Acompañado por una reseña de su poemario Inventario Nocturno, escrita por Pablo Mendieta, poeta y músico, el boliviano Carvalho destina a los lectores un conjunto de poemas que dan idea de por dónde caminan sus versos y su búsqueda.

Poemas de Homero Carvalho Oliva (*)

Nosotros

Fuimos tantas veces nosotros

que me fui olvidando

que tú eras tú y yo era yo.

Hoy después de tantos años

extraño que tú no seas tú y yo no sea yo.

(De Inventario Nocturno, Premio nacional de Poesía 2012)

Rutina

En esta urbe de apariencias

y de seductoras banalidades

hay muchachas bonitas

que se han convertido

en sus propios anuncios comerciales

y existen omnipresentes noticieros

que compiten entre ellos

vendiendo a los muertos del día

olvidando que sobrevivir a la jornada

es la verdadera noticia.

 (De Inventario Nocturno, Premio nacional de Poesía 2012)

Hamlet

Vivir morir soñar acaso

Morir soñar acaso vivir

Soñar acaso vivir morir

Acaso vivir morir soñar

Vivir morir          acaso

Morir soñar           vivir

Soñar acaso        morir

Acaso vivir          soñar

(De Inventario Nocturno, Premio nacional de Poesía 2012)

Segundo mandamiento

Así como no debes levantar el nombre de Dios en vano, tampoco debes acariciar un cuerpo en vano.

(De Bautizar la ausencia)

La Creación

Dios dijo apáguese la luz

tu ropa cayó al piso

y el mundo se iluminó.

(De La luna entre las sábanas)

Poemas de amor

Derrotadas las dictaduras

los poemas de amor

se volvieron peligrosos

porque son los únicos

en los que nos jugamos la vida.

¡La aurora siempre trae promesas!

(De La luna entre las sábanas)

Distancia

Lejos de ti,

el sueño es el camino

para encontrar tu cuerpo junto al mío.

(De La luna entre las sábanas)

Preguntas

¿Qué dicen los árboles

cuando el viento mueve sus hojas?

¿Quién se robó el mar

que suena en las caracolas?

¿Qué será del cielo

cuando desaparezcan las aves?

¿Serán los besos

el puente

entre dos silencios?

¿Será el silencio

la melancolía de las palabras?

¿Será cierto que hay palabras

que maduran y se pudren como las frutas?

¿Y si un día amanecemos

prendidos de un muestrario

como esos bichos clavados por un alfiler?

¿Y si Cervantes fue el sueño del Quijote?

Entonces qué

(De Inventario Nocturno, Premio nacional de Poesía 2012)

Los abuelos

Los abuelos de mis abuelos
no imaginaron cómo era la patria,
porque la inventaban cada día.

En sus sueños

la patria era el hogar,
el techo que salvar de las lluvias de enero
y el árbol elegido para que se transforme

en la madera de la cama de los hijos.

No importaba si no conocían el país,
porque al despertar había que contar los sueños,

conjurando las pesadillas,

con salmos matinales

y tisanas de paja cedrón,
para que la esperanza

no sea enterrada con el hijo de los vecinos,

que murió de viruela y ningún santo pudo salvarlo.

Los abuelos de mis abuelos
no figuran en los libros de historia,
porque no fueron héroes ni villanos,
aunque muchos de ellos empuñaron la espada
cuando los hechos eran más urgentes que las palabras.

Los abuelos de mis abuelos

no despojaron a nadie de sus tierras,
su conquista fue la del territorio de sus amadas
y fueron guerreros de la alborada
alistando los machetes

para cortar el sol en pedacitos.

Hubo artesanos y costureras

entre los abuelos de mis abuelos
y alguno cantó a orilla de los ríos,

mientras otro escribía poemas.

También hubo ganaderos y herreros

y quién sabe qué otros de mil oficios

porque en el pasado los títulos los daba la vida.

Los abuelos de mis abuelos
fueron portugueses, indígenas y españoles,
                       ¿acaso importa?
Importa el amor que nos legaron
y las palabras de este y del otro continente,

con las que narraban el asombro cotidiano.

