DIVERSAS GEOGRAFÍAS VI
Jair Cortés
La poesía de Valeria Guzmán (Puebla, Puebla, 1990) es una mezcla de evocaciones donde la infancia habla en un lenguaje onírico y altamente poético, consciente de las texturas del verso y de las imágenes que provoca por medio de una fina costura que hilvana tiempos dislocados y escenificaciones íntimas, casi confesiones que trascienden en una estructura verbal compleja que elige dialogar con otras voces de la tradición poética latinoamericana: “El cuerpo entero arremetió/ contra esa piedra/ limé mi espalda hasta el polvo/ he terminado en una destrucción/ de ambos lados”. Por su parte, Eduardo Islas Coronel (Pachuca, Hidalgo, 1993), va detrás de la infancia y al no poder alcanzarla encuentra en la poesía (memoria e imaginación a un mismo tiempo) la respuesta a la paradoja de Aquiles y la tortuga: “Jamás regresa/ al huevo/ la tortuga”, formulando las preguntas precisas (incluso desde la filosofía y la ciencia) que todo verdadero poeta se hace respecto a la palabra y su relación con el mundo. Los poemas de Ingrid Bringas (Monterrey, Nuevo León, 1985) son una extraña combinación de paisajes familiares delineados por la angustiante sombra de la muerte que toca todo: lo mínimo y lo colectivo, lo secreto y lo público, su poesía reflexiona sobre las posibilidades de la vida abriéndose paso en las grietas de un lenguaje que nombra lo que habrá de perecer irremediablemente: “graznaba la tarde como la luz heredada,/ después de la plaga que azotó mi pueblo comprendí la palabra muerte,/ el hado funesto de las cosas/ aprendí a perder con la palabra …”. Por último, el poeta Ricardo Venegas (San Luis Potosí, SLP, 1973) construye un mapa del tiempo literario de Cuernavaca, restos de un paraíso que leemos con nostalgia y también nos ofrece poemas en donde se demuestra su amplia capacidad de contemplación y exploración del lenguaje poético; su poesía se inserta en esta muestra (recibida generosamente por la Revista La Otra) como un diálogo entre generaciones que aviva el fuego que ilumina un presente extraño y oscuro.
VALERIA GUZMÁN
Extracción de la piedra solar
Que vienen a
recoger un percance
de tu espalda
Abre
que diga cómo se incrustó
en el omóplato
Las alas tienen un bache en el centro
ahí entró una piedra
del tamaño del sistema
económico
político
solar
El cuerpo entero arremetió
contra esa piedra
limé mi espalda hasta el polvo
he terminado
en una destrucción
de ambos lados.
Quiero más las cosas que el arte
Mejor las cosas de uso
en ese museo, la silla de madera
la charola de lo mismo
el plato que brillaba con los peces adentro
los peces brillaban reflejados en mi pecho
miraba el espejo con flores falsas
(probablemente añadidas posteriormente)
el dibujo de ojos muy blancos más que los ojos ya pintados
el esqueleto de la mujer con un foco en el cabello
más que los pájaros que ya se escapaban por la ventana
terminó sus cuadros con lo mismo pero el color adentro
pero el color ya estaba adentro
en sus líneas, abuela
me acordé de tus charolas
de tu cuerpo menos cuerpo
de la cocina donde pasabas las cosas
entre una papaya mosqueada
recordé la casa de Azar que tenía cosas (tantas)
mamá dijo quiero lo mismo
y sus equipales sus tazas sus talaveras indubitables
qué es un tibor es carísmo es un regalo
las lámparas de Tecali el exconvento
la nueva casa de papá
necesaria a los diez años
cómo escogió sus nuevos pedazos
el ónix con crema y una pared roja quemada
con una desnuda encima
de Acapulco, asegura
pensaban que conocía a las encueradas
del baño pensaban que alguna era mi mamá
decían los pequeños amigos hay mujeres en cueros en tu casa
escogía el perro de más barro y la historiadora del arte
decía que no había certificación pero yo lo amaba
escogía el búho de Jalisco de ala rota
le pegué la parte por la oferta de tenerlo
(me miran y yo los entiendo).
