Arquitecto y poeta, el colombiano Sánchez Carballo se instala en esa línea fronteriza desde la cual advierte los vasos comunicantes entre ambos lenguajes, en la arquitectura del poema y en la poética del espacio, en la habitación del hombre.
LAS FRONTERAS ENTRE LA ARQUITECTURA Y LA POESÍA
Darío Sánchez Carballo
Tanto la poesía como la arquitectura están bien definidas en su forma, aun así existe un vaso comunicante entre las dos artes, que se revela en algunos poetas y se hace explícito en ciertos espacios arquitectónicos y urbanos. Esa línea, en principio divisoria como un borde en tanto límite, se contempla aquí mejor desde el sentido de frontera; siendo la frontera un espacio en el cual ocurre el encuentro de dos situaciones, y dada esta característica suceden acontecimientos de orden particular. En ese lugar de convergencia se halla el acto poético común a las dos formas de arte. Ya se ha hecho antes el ejercicio de reflexionar sobre la relación entre la poesía y la arquitectura, situación evidente pero poco discernible. En Chile, por ejemplo, en el año 1967 se publica el poema Amereida, el ejercicio consistió en develar esas imágenes poéticas por medio de la construcción de arquitecturas efímeras a lo largo del continente americano. “La formulación de la travesía surge en esta doble concurrencia de la poesía y la extensión, la arquitectura construye el plano mental que lleva al continente al blanco poético de la página y la poesía se vierte a la extensión y la vida por medio del acto poético”1
En la revista Vuelta de Octavio Paz en México, aparece un artículo del arquitecto Teodoro González de León2 en el que es convocado a discernir sobre el encuentro entre la poesía y la arquitectura. Se plasma la idea de que las dos son expresiones diferentes pero que en ciertos momentos estéticos una y otra coinciden en el escenario donde el lenguaje alude a la arquitectura; y la arquitectura, por su parte, refleja emociones del campo poético que no han sido necesariamente preconcebidas por el proyectista.
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(1) JOLLY, David. Exposición de la relación poesía y arquitectura en Europa. En revista virtual de la Escuela de Arquitectura y Diseño. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. 20 de 0ctubre de 2010. Disponible en: http://www.ead.pucv.cl/2010/exposicion-de-la-relacion-poesia-y-arquitectura-en-europa
- GONZALEZ DE LÉON, Teodoro. Arquitectura y poesía. Revista Vuelta. No 261. Agosto de 1998. México. Pág. 116.
Por otra parte podemos recordar esa “construcción arquitectónica en la estructura de un poema”. Recurso observable a simple vista, que fuere explorado en la Poesía Concreta. Refiriéndose en gran medida a lo visual y a lo sintáctico. Entre tanto, aquí se trata de la semántica de la situación creada en las narrativas de la ciudad y su arquitectura, que muchas veces el poeta logra ver y transmitir.
En ese sentido vemos antecedentes puntuales que son la base de un marco conceptual, que busca abordar una mirada desde la teoría del Acontecimiento Urbano y los Imaginarios urbanos3 como parte de algunas de las nuevas reflexiones que operan sobre la ciudad. En tanto que esa construcción edilicia no se refiere solamente a la sucesión de elementos materiales como la piedra, los ladrillos, el vidrio, etc, sino que implica significados cargados a esa materialidad desde esos acontecimientos. Se reconocen en el suceso, situaciones de orden poético desde la perspectiva colectiva e individual.
Dicha construcción mental dada por los lugares con carácter poético, lleva al linaje de esa poesía que contempla el lugar y trata de develar el misterio que envuelve dichos espacios. Generalmente el habitante o el transeúnte no saben cómo explicarlos. Además nunca se podrán razonar sistemáticamente, pues es el modo del arte, la arquitectura y la poesía, contrarias a las formas matemáticas ya definidas en las ingenierías. “Hay dos tipos de espacios públicos en la ciudad: los que invitan a permanecer en ellos y los que sugieren el movimiento (…) También hay otros dos tipos de espacios en la ciudad: los que simbolizan y los que no”4 Pero de alguna manera es posible acercarnos a sus genealogías.
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- La investigación sobre los acontecimientos urbanos de Jairo Agudelo Castañeda, expone las diferentes formas de experiencias colectivas asociadas a la ciudad y la arquitectura que se evidencia en acontecimientos de orden emergente, contenidos, con evento, sin evento, con tiempo y espacios fragmentados, entre otros. Aquí la relevancia se sitúa en la carga semántica dada por el transeúnte.
