Aquí la entrega número 14 de esta muestra de joven poesía mexicana a cargo del poeta tlaxcalteca Jair Cortés: Brenda Ríos (Acapulco, 1975), Moisés Robles (Tlaxcala, 1984), Irma Torregrosa (Mérida, 1993), y Érick Alan Hernández Ortega (Ciudad Sahagún, 1992).
DIVERSAS GEOGRAFÍAS XIV
Jair Cortés
La Otra, Revista y casa siempre generosa, recibe a cuatro poetas de diversas geografías mexicanas, desde las costas que comulgan con el mar hasta el altiplano central. Brenda Ríos (Acapulco, 1975), en poemas de una alta intensidad confesional, habla de lo cotidiano, revelando los detalles más ocultos de una realidad que de no ser por la poesía resultaría insoportable: “… porque los buenos en lo que hacemos/ solemos ser gente sin piedad/ ¿de qué otro modo seríamos buenos?”. Por su parte, Moisés Robles (Tlaxcala, 1984), manifiesta las heridas que el amor provoca, a través de versos descarnados y breves, donde el dolor es testimonio y lección de vida: “Así que esto es la vida/ morir lentamente/ caminando sobre renglones borracho/ con las venas henchidas/ y el pulso acelerado…”. Los poemas de Irma Torregrosa (Mérida, 1993) exploran los efectos que el mar, en su inmensa presencia, produce en la memoria de quien escribe y vive bajo el miedo y la fascinación de su líquido abismo: “Dicen/ los que dicen que saben/ que hemos venido del agua/ -igual que otras especies-/ arrastrándonos hacia el sol/ o hacia la noche…”. Por último Érick Alan Hernández Ortega (Ciudad Sahagún, 1992) habla de un espíritu juvenil donde la tecnología se mezcla con lo emocional para retratar el vértigo de una época que a veces se vislumbra como infernal y llena de adversidades: “Camino de podredumbre,/ no hay retorno,/ precipicios y una caída en picada./ Me voy hundiendo por las tristezas/ que me provocaron embrujos femeninos”. Así, en esta entrega, se cumple una experiencia en la que el lector habrá de encontrarse a sí mismo en un viaje que va desde el mar hasta la fría montaña, atravesando diversas geografías emocionales que se entrecruzan bajo el cielo de la Poesía.
BRENDA RÍOS
Una versión de Jonás
confieso haberme puesto ahí
a propósito
en la bandeja plateada de los bocadillos
tú comiste de un solo bocado
hablabas sobre Rusia
de la familia del último Zar
fascinado horrorizado
dulcificado porque estaba yo en tu boca
nada volvió a ser igual
era yo el más dulce platillo
en el estómago del último hombre
sabíamos cómo iba a terminar eso
sin embargo sin embargo
no es así que uno come al otro
y lo vomita
aun si lo ama con todo el cuerpo
su historia personal
su amor por los libros
su historia entera de generaciones enteras
¿no es así?
ya ya ya
reposo en las paredes de ti, de esa humedad tibia
que eres
me siento a gusto
y pienso antes de irme para siempre
que fue bueno estar adentro
conocerte
amarte desde ahí
otro anonimato
tú a partir de ahora serás otro
desde el interior yo grito
lo que dices
y eso es bueno
porque las palabras saldrán empujadas
listas para
defenderte en caso necesario
soy yo un ejército
no lo olvides
mi cuerpo en el tuyo
un castillo con el puente extendido
dejemos entrar a todos los zares
a las princesas de vestidos sucios
a los vendedores de la calle
a los pordioseros
a los ciegos del metro
a los malos cantantes
a todos
seamos tú y yo
un lenguaje propio
una palabra sobre otra
balbuceemos juntos
seamos ahora, sí, no, nuncamente, sobriamente,
antes que nada, ahora,
un sí en voz baja
grito desde tu interior
y tú escuchas y callas
Caza
te invita a su casa
te dice Pasa por un té, ¿quieres?
