La poesía de las mujeres afganas expresa sus esperanzas, miedos y aspiraciones. Más importante aún, añade nuevos matices al monótono azul del chadari (burka), que ha sido convertido en el único «rostro» visible de las mujeres afganas ante el mundo. A través de la poesía, las mujeres afganas buscan liberarse, al menos simbólicamente, de todas las restricciones que las oprimen. La poesía les permite ampliar su mente, definir su identidad y ser vistas, ante todo, como seres humanos. Además, la poesía sana un país devastado por las guerras, expresa un profundo sentido de patriotismo y denuncia la hipocresía del fanatismo y la misoginia. Al mismo tiempo, idealiza la belleza natural de Afganistán y su impresionante paisaje. A través de la poesía, las mujeres recuerdan las voces que han sido silenciadas y las esperanzas que han sido arrebatadas durante décadas de guerra y extremismo religioso.
Ya sea en persa (dari) o pastún, las palabras de las mujeres afganas reflejan su anhelo de paz y su deseo de representar su identidad ante el mundo como embajadoras de la vida. Cada poema de la Antología seleccionada responde a un evento desafortunado en Afganistán, retratando escenas de sufrimiento extremo causado por el terrorismo, la pobreza extrema y la impunidad. La obra es un testimonio del trágico pasado reciente de Afganistán, marcado por guerras continuas y políticas inhumanas. La poesía sigue siendo un pilar fundamental de la cultura afgana, especialmente la poesía femenina, a pesar de estar prohibida en muchos ámbitos. Mientras que las poetas en otras partes del mundo escriben en condiciones favorables y presentan su obra abiertamente al público sin temor, en Afganistán las mujeres escriben en secreto o desde el exilio. Para una mujer afgana, escribir poesía es un acto de desafío que puede manchar la reputación de su familia e incluso costarle la vida. Es por ello que, aunque la poesía femenina afgana está prohibida, su libertad es absoluta e indescriptible:
«Dame tu mano
mi amor
y huyamos a los campos
para amarnos
o caer juntos
bajo las puñaladas»
(landay, anónima)
Las dificultades impuestas a las mujeres afganas -la dureza de la vida, las interpretaciones religiosas extremistas, la violencia familiar y la visión patriarcal de la sociedad- han llevado a muchas de ellas a expresar sus emociones y abordar temas prohibidos como el amor, la pasión y el deseo. Ya sea a través de los versos populares del landay o mediante la poesía moderna escrita en persa, pastún u otras lenguas extranjeras. Las poetas afganas escriben para liberar su espíritu y reclamar su derecho a la libertad. La poesía se convierte así en un refugio, una rebelión y una forma de supervivencia, donde las mujeres desvelan sus secretos y los de todas las mujeres afganas.
Madrid, noviembre de 2025
Abdul Hadi Sadoun
Khalida Barsh
خالدة بارش
Nació en 1950 en Kabul, y durante años dirigió la revista cultural Spida.
Entre sus libros de poesía se destaca Una pequeña nube de afecto, y Después de mil años.
Elegía de la primavera
Negra permanece
la estatua de la partida,
y vacío queda el diccionario
donde mi imaginación buscaba
el nombre verde de la liberación.
Cada primavera,
en lugar de flores,
asoman lanzas nuevas
que degüellan una de nuestras gargantas,
de vena a vena,
como si la vida
brotara solo al precio
de otra vida.
Para siempre
Cayó la noche.
Quiso arrancar un trozo de luz del día
y llevárselo consigo;
pero al mirar su mano
la encontró vacía,
como también el alma.
Entonces escondió la cabeza
bajo el manto negro,
y allí, en silencio,
durmió
para siempre.
Brwin Biywak
بروين بجواك
Nació en Kabul en 1965 y reside en Canadá.
Tiene un libro de poesía titulado La muerte del sol.
Espera
Con nosotras,
las nubes derraman sus lágrimas,
y las hojas tiemblan.
Con nosotras, el viento sopla furioso,
y nosotras, en estas noches oscuras,
rebosamos de un grito ahogado.
Llevamos antorchas de súplica,
esperando el amanecer.
Paz
Como el agua,
como el aire,
como el trabajo,
como el alimento,
como el amor,
como la pureza,
te necesitamos.
¡Ven a nosotros, oh paz!
La muerte del sol
Entonces,
el sol se enfrió
y las estrellas cayeron a la tierra,
dejando profundos cráteres
de los que emerge el eco aterrador del vacío.
