Profesor en letras, crítico literario y de cine, fundador de la Primera Escuela Literaria del Teatro IFT., es un poeta argentino cuyos versos parecen dialogar con el movimiento no de la cámara sino de la Tierra, de la historia, de su mente.

POEMAS DE HÉCTOR J. FREIRE

                         FOTOS DE QIBYA*

        En vano se bañó nuestra noche con la fragancia de los naranjos.

                                                                                     Yabra Ibrahím Yabra **

                                                         I

En Qibya la luna brilla como nunca, y los perros

aún devoran el corazón del sol.

Un anciano se levanta a tientas y maldice en voz baja:

“- Somos como pájaros en el suelo que intentan desenterrar sus alas,

y se consumen y no cesan.-“

Mientras la mujer de ojos transparentes, ensangrentada

camina entre los muertos buscando a su hijo.

Hay en este sitio un vacío siniestro,

como si el destino estuviera anunciando

la aflicción de un futuro traicionado.

Todo es aquí como el sueño perdido del bien,

el triunfo imposible de la memoria

que siempre olvida: esa mezcla de pasado y deseo

que despierta con luz primaveral los frutos de la sombra.

Sin embargo, ese árbol tronchado, aún no ha muerto,

y esas piedras que resisten debajo de las balas

los tormentos del polvo y del viento

para forzar al hombre, y sólo por un instante,

aprender de la humildad del ciprés y del olivo

que cuanto más altos son, más se doblan.

                                            II

En la Noche del Alma, en Qibya, una corriente secreta

inscribe en el temblor de las ruinas, la invitación al ruego:

“-¿Hace falta más muerte, todavía?-“

La herencia de la pena desteje el luto para ver

los preciosos huesos de la luna.

Nadie tendrá después que bordar las culpas

y cubrir sus rostros con la oscuridad cargada de tragedia.

Fueron cuerpos vivos en los esplendores de la mañana,

y ahora son nada más que residuos trizados por el odio.

Polvo en los paisajes del desierto, apenas unas manchas

sobre una blanca pared, sola en la intemperie.

*Qibya es un pueblo palestino de Cisjordania, cuyos habitantes fueron masacrados por tropas del Ejército Israelí (Unidad 101) el 14.10.1953. El Coronel Ariel Sharon (después 1er. Ministro Israelí), fue quien dirigió las tropas en aquel siniestro día. La “Operación Shoshana” (a la memoria de una de las víctimas judías del atentado que desencadenó la represalia) produjo 70 víctimas mortales, entre ellas mujeres, ancianos, niños, y la destrucción de 50 casas. En aquella época, la masacre fue reprobada unánimemente en todo el mundo, y condenada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Y fue vista como el inicio de la política controvertida de represalias desmedidas, y sistemáticas aplicadas hasta la actualidad por el Estado de Israel.

**Yabra Ibrahim Yabra, es uno de los más representativos poetas palestinos. Nació en Belén en 1919 y murió en Bagdad en1994. Uno de sus poemas más importantes y difundidos se titula Qibya. El acápite, a modo de “disparador” y homenaje, corresponde a un verso de dicho poema.

NATURALEZA MUERTA  

                                        (Canasta con frutas, Caravaggio)

                  Nada hace prever en el color de las frutas

                  su muerte próxima.

                  Sueñan al borde de la mesa

                  donde se agitan suavemente

                  en las ramas más altas y flexibles.

                  Instauran la armonía de los cuerpos blandos:

                 -lo bello suele estar cerca de lo corrupto-

                  Unidas por un hilo de luz,

                  esas frutas no son más reales

                  de lo que pueden serlo en una pintura.

                  En esta “naturaleza muerta”,

                  una luminosa cortina amarilla se deja caer

                  más allá de la espesura de los años.

                  Al amanecer los simulados árboles

                  se volverán a mostrar tras las sombras de las hojas.

                 Y sin embargo, en esta canasta con frutas pintada

                  en 1596, por el violento y fugitivo Caravaggio,

                  un claro resplandor se seguirá esparciendo:

                  el silencio de una escena única que se precipita

                  sobre el dibujo animado del horizonte.

                  “Su valor radica en el hecho de estar aquí y no allí”.

                  Ahora, el sol proyecta su dedo de sombra

                  sobre el lienzo y rompe la permanencia

                  con que se disfraza: es una luz íntima

                  y este instante es perpetuo.

PINTURA

En su zoología de intimidad, el gato de Hokusai 

destaca el impudor que pretende evitar,

la infinitud de aquello que los humanos ignoramos.

Quizás por eso, su ocio nos resulta demasiado trabajoso.

En ese “vacío pictórico” – inservible a efectos descriptivos-

se ajusta el contenido de su imagen:

una humilde silueta recortada que elimina cuanto sobra.

