descansó al llegar la tarde:
(follaje del periodo séptimo)
bajo las rutas de las ramas
miro el nido-nde anda la marea
que enciende
las hojas sobre el fresno
paz mía que me entregas, polygala
tus granos de arena
mojados, el color de tus seres
cálidos, y el sonido de él en el aire
alrededor de tus “cumbres hay tranquilidad
sobre todas las copas de los árboles”
nos reunimos
templos de cebada en el valle de cántabros
el recuerdo del dios sobre la piedra
mientras el lago entre tanta espesura
fija sus propias duraciones
yo, con el placer y devoción de caminar sobre la ciénega
me lleno de manglares
(los dejarás después del allerød)
para escucharme como noche en alguna de tus cuevas
con el brillo de los grillos dibujando
mi peregrinaje alrededor de las vasijas
el árbol de ámbar y la abeja
nutren dedicadamente, pero tú abandonas
y el lugar de los helechos se consume seré olvidada
por tu propio movimiento al cerrar las puertas
lleno de ruido
será siempre
filoplumas guardadas en vasijas
que respiran: verano, invierno
vidrio en torno al olmo
donde quizás navegue
usando la madera dentro
de un camino en las disámaras
movidas delante
(del) habla
freiya :
Bet