En mi pueblo, Santa Ana del Yacuma,

la nación de los Movimas,
los nombres de Leónidas y Raquel,

mis abuelos paternos,
son pronunciados por niñas y niños

en las escuelas que ostentan sus nombres
y los de Nemesia y Humberto,

mis abuelos maternos,
son recordados en las cenas familiares.

En los abuelos, raíces mías,

semilla de muchas generaciones,

portadores de mi nostalgia

está el pueblo ausente.

Ellos, viejos sabios,

les contaban cuentos a sus nietos
en los que aparecían y desaparecían duendes y viuditas,
y sus rostros se transformaban en los monstruos de las leyendas.

Los abuelos de mis abuelos

creían en las aves agoreras
y en los cotidianos milagros de la Virgen.

Eran buena gente los abuelos de mis abuelos.
Y aunque no son los héroes de ninguna saga histórica,
la patria no habría existido sin los sueños de mis abuelos.

Crear un hogar

No es tan sencillo crear un hogar. Cada uno debe traer sus libros junto con sus sombras cotidianas. Las fotos de la familia y los sueños de la tribu. La lista de amistades y las canciones postergadas. Las vergüenzas íntimas y los ángeles redentores. Los fracasos vienen solos y las escasas virtudes aparecerán cuando se las necesite; imprescindibles son los defectos, porque sin ellos no podremos amarnos como se debe.

(De Bautizar la ausencia)

El mundo está hecho de retazos

El mundo está hecho de retazos. Cada parte contiene la naturaleza del todo. Un jardín es un perro correteando entre la hierba. El océano del cielo una nube con forma de dragón. Una muchacha es una mirada al azar. La lágrima es solamente una gota de la tristeza. Un niño es un zapato descosido. Una película es un beso. El odio el mordisco de una fiera. Un barco es una astilla con la sangre de un marinero. El ocaso es un recuerdo de lo que vendrá. Un río un tronco a la deriva. Las guerras son tumbas y tumbas. La esperanza fue el futuro del ayer. El plato del día es una pizca de pimienta. Un bosque una brisa con aromas. El poema es un fragmento de la poesía. El mar es una mujer vistiendo el sol. Un amor es una vida.

(*) Homero Carvalho Oliva, Bolivia, 1957, escritor y poeta, ha obtenido varios premios de cuento a nivel nacional e internacional como el Premio latinoamericano de cuento en México, 1981 y el Latin American Writer’s de New York, 1998; dos veces el Premio Nacional de Novela con Memoria de los espejos (1995) y La maquinaria de los secretos (2008). Su obra literaria ha sido publicada en otros países, traducida a otros idiomas y figura en más de treinta antologías nacionales e internacionales como Antología del cuento boliviano contemporáneo e internacionales como El nuevo cuento latinoamericano, de Julio Ortega, México; Profundidad de la memoria de Monte Ávila, Venezuela; Antología del microrelato, España y Se habla español, México. En poesía está incluido en Nueva Poesía Hispanoamericana, España; Memoria del XX Festival Internacional de Poesía de Medellín y Festival de Poesía de Lima. Entre sus poemarios se destacan Los Reinos Dorados, El cazador de sueños y Quipus. El año 2012 obtuvo el Premio Nacional de Poesía con Inventario Nocturno y es autor de la Antología de poesía del siglo XX en Bolivia, publicada por la prestigiosa editorial Visor de España. Premio Feria Internacional del Libro 2016 de Santa Cruz, Bolivia. En el 2017, Editorial El ángel, de Ecuador, publicó su poemario ¿De qué día es esta noche?

Acerca de Inventario nocturno, poemario de Homero Carvalho Oliva, Premio nacional de Poesía.

