Presentación de La Otra-Gaceta 40

¿Nuestra izquierda es nuestra derecha?
Ciudadanos de a pie ¿no son ciudadanos?
Colombia, las causas del sufrimiento

José Ángel Leyva

Dos comentarios mexicanos y una entrevista sobre la situación en Colombia desde la perspectiva del senador izquierdista Jorge Enrique Robledo, que mucho abona a la reflexión sobre América Latina en general.

 

 

Ahora que Andrés Manuel López Obrador anuncia su decisión de ser candidato –ya lo sabíamos– una vez más a la presidencia de México para que no lo den por muerto, y Marcelo Ebrard desata sus ímpetus electorales, el sector cultural de este país requiere salir del marasmo y exigir, desde ahora, la manifestación clara sobre sus ideas de política cultural, no sólo maltratada, sino despreciada en sus respectivas administraciones. Es indispensable exigir un respeto absoluto al ciudadano de a pie, al peatón, atropellado literalmente por los privilegios de obras para automovilistas, sin derechos para caminar su ciudad, sin programas culturales para rescatar los espacios públicos, para la convivencia. Ambos gobernantes han sido ciegos y sordos, insensibles, a los programas culturales que no sean los de hacer campaña, de generar votos. Este país requiere políticas educativas y culturales más allá del asistencialismo, políticas que no sólo fomenten sino desarrollen, afirmen, finquen acciones culturales para la lectura, el patrimonio cultural tangible e intangible, encaucen la creatividad y las iniciativas de una sociedad abatida por la violencia, la destrucción, el saqueo, la corrupción, y no obstante capaz de continuar expresando su talento estético.

José Ángel Leyva Foto: Borzelli
Debemos pues iniciar un movimiento ciudadano que demande espacios para los niños, los ancianos, los minusválidos, foros y oportunidades para nuestros artistas e intelectuales, para que hagan florecer el tronco seco de la política. No podemos dejar pasar el tiempo, han sido años de sequía cultural, de fobia intelectual. Sólo un pequeño grupo de intelectuales, incrustado en las televisoras y en unas cuantas revistas, emite opiniones como dioses en el Olimpo sobre una realidad que se vive desde la calle, desde las aceras y los parques prohibidos al peatón.

 Es cierto, no hay en el poder más izquierda que esta, primitiva, oportunista, corrompida, antiintelectual, proveniente en su mayoría de esa cultura que dominó y domina este país. Hay excepciones por supuesto, pero eso son, excepciones. Es lo que tenemos. Pero la responsabilidad es nuestra, de los ciudadanos de a pie, de quienes hablamos seguros de no perder la esperanza, sin miedo de perder prebendas y cuotas, de quienes pensamos que aún es tiempo de cambiar este país. No podemos dar nuestro apoyo y energía de manera incondicional, acrítica, mansa, a una izquierda cuyo comportamiento ha sido la negación de la izquierda. Nuestro lema: No sólo de PAN vive el hambre. Hace falta un movimiento que le dé sentido, cauce, a esa energía que se expresa en violencia y destrucción. No hace falta razonar muchos sobre sus causas: muchos, muchos años de frustración, de anhelos, de engaños. No hay corrupción de derecha y de izquierda, hay simplemente corrupción, y ambas representaciones la practican, la toleran, la justifican. Los gobiernos de la ciudad de México han colocado en la Secretaría de Cultura a dos mujeres que no sólo ignoran las políticas culturales, no han tenido contacto previo con ese universo, sino que han venido a desmantelar lo poco que se había construido para el desarrollo cultural.

En un país como México la cultura no puede ser un asunto secundario, es nuestro columna de soporte, lo que mantiene en pie este edificio inacabado, derruido, con la varillas al aire esperando la continuación de la obra democrática. Pero señores políticos e intelectuales, la pobreza y el hambre que nos laceran, nos humillan, no pueden ser peor que la ignorancia, que la indolencia. No hay elector sin lector. Es hora pues de hacernos ver, oír, sentir. Salgamos del marasmo, organicemos una acción que nos ponga en la mira, en el foro.