- PÉRGOLIS, Juan Carlos. Bogotá Fragmentada: Cultura y Espacio Urbano a Fines del Siglo XX. Santafé de Bogotá. Tm Editores, Universidad Piloto de Colombia. 1998.
Estos espacios que construyen significado sugieren una nueva gramática a la hora de leer el texto de la ciudad y de la arquitectura. Existen ciertos lugares, que más allá de la forma que los contiene, suscitan un vínculo mental y espiritual muy fuerte con quienes los contemplan. Situación que genera poesía, la cual se ve expresada en su materialidad vertida en dos momentos, el primero: el poema; el segundo: la arquitectura. El poema como forma de expresión del poeta, contiene claves para una interpretación más profunda sobre lo que sucede en ese espacio particular.
Sabemos que la forma del poema como contenedora de poesía es lograda desde el trabajo de su materialidad, ósea las palabras y su construcción sintáctica, como también la reconstrucción semántica de lo que se busca expresar. Así mismo la arquitectura, no tanto en sus formas como sí en sus contenidos-simbólicos, obviamente enmarcados por una representación material. En medio de ello aparecen dos tipos de corporalidades: el cuerpo social y el cuerpo solitario, éste último se contiene al expresarse frente a ese cuerpo colectivo, que en ocasiones define qué es susceptible de memoria y qué no. Tal cuerpo individual, dada su experiencia propia debería reclamar su objeto, y de hecho lo hace en algunos momentos, a través del poema, la poesía o el acto poético (diferenciando “el poema” como el trabajo textual y físico que el poeta expresa a través de la palabra, y por otra parte el asunto o “acto poético” que es más parte de la contemplación que cualquiera pueda tener de algo, viendo en ello poesía) en tal sentido, tanto el poema como esa acción poética es divergencia y válvula de escape. Mas el cuerpo que no accede directamente a escribir el poema, solamente se conforma con la contemplación, sin decir que conformarse con tal suceso sea algo menor, pues ya dijimos que también es acción poética. Allí, los lugares, los espacios, las calles, logran la dimensión más íntima de la arquitectura: la dimensión de la individualidad, reconocida solamente por un ser en relación a su experiencia y a ese lugar, que para él o ella, ya significa un todo.
Cuando ese cuerpo está allí, o regresa a ese espacio, es un cuerpo que transmite memoria, el sentido de lo humano en un mutismo concertado entre el yo y el objeto arquitectónico. Ese se convierte en un cuerpo, digamos con un carácter vinculado al concepto del patrimonio cultural, en tanto que representa un patrimonio inmaterial asociado a su memoria cultural. Ahora, es un cuerpo que en principio no se expresa desde lo colectivo, sino de su individualidad en un tiempo no reconocido para los otros, pero sí determinante para el sujeto de aquella acción. Ese tiempo es su espacio, en ese tiempo está su lugar, no visible a los demás, pero fundamental en su existencia humana. Una suerte de paradoja, que fragmenta el tiempo de la colectividad y por ende el estadio de valoración de lo que domésticamente reconocemos como un patrimonio cultural asociado a esas memorias colectivas. Ese tiempo que el cuerpo solitario fragmenta es una especie de meta-tiempo, en palabras de Merlau Ponty “yo no estoy en el espacio y el tiempo, soy el espacio y el tiempo y mi cuerpo se aplica a ellos y los abarca” .
Es esa frontera el lugar que interesa explorar, tanto en las representaciones de la ciudad y la arquitectura, como en el poema. Para el segundo caso tenemos una selección de poesía asociada a esta convergencia. Seguramente serán muchos más los poemas y los poetas que representen tal situación, con todo aquí la siguiente muestra.
DOSSIER ARQUITECTURA + POESÍA
ROBERT FROST. Estados Unidos, 1874
NOCHE INVERNAL DE UN ANCIANO
Más allá de las puertas, a través de la helada
que cubre la ventana formando unas estrellas
dispersas-, en la sombra, el mundo está mirando
su cara: está vacía la habitación. Y duerme.
La lámpara inclinada muy cerca de su rostro
le impide ver el mundo. Ya no recuerda nada.
Y la vejez le impide recordar en qué tiempo
llegó hasta estos lugares, y por qué está aquí solo.