esperas en la sala
alrededor ves las cabezas de los ex amantes
colgadas en la pared
trofeos de caza
sabes qué sigue
tomas el té con cierto nerviosismo
pero te enseñaron a amar y decir gracias
por favor
todo ha estado muy lindo
y tus manos son suaves
ella toma la iniciativa
no es depredadora
pero le enseñaron a amar, decir gracias
por favor
toma mis manos son suaves
buenas para cosechar rosas
poner el sobre de té en la taza
para tocar el pelo de los hombres
para tomar una pala y hundirla en la tierra
para aplaudir en los conciertos
para amasar un pastel
que diga Feliz Cumpleaños con signos de admiración
una vida doméstica
pacífica, invita al futuro
pacífico, repetitivo
a una felicidad casi tibia
de empollamiento
no importa qué siga, piensas,
dices sí mientras el líquido recorre tu cuerpo
por dentro
dándole calor
porque lo necesita
todos necesitamos calor
un calor así, protector
un calor del futuro
de pensar bien
sobre todo eso, pensar bien,
las cosas saldrán bien
de qué otro modo podría ser
el mundo es mundo
y una mujer mira a un hombre con ganas de comerlo
y también, por qué no, de arrancarle la cabeza
Cosas que hierven
no tuve hijos
tampoco duré más de cuatro meses en un empleo;
cansancio por lo mecánico
justificaba.
lo de los hijos parecía algo así:
el acto de cuidar no es para todos
y hay que cuidar por mucho tiempo
aun si uno tiene hambre o sueño
hay que cuidar
me senté en la arena hirviente a mirar el mar
eso hice eso hice mucho, mucho tiempo
al caer la tarde llegaba a casa y listo,
tomaba un café hirviente
un sandwich plano
y miraba algo en la tele antes de dormir
la vida pasa, me decían
mientras sudaba a mares mirando el mar
agua que regresa ahí mismo
perdía peso mirando el mar
el calor es un hijo propio
las barcas de los pescadores están a 300 metros
de la orilla
y ellos también contemplan el mar
esperan
con esa espera llegará el alimento
días, noches, días, noches
hermosas y repetitivas
como rutinas de oficina
incluso hay sombras de ojos que asemejan el color del mar
o de una alberca
colores para labios como puestas de sol rojizas
eso lo saben las secretarias, aun las de nuevo ingreso:
traen un mar en la cara, una puesta de sol tímida:
sirenas sonrientes, conocedoras de atajos administrativos
sonríen, sonríen, mastican con la boca abierta
así, hasta que se jubilan,
se irán a pasar su tiempo de abuelas
limpias de la cara
en casa, haciendo los complicados guisos que el trabajo no les permitía hacer;
miro el mar y él me mira de vuelta
podemos estar así horas
nos gustamos, nos caemos bien
no tenemos que hablar
sólo vernos
comprender que su cuerpo está ahí hecho de agua
justo, cierto, extenso, como el mío
y ambos hervimos, como guiso,
a punto de hacer explotar la tapa de la olla.
Ascenso
era buena en mi trabajo
era tan buena que un par de veces me ofrecieron un ascenso
pero por razones ajenas a mi desempeño nunca se logró
eso lo hubiera cambiado todo
porque los buenos en lo que hacemos
solemos ser gente sin piedad
¿de qué otro modo seríamos buenos?
entre eso, el dinero que descontaba hacienda del recibo en nómina
el cansancio natural y el cansancio inventado que no son lo mismo
es uno el que gana justo antes de quedarnos dormidos en el transporte público
con olor a caño, cuerpo, ropa mal lavada
bien, al final, como suele pasar a los que somos demasiado buenos
nos roe un gusano de la desesperación
en la reunión del anuncio del ascenso estaban todos
los jefes medios y los altos mandos,
la secretaria me felicitó,
tuve palmadas, sonrisas, bromas
pero las semanas pasaban y nada
meses y nada
un día reuní valor y me planté a mi jefe:
¿qué pasó con el ascenso? dije
este año no podrá ser
(principios de enero)
el árbol de navidad seguía en el pasillo,
la gente parecía descansada de sus vacaciones en familia,
quizá aliviada un poco de dejar sus casas por la seguridad
de la oficina
yo seguí como si nada, impávida
frígida
suave
dos semanas después regresé a ese mismo sitio con una carta de renuncia
escrita como suelen ser esas cosas:
yo, fulana de tal, que ocupo el cargo tal, agradezco a usted, señor tal
haberme confiado tales tareas, con las cuales fui muy feliz pero ahora debo irme
a luchar por los niños en África,
el VIH, el cáncer de piel
a cuidar a mi madre enferma,
a seguir aprendiendo (ésa es una de mis favoritas)
agradezco la confianza depositada, estoy de lo más agradecida de haber formado parte
de este gran proyecto
queda de Usted
blablablabla
era tan buena en lo que hacía que no podía regresar a algo menor que ese puesto,
sería algo por debajo de mí
ese orgullo duro, seco, como pedazo del desierto,
roca estéril
me ayudó a valorar mi bondad
mi resistencia
mi afán de lucha.