Ya pues
Empiezo en tus fantasmas
convencidos de andar pase
a pase a mi boca desde tu lado
entran por mi boca caseta
a Cuernavaca en una vacación
insolente quiero decir infantil
Tus coches fantasmas
calculan maniobras de vueltas
cuál es el mejor camino para
voltear y ver una montaña que es
mi lengua (es un túnel)
van tus putos fantasmas
metiendo su capa donde nadie
llama nunca esos fantasmas
nadie dice esculquen
suben y bajen coches fantasmas
aquí está mi tubo que pasa
de la campana a mi pituitaria
toquen el timbre antes
Asustan mis ideas formadas
planeadas para ir saliendo en respuesta
eran dominós pasé una semana y un dedo fantasma
tira mi freeway negriblanco
y van también hacia abajo
meten una capa apretada
como huída para entrar
dicen pierna, quiero pasar por acá
antes te toco la oscura erizada
y me resbalo en su agua
por qué estás tan distraída
por qué no te traes dice nadie
pero tus fantasmas me están jalando el triángulo
me sacan saliva
me dan toques en los de abajo
me hacen cosquillas
y tú sabes y no les llamas la atención.
Disnea
En el museo, había un pulmón gigante de aire comprimido que se inflaba y desinflaba. Un globo gigante con venas como la bolsa de un embrión vacía. Una mujer gigante estaba afuera en alguna parte y no podía respirar.
Una mujer gigante se había quedado sin aire y, como consecuencia, había empezado a encogerse hasta quedar como cualquier humano que estuviera viendo la exhibición.
Creo que la gigante era yo.
Valeria Guzmán. Puebla, Puebla, 1990. Estudió Letras Hispánicas en la UNAM. Ha publicado sus poemas en distintas revistas. Fue becaria de Interfaz por poesía. Escribe en www.unpliegue.wordpress.com.
EDUARDO ISLAS CORONEL
PARADOJA DE AQUILES Y LA TORTUGA / PARADOJA DE LA FLECHA
A Diego José
La verdadera patria del hombre es la infancia.
Rainer Maria Rilke
- Arte poética
Alguna vez te dije
(y en verdad lo sentía cuando lo dije),
que amo los versos acentuados
en la sílaba cuarta, y en la décima;
como una infinita sucesión
de luminosos pájaros
soltando el corazón a la mitad
de un lago en calma.
Es cierto, amo la poesía,
pero también escucha esto:
Yo escribo porque intento
hallar a la Tortuga
que hace bastantes días
se me quedó en la infancia.
- Instante
Alguien tensó la cuerda.
La infancia fue la flecha suspendida
entre dos aleteos de mariposa.
Existen ríos de sangre
que no pueden volver su cauce
hacia el origen.
Dijiste que mirara
dentro del caparazón de la Tortuga:
La infancia teje templos invisibles
a través del eco que la nombra.
- Memoria
Una tarde,
frente al océano roto, despojado,
busqué silenciar el eco
de la ruina,
mas fueron vanos todos mis intentos:
Jamás regresa
al huevo
la tortuga.
- Liberación de las tortugas
Esta mañana,
nacieron en la playa cien tortugas,
quedaron huevos rotos en los nidos
como una gris metáfora del tiempo.
No he dejado de hablarles todo el día;
como una madre dócil,
las guío hasta el océano
con el filo torpe de mi lengua.
Como un Abraham que abandonara Ur de los Caldeos,
conduzco mi rebaño de quelonios
por la playa desierta de mis años,
hasta la Tierra Prometida.
Y si tan sólo yo pudiera comprender
que siempre es el rebaño quien me guía,
y si a pesar de todo
sobrevivieran las tortugas
al rapaz cuervo del orgullo;
si consiguiera llevar a mis palabras
más allá del filo de la carne,
hasta el extremo mismo del lenguaje:
¿Quién habría sido el liberado?
- Insomnio
No duermo:
me dejo llevar por las palabras,
como sentir un océano inconsistente
azotándose una vez, y otra,
contra los invisibles muros de la mente,
sin apenas un punto de reposo,
sin apenas un verso donde anclarme.
Quisieran mis palabras
quebrar el ventanal de la consciencia,
abrir una grieta irreparable
en el tiempo fugaz de quien despierta
y no recuerda nada de su sueño;
pero el lenguaje es niebla, yo no duermo,
y qué cansado es naufragar todas las noches
siempre a estas alturas del poema.
Escucho entonces la voz de mi Tortuga,
hablándome al oído, que me dice:
“Duerme, escucha la canción del Ángel
en el sueño;
la poesía es una piedra caprichosa
que lleva veintitantos años
creciendo desde el fondo
de tu mano”.