Rodeado de toneles se encuentra aquí perdido.
Sus pasos temblorosos hacen temblar el sótano:
lo asusta con sus pasos temblorosos: y asusta
otra vez a la noche (la noche de sonidos
familiares). Los árboles aúllan allá afuera;
todas las ramas crujen. Una luz hay tan sólo
para su rostro, quieta, una luz en la noche.
A la Luna confía -en esa Luna rota
que por ahora vale más que el sol- el cuidado
de velar por la nieve que yace sobre el techo,
de velar los carámbanos que cuelgan desde el muro.
Sigue durmiendo. Un leño se derrumba en la estufa.
Despierta con el ruido. Sobresaltado cambia
de lugar. Es la noche. Respira suavemente.
No puede un viejo solo llenar toda una casa,
un rincón de los campos, una granja. No puede.
Así un anciano guarda la casa solitaria,
en la noche de invierno. Y está solo. Está solo.
GEORG TRAKL. Austria, 1887
A LOS ENMUDECIDOS
Ah, la locura de la gran ciudad cuando al anochecer,
junto a los negros muros, se levantan los árboles deformes
y a través de la máscara de plata se asoma el genio del mal;
la luz con látigos que atraen ahuyenta pétrea noche.
Oh, el hundido repique de las campanas del crepúsculo.
Ramera que entre escalofríos alumbra una criatura
muerta. La ira de Dios con rabia azota la frente de los poseídos,
epidemia purpúrea, hambre que rompe verdes ojos.
Ah, la odiosa carcajada del oro.
Pero una humanidad más silenciosa sangra en oscura cueva
forjando con metales duros el rostro redentor.
CESAR VALLEJO. Perú, 1892
NO VIVE YA NADIE…
– No vive ya nadie en la casa – me dices -; todos se han ido. La sala, el dormitorio, el patio,
yacen despoblados. Nadie ya queda, pues que todos han partido.
Y yo te digo. Cuando alguien se va, alguien queda. El punto por donde pasó un hombre, ya no está solo.
Únicamente está solo, de soledad humana, el lugar por donde ningún hombre ha pasado. Las casas nuevas
están más muertas que las viejas, porque sus muros son de piedra o de acero, pero no de hombres. Una
casa viene al mundo, no cuando la acaban de edificar, sino cuando empiezan a habitarla. Una casa vive
únicamente de hombres, como una tumba. Sólo que la casa se nutre de la vida del hombre, mientras que la
tumba se nutre de la muerte del hombre. Por eso la primera está de pie, mientras que la segunda está tendida.
Todos han partido de la casa, en realidad, pero todos se han quedado en verdad. Y no es el recuerdo de ellos lo que
queda, sino ellos mismos. Y no es tampoco que ellos queden en la casa, sino que continúan por la casa. Las funciones y
los actos se van de la casa en tren o en avión o a caballo, a pie o arrastrándose. Lo que continua en la casa es el
órgano, la gente en gerundio y en círculo. Los pasos se han ido, los besos, los perdones, los crímenes. Lo que continúa
en la casa es el pie, los labios, los ojos, el corazón. Las negaciones y las afirmaciones, el bien y el mal, se han
dispersado. Lo que continúa en la casa, es el sujeto del acto.
BABEL
Dulce hogar sin estilo, fabricado
de un solo golpe y de una sola pieza
de cera tornasol. Y en el hogar
ella daña y arregla; a veces dice:
“El hospicio es bonito; aquí no más!”
¡Y otras veces se pone a llorar!
LA CENA MISERABLE
Hasta cuándo estaremos esperando lo que
no se nos debe… Y en qué recodo estiraremos
nuestra pobre rodilla para siempre! Hasta cuándo
la cruz que nos alienta no detendrá sus remos.
Hasta cuándo la Duda nos brindará blasones
por haber padecido!…
Ya nos hemos sentado
mucho a la mesa, con la amargura de un niño
que a media noche, llora de hambre, desvelado…
Y cuándo nos veremos con los demás, al borde
de una mañana eterna, desayunados todos!
Hasta cuándo este valle de lágrimas, a donde
yo nunca dije que me trajeran.
De codos
todo bañado en llanto, repito cabizbajo
y vencido: hasta cuándo la cena durará.