Ahora pasemos a Colombia, una experiencia de la cual podemos aprender mucho.

 

Colombia, Las causas del sufrimiento
Entrevista con Jorge Enrique Robledo, senador por el Polo Democrático Alternativo
José Ángel Leyva

Jorge Enrique Robledo
Arquitecto, profesor universitario y político, tres veces senador y una de las voces críticas del congreso más respetadas por su claridad y contundencia; autor de numerosos libros sobre economía, el campo, el desarrollo urbano y la historia política en Colombia; vocero oficial del Polo Democrático. Iniciamos esta charla bajo la perspectiva ya no electoral sino estrictamente política, es decir, sin pensar en votos, sólo en la radiografía social de su país. En opinión de Robledo hay una sola opción, Juan Manuel Santos, quien dará continuidad a las políticas de Uribe en confrontación con el gobierno de Hugo Chávez, militarizando el país y entregando la economía nacional a las trasnacionales.

Oposición al TLC con Estados Unidos y con Europa

El senador Robledo opina que tras 20 años de reformas neoliberales, por lo menos desde 1990, los TLC son parte de lo mismo.  “Colombia no era potencia económica en 1990, pero allí íbamos –afirma–.  El proceso de desindustrialización y el proceso de desagrarización, en el sentido del incremento de importaciones, son tremendos. Colombia tiene uno de los peores índices de desigualdad social del planeta,  la concentración de la riqueza es gigantesca, el índice de línea  concentración de la tierra rural es de los peores del mundo, si no el peor: 75 por ciento de los colombianos o están en desempleo o subempleo; el país tiende a especializarse en minería como en los tiempos de la Colonia, la salud y la educación dejan de ser derechos para convertirse en negocios, se desnacionalizan las principales empresas colombiana. Es un desastre de proporciones mayúsculas. Y aún no entran en vigor los Tratados de Libre Comercio con Europa y Estados Unidos. Colombia es autosuficiente en arroz, en pollo, en carne  de cerdo, en leche, vamos a perder esa capacidad. Ellos van a arrasar con el campo introduciendo productos industrializados y sustituyendo una producción nacional sana y de calidad.”

  

El problema de Colombia, como el de México, parte de las asimetrías económicas y de las desventajas para negociar en condiciones más o menos equitativas y justas. Por ello, Los TLC no se negocian, son impuestos.  “No lo digo yo, lo dice un economista, un Nobel, Joseph E. Stiglitz, quien hace muy poco estuvo en Bogotá –continúa el parlamentario–. Las trasnacionales de las potencias definen cuáles son sus intereses a nivel global. Los llevan a sus respectivos gobiernos nacionales  para que los representen a través de dichos tratados comerciales. De ese modo, vuelven estos TLC en contratos Minerva. En Colombia los llamamos así porque hay una marca, Minerva, de contratos ya preestablecidos. Por ejemplo, los de arrendamiento. Uno firma contratos con cláusulas fijas, sin responder a negociación alguna, sino a fórmulas legales que protegen los intereses del arrendador. Un TLC es una forma Minerva, lo que cambia es el nombre del país, México, Chile, Centroamérica, Colombia, etc. Los interesados en los TLCs son las minorías criollas, esas pocas familias dueñas del poder económico, político y mediático, súbditas de las trasnacionales, a las que les va muy bien cuando al país le va muy mal, las va mejor cuando a su país le va peor. Así pues, esos TLC son firmados por quienes en lugar de defendernos trabajan para los competidores. Esa es la realidad.”

Evidentemente, el rechazo público a estas fórmulas comerciales tiene un elevado precio electoral, pues una buena parte de la sociedad las ve como una esperanza de mejoría en el bienestar. El Polo Democrático Alternativo es el único partido que argumenta en contra, pues considera que el resto de organizaciones contendientes están inscritas en el Consenso de Washington, del neoliberalismo, y a favor de las bases militares de Estados Unidos en su país.  Por ello han sido atacados ferozmente por el presidente Uribe y los ha acusado de vincularse con la guerrilla y simpatizar con el gobierno de Hugo Chávez, aun cuando han criticado la violencia desde sus orígenes.