Debo decir que todo fue en vano. Haber sido demasiado buena
fue demasiado,
nunca más pude aceptar ser otra cosa
más tangible,
más lúdica, no sé,
más cerca de todos esos que sólo buscan un lugar para estar mucho, mucho tiempo
y jubilarse y recordar ese tiempo de oficina con nostalgia
esos 25-30 años de hacer lo mismo
con la multiplicación de sus actos
a cambio de un poco de dinero para vivir.
Banquete
me hubiera gustado casarme
una fiesta, mis padres, mis tíos,
mis amigos de la escuela
un brindis
un banquete,
todo eso que hace una fiesta
un novio, claro
un novio que hubiera sido lo mejor de la vida
el mejor de todos
en un momento dado, dejaríamos de bailar para darnos besos
sin remedio
porque el amor es así: traslúcido e involuntario
como un crimen pasional
encontraron el cuerpo tirado en la cocina con 25 puñaladas
pero el autor no sabe qué pasó
yo quería ese amor
ese novio
esa fiesta
el vestido hubiera sido blanco, largo, y con algunos detalles sobrios
pero elegantes;
habríamos dado a los invitados vino y almendras y frutos secos
conmemorar que el amor estaba hecho de azúcar y de cierto amargor
nos habríamos ido de viaje
muchas fotos
muchas felicitaciones
porque no sólo de amor viven los recién casados sino de buenos
deseos
de buen deseo
pero nada de esto sucedió
tuve que aprender la vida sola
sin artificios
sin novio alguno
sin buenos deseos
porque a las mujeres solas
nos tratan como deidades: antiguas, escuálidas mujeres sin hombres
solas, solas, armadas con libros y un buen dinero
a las que nadie se acerca nunca
por temor a quemarse los dedos o los ojos
el cuerpo entero;
da igual si tenemos treinta o setenta años
da igual
somos intocables
pueden pedirnos deseos
salud o empleo para los seres que más quieren,
pueden pedirnos algo
pero lo único que darán por ese pedimento
es una vela encendida
cera que se gasta
blanca como un vestido de boda
Brenda Ríos. Autora de los libros Escenas del Jardín (Mantis editores, 2015); Empacados al vacío, ensayos sobre nada, (Calygramma, 2013); Las canciones pop hacen pop en mí. Ensayos sobre lo ridículo, lo cotidiano, lo grotesco (IVEC, 2013); entre otros. Premio Nacional de Poesía Ignacio Manuel Altamirano 2013. Sus libros pueden ser descargados en la página cuadronegroediciones.org.
MOISÉS ROBLES
*
De silencio en silencio irás
hasta encontrar en ti
la palabra.
*
Del amor
no nos queda nada
una herida sobre otra herida
una costra
un puñado de ceniza
el fuego que se consume consumiendo lo que toca
una casa sin muebles
el frío de los átomos
una brújula estrangulada
la voz que tiembla:
del amor
no nos queda nada.
*
La gloria no existe
ya estoy cerrando los ojos
dispárame
nunca supe rezar
no me digas que me amas
dame un beso
para nuestro amor
un ataúd.
*
El amor fecunda el deseo
en un bosque marchito,
todo arde
y pensamos que estamos vivos.
Hijo mío
eres el hijo de un muerto,
la hebra delgada de tu paz
el visado que nos sostiene juntos.
Desciendo y asciendes
nuestras huellas de la distancia el preludio.
Te quiero y aunque te pierda
y más allá de esta carne
y más allá de esta noche
podré abrazarte.
*
Así que esto es la vida
morir lentamente
caminando sobre renglones borracho
con las venas henchidas
y el pulso acelerado
malgastando lo que queda mientras se llora
en vicios tontos
escribiendo con la esperanza rota
y el orgullo flaco.
Moisés Robles (Tlaxcala, 1984) Licenciado en Filosofía, poeta y fotógrafo. Militante poético de izquierdas, amante de las almas subversivas y el buen vino; fumador incansable. Ha publicado poemas y ensayos en Círculo de Poesía, DIGO.PALABRA.TXT, Revista Nocturnario, entre otras.
IRMA TORREGROSA
Era venir desde el amor
y que nos faltara la noción del tiempo,
era dejar las memorias recostadas
en las oscuras aguas del sueño.
Era si tu voz brotaba desde mi costado
o sólo era el eco de tu sonrisa
en otra oreja,
seguir las migas de tus pasos
por las puertas de la casa,
esos laberintos francos
que se abren a las voces.
Era el perfume agonizante
a lluvia, la distancia que guarda
las caricias pendientes, las sonrisas
que nunca se cruzaron y andar
descalzos por donde el sol no pasaba.