Hay alguien que ha bebido mucho, y se burla,
y acerca y aleja de nosotros, como negra cuchara
de amarga esencia humana, la tumba…
Y menos sabe
ese oscuro hasta cuándo la cena durará!
LOUIS ARAGON. Francia 1897.
TODAS LAS HABITACIONES DE MI VIDA
Todas las habitaciones de mi vida
me habrán estrangulado entre sus muros
aquí los murmullos se abocan
los gritos se rompen
aquellas en las que viví solo
con grandes pasos vacíos
Aquellas
que guardaban sus espectros antiguos
las habitaciones de la indiferencia
las habitaciones de la fiebre y aquella que
había yo instalado con el fin de morir en ella fríamente
el placer alquilado. Las noches extranjeras
hay habitaciones hermosas como heridas
hay habitaciones que os parecerían triviales
hay habitaciones de súplicas
habitaciones de luz baja
habitaciones dispuestas para todo salvo para la dicha
hay habitaciones que para mí estarán siempre de mi sangre
salpicadas.
En todas las habitaciones llega un día en que el hombre
en ellas se desuella vivo
en que cae de rodillas pide piedad
balbucea y se vuelca como un vaso
y sufre el espantoso suplicio del tiempo
derviche lento es el redondo tiempo que sobre sí mismo
gira
que observa con ojo circular
el descuartizamiento de su destino
y el ruido mínimo de angustia que precede a las
horas las medias
no sé jamás si lo que va a anunciar es mi muerte
todas las habitaciones son salas de justicia
aquí conozco mi medida y el espejo
no me perdona
todas las habitaciones cuando finalmente me duermo
han lanzado sobre mí el castigo de los sueños
pues no sé qué es peor: si soñar o vivir.
JORGE LUIS BORGES. Argentina, 1899
UN PATIO
Con la tarde se cansaron los dos o tres colores del patio.
Esta noche, la luna, el claro círculo,
no domina su espacio.
Patio, cielo encauzado.
El patio es el declive
por el cual se derrama el cielo en la casa.
Serena,
la eternidad espera en la encrucijada de estrellas.
Grato es vivir en la amistad oscura
de un zaguán, de una parra y de un aljibe.
SALA VACÍA
Los muebles de caoba perpetúan
entre la indecisión del brocado
su tertulia de siempre.
Los daguerrotipos
mienten su falsa cercanía
de tiempo detenido en un espejo
y ante nuestro examen se pierden
como fechas inútiles
de borrosos aniversarios.
Desde hace largo tiempo
sus angustiadas voces nos buscan
y ahora apenas están
en las mañanas iniciales de nuestra infancia.
La luz del día hoy
exalta los cristales de la ventana
desde la calle de clamor y de vértigo
y arrincona y apaga la voz lacia
de los antepasados.
HARRY MARTINSON. Suecia, 1904
EL PUEBLO NATAL
En el pueblo natal, en el jardín esponjado por
las lombrices crece todavía la aguileña
y en todas las casas se oye el antiguo tictac de los
altos relojes de pesas.
El humo asciende de las cabañas como rectas
columnas de sacrificio.
Y para aquellos que vienen de afuera
del duro trabajo de los mares mundiales y de las
calles de putas de Barcelona,
este sereno pueblecito se presenta como una mentira
silenciosa.
Una mentira junto a la que les gustaría demorarse.
Una mentira por la que uno querría pisotear todas
las terribles verdades.
EL REFUGIADO
Después de haber regresado de las fauces de la muerte
encontró durante largo tiempo fantasmal el vivir.
Le parecía que había una cuchara de más en la mesa.
Se miraba en el espejo de la sopa para ver
si no…
después comía hambriento hasta el dibujo del plato:
una escena de caza de Johsia Spode el joven.
Fuera resonaba el cuerno de caza, era otoño
y todavía seguían cazando algo por el mundo.
EL MIRADOR
Los años fueron cambiando el paisaje
que se veía desde el mirador.
Con trinos de zorzal y canciones de frambuesa pasaban primaveras y veranos.
Los campos que iban madurando envueltos en la luz brillaban como espejos de sol.
Rugía la tronada.
El duro esmalte del granizo masacraba el trébol.
Poco a poco fue cambiando también el mirador.
Arrancaron de las ventanas los vidrios de colores
y los vendieron por otros sitios cuando derribaron la casa.
Allende la casa y en un círculo más amplio estalló el mismo año una de las guerras
y el mundo también cambió en buena medida,
casi en sus cimientos.
