El poeta chileno nos envía este poema para los lectores de La Otra. Zurita, con certeza uno de los referentes centrales de la actual poesía chilena, fue Premio Nacional de Literatura en su país en el 2000, es además un militante confeso contra el capitalismo.
LVB
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EN EL DESIERTO DE ATACAMA
Joder venir a soñar con Beethoven en la mitad del
desierto de Atacama. No escuchaba ni una puta
nota ¿me entiende usted? Ni una puta nota. ¿Cómo
lo haría el tipo? Tener toda la música adentro y no
oír ni pío. Yo digo que para eso hay que tener a
Dios ¿o si no cómo? A los muchachos no les gusta
oír esa música, no es que no les guste, es que no
llevan nada adentro o si no cómo no podría
gustarles. Dicen que son cosas de viejos, pero yo
creo que están equivocados ¿no le parece a usted?
No se puede ir a la vida sin música, es lo que yo
pienso. Ni una puta nota ¿cómo lo haría el cabrón?
cómo no se volvió completamente loco el muy hijo
de puta. Joder con LVB, tener toda su música allí
adentro y no poder oírlo. ¿Pero sin Dios cómo? Yo
creo que Dios tiene música, es lo que pienso, yo
creo que estos cerros tienen música, las piedras, las
nubes…
El tipo hablaba y hablaba. Yo había despertado
mal y fui a la cocina del albergue por si me topaba
con algo como un café. Allí estaba. Cuando le
contesté algo me di cuenta de que me seguía los
labios porque era sordo, sordo como una tapia.
Amanecía y las ciudades de agua flotaban en el
silencio infinito del cielo. Escuche, siguió todavía
diciéndome mientras me alejaba, escuche, escuche…
escucha entonces, cabrón
LVB OP. 410
El país de sed
Entonces hacia la izquierda de la carretera se vio el
país de sed
Sobre el desierto chileno con soldados patrullando en
las entradas boleterías hechas añicos y orquestas en
derrota alejándose cielo adentro
Mientras cientos y cientos de oboes abandonados en
las piedras se iban mimetizando con el amanecer y
eran como imágenes de sueños las butacas destripadas
la concha acústica trizada en los arenales
Allá donde nos preguntaron a culatazos los nombres y
uno de los nuestros dijo “no oigo” y el oficial le gritó
“tu nombre o te jodes” y él: “Beethoven” y el oficial:
“¿qué Beethoven” y él: “el mismo” y el otro: “ no le
sacarás una puta nota a este peladero tipo” y eran los
arenales de la sinfónica fundiéndose con el infinito
desierto del horizonte encangrejado reseco como
un bombardeado país de sed atravesado en la carretera
LVB/ OP 411
Llanuras
Oigan fulanos ¿alcanzaron entonces a ver esas pampas
tocar frente a ustedes?
Resecas solitarias tañendo igual que una orquesta que
se va perdiendo en el viento allá sinfoneando en esos
infinitos
Donde todos se ponían de pie viendo a un fulano parado
gritando frente a las grandes llanuras Soy Beethoven
repetía Ludwig Van moviendo con frenesí los brazos
como si efectivamente les dirigiera la música a esas
pampas de sed infinitamente mudas infinitamente
silenciosas infinitamente sordas y era como si a tu
lado un gran amor te estuviera llamando y tú no oyeras
LVB/ OP 412
Rompientes
¿Y lo vieron después frente a esas playas imponente
pálido moviendo la batuta frente a las rompientes?
Mientras detrás de él el amanecer subía como si fuera
otro mar y nosotros el horizonte que miraba a LVB
doblarse lloroso cayendo frente a esas olas
Desmoronándose frente al destellante océano de sed
que brama tocando las notas finales de esta vida
Qué tocas le preguntan a LVB los torturados cayendo
como caen las rompientes en las playas Quise
interpretar esas rompientes pero era sólo el oleaje de
los muertos les contesta él con tristeza sordo como
Dios apuntando con su batuta al ensangrentado cielo
LVB/ OP 413
Como una línea de sangre
¿Entonces lo escuchaste al lado de la carretera de pie
dirigiendo a esos arenales?