- Educación de Aquiles
Llega pronta la certeza, Aquiles,
inexorable hiere nuestro orgullo con su lanza;
llega pronta la certeza:
no es cosa fácil alcanzar a la Tortuga.
El centauro Quirón te alimentó de jabalíes,
de entrañas de león y médula de oso
para aumentar tu valentía;
te hizo diestro combatiente en la batalla,
y te instruyó en el arte de curar heridas.
Aquiles: yo también aprendí las formas métricas,
salí a cazar metáforas,
cargué por años un diccionario de sinónimos
y estudié a los clásicos
(incluso a los que me aburrían).
Escribí al principio
“Llega pronta la certeza”, ahora lo sabes:
una sola flecha ungida de verdad,
un solo verso cargado de poesía,
arrasará con vanos
castillos de
palabras.
- Cálculo infinitesimal
Creo en la infancia, una tierra natal de exámenes
de matemáticas…
Ilyá Kamínsky
A Newton
A Leibniz
Atrapar a la tortuga.
Sin correr, atrapar a la tortuga. Sin moverse: contemplarla.
Desnudar la percepción, aniquilar el juicio,
ni siquiera pensar en la Tortuga para que no se vaya.
Intuir que hay algo incomprensible
vibrando entre los nombres:
saber que la poesía no ocurre en las palabras,
sino en los intersticios.
Eduardo Islas Coronel (Pachuca, Hidalgo, 1993). Poeta, narrador y docente. Estudió la licenciatura en Ingeniería Mecatrónica en la Universidad La Salle Pachuca. Ha participado en talleres literarios dirigidos por Agustín Cadena, Diego José, Jair Cortés y Vicente Alfonso. Su poemario breve El mismo desamparo aparece en la antología Se oyen voces en el pasillo (Editorial UANL / Colectivo resortera, 2015). Ha colaborado en revistas como Anagnórisis y Cuadro.
INGRID BRINGAS
Conjuros
Escucho las voces de la lluvia
de ahí viene mi forma
donde puedo ser río o llanto
canto de ave
aprenderé a llorar como los niños
con los ojos ornados con la quietud del silencio
aprenderé a nadar en las cauces de unas manos tibias
a reflejarme en sus mares íntimos
habrá frutos donde se deslice el silencio
conjuraré contigo mi estado líquido
vararemos en la playa
moriremos por dentro.
II
Cuando aprendí la palabra muerte
apenas se construía mi casa, mi abuela había muerto,
se habían secado los higos
cuando aprendí a pronunciar la palabra muerte ,
mi padre se había cortado con la navaja de afeitar
eran días de vigilia
graznaba la tarde como la luz heredada,
después de la plaga que azotó mi pueblo comprendí la palabra muerte,
el hado funesto de las cosas
aprendí a perder con la palabra,
a dejar ir
a apagar la sed cuando la muerte nos devora.
Veinte maneras de usar un vestido
Cuando uso el vestido de mi madre, repito su nombre en voz alta
sorprendida siento su carne viva,
los pliegues de sus manos,
invoco con ella la felicidad engendrada,
su sonrisa como sandía
Cuando uso el vestido de mi madre en posición fetal,
Me enseño a ser valiente a usar su risa más burlona,
A sobrevivir rodeada de extraños
Cuando uso el vestido de mi madre, acepto la muerte como obsequio
Y veo como la gente se hace más pequeña.
III
¿Cómo me recordará la gente cuando no exista?
con la cabeza reventada,
víctima de la ausencia insoportable de los otros,
ave de paso que apareció sobre mi puerta,
quizás era un presagio
¿Cómo me recordará la gente cuando no exista?
Yo, hombre
sin fisuras en el corazón,
el del cabello reseco
Yo, rey
Lisiado
¿Cómo me recordará la gente cuando no exista?
la gente no tiene memoria,
los enfermos no tienen memoria,
somos de pronto un recuerdo envuelto en olvido.
Naturaleza muerta
La tierra donde vivo es salvaje,
tiene la enfermedad del pueblo,
la mujer que me corta el pelo me habla del último muerto
Murió de un paro,
le sacaron el corazón luego,
se lo ofrendaron al río
La temperatura de sus aguas cambio después de eso,
amé a una mujer en sus orillas, el río ardía
se nos habían quemado las manos.