“No nos oponemos a las relaciones internacionales, no resistimos a aceptar este tipo de relaciones económicas internacionales en donde, como dice Stiglitz, que no es ningún revolucionario: es mejor no tener un tratado que es un mal tratado. Son alianzas comerciales de mula y jinete, en donde nosotros somos la mula”, apunta Robledo.
    En un mundo donde se elogia la globalización y sus beneficios civilizatorios, no estar del lado de los TLC puede verse como una posición antimodernizante y retardataria. El profesor Robledo reconoce que han sido acusados de manera tergiversada de promover el mercado interno en contraposición del comercio internacional, pero insiste en que la propuesta no la hacen desde la perspectiva de la autarquía, del aislamiento económico, sino de la importancia de tener un mercado interno fuerte y una soberanía firme para no ser devorados por las grandes potencias. Recuerda que las naciones con gran éxito económico en el proceso de globalización reportan que sus mercados internos representan el 80 o 90 por ciento de sus economías.

"Es paradójico que nos vendan fórmulas que ellos no siguieron. Son los países más pobres, como Angola, por ejemplo, donde las importaciones representan lo contrario, el 80 por ciento de su economía. En ese sentido, hay globalizadores y globalizados. Los primeros nos dicen que hagamos justo lo que ellos no hicieron para desarrollarse. Su desarrollo no obedece a Tratados de Libre Comercio, sino a políticas de protección de su economía y a relaciones internaciones, en una combinación adecuada y con una apertura que les conviene. Europa ni Estados Unidos se abren al agro, por ejemplo; tienen subsidios descomunales para la agricultura y para la industria. El libre comercio nos lo venden montado en una mentira.

"Para Colombia es un desastre esa fórmula comercial porque nos arrebatan la potencialidad. Es decir, el problema del porvenir no es de pobre y ricos, sino de potencialidad. Si usted es rico pero no genera más riqueza, se empobrece, y si usted es pobre pero es capaz de producir riqueza tiene la esperanza de remontar la pobreza. Pero sin potencialidad nos quedamos sin futuro, sin posibilidad de generar riqueza. La Corona Española prohibió a sus colonias sembrar determinados productos, vid, olivos, etc. Los Tratados de Libre Comercio no prohíben la producción de nada, pero son tales las regulaciones en aranceles, en propiedad intelectual, etcétera, etcétera, que no se requieren las tropas del rey para impedirlo y castigar, simplemente quien coseche cebada o ponga una fábrica de televisores se arruina. Esos tratados nos quitan la potencialidad de producir, de hacer, de ser. Tres millones y medio de migrantes es una potencialidad productiva que se nos fue. Cinco millones de desplazados del campo han dejado de producir  alimentos y aumentaron la nómina de desempleados y subdesempleados. Esa es la potencialidad que niega la posibilidad de crear riqueza", argumenta el político.

  

Uno se pregunta ¿y entonces, por qué no se avanza en un proceso de integración de ese gran mercado que es América Latina? Para nuestro interlocutor viene de la mano otra interrogante ¿Qué tan sensato es un tratado comercial que habla de integración con los lejanísimos y nos aparta de los vecinos?Si un grupo de países se junta para potencializar sus riquezas y sus fuerzas productivas debe considerar la integración de personas y mercancías, justo lo que los TLC con las grandes potencias excluyen. La Unión Europea agrupa países y permite la libre circulación de fuerza de trabajo, de mercancías, de personas. Estados Unidos ni Europa quieren recibir a los pobres que generan aquí. Desde su punto de vista hay una política para desintegrar a Colombia de sus vecinos: Venezuela, Ecuador, Bolivia, Centroamérica, Brasil, Argentina e incluso México.