Por un instante ese signo de mesura

nos hace olvidar la violencia del mundo.

JARDÍN ZEN*

El tiempo ancló ahí su punzante trabajo de cirugía.

Sin embargo, esa piedra simple, irregular, austera

parece restituir al jardín la luz lunar almacenada.

Su escrupulosa exactitud hace que el grano de arena

más ínfimo  se convierta en infinitos destellos.

De tanto ser mirada esa “piedra de sol”,

se ha vuelto transparente, su realidad innata

hace del ritmo del cielo, un mar sin espesura.

El instante que brilla y se abisma en sí mismo,

y nunca desaparece por completo.

Hay momentos imposibles de medir y contener:

son bendiciones inmerecidas e imprevistas.

Semillas que estallan y describen

la naturaleza inmóvil del tiempo.

Ahora la luz,  en el centro del jardín

se vacía de su sombra:

un pájaro se ha detenido en el aire.

Es como un sueño que no encuentra cuerpo para soñar,

un agua muerta de tanto estar despierta.

* En el templo Ryoanji de Kyoto, hay un jardín zen de arena blanca y grano grueso, que tiene la virtud de reflejar los rayos de la luna. Esta arena, rastrillada por los monjes en rectos surcos paralelos o en círculos concéntricos, forma una “pintura abstracta” en torno a rocas irregulares.

CAMINO A EPIDAURO

                                                               El Espíritu es una cosa que dura.

                                                                                         Henri Bergson

Cada pedazo de tierra es una construcción en ruinas

que no se repetirá nunca,

una escritura cifrada detrás de la cual

plantas y animales se encuentran por primera y última vez.

Sólo la abundancia verbal para el saber sin nombre de las piedras,

mientras los Tholos de Asklepios* son el primer reflejo

de la eternidad en la luz, el silencio como aura: color marfil y oro,

fruto abundante entre los dientes de Artemisa.

Impasibles, los insectos se han detenido en el follaje

y sólo los árboles parecen estar vivos:

“Dionisio ha sido domesticado por la mirada de Apolo”.

Ahora, la sombra disminuye y los mismos árboles

conforman un único punto ante el vacío ficticio

de las manchas de sol del otoño.

Brillan negros y blancuzcos,

a la vez son frágiles y ricos en movimientos

que apenas se perciben.

Ningún sonido revela la proximidad de una presencia,

y a su alrededor parece duplicarse el silencio del mediodía.

En ese instante de lamento sonriente, el porvenir es traicionado:

-“Grecia es un fósil saturado de sol”-

Ahora reluce la niebla y tiende un velo palpitante sobre la lejanía.

Hay cambio e intercambio; en Epidauro

nada permanece y nada desaparece por completo.

-“¿Y qué otra cosa necesita este paisaje?”-

Se disipó el día. Se escucha un sonido desde la oscuridad.

Es la hora en que “la vida paga el óbolo de la hoja de olivo”.**

A lo lejos, entre los cipreses y los almendros,

mujeres de negro parecen flotar inmóviles.

*Antiguo templo de Esculapio.

**de un verso del  poema Lacónico de O.Elytis.

CLARIDAD SIN SOL

(Contemplando una vieja fotografía)

                                       Lo real debería ayudar a vivir los sueños.

                                                                                        Para Tito

La boyita blanca se hundió de golpe y sin avisar,

y un pez plateado iluminó el agua como el follaje

encendido de los árboles en las tardes de otoño.

En ese “instante vacío” los tiempos se entrecruzan

y nuestra relación con el paisaje se invierte:

más que recordar sentimos que el pasado nos recuerda.

-Pero la memoria es aquello que a medida

que nos acercamos nos aleja.-

Ahora el viento persiste con su presencia sin cuerpo

y barre las hojas ante la claridad que muere:

-Paciencia y lentitud-

La luz se ha comprimido en el rincón

más oscuro de la fotografía,

tiene miedo de estar perdida:

el peso de las sombras cierra todas las puertas,

y finalmente desaparece, como el recuerdo

de aquella escena  junto al lago en la que mi padre

me habló de los misterios de la pesca.

A veces, se tiene la impresión de habitar una imagen,

el sentimiento de que el tiempo, al igual que aquel pez

súbitamente está fuera del cuadro.

Y en silencio avanza, y a medida que crece su presencia

disminuye la del que la contempla.

Sin movernos, la memoria nos cambia de lugar,

nos da y quita realidad.

                                     BELLA Y TRISTE

                                                 “…estas que ahora nacen son las glicinas muertas”

                                                                                                       P.P.Pasolini

                        Bajo el sol itálico la irreductible glicina de Pasolini

                        es una plenitud dorada demasiado femenina

                        para ser una simple flor: un letargo de siesta encumbra

                        con calma su tiempo frágil exento de presentimientos,

                        neto fruto fugaz lanzado por la luz.