Ingrid Bringas (Monterrey, N.L, México, 1985) Colabora en diversas revistas de poesía nacionales e internacionales. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, francés y portugués .Es autora de La Edad de los Salvajes (Editorial Montea, 2015) Jardín Botánico (Abismos Casa editorial, 2016) y Nostalgia de la luz (UANL,2016)
RICARDO VENEGAS
Bitácora para Cuauhnáhuac
Se oyen los cuacos de la otra tierra
cruzando el empedrado de las calles,
cruzando la Plazuela
como una procesión de trashumantes heridos de la noche.
Sigue hospedado Alfonso Reyes en una habitación del Bella Vista
y escribe Homero en Cuernavaca mientras deambula
en su premonición del griego antiguo,
lanza los versos del viajero y la Visión de Anáhuac,
baja por Humboldt un borracho que ha extraviado su escritura,
escala Lowry en el volcán y en sus andanzas,
en esta cruz nos embriagamos a la memoria de los ancestros,
brinda en El Farolito,
bebe una turba de lenguajes
y en un dibujo de Montenegro deambula la Llorona,
“todo será posible menos llamarse Carlos”,
descubre Pellicer en La Parroquia.
En el Casino de la Selva
los murmullos de bardos y bohemios,
la ópera perpetua,
murales de la raza cósmica,
giros de la ruleta en el pincel,
musas del bronce espiritual.
Es el Cantar de los Cantares en alcobas,
huellas tatuadas como flores,
Ricardo Garibay conversa con los muertos
en medio del oleaje de una voz
donde la Sulamita corta el tiempo,
donde Quevedo se apersona “culto y pelado como el mismo diablo”.
En su bitácora terrestre
Humboldt escucha la primavera eterna,
-eterna balacera, gritan las ánimas de los esteros,
pasan los trenes de la Estación –que ya es desierto de las almas-
con una carga de nostalgia por un reloj que ya no marca
las horas de las horas,
entran los pasajeros en diligencias que al abordar se desvanecen,
suben airados por el polvo de alguna sed que avanza.
Vapores
I
Marea de lluvias primogénitas,
agua del suelo instintivo de la tierra,
gotas aladas,
peces nacidos en la voz,
congregación de remolinos
donde se dijo en lenguas muertas
el cuerpo de este mundo.
II
Posa el cangrejo para el mar,
ya millas náuticas de sal se esfuman,
y a millas náuticas de sal se esfuman
los vapores del alba,
ninguna luz hubiera en esta arena
si aquella fuerza de la ola hubiera renunciado.
Laúd en L
Lanza la lira
los largos lares de la loa
letras latidos
lanzan leyendas a la luz
legiones de lenguajes son lámparas de un lago
labran los labios de la luna
lady lechuza en el laurel lee su libro.
Ricardo Venegas (San Luis Potosí, SLP, México, 1973), siempre ha vivido en Cuernavaca, Morelos. Estudió Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y es Maestro en Literatura Mexicana por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, BUAP, egresado con Mención Honorífica. Miembro del Consejo de Asesores Nacional de la Academia Mexicana para la Educación e Investigación en Ciencias, Artes y Humanidades (2015). Textos suyos han aparecido en diversas publicaciones nacionales y extranjeras. Es autor de los libros de poesía El silencio está solo (Eternos Malabares, 1995); Destierros de la voz (Eternos Malabares, 1995); Signos celestes (Conaculta, 1995); Caravana del espejo (Instituto de Cultura de Morelos, 2000); Turba de sonidos (Ediciones la Rana, 2009), con el cual le fue concedido el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta 2008 y La sed del polvo (Conaculta/Inba, 2013), antología personal prologada por Evodio Escalante. Ha sido becario del Centro Mexicano de Escritores, bajo la tutoría de Carlos Montemayor y Alí Chumacero (2003-2004) y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, en la categoría Jóvenes Creadores (2005-2006). En 2014 obtuvo la beca de Creadores con Trayectoria otorgada por la Secretaría de Cultura del Estado de Morelos. Poemas suyos han sido traducidos al inglés, francés, italiano y portugués. Fue director de la revista literaria Mala Vida, Mester de Junglaría (Beca Nacional “Edmundo Valadés” para la Edición de Revistas Independientes 1996-1997, 1997-1998 y 2003-2004). Actualmente dirige la revista multidisciplinaria «Bitácora pública» y la editorial Ediciones Eternos Malabares (beneficiaria de la convocatoria Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales (2010 y 2014) y del estímulo del programa Proyectos de Inversión en la Producción de Obras Literarias Nacionales del Conaculta-INBA (2013).