Y ahora,
aquí hay oscuridad
aquí las hojas de los deseos parten con el viento,
aquí se disipan energías tristes,
aquí cortaron las cabezas de los pájaros y se las comieron,
aquí quemaron libros para calentar las habitaciones,
aquí arrancaron arbustos de raíz
para castigar a los niños.
Aquí, por miedo,
los pensamientos no abandonaron las cuatro paredes de la mente.
Oh, ustedes, que no cortaron ni siquiera una hoja del árbol de los deseos,
¿No construirán sobre el mar de oscuridad
un puente que se extienda hacia la luz?
Oh, prisioneros de la cárcel del alma,
¿No correrán hacia la luz?
Fátima Akhtar
فاطمة أختر
Nació en la ciudad de Herat en 1953.
Ha publicado: El crepúsculo surge de la ola y El otro lado del espejo.
Conchas
Mi corazón lleno de amor
no te lo daré.
Temo que me quites su ternura,
como los hombres
que ciñen sus cuellos con perlas
y descuidan las conchas.
Compañeros de viaje
La vida es un cuaderno de recuerdos.
Alguien de pie en plena medianoche,
alguien yace en el corazón de la tierra…
Alguien está envuelto en felicidad,
y otro es arrastrado por las adversidades.
Nuestra vida pasa antes de que abramos los ojos.
Todos somos compañeros del mismo viaje.
Nilab Biywak
نيلاب بجواك
Nació en Kabul en 1973 y reside en Canadá. Es miembro de la Asociación de Mujeres Afganas en Canadá y ha publicado varios de sus poemas en periódicos y revistas literarias de prestigio.
Pregunta
oh amado,
cuando pienso en Dios,
imagino que tu corazón escucha el himno de mi amor.
¿Acaso no están hechos nuestros corazones y Dios de la misma tela?
Dolor
¿Cómo te atreves a mirar a mis ojos,
llenos de historias dolorosas, de esta manera,
mientras me encuentro, por enésima vez,
incapaz de mirar al espejo?
Miriam Turkmeni
مريم تركمني
Nació en 1980 en la ciudad de Mashhad, de padres turcomanos.
Actualmente vive en Holanda. Tiene un libro de poesía titulado Trenza inclinada.
Miriam
Me paro detrás de la señal roja
sin tarjeta,
sin identidad.
Sobre el puente que se desploma con cada instante,
la señal se transforma en verde.
Todos pasan junto a mis ojos,
el autobús también,
y mi alma confusa.
En la primera estación,
por enésima vez,
la manzana roja de Eva me tienta.
En la segunda estación,
los ojos se vuelven más coloridos.
En la tercera estación,
las voces resuenan.
En la cuarta estación,
el viento azota mis trenzas.
En la quinta estación,
la corona de mi infancia se dispersa.
Jesús
No fue mi culpa,
sino que la responsabilidad recae en Dios
o en mis padres.
Quizás sea un secreto
que conduce a un milagro:
que María sea María
y que Jesús sea Jesús.
El viento sopla y yo pienso en el virus del SIDA,
multiplicándose en la trenza de una mujer solitaria,
encarnando la queja de una chica
ante el humo del cigarro.
Cuántos ojos descarados
acechan una mirada inocente.
El mar arroja el cuerpo de la chica,
y los periódicos escriben sobre una joven desaparecida.
Quizás este sea el secreto que concluye con un milagro:
que María sea la madre
y el hijo, Jesús.
Maniyeh Tamana
منيجه تمنا
Nació en Herat en 1979 y reside en Irán. Tiene numerosas contribuciones al teatro.
Absorción
Recuerdo bien el momento de tu llegada.
Era invierno,
y tú eras la lluvia
que caía sobre mi seca figura.
Después de mojarme,
te convertiste en copos de nieve
que descansan sobre la esterilla negra de mi vida.
Pero, oh, pequeño gigante,
piensa bien,
¿cómo puede mi pequeño corazón
abrazar a un ser tan grande como tu figura erguida?
Busco una excusa
Busco una excusa,
recuerdos desvanecidos
en los marcos de las fotografías.
Busco en las estaciones estrechas,
en el giro de las huellas de tus pies.
Busco un amor perdido
cuando pienso en las grietas íntimas de tus manos.
En las visiones de mi infancia verde,
se desvanecen mis poemas dispersos
y se alzan sobre la cruz rota del tiempo.
Busco una justificación para el encuentro.
