Rafael Castillo, las impresiones vivas

Rafael CastilloComo si la ocasión pasara despierta o una lente precisa detuviera el tiempo, como si la fotografía que nos hacemos en la ventana de nuestra circunstancia, siguiera viva después de crepitar fuera del agua. Rafael Castillo sostiene las redes del sentido en la alta añoranza de una verdad que vive pero calla.
Sus imágenes siguen danzando al ritmo de la experiencia y así nos consiente sus ojos.

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Coordinador de la sección: Luis Dellamary

 

 

Rafael Castillo
Rafael Castillo
Para Rafael Castillo Costa, nacido en la Ciudad de México, la poesía es un estado de presencia en donde la dualidad se disuelve en la expresión poética. Sus textos han aparecido en las revistas Este País y Crítica; así como también en Realidad Literal y Baquiana. Esta última ha incluido algunos de ellos  en sus Anuarios. Dichos trabajos forman parte de tres poemarios inéditos: Adarmes de Viento y Arena, Juego de Espejos,  y  Soles de Espiga y Agua.

 

 

OTREDAD

Su rostro quedó en el espejo
ahí lo esperó al día siguiente
con idéntica expresión
diferente mirada
los ojos más inquisitivos
las ojeras tal vez menos hurañas
el ceño dividido
la edad ligeramente avejentada.

Le reclamó no escuchar sus voces
internas
no regresar a su asombro de niño
no redimir convicciones y palabras
no leñar desahuciadas quimeras.
Le dijo que acopiar conocimientos
podía ser camino tormentoso
interminable
que la sensibilidad extrema sojuzgaba
que los placeres engañaban.

Le dijo que había tiempo todavía
para reencontrar su condición
de ser otro.

 

BUMERÁN

Las palabras chocaban con el viento
eran emoción atrapada
eran sentimiento impotente.

Su voz era una pausa detenida en
el tiempo
era sonoro pensamiento que en el
ambiente flotaba
era gemido suspendido en el aire
era pelícano que llevaba la tarde en
sus alas.

Su voz era clamor de cigarras atascado
en el muelle
era cangrejo que un eco devolvía
era terral secuestrado en castillos
de arena.

Su voz era bahía sin salida
era fallido mensaje en una botella
era galeón que naufragaba en un risco.

Tantas voces y palabras de un amor
suturado en el pecho.
Tantas voces y palabras de una pasión
mutilada en el vientre
Tantas voces y palabras sofocadas en
un grito.

 

AMNESIA

Magra resulta la memoria
a lo mejor nuestra niñez algún día se detuvo
quizás marcó nuestro destino para siempre
quizás el futuro nos arrebató la infancia:
aquellos soles saturados de miradas
aquellas noches suspendidas entre cendales
de estrellas.

Hoy nada es igual
los veneros infantiles se agostaron en
un páramo sembrado de amnesias
de escuetas reminiscencias
circundado por logros y reveses
abismado en remolinos de ambiciones
pérdidas y querellas.

La curiosidad se percibe fragmentada
las ausencias no encuentran respuestas
las esperanzas han errado por senderos
desconocidos
han cicatrizado el camino.

Las conjeturas sobresalen por absurdas
la imaginación adapta condiciones
circunstancias
crea universos ficticios
persigue mundos simulados que se aceptan
y rechazan
todo se vuelve una gran incógnita
la transitoriedad un conspicuo aliado
un amigo.

 

LA DIVA

Tenía un rayo de sol en la mano
el arcoíris de la luna en su frente
una cola de armiño en el hombro
el embrujo de un sombrero de copa.

Tenía un rugido oculto en su bolso
la agilidad del ciervo en la mente
una tristeza de noches de otoño
una lechuza despierta en los ojos.

Tenía la paz del pez en el agua
una suavidad de un ramo de rosas
la libertad de una liebre del bosque
una ilusión crepitante de niño.

Tenía el aplomo de un obelisco
la jocosa alegría de la nutria
una levedad de incienso absorbente
la compasión infinita de un buda.

 

NOCHE DE ESTRENO

Los aplausos del público rozaban
las piernas de las bailarinas
sus más célebres divas apretaban los
cuerpos
abrían las manos
elevaban su blancura como alcatraces
en afamada galería.

De pie
gritos de júbilo doblegaban torsos y
zapatillas
tímidas exhalaciones opacaban las lentes
de binoculares
los miedos de la noche de estreno
formaban parte de la escenografía.

Los músicos movían con premura
instrumentos y partituras
de los palcos colgaban mantones de
ademanes y mascadas de sonrisas.

Al frente del escenario
los ramos de flores competían por
suspiros y miradas
el humo de cigarrillos hacía mutis en
pasillos y corredores
afuera la lluvia daba el banderazo de
salida a un desfile de sombrillas.

 

BAILA ANTONIO BAILA

La repetición de tonos monocordes
despertaba del bochorno a las
tardes de verano.
El sonido del pandero evocaba
impresiones imborrables.
A su cabeza volvían aquéllos momentos
cuando los prados solían ser mares
donde surcaban magnas ilusiones y los
juguetes eran inseparables camaradas
cuando las catarinas detenían el vuelo en las
yemas de sus dedos y las luciérnagas semejaban
gotas de luz que caían de alguna estrella
cuando de noche los gatos maullaban el azul
de su tristeza.
Rememoraba unos niños salir a tropel de casa
abandonar juegos y tareas para ver al gitano
y su mascota.
Entreveía a un hombre de figura desaliñada
y andar claudicante que portaba un sombrero de
alas mancilladas con una pluma rojinegra.
Lo recordaba empuñar una cadena que tiraba
del cuello a un oso grisáceo cautivo de
nacimiento.
Contemplaba los ojos de sus amigos no perder
de vista al animal erguido- cuyos movimientos
al ritmo de la pandereta- revestían aún una
precaria dignidad.