Eran nuestros dedos murmurando
algo que nunca sabré,
porque sé que no estarás
y yo no sabré como desatarme los huesos de tu nombre.
De Cartografía del sueño, 2012
Extraviarse
Nadie vuelve de vos a lo que fue, dice Gelman.
Nadie en esta sala se atreve a negarlo. Sin querer su voz dibuja tus pasos bajando la escalera. La calle, doblando la esquina y nadie vuelve de vos a lo que fue. Mis párpados dibujan tu sonrisa, lejana, verdadera. El frío nos hace más sinceros, decías. Que tu habitación es mejor que la mía porque tiene vista a la madrugada. Que cuando quisiera hallarte me sumergiera entre el desorden, y que allí estarías, esperando. Entre las calles mías que ahora están repletas de la voz de Gelman que dice que yo no vuelvo de vos a lo que fui. No hay cartógrafo para nuestras voces, no hay respuesta para nuestras cartas.
Camino sobre tu silencio y llego al sillón, a la aventura de la incertidumbre. Al instante en el que dudo si apagar el café o dejarlo consumir, para que al menos la casa te recuerde conmigo cuando le platique lo que dice Gelman, pero yo creo que nadie vuelve de vos.
Nadie pasa bajo la lluvia sin herirse.
Publicado en Revista de Literatura Mexicana Contemporánea, 2013, No. 59.
Mar de fondo (2014)
Nunca pusimos retratos sobre la mesa
ni escribimos cartas
preferimos siempre el arte del presentimiento,
hallarnos en el latido de las puertas
y amoldar los sueños a las curvas del sofá
Nunca tomamos fotos ni asistimos a fiestas
siempre preferí quedarme en casa
y astillarme trabajando en los detalles de tu cuerpo
Recibías mis manos como el mar recibe los barcos
con el vaivén propio de lo incierto.
El mono acuático
Algunos científicos dicen
que venimos del agua
todos
los que -sin saberlo-
forman parte de nuestra historia
antes de ser escrita
fibras indescifrables de tejido humano
que nos empujan al grito.
Dicen
los que dicen que saben
que hemos venido del agua
-igual que otras especies-
arrastrándonos hacia el sol
o hacia la noche
como salimos del sueño a diario
a veces sin tener piernas
o sin conocer el mar.
El pez que se tragó a Jonás
Temiéndole a mi propio abismo
salí huyendo
convencida de que lo mejor
era abandonarme a la suerte.
Habiendo desobedecido,
recé hasta que mi voz fue tormenta,
recé para que me tiraran al mar
convencida de que lo mejor
era dejarme llevar por las olas.
Tomé aire.
La primera letra de tu nombre abrió la boca
como el pez que se tragó a Jonás.
Respiré.
Aprendí a pronunciarme dentro de ti
me atravesé el corazón con uno de tus dientes
y palpité en la humedad de tu carne dicen que tres días y tres noches
yo no sé
si la promesa de Dios fue la vida
o ponerme en tierra
pero tu nombre era vida y era tierra
abismo de luz donde pude fundar mi casa
la tierra prometida
las doce tribus de Israel
porque las letras de tu nombre
eran mi apuesta con el mar
: lo vencí
Piélago, 2017
Irma Torregrosa. Mérida, 1993. Cursó estudios de Creación Literaria en el Centro Estatal de Bellas Artes y la Licenciatura en Comunicación Social por la Universidad Autónoma de Yucatán. Mereció el Premio Peninsular de Poesía José Díaz Bolio en 2012 y ha sido becaria en el curso de verano para jóvenes escritores de la Fundación para las Letras Mexicanas en 2011, 2012 y 2015. Poemas suyos aparecen en diversas publicaciones como Carruaje de pájaros, Enter Magazine, Círculo de poesía y Punto de Partida, así como en las antologías Astronave. Panorámica de poesía mexicana (1985-1993) (UNAM-UANL, 2015) y Los reyes subterráneos. Veinte poetas jóvenes de México (La Bella Varsovia, 2015). Recientemente se le otorgó el Premio Hispanoamericano de Poesía San Román 2017, por su libro Piélago.
ERICK ALAN HERNÁNDEZ ORTEGA
LA MUERTE
MEMENTO MORI
La Muerte nos ronda,
anda por todos lados,
no dejo de pensar en ella, por ejemplo;
en el hambre inabarcable del tiempo.
La Muerte entra en mi sala
no dejo de pensar en ella,
prende un cigarro
y fuma en frente de mí,
no puedo hacer nada
ella siempre hace lo que quiere (nunca la olvides).