¿En qué agenda, realmente, encontraré la fecha de mi nacimiento?
Busco una excusa para otro nacimiento, para una segunda llegada,
una justificación para otro amor.
Fátima Husseini
فاطمه حسيني
Reside en Irán, publica sus textos en diversas revistas literarios, tanto iraníes como afganos. Ha publicado un poemario titulado La última hoja. Sus poemas, tanto en verso libre como en métrica clásica, se caracterizan por una profunda preocupación por las cuestiones sociales, en particular, la mujer afgana.
En espera de un transeúnte
Mejor que él,
mejor que todos los humanos,
entiendo vuestros dolores,
vosotros, los que me juzgáis.
Puedo ver mil dolores a la vez.
En los callejones estrechos, espero a un transeúnte,
para imprimir un beso en su mano,
a cambio de un trozo de papel al que llaman billete,
y entregarlo a los niños pequeños
que reposan sobre piedras en las noches de hambre,
en tiendas frías, esperando una mañana cálida.
A veces,
desde un lugar lejano,
alguien nos lanza una mirada fría
que parece no tener fin.
Inhalación
Ahí estás, convirtiéndote en tijeras en mis manos,
mientras yo soy páginas dispersas en tu memoria.
Subimos al mismo autobús
y nos volvemos un otoño unificado.
Señalamos con el pulgar de un amigo sin mano,
sin estrechar el espacio para ese tercer pasajero que nunca llegó.
¿El corazón está oprimido?
No.
Solamente voy a inhalar un poco de aire.
Zahra Zahedi
زهراء زاهدي
Nació en 1981 en la ciudad de Bamiyán, Afganistán. Cuando era niña, su familia emigró a Irán. Tiene una colección de poesía titulada La tierra me resulta estrecha.
El flautín
Esculpo un flautín
de mis huesos,
que canta tu añoranza
o un monumento más blanco que el marfil indio,
quizá libere el hambre de tus miembros.
Adorna el mango del cuchillo,
pon el halo de tu imagen en un marco,
o en un tintero elegante
que lleve en su boca la curvatura de tus palabras.
De mis huesos,
haz las manecillas de un reloj,
para caminar en tu tiempo,
o una alarma
que cuelgue tras tus suspiros.
De mis dedos,
haz un botón para tu camisa,
que abra y cierre
la túnica de la existencia.
Haz una pluma
y escribe la vida en caligrafía Nusj.
Recoge mis huesos
y mis astillas que se escapan de mí.
Mis huesos, una manada de gacelas
dispersas en las laderas de las montañas.
El árbol
La planta
decidió
robar
un diamante
del cielo,
y se alzó
hasta
convertirse
en árbol.
Lágrimas
¿Qué lágrimas de río regarán las flores de tu camisa
de colores orientales intensos?
¿Qué ocupa las mentes de las mujeres de tu aldea?
¿El pan?
¿El destino y sus esposos?
¿O el mañana, que amortajará a todos en desasosiego?
¿Es acaso el fusil
tu única porción de la vida?
Mina Nasr
مينا نصر
Nació en la ciudad iraquí de Najaf, en 1974. Actualmente reside en Irán y ha publicado un libro de poesía titulado Besos en camino hacia la canción.
Relación
Renuevo mi energía y arrojo los restos del té,
sin aroma, sin sueño ni recuerdos.
Soy el jarrón que cayó de tus manos.
Ya no me interesan las viejas historias,
ni el regreso de los cuervos al hogar,
ni esos sueños repetidos.
Mi alegría
es que el calendario se aproxima a su fin.
Entonces te desgarraré y me apoyaré en mis momentos erguidos
y en este muro,
que a veces tiembla.
El tiempo es tuyo
El tiempo es tuyo,
el tiempo es tuyo.
Y el cielo era una estación para el llanto.
Desde las ramas más altas,
cuelga la imaginación verde de los árboles.
Ahora,
en los fósiles de los momentos,
una estrella te esquiva.
Y la noche sigue siendo un misterio.
En el eco de tus pasos,
es el preludio de la muerte.
Zahra Hosseinzadeh
زهرا حسین زاده
Nació en Kabul en 1980 y reside en Mashhad, Irán.
Tiene un poemario titulado La crónica del dolor.
Río
Los soldados soñaron conmigo,
y el río me abrazó.
Yo llevaba ropa de hombre,
y mi cabeza no tenía rostro.
Mis heridas desquiciadas las esparcí sobre frentes de polvo.