Allá donde nadie escucha y nadie es la música de esos
sordos vientos nadie esos cielos quemados nadie
esos montones de piedras
Cuando se dibujaron las llanuras de un país de sed y
con señas le preguntamos al sordo Ludwig Van que
por qué no escuchaba Es que nunca me imaginé
que me tocaría dirigir una orquesta de desiertos nos
replicó él dirigiéndonos mientras al frente el tajo de
la carretera comenzaba a enrojecer límpida recta
como una línea de sangre perdiéndose en el horizonte
LVB/ OP 414
La Quinta
¿Y escucharon alguna vez la Quinta del destino tocar
en esas cumbres?
Árida sonando como suenan las inaudibles montañas
que avanzan como suenan las cuencas vacías del mar
como suenan las nubes moviéndose
Y era la Quinta sin notas sin sonidos como nubes
desplazándose explica LVB agitando sus brazos
como se agitan los prisioneros bajo los golpes
eléctricos ¿Pero tú te escuchas? le preguntamos
mirándolo dirigir a todo trapo las cumbres del país
de sed enloquecido ya casi de rodillas igual que
un prisionero que se va doblando frente a su destino
SI SÓLO ESCUCHARAS
Escucha ahora este poema oh sí lindo amor, es un
vaticinio ¿sabes?:
Se abrirá el mar frente a la costa del país de sed
y el desierto del norte entrará en el corredor del
mar raspando la pared norte de las aguas y los
témpanos y glaciares del sur entrarán en el mar
raspando la pared sur.
Se despejará entonces la corva de la cordillera,
avanzará por entre las divididas olas y por un
minuto brillarán adelante las cuatro carreteras
del comienzo: el Pisón, el Guijón, el Tigris y el
Éufrates.
Después se hará noche profunda y comenzará el
Éxodo, la larga huida chilena.
Y habrá chicas sollozando en las autopistas y
camiones con soldados.
Y tú ya no me amarás P y el paso entre las aguas
no será tan duro
Oh sí amor no será tan duro
Oh sí amor no será tan duro
como el ademán de tu mano apartándome.
Pero nadie escucha amor
SI SÓLO OYERAS
Oye entonces este presagio, sí dulce amor, oye
esta profecía:
Las barriadas avanzarán entre los paredones de
agua del mar y habrá ambulancias con perros
antidrogas y veteranos de guerra mirando en las
esquinas.
Y las autopistas del país de sed se arrugarán
como líneas de polvo en el tajo de las abiertas
aguas
y será la locura oh sí amor
y será la soledad oh sí amor
y será la derrota oh sí amor
Y veremos un país de tablas atravesado en el
medio del corredor del mar, chicos con acné y
retratos de mamá en una gran nevera, lo verás
dulce amor
Lo verás dulce amor
Lo verás dulce amor
Y nuestros cuerpos rotos P se abrazarán en el
fondo del mar como puentes enmarañados.
Pero nadie oye amor
SI SÓLO SINTIERAS
Siéntelo entonces baby, amor: descenderemos
hasta el corazón del océano y nuestros cuerpos
parecerá granos de arena avanzando entre las
partidas olas.
Pero aunque las aguas a mi izquierda y a mi
derecha crepiten como llamas de fuego, no
temeré oh no amor
Y oiremos sus voces baby, amor:
Aquí caímos… Aquí mi mano arrancó tu piel…
Aquí te vendí oh sí baby, amor…
Y será como escuchar a los desiertos, a las
tundras, a los glaciares…
Después el paño de este mundo caerá sobre
las costas y todo el frente de las costas, valles
centrales y cordilleras avanzarán bajando por
el desfiladero del mar.