Bases por soberanía

Esa desintegración regional pasa no sólo por lo comercial, también por lo militar. Las bases de Estados Unidos en suelo colombiano son motivo de conflicto, pues representan una amenaza para las naciones vecinas, que tienen además una política distinta a la potencia y sus tratados comerciales. Se ha intentado asociar la presencia del ejército y las armas de Estados Unidos con la guerrilla y el narco. El senador se lo explica de este modo:
    "Alvaro Uribe es un hacendado, tiene alma de mayordomo. Cuando el trato es con el más fuerte es de sumisión abyecta, y cuando se dirige a los más débiles es a las patadas. No justifico ni comparto en absoluto varias de las declaraciones y acciones de los gobiernos vecinos, pero el problema es que Uribe intenta resolver las diferencias y los conflictos desde una posición de fuerza, como patrón, como sucedió con el envío de tropas a Ecuador, una monstruosidad diplomática. Así haya críticas qué hacer, esa no es la forma. Uribe pide excusas en la OEA y promete que no volverá a suceder. Viene a Colombia y manifiesta que no está arrepentido, que lo volvería a hacer sin pedir disculpas. Es un engaño que deja una herida difícil de curar. Por si fuera poco, Estados Unidos deja una constancia, una nota al margen en ese documento de la OEA en el que se reserva el derecho de intervenir donde se le dé la gana. Mientras, los demás países  del continente suscriben un acuerdo en el que manifiestan que no intervendrán fuera de las normas internacionales. En primer lugar, las bases militares de Estados Unidos no son para perseguir el narcotráfico, responden a una estrategia geopolítica para mantener el control sobre el área y sobre mundo. Es obvio que vigilan y amenazan a los colombianos, pero también a los venezolanos, a los brasileños, a los argentinos, y al resto de naciones latinoamericanas. Ello conduce al gobierno venezolano a cerrar la frontera comercial con nuestro país. De ninguna manera puedo aceptar esa medida porque hace un daño terrible a nuestros pueblos, independientemente de las fuertes diferencias que existan entre los gobiernos de ambos países. Por otro lado, entiendo el fondo del reclamo de nuestros vecinos. Colombia le entrega siete bases militares al único país que puede invadirlo, ninguno más puede hacerlo, y ese país se llama Estados Unidos. Entonces, si puede invadir Colombia, ¿qué no puede hacer con los demás? Nos han acusado de chavistas por defender las formas diplomáticas antes que la confrontación verbal. Chávez es el presidente que los venezolanos han elegido, nos guste o no, es su democracia, es su país."

La violencia, nudo de muchos nudos

Con más de 50 años desangrándose por causas políticas y sociales de diversa índole: la guerrilla, el paramilitarismo, el narco, la delincuencia común y quizás hasta la cultural. ¿Cómo detener esa inercia en Colombia? ¿Cómo pensar la paz, cómo abanderar un movimiento por la paz? Tema de violentólogos, sin duda. El Polo Democrático ha rechazado desde su nacimiento el uso de cualquier tipo de violencia política, sobre todo se ha manifestado contra el secuestro y las prácticas terroristas de la guerrilla y los paramilitares. Por otro lado, reconoce que el gobierno colombiano está en todo su derecho de responder militarmente a quienes lo desafían con las armas, siempre y cuando esta política de seguridad sea auténticamente democrática, justamente lo contrario de lo que hace Álvaro Uribe, quien emplea el término seguridad democrática pero practica detenciones masivas e ilegales, de personas culpables e inocentes, funcionando como una policía tenebrosa de estado policiaco, con falsos positivos (civiles inocentes, asesinados y hechos pasar por guerrilleros muertos en combate) y bases militares extranjeras.