                        Cuervos cuerpos anodinos: picos invadiendo

                        curvados soles hasta agotar sus días de horizonte rojo.

                        Su apremiante cuerpo desnudo es el espejismo del recuerdo

                        que se disipa en un frágil pacto cuerpo contra cuerpo.

                       Bajo la cegadora luz del mediodía la glicina de Pasolini

                       quedó sorprendentemente blanca, parece una ciudad de hielo

                       en las nubes, una luminosa lámina de agua clara dividida en franjas

                       tan nítidas bajo el cielo blanco las transformó en campo de hielo.

                       Cortado por acequias: la luz, la desolación, los pájaros,

                       la magia boreal del color.

                       Todo parece boreal en su tragedia de silencio.

                       Y aquí entre las glicinas de Pasolini,

                       la realidad satisface la imaginación: resplandecen,

                       diríase como un dolmen marino  en una niebla de incendio.

                        Un resorte pronto a saltar en cada pliegue de su inefable anatomía,

                        al antojo de las lluvias embalsamadas en su memoria.

                        Ahora las moscas se detienen frente a su espejo de sombras,

                        inmóvil el sol conduce al pájaro sobre ese mar de flores:

                         es un pequeño bote, también una soberbia roca de seda,

                         mientras el aire se derrite liberando su vestido transparente.

                         Todo es feroz e impecable, mientras siga el sol, el fervor adorable

                         de las glicinas de Pasolini abriéndose suave y lentamente

                         en una danza de sangre y latido, ardientes sus pezones

                        se erigen como cuerpos   torpes y magníficos,

                        y lanzan una sombra  para desplazar los espacios libres

                        donde se ocultaban.

                         -¿Cómo harán eso?-,

                        y dejan una estela de plata como pequeño gesto a la noche.

                                          CHAUVET

                                                            No eres más que un huésped oscuro

                                                            sobre la tierra tenebrosa.

                                                                                                      Goethe

La luz de una antorcha rústica ha puesto sus dedos

de carbón de pino sobre las frías paredes de la cueva.

Objetos familiares venerados en la simplicidad

de un drama natural de más de 30.000 años.

El silencio de Chauvet se apaga y las pinturas arden:

el lomo musculoso de un león, una grieta en la roca

que se vuelve cabeza. Boca, en el corazón de la piedra.

Una manada de caballos al galope que hacen del presente

una eternidad a la luz del fuego entre estalactitas de ámbar.

Quizás esos hombres quisieron representar lo real

a través de lo ilusorio. La naturaleza a partir de las imágenes.

La poesía del fuego y su poética del sexo:

el Minotauro de Picasso que abraza a la mujer desnuda.

En la cueva de los sueños olvidados, un bisonte es mucho más

que un animal, y el cráneo de un oso un altar florecido.

El fuego produce la luz, aunque la antorcha no ilumine su base.

Sin embargo, la llama anima el espíritu del chamán,

las fuerzas ocultas que habitan esas bellas formas.

En Chauvet los sonidos primitivos imitan lo que se ve

antes de traducir lo que se oye. Cueva pictórica

dentro de un espacio sonoro con sus propias resonancias.

En esa soledad, el espacio se mueve y el tiempo despierta.

Los animales se agitan cuando tiembla la luz de las antorchas.

Llama y Pintura: Cine. Y el mismo destino, materiales vulgares

que producen  el movimiento: el tiempo que transcurre

y la duración que huye de la calma.

Esas pinturas son como los sueños:

convocan los recuerdos más lejanos

los miedos de las primeras noches frías,

el pasado del fuego. La huella artística

más antigua de nuestra presencia en la tierra.

Hoy mirar en el cine –esa otra “cueva moderna” —

nos aleja del mundo para ampliar el mundo.

Nos obliga a seguir soñando.

Sobre el film Cave of forgotten dreams (2011) de Werner Herzog

NOCTURNO

En las horas de calma

el tiempo viene a comer de mi mano

y la luna en el paisaje de la noche

parece el corazón del sol:

un simulacro en la ventana

que arroja su red de fuego sobre la memoria.

Hace tanto que su luz llena de espejos el patio

donde de niños nos vendábamos los ojos,

y recorríamos en silencio las habitaciones

hasta encontrar el amuleto de jade

que ordenaba nuestros sueños.

Pero a veces, surgía una repentina sombra

que nos transformaba en helechos de una zona indeleble.

Entonces, con las manos extendidas y con veneración

como si fuéramos a depositar flores allí,

recitábamos viejas e inútiles plegarias.