Y los muros de agua espumearán a los lados
Y tú ya no me amarás P
Y el asesino entrará
en su asesinato como el largo y estrecho
país de sed en la destilante masa del océano
Pero nadie siente amor
LVB/ OP 417
Orilla muerta
Entonces por un instante todas las olas se doblaron
al unísono sin un sonido mudas golpeando la playa
muerta
Dibujando la infinita catarata que se abría al frente de
la carretera allí donde Ludwig Van trataba de dirigir
el infinito sin escucharlo con las muñecas vendadas
golpeándose contra el sordo cielo
Cuando por un segundo nos vimos a nosotros mismos
flotar cielo abajo siguiendo con los labios la catarata
del mar derrumbándose frente a la carretera Y eran
sólo sonidos vacíos trapos de mi mente decía con
pena LVB tocándonos en el piano algo que alguna
vez fue la Coral tapado de arena vacío llorando
como sólo puede llorar el mar ante una orilla muerta
LVB/ OP 418
Torturados
Nada no se escucha nada se gritaban los torturados
de la Unidad 420 debajo de la inmensa alba desnudos
temblando
Frente a los muelles que parecen flotar en la sangrante
aurora frente a los mismos desmantelados barcos de
la bahía frente a la misma herradura ensangrentada
del océano
Donde lo único que existe son unos derruidos molos y
al fondo los mismos escombros las mismas mohosas
escuadras los mismos torturados desnudos Es que
queríamos oírlo dirigir las grandes marejadas del
Pacífico le decían los de la Unidad 420 a Ludwig Van
Beethoven que flotaba alejándose ensimismado extraño por la parte más inconfesable del amanecer
LVB/ OP 419
Plaza Garibaldi
Entonces avanzando desde los grandes arenales hasta
la costa silenciosas polvorientas se dibujaron las
últimas vistas del país de sed
Frente a los buses de turismo estacionados en el borde
de la carretera con amarillos fotografiando la plaza
Garibaldi perdida en esos peladeros y carnales de LVB
cantando Ella entre los escombros
Siguiendo la marcha de los paisajes hasta las costas
que no oyen nada y gritan La sordera es el corazón
del país de sed explicaba el guía mientras atrás se
veían los primeros roqueríos y más atrás el inmenso
amanecer y más atrás a Ludwig Van cortado a pique
ante la sinfonía de polvo del desierto allí igual que
un farellón que se vacía estrellándose contra el océano
LVB/ OP 420
Beethoven’s boys
Destrozadas sobre las piedras como ejércitos mudos
como mudas rompientes se derrumbaban entonces las
últimas sinfonías
Y había fulanos acabados mirándolas y más allá cerros
de instrumentos en desuso partituras que se volaban
en el viento y bandas de chicos enterrando sus baterías
frente a las olas
Frente a las playas que subían mostrando el color del
mar sobre las montañas Vimos el océano flotar
encima de las montañas cantan los Beethoven’s boys
rapeando la Coral en las cumbres como espumas No
oigo nada replica LVB arrasado de lágrimas mirando
estallar las rompientes sinfónicas totales como un
acantilado de pianos blancos tocando frente a la costa
ESCUCHA ENTONCES SORDO, CABRÓN
Patrullas
Sinfónicas en derrota del desierto llanuras arenales y
piedras que gritan: nadie escuchó nada
Conciertos en derrota del mar de las naves de la flota
chilena prisioneros y filarmónica de todas las radas y
golfos y bahías: nadie oyó nada
Tocatas en derrota del cielo vientos aires donde nos
palpábamos los miembros muertos como si fueran
plomizos ríos como si fueran plomizas olas: nadie
sintió nada
Nadie escuchó nada nadie oyó nada nadie sintió nada
decía LVB arrojado de bruces en la carretera con las
manos en la nuca creyendo oír el sonido del mar
detrás de la mudez infinita de esos peladeros… Escucha
entonces sordo cabrón… Y eran las mismas patrullas
de soldados gritándole y más allá las destripadas
butacas las orquestas en derrota perdiéndose cielo
adentro el país de sed recortándose tras las alambradas
Raúl Zurita, nació en Santiago de Chile, en 1950. Estudió Ingeniería en la Universidad Santa María de Valparaíso. Entre sus libros se cuentan Purgatorio (1979), Anteparaíso (1982), Canto a su amor desaparecido (1985), La Vida Nueva (1994), INRI (2003) y Zurita (2011). En 1979 crea con otros artistas el CADA, Colectivo de Acciones de Arte, realizando acciones de arte de resistencia política. En 1982 escribe en el cielo de Nueva York el poema «La Vida Nueva» y en 1993, de forma permanente, la frase «ni pena ni miedo» sobre el desierto de Atacama, Chile que solo puede ser vista desde las alturas. Ha recibido las becas Guggenheim y DAAD de Alemania y, entre otros, los premios Pericles de Oro (Italia, 1994), Pablo Neruda (Chile, 1998), Municipal de Literatura (Santiago, 1985), Nacional de Literatura (Chile, 2000), José Lezama Lima (Cuba 2005) e Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (Chile 2016). Es Doctor Honoris Causa por las universidades de Alicante, España y Santa Maria, Chile. Libros y poemas suyos han sido traducidos a una quincena de lenguas.