Jamás habría de olvidar tan indeleble suceso
sobre todo tan reiterado sonsonete:
¡ Baila Antonio Baila!
guardado melódicamente en su memoria.

 

DIEZ DE MAYO

Una ventisca tersa
satinada de tonos índigos
olfateaba los resquicios del mediodía.
Los cantos de pájaros resbalaban
caían lentamente al estanque.
Los tulipanes sonrojaban bajo
destellos de una insistente resolana
las risas de niños rodaban los
prados como flores de bugambilias.
Era un diez de mayo y la misa
estaba a punto de comenzar.

Las religiosas del internado
habían dispuesto con esmero el
memorable ritual:
antes de entrar a la capilla
una novicia colocaría un clavel rojo
en la solapa a quienes sus madres
aguardaban
con la misma solemnidad
pondría un clavel blanco en las pequeñas
y apretadas manos de aquéllos que
habían conocido la temprana orfandad.

Era un diez de mayo y la misa
estaba a punto de comenzar.

 

SICOMORO

Atrás del sembradío
adonde hace sombra
la arbolada
un majestuoso sicomoro
cicatriza sus heridas de
ceniza
después de la tormenta.

 

ESCONDRIJO

Bajo formas caprichosas
que escarpan los riscos
de Santo Domingo
en lo abrupto de nichos
y oquedades
hacen su morada cantos
de diminutos pájaros.

Santo Domingo, Morelos

 

UNA VIDA

Pocos se jactaban de conocerlo
se percibía solo acompañado
halagaba su expresión complaciente
y su caballerosidad a ultranza
discutía con gesto imperativo
con ágil ironía censuraba
asumía sus glorias con orgullo
y rumiaba congojas por semanas
confiaba a ciegas en la incertidumbre
en la sabiduría campirana
gozaba de inteligencia sobrada
y de una contagiosa suspicacia
jugueteaba con rutinas, pasiones
desafiaba costumbres y virtudes
hacía gala de vasta cultura
y hasta de facilidad de palabra
de noche platicaba con su infancia
lo intrigaba su errático destino
se extenuaba con la mediocridad
con la veda fragosa en los placeres
gustaba de tersos acercamientos
evitaba frías intimidades
lo desconcertaban las nimiedades
la carencia de trato, de elegancia
apreciaba el sentido del humor
el ingenio de los buenos amigos
se reía del mundo y de sí mismo
sabía que la muerte se heredaba
y espoleaba sus caballos de Troya
buscaba la infinitud del instante
y la sonrisa de una bienvenida
hurgaba el quehacer de la palabra
el sentido profundo de la vida
amaba con la intensidad de un fauno
hacía del amor una patente.

 

AGUAMANIL

A la distancia
un áspero rumor
de nubes.

El barullo del viento
esparce sus solitarias
cantinelas
agiganta su presencia.

Intempestivo y escabroso
silencia gradualmente
los trinos de la tarde
amilana el rojo naranja
del crepúsculo
acorta caminos y veredas.

Su ronca insistencia
aviva la parsimonia
de los fresnos
eriza la piel del labriego
despierta una intuición
de suyo desconfiada
remueve el aguamanil
de los recuerdos
abre de par en par
su introspección campirana.

 

AÑORANZA

La metrópoli se devora a sí misma
cual insaciable deidad mitológica.
En aras del progreso los automóviles
transitan por sus ríos
las palmeras y fachadas se han ido
un aire caliginoso la enturbia
una estólida metamorfosis aniquila
el pasado
dictamina el futuro.

El barullo mugiente de la urbe incauta
gestos infantiles
las estrellas son ahora erguidas luminarias.
Las distancias entumecen los afectos
las tradiciones se empalman con otras
costumbres
el lenguaje se entrecorta y degrada
las arengas de los gobernantes
se repiten, engañan.

En el piélago de la memoria se agrietan
los recuerdos
se desunen pespuntes y amarras que
los sujetaban.
En un acíbar de impotencia y mendaz
anarquía
la mutación del entorno lastima
la quilla que lo balanceaba se ha roto.

Ciudad de México 2010

 

OSCURIDAD DE LA MEMORIA

Apresuraba el atardecer
con incesante parpadeo
sus ademanes
daban forma al viento
pretendían acomodar
épocas distantes
transparentar
episodios familiares
velados y encubiertos.

Con un largo suspiro
abarcaba las sombras
de los árboles
daba fe de tan ingrávida
existencia
fijaba la atención
en tornadizos movimientos
buscaba en la vaguedad
algún vislumbre
alguna señal
las congojas comenzaban
a empañar el horizonte
los años asediaban su figura
adelgazaban sus pretensiones
y ensueños.

Imprescindible resultaba
confrontar el ayer
dar luz a la oscuridad
de la memoria
desmoronar la tristeza
con los dedos pulgares
acoplar décadas abandonadas
en la noche de los tiempos
asumir disfunciones familiares
atestiguar inmutables desenlaces.

Imperioso encontrar un resquicio
una hendidura generosa
una llave maestra
en un bosque de sándalos
y estrellas.