  

"Ahora, si me pregunta sobre el origen de la violencia organizada y política en Colombia, sin ser especialista en el tema, puedo comentar que no comparto la idea de que la pobreza sea generadora de violencia, aunque propicie actos de violencia –agrega–. Refiriéndonos a la violencia política y organizada, yo creo que hay tres grandes hechos; insisto, sin ser especialista en el tema. Primero es una base grande que se origina, entre los años cuarenta y cincuenta, en la pelea violenta entre oligarquías liberales y conservadoras que mandan al pueblo a una matanza. Cuando se estaba saliendo de esa violencia aparece la revolución cubana que inspira a toda la izquierda latinoamericana para intentan repetir la experiencia de los focos guerrilleros. El tercer elemento es la Guerra Fría, la confrontación entre Estados Unidos y la Unión Soviética también va a contribuir en esta acción violenta. Hay otros dos elementos más específicos que se suman a los anteriores, el narcotráfico y el paramilitarismo. Este último no era algo nuevo en Colombia, existieron paramilitares durante la violencia liberal-conservadora llamados chulavitas, primero, y luego los pájaros,  encargados de asesinar a quienes tuviesen ideas liberales. Pero en la versión moderna, el paramilitarismo se adecuó a este proceso con un esquema similar, apoyado por altos mandos militares y policiacos y por terratenientes. El narcotráfico surgió en medio de todo este enredo de violencia que trajo consigo mucha plata; fue como echarle gasolina a la hoguera. La violencia en Colombia es un nudo de muchos nudos."

¿Luz en medio del desastre?

Antanas Mockus rechazó cualquier vínculo con El Polo, como éste a su vez marca distancia del Partido Verde. Para Robledo, hay más empatías del Verde con el resto de los partidos, y en particular con Uribe, que con ellos. El fenómeno Mockus lo ve como la emergencia de un personaje integrado al consenso de Washington, con quien tienen más diferencias y distancias que coincidencias, aunque se presente como un líder de izquierda en medio de la confusión. No obstante, hay sectores de la sociedad colombiana tocados por el discurso de Mockus  sobre la conciencia ciudadana, por la esperanza de una sociedad más ética y organizada, más “moderna”, contra la corrupción. Es obvio que la gente espera un cambio profundo, pero ¿hasta cuándo?
    “Ellos son beneficiarios de los resultados de las acciones de los últimos 20 años de las oligarquías: la pobreza, la violencia, la falta de salud y educación –responde el senador–. La discusión en Colombia no es sobre el grado de sufrimiento sino sobre las causas del sufrimiento.  Esta oligarquía ha manejado hábilmente que la única causa del sufrimiento es la corrupción de la clase política, cuya existencia yo no puedo negar: es una cleptocracia neoliberal. Mockus y sus seguidores entonces enarbolan la bandera de la honradez. Suponiendo que sean honrados, no voy a discutirlo, ¿con eso van a redimir los efectos desastrosos de los TLC, de las bases militares, la pérdida de soberanía, la pobreza?

    

“Los países no cambian cuando cambian los dirigentes, los países cambian cuando cambian sus pueblos y éstos cambian a sus dirigentes. El problema es que nadie sabe cómo hacer para que los pueblos cambien, pues suelen ser caprichosos y aguantarse una vaina durante 50 años. En Colombia hemos recorrido días en años, llegará el momento en que recorramos siglos en unos cuántos días, mientras tanto seguiremos esperando a que ese día llegue. Hace algunas décadas muchos colombianos se desesperaron y se fueron al monte, a la guerrilla, y se equivocaron, hemos tenido que pagar mucho sufrimiento por ese error. La izquierda democrática no puede ceder a las tentaciones de la derecha, a recibir prebendas y migajas de poder para renunciar a un verdadero cambio, ni a impacientarnos y apostar por la violencia. Un maestro mexicano me dijo un día cuando le comenté que nuestros países reciben más de lo mismo. Él me respondió, no, no es más de lo mismo, es peor de lo mismo. Soy optimista, nuestros países y nuestros pueblos tienen todo para salir adelante, poseen una enorme riqueza natural y cultural, son pueblos alegres, inteligentes, trabajadores, creativos, echados para adelante, bien localizados en el mapa, creativos. Todo eso se hará valer en medio del desastre”, concluye.

 

 

Un comentario

  1. PALO BELTRAN