Luego nos retirábamos con timidez y miedo

como descendiendo hacia lo profundo de la tierra,

y encendíamos todas las luces de la casa

y cerrábamos las ventanas y las puertas

creyendo que estábamos a salvo de la intemperie del tiempo

con solo contemplar la imagen descolorida e inmóvil

de la Anunciación de Fray Angélico

colgada en la serenidad del cuarto de la abuela.

Ahora los sentimientos y los sueños

 de los días nuestros llegan al antiguo patio

como húmedos pasos para recordarnos,

que no sabíamos, ni sabemos aún qué decir acerca de la muerte.

“-¿Dónde estábamos?-” Preguntó mi hermano

   que todavía no había nacido-

 “-En ninguna parte”- Contestó la abuela

   que ya había muerto,

   pasando una ramita de albahaca fresca

   sobre los ojos secos de los helechos.

                               *

HÉCTOR J. FREIRE.

héctor.freire@topia.com.ar

Profesor en letras, crítico literario y de cine. Fundador de la Primera Escuela Literaria del Teatro IFT. Fue Jurado del Fondo Nacional de las Artes (Género Ensayo). Forma parte del Consejo de Redacción de la revista Topía (Psicoanálisis, Sociedad y Cultura), donde además es el responsable de la sección arte y cine. Ex Jefe de Redacción de la Revista de Poesía Barataria. Editor de la Revista Elpsicoanalítico, y Director de la Revista Cultural La Pecera (Mar del Plata). Fue guionista del programa televisivo DNI. Publicó los libros de ensayo: Literatura y Cine (Ed. Plus Ultra, Bs.As. 1997).  Sostiene Tabucchi (Ed. Biblos, Bs.As. 1999). De Cine Somos: críticas y miradas desde el arte (Ed. Topía, Bs.As. 2007). Autor y Coeditor de Insignificancia y Autonomía. Debates a partir de Cornelius Castoriadis (Ed. Biblos, Bs.As. 2008). El Cine en su laberinto (Literatura, Pintura, Sociedad), (Ed. Topía, Bs. As. 2009).  En poesía: Quipus (Ed. Botella al Mar, Bs.As. 1981), Des-Nudos (Ed. Botella al Mar, Bs.As. 1984), Voces en el sueño de la piedra (Ed. La Papirola, Bs. As. 1991), Poética del tiempo (Ed. Graffiti, Montevideo, Uruguay. 1997). Motivos en color de perecer (Ed. Alción, Córdoba, Argentina. 2003), que obtuvo el Premio del Fondo Nacional de las Artes. Satori -poemas sobre pinturas y películas- (Ediciones en Danza, Bs.As. 2010). Integra la antología La poesía del siglo XX en Argentina (Ed. Visor, Madrid, España, 2010), y 18 poetas argentinos, traducidos al francés (2012). Su último libro publicado es El Cine y la Poesía Argentina (ensayo y antología), (Ediciones en Danza, 2012). Sus textos han sido traducidos a varios idiomas. En Junio de 2013 participó en la Feria del Libro de París, con la presentación de la traducción de su libro Satori – poemas sobre pinturas y películas.

Actualización de datos:

Integra varias antologías de poesía, entre las que se destacan:

La Poesía del siglo XX en Argentina (Ed. Visor, Madrid, España, 2010).

18 poetas argentinos, traducidos del francés (2014).

Poesía de Pensamiento (Una antología de poesía argentina) (Ed. Endymion, Madrid, España 2016).

En Junio de 2014 participó en la Feria del Libro de París, con la presentación de la traducción de su libro Satori (poemas sobre pinturas y películas).

Sus textos han sido traducidos a varios idiomas. Y publicados en distintas revistas internacionales.

Participó como conferencista en la 2da. Bienal Internacional Diálogo de la Ciencia con el Arte. Universidad Nacional de Mar del Plata. Facultad de Ingeniería (Septiembre de 2016)

Obtuvo el Primer Premio del Concurso Nacional de Poesía Victoria Ocampo 2016 por su libro La amenaza de lo breve (Ed. Fundación Victoria Ocampo, 1era. Edición septiembre 2016)

En Octubre de 2016, sus poemas Fotos de Qibya, obtuvieron el 1er. Premio del Primer concurso “Argentina le escribe a Palestina”. Editado por la Embajada del Estado Palestino en Argentina, junto a la S.E.A. (Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina.

En Agosto de 2016 es premiado con la Mención Honorífica, en el Concurso de Literatura de la Ciudad de Buenos Aires, Género Ensayo Obra Édita por su obra El Cine en su laberinto, Literatura, Pintura, Sociedad.

Conduce actualmente, y desde hace más de seis años, el programa radial Ciudad Cultural (FM. La Boca 84.7) que obtuvo en dos oportunidades el Premio Lanín al mejor programa cultural de radios alternativas, del país.