Pablo Mendieta Paz

Poeta y músico

          Si existe un canto puro al amor sublime y profundo que involucra a todos los sentidos, quizás sea posible encontrarlo en Yamila, una breve novela del escritor ruso Chinguiz Aitmátov, cuya trama, para el caso, no interesa tanto como por la poética que se halla en cada página de la corta narrativa, puesta de manifiesto a través de un perfume especial que se destila gota a gota como si en cada una de ella hubiera un llamado especial de esperanza, de cita con la armonía, con la belleza y hasta con la más fina concepción de la emotividad.

Eso es lo que he podido hallar en tu libro Inventario nocturno, de arrebato delicado y hasta soñador que segrega cada página, cada poema, cada inspiración, que cala hondo en todo aquello que conforma las partes de toda unidad llamada vida, y a veces muerte, soñadas ambas, y enlazadas como un juego de verdades inseparables y por tanto indivisibles.

Y si se habla con anterioridad del goteo fino y pertinaz de espera y esperanza, de sosiego y armonía, de ardor y belleza, esto no encuentra mayor eco que una indescifrable -o tal vez no- nostalgia que mira atrás, pero cosa rara, es capaz de atrapar con sus manos incorpóreas, invisibles, un horizonte cierto, como si en tu intimidad hubieras soñado con absoluta naturalidad y realismo mágico todo lo por venir en tu habitual ciudad y en las remotas selvas que te acompañan, o en aquellas por descubrir,  o en los mezclados cielos, como si la esencia de tu naturaleza urbana y de aquella otra, la bella espesura, permanecieran unidas permanentemente en el transcurso de tu existencia.

Leer cada uno de tus poemas, engendrados por alma pura, Homero, despierta sensaciones tan diversas y  vívidas, que si uno de pronto desapareciera en el momento de la lectura es porque se ha sumergido de lleno en cada vivencia, en toda tu filosofía poética que por supuesto da para pensar, y más, para reflexionar en lo que es y en lo que no, en la metáfora y en la materialidad expuesta con el mayor vigor y la más acabada espontaneidad.

En cada página comparecen los sentimientos más puros, así como cuando, en dúctil ilación de palabras le rindes un perfecto homenaje a tu padre; o cuando tu abuela Raquel, aun sin haberla conocido te da un pellizco para decirte aquí estuve y aquí estoy, y descubres entonces que al momento de tu adiós no será para ti empresa ardua encontrarla en la «noche virgen», en aquella de la confluencia de los riachuelos de igual sangre; o cuando fotografías tus primera comunión en blanco y negro porque, claro, los  años han pasado, pero las nostalgias brillan cromáticas, como los colores del firmamento que siempre te alumbran. No hay vestigios de siglo XX o XXI, sólo existe lo que ha existido eternamente: el rocío tocado, aspirar el jazmín, encontrar la explicación a la humedad de la lluvia, saborear la manzana; y en medio de todo eso tienes la sabiduría de alertar que con la palabra Amada hay que conjugar todos esos verbos, contrapuestos a las realidades mundanas de fantasmas jubilados que ya no espantan en las noches de tormenta.

Todo es un ir y venir de vidas, muertes, motivos, consecuencias, primaveras de familia, pero también de espejos anónimos que no encuentran más que miradas en el suelo. Y el amor de la amada y por la amada está ahí, y la tierra que los tomó de la mano, pero en abrupto encuentro con lo que es, se halla también la puerta del manicomio que da al más allá y converge en un susurro que anhela el descanso en paz. Y la niñez convertida en un juego, en una poética esdrújula que contempla todo ser y toda parodia de la vida misma, no es más que preguntas y más preguntas que ansían libertad y cavilaciones de poeta, por más que encuentres demonios y dioses a medio hacer.

En fin, la patria es como la soledad que habita todos los idiomas, y tú eres políglota a pesar de aquella palabra que muchas veces duele y arrincona por la angustiosa pobreza de calle que subsiste en un orbe llamado civilización, donde los emigrantes de cada noche son como judíos errantes sin destino ni equipaje. Como si en la penumbra de un bar cualquiera un artista desconocido canta un viejo blues acompañado de una armónica, de la cual salen sonidos que han traicionado a la muerte por llevarla a cuestas en vida.