CABAÑA EN DESCOMPOSICIÓN
Los blancos perifollos con su diáfano velo de flores
fueron las últimas cortinas de la cabaña abandonada.
Rota su columna vertebral, el tejado se había desplomado dentro de la casa.
El sendero no es más que una cinta de herbazal por el que ya nadie viene.
Pero el enebro y la piedra se han acercado uno a otra.
Se cazarán dentro de cien años.
PABLO NERUDA. Chile, 1904
TANGO DEL VIUDO
Oh maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia,
y habrás insultado el recuerdo de mi madre
llamándola perra podrida y madre de perros,
ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer
mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre
y ya no podrás recordar mis enfermedades, mis sueños nocturnos,
mis comidas,
sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún
quejándome del trópico de los coolíes corringhis,
de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño
y de los espantosos ingleses que odio todavía.
¡Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola!
He llegado otra vez a los dormitorios solitarios,
a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez
tiro al suelo los pantalones y las camisas,
no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes.
Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte,
y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses,
y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene.
Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde
el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras,
y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina
acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie:
bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces,
de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre,
y la espesa tierra no comprende tu nombre
hecho de impenetrables substancias divinas.
Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas
recostadas como detenidas y duras aguas solares,
y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos,
y el perro de furia que asilas en el corazón,
así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora,
y respiro en el aire la ceniza y lo destruido,
el largo, solitario espacio que me rodea para siempre.
Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración
oída en largas noches sin mezcla de olvido,
uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo.
Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa,
como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada,
cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo,
y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma,
y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente
llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos,
substancias extrañamente inseparables y perdidas.
ROSARIO CASTELLANOS. México, 1925
ECONOMÍA DOMÉSTICA
He aquí la regla de oro, el secreto del orden:
tener un sitio para cada cosa
y tener
cada cosa en su sitio. Así arreglé mi casa.
Impecable anaquel de los libros:
un apartado para las novelas,
otro para el ensayo
y la poesía en todo lo demás.
Si abres una alacena huele a espliego
y no confundirás los manteles de lino
con los que se usan cotidianamente.
Y hay también la vajilla de la gran ocasión
y la otra que se usa, se rompe, se repone
y nunca está completa.
La ropa en su cajón correspondiente
y los muebles guardando las distancias
y la composición que los hace armoniosos.
Naturalmente que la superficie
(de lo que sea) está pulida y limpia.
Y es también natural
que el polvo no se esconda en los rincones.
Pero hay algunas cosas
que provisionalmente coloqué aquí y allá
o que eché en el lugar de los trebejos.
Algunas cosas. Por ejemplo, un llanto
que no se lloró nunca;
una nostalgia de que me distraje,
un dolor, un dolor del que se borró el nombre,
un juramento no cumplido, un ansia
que se desvaneció como el perfume
de un frasco mal cerrado.
Y retazos de tiempo perdido en cualquier parte.
Esto me desazona. Siempre digo: mañana…
y luego olvido. Y muestro a las visitas,
orgullosa, una sala en la que resplandece
la regla de oro que me dio mi madre.
HOMERO ARIDJIS. México, 1940
GOETHE DECÍA QUE LA ARQUITECTURA
Goethe decía que la Arquitectura
es música congelada,
pero yo creo que es música petrificada
y las ciudades son sinfonías de tiempo consumido,
conciertos de olvido visible.
De labrar sonidos y silencio
sobre hierro, madera y aire, no dijo nada;
quizás habló de los lugares del verbo
en que vivimos, y con eso aludió
a nosotros, fábricas de lenguaje.
De calles musicales no se ocupó tampoco,
aunque por esos ríos caminables
el hombre va a la vejez, al amor, a la noche,
a la mesa a la cama,
como una sonata de carne y hueso.
CUARTO VACÍO
Asientos de café en una taza rota,
periódicos de ayer sobre una mesa,
migajas de pan como moscas muertas,
comida de gato (sin gato) en el suelo,
toalla sobre una silla con la mugre hecha tela,
cama sin sábanas con una colcha rápida,
zapatos con la cara vuelta al piso,
gota de agua en otro grifo, en otro tiempo,
geranios rojos en la ventana,
tarde gris.