La Muerte está el aliento que se anega,
no dejo de pensar en ella,
esta en un espejo denso impenetrable,
esta en el ruido de mi sangre que se acelera,
esta en una ausencia que nos hiere;
está en el mascullo mismo
de los padrenuestros.
Hay un crepúsculo que me lleva
a una fosa común de miedo,
no dejo de pensar en ella.
Perdido
sobre mis abismos,
imagino que muero encallado
en el oleaje albo del viento.
De noche todo es congoja de cantina
y la Muerte aguarda, nos mira,
no dejo de pensar en ella.
Bienaventurados los suicidas
que apuran el destino;
como algarabía de gatos vagabundos
(de fondo hay ruido de armónica).
La Muerte suena una guitarra,
no dejo de pensar en ella,
un son delicioso
y me dejo llevar.
Aletargarse, después bailar.
Termina mediodía,
escucho aplausos,
funerales, llantos, canciones.
Floto sobre mis desvaríos.
La Muerte es todo;
todo es una canción de Blues.
DEMONIO DIGITAL
I
Mi teclado
se convierte
en un demonio digital
que posee mis palabras
va tomando mis sentidos;
hace poemas y maldiciones.
II
Demonios transparentes
tejen laberintos,
se ocultan
en lo profundo de mi cabeza.
Cierro mis ojos.
Aparece
en mi interior
un infierno
de letras dispersas
anhelando el fin de los textos.
III
Hay una presión en mis entrañas.
Estoy arruinado bajo el movimiento
de una entelequia a media luz.
El reflejo de esta ciudad es un tiradero,
murmuro una falsa revolución
a un monitor triste.
Penumbras quedan
matan toda ilusión. Lentamente.
IV
Quimeras por todos lados
borran ecos y metáforas,
siento livianos mis huesos;
se difumina el horizonte.
Presencia:
Estoy en la marabunta cibernética.
Nada se detiene,
aparece el vértigo
de la interconexión.
V
Estoy sin límites
de lo real y de la fantasía,
todo parece:
sueños indescifrables.
Inquiero
una cruz de luz neón.
Todo es
digital.
Mar: libro inmenso.
Barcos luminosos.
Labios fugaces
y desiertos sin fin.
Internet ya fue abierto
faltan mundos por descubrir.
EL VUELO DE LOS DRONES
I
Drones como máquinas de guerra
que descienden por todos lados
sin balas, sin bombas;
sólo obturadores para disparar.
Apuntan el momento, vigilar
hay paranoia por todos lados,
por todos los ángulos
son Drones que nos rondan.
II
Drones como aves que migran,
que sienten frio caer en su radio receptor.
Drones que juegan por parques
vuelan libres: son Drones que nos observan.
III
Drones como empleados eficientes
con trabajo de médico
de cartero, de policía,
de narco o de militar;
se está formando el sindicato de los Drones.
IV
Drones como avioncitos de papel
siguen en su evolución
al entero cielo de sol en sol
de Dron en Dron
acompañando la poesía en el horizonte.
LA MALDICIÓN
I
Supongo que una maldición comienza así:
Con una mujer,
un amor,
el amor de una amante,
desenfreno a la pasión.
Un desliz,
un corazón roto,
un final que nos espera,
el albor de otro amor,
una caída a lo infranqueable de la piel,
lo veleidoso de una despedida
y algunas historias hechas de fluidos.
II
La quimera del amor
abatida por una lujuria
me llevó sin rumbo al desencanto
sin piedad de espera.
Besos de melancolía apagados
helaron mis pasos,
sólo los pecados
cercan mi locura.
III
Camino de podredumbre,
no hay retorno,
precipicios y una caída en picada.
Me voy hundiendo por las tristezas
que me provocaron embrujos femeninos.
DILUVIO
En un mar de signos efímeros:
nos ahogamos, día y madrugada.
Es una inundación colmada de pixeles.
Erick Alan Hernández Ortega (Ciudad Fray Bernardino de Sahagún, 1992). Escribe poesía, hace malabares y es promotor cultural comunitario. Dirige la editorial independiente Xihuingo Ediciones. Promueve la poesía oral, la música y la escritura creativa en espacios jóvenes de la Altiplanicie Pulquera de Hidalgo. Es autor la plaquette de poesía Ciudad de madrugada (2015). Su poesía ha sido publicada en antologías como …Y nunca bailamos solos (2016), Poesía desde la coyuntura: voces para caminar (2017), Para quien está de paso (2017). En 2016 recibió el Premio Municipal de la Juventud de Tepeapulco en la categoría de arte y cultura.