(En el cuarto de Leif Lars)
DARÍO SÁNCHEZ CARBALLO, Colombia
PATRIMONIOS
No hay más que dos grandes conquistadores del olvido de los hombres: la poesía y la arquitectura.
John Ruskin
Aquello que camina no es el traje o la camiseta
es el espacio en el espacio
lo intangible del nervio
fluyendo en un tiempo que es paisaje.
Es verdad ya lo hemos dicho.
¿importa?
Lo transitable
no son los revoques ni los techos
es el estornudo ante el polvo de lo ahora inquieto
la mirada que se detiene frente a la dimensionalidad
de ese pálpito que fue uno con nosotros
incesante golpeteo creciendo en las grietas verticales
de nuestras piedras
allí, en esos intersticios se derrama agua, musgo
se expele memoria agria, todo lo que fuimos y quisimos disimular
como quien con vinilos quiere entretener
al tiempo en las paredes.
Crece el ocre que hiere a la muerte
existe el olvido gracias a la pátina que lo menciona
así también el olvido es decir:
¡yo perduro!
¿importa?
JUAN MANUEL ROCA, Colombia
LO QUE PIENSA LA CASA DEL SOLITARIO
Vendrá al atardecer, cuando el ruido callejero entre en las hendijas y busque mi corazón, que está en el patio. Girará la llave para entrar con sus gastados pasos. Recorrerá mis secretos, el ángel de yeso y las flores de estuco en su lento desmorone. Desde la mecedora, en las volutas de humo verá coronar endriagos, reyes de ceniza. Reconocerá su soledad en el traqueteo de la madera, en el lamento de las vigas mientras abre los cuartos como un bostezo coral.
Antes pensaba en desperezarme, en dejarle caer la araña de luz sobre su cabeza. ¿Haría bien en descargarle el cuadro de sus antepasados, causantes de mi peor herida, de mi mayor grieta? ¿Por momentos creyó que mis muros eran los costados de Cristo? Claveteaba en ellos, martilleaba mi piel, me empustulaba. Pero hay algo dulce en cómo iza -lenguaje de chimeneas en invierno- la bandera negra de los duendes del fuego.
Vendrá al atardecer, con sus gastados pasos. Soy su casa, su único testigo: sólo yo veo envejecer su sombra y sus espejos.
DAVID REINOSO, Colombia
CARPA DE GITANOS
Nunca tuvimos una casa
Cargamos paredes en vendajes
las cargamos lisiadas por el destierro
Somos una versión impecable de Caín
Nuestra carpa es el primer lugar
donde nace la ausencia
y el último donde muere el recuerdo
Buscamos un paraje dónde partir el pan
el lugar donde se aferran los ladrillos
será la tumba.
ANDREA COTE, Colombia
LECCIÓN ÚNICA SOBRE COSAS VIEJAS
Ya dije
no sé quién inventa el olor de las casas,
no sé.
Más aún si lo que te gusta es mirar desde arriba
la vista ruinosa de los tejados
y la pared deslucida
y los muros
y las sucias puertas de las casas viejas de aquí.
Más aún,
si ya no recuerdas que
no es el olor
sino la bondad de las cosas
al exhibir su derrota.
ROGELIO ECHAVARRÍA, Colombia
El Transeúnte
Todas las calles que conozco
son un largo monólogo mío
llenas de gentes como árboles
batidos por oscura batahola.
O si el sol florece en los balcones
y siembra su calor en el polvo movedizo
las gentes que hallo son simples piedras
que no sé por qué viven rodando.
Bajo sus ojos que me miran hostiles
como si yo fuera enemigo de todos
no puedo descubrir una conciencia libre
de criminal o de artista
pero sé que todos luchan solos
por lo que buscan todos juntos.
Son un largo gemido
todas las calles que conozco.
MARIA MERCEDEZ CARRANZA, Colombia
POEMA DE AMOR
Afuera el viento, el olor metálico de la calle.
Ya dentro, va dejando todo lo que lleva encima,
primero la cartera y la sonrisa;
se deshace de las caras que ese día ha visto,
los desencuentros, la paz fingida,
el sabor dulzarrón del deber cumplido.
Y se desviste como para poder tocar
toda la tristeza que está en su carne.
Cuando se encuentra desnuda
se busca, casi como un animal se olfatea,
se inclina sobre ella y se acecha:
inicia una larga confidencia tierna,
se pide respuestas, tal vez tiene la mirada turbia;
separa las rodillas y como una loba se devora.
Afuera el viento, el olor metálico de la calle.
ROBINSON QUINTERO OSSA, Colombia
MAPA
Hay las calles que pasado un largo tiempo
volvemos a caminar
y a la mirada son de pronto más amplias
más extensas
Hay las que volvemos a andar una tarde
y se dan a la vista más angostas
menos profundas
-como las de la infancia-
Hay las que anduvimos ya en una ocasión
-no sabemos qué ocasión fue-
pero en la ruta
nada recuerda nuestro paso
Y hay las que paseamos por primera vez
y en las que nos estremece
el presentimiento
de que ya las caminamos
RAFAEL DEL CASTILLO, Colombia
CANCIÓN NOCTURNA
La casa es, más aún que paisaje,
un estado del alma
Gastón Bachelard
I
Mi casa está en la infancia
en ese barrio viejo
y no la encuentro.
Nadie me toma de la mano
o me dice
mírala
aquí está.
Aquí ha estado siempre
II
En las noches de soledad y de embriaguez
me pierdo
como un niño
en la ciudad.
Cuando a la madrugada
escuches a un borracho llamar a sus hermanos
no te inquietes
soy yo
buscando la casa de mis padres,
el corazón en bicicleta,
el corazón jugando entre recuerdos y fantasmas
a la lumbre amorosa del alcohol.
III
Todas las noches llueve sobre mi casa
allá en la infancia
y yo me asomo a la ventana:
un ebrio canta en la calle como un loco
el poema de amor del extraviado.
Mi madre
al descubrir quién es aquel que canta,
me abraza y llora
en silencio
allá en la infancia…
RODOLFO RAMIREZ SOTO, Colombia
A DIARIO
Cuatro paredes blancas
la ventana mira a la calle.
Dentro
unos afiches:
testigos mudos.
La cama cansada
el cenicero colmado
libros en discusión con la soledad
el convivir
ellos y yo
y el asesino
que entra por la ventana.
JAIRO BERNAL, Colombia
ELOGIO DEL CINCEL
Construyes una pared
para expresar
un cierto sentido de lo propio,
la elevas para decir
que lo que allí se halle
será cosa de tu encierro,
lo que quieres preservar,
una excepción,
una forma del amor.
Mas olvidas
que las paredes son paredes,
-como la soga que asfixia
el anís que mata
la aspereza de tus manos-
jamás te pertenecerá
lo que quieres encerrar
es más bien anomalía,
lo más parecido a la ausencia.
CARLOS PACHÓN GARCÍA, Colombia
EL ESPEJO ROTO
El espejo a la entrada de la casa nunca se cambió. Se dejó roto para que huéspedes y visitantes vieran su herida interior.
El primer gesto de quien entraba era observar cómo aquella marca le atravesaba la vida. Tanto se acostumbraron, que algunos la lucían con elegancia y se volvieron diestros en cambiarla de lugar.
Se acomodaban en el espejo de tal forma que la herida resaltaba detalles: algunos la colocaban en la barbilla o cerca a las cejas para vivificar la infancia; o atravesando en diagonal las mejillas para no olvidar una venganza o desaire; otros, la acomodaban sobre la misma línea de la boca para añorar el silencio. No faltaban quienes la desaparecían del rostro para llevarla a un lugar más clandestino, con el peligro de rasgar el alma.
Después de observarse en el espejo, huéspedes y visitantes tenían la certeza de que no eran ellos quienes recorrían la casa. El verdadero habitante se quedaba guardado en el espejo, como un abrigo maltrecho en la recepción de un recinto. A la salida tampoco eran los verdaderos. Sin embargo, la humedad y el viento hacían doler los puntos sobre la herida.
FERNANDO LINERO MONTES, Colombia
ATARDECER
La ciudad navega hacia la noche:
humo de chimeneas techos apretujados
donde la luz vacila.
Turbias aguas en las que el poniente se zambulle.
En la puerta las mujeres de la casa conversan.
Un día se las ha de llevar la muerte
flotando sobre el ámbito de las terrazas
como el viento a las hierbas que crecen en los canalones.
Por la ventana entreabierta se filtra
el último rayo de sol que ilumina al poema.
Plácidamente la casa se adormece.
A través de una nube de murciélagos
navega hacia la noche.
Pasa callada sin espera de nada
y en sus estancias
ser un hombre es más difícil cada vez.