Tantos soldados
yacían a orillas del río,
y sobre sus heridas
volaba mi pañuelo bordado.
El río me expulsó,
un montón de huesos con ropa masculina raída.
El agua y la escoba
Te deseé como un paso de Balj a Mashhad,
que llegaras antes de que la muerte alcanzara mi cuerpo.
Deseé que te cansaras de verte a ti mismo,
y te convirtieras en una ola furiosa hasta el borde de la presa.
Soñé que me llevarías a través del puente
y comprendieras que el camino del amor
es más fino que un cabello en mi trenza.
El viento ha jugado con mis trenzas
sin preocuparse por mi destino.
¿Qué haré con la casa y la escoba?
Fuiste tú quien puso nieve sobre mi cabeza,
y no ver la flor sin huellas.
Masuma Sabiri
معصومة صابري
Nació en 1988, y vivió durante años en la ciudad iraní de Mashhad.
En 2007 publicó un poemario titulado Dos lunas en el eclipse.
1
La niebla es alcanzar el cielo, la triste edad de su madurez,
y después de ella,
el nacimiento del sol bendito.
2
Cuando sonríes,
yo,
y solo yo,
siento la humedad de tus pestañas.
3
Dos aves
que poseen los granos
al final de tus ojos,
temo
que se vean obligadas a partir
por la temporada fría de mi mirada.
4
El cristal,
me avergüenza que soporte
la abundancia de los besos del cielo, incontables.
Shukria Arfani
شكرية عرفاني
Nació en 1978 en Qarah-Bagh en Afganistán y estudió literatura persa en la Universidad de Teherán. Actualmente vive en Australia.
De sus libros de poesía, destacan Nuestra tristeza no amenaza al mundo y El lenguaje de la soledad.
Eternidad
Pasa tu mano por mi cuerpo,
donde el mundo con sus cumbres y valles existe.
Aquí estoy, invitándote a explorar las profundidades de mi alma.
Te inundaré de amor.
Abrázame
y únete al universo.
Desde aquí comienza la creación,
la trama del nacimiento
y la suma de la muerte.
Abrázame
y ama al mundo.
Al mundo con todos sus campos de opio y trigo,
con sus cabezas nucleares y viñedos.
Ámame.
Con mis tristezas y alegrías.
Soy un mundo que te llama hacia mí.
Y quiero que toques mi desnudez
para que las señales de Dios se manifiesten ante ti.
Ningún profeta llevó a su esposa al cielo.
Yo soy el cielo,
Yo soy la tierra,
y soy el mar.
Abrázame,
en mis brazos alcanzarás la eternidad.
Desde la derecha
Amo la vida de derecha a izquierda,
y amo llegar como la lluvia,
simple y expresivo.
Amo permanecer como el cielo,
amplio y azul.
Y amo partir como una reverencia,
terrenal y suave.
Amo la vida desde el lado derecho,
y la escritura la amo como las amapolas,
y como el amanecer,
siempre desde la derecha.
La búsqueda
Dime, ¿en qué frontera
te dispararon?
¿Detrás de qué alambre de púas?
¿En qué mar
impulsa tu sangre
el deseo de las ballenas
en tu alma?
Dime, ¿dónde te mataron?
Te busqué en todos los periódicos del mundo,
en todas las tumbas desconocidas,
y en los brazos de las prostitutas en los lejanos burdeles.
Buscándote,
tú, que no permitiste que mis hombros desnudos fueran tu patria,
para dormir cada noche
en mis bosques húmedos
y abrir tus ojos
cada mañana
al amanecer del sol entre mis pechos,
sin que el miedo a cualquier guerra te arrancara de mí.
Estaba de pie,
para que me azotaran
y me trozaran,
y me enterraran en tumbas desconocidas.
De pie,
para pedir,
que tu patria fuera mis hombros desnudos.
Pero no quisiste,
y no me entregaron más que un puñado de mentiras.
Nunca te encontré. Y después,
este cuerpo se convirtió
en una prisión oscura para una loca
que se ahorca cada día
mil veces
y no muere.
Lila Serahat Roshani
ليلا صراحت روشني
Nació en la ciudad de Yaikar en 1975.
Ha publicado tres poemarios: Amanecer verde, La persistencia del grito, y La piedra y los espejos.
Callejón cerrado
En una primavera coral como esta,
¿cómo puedo hablar de la primavera
cuando las rosas han tomado otro color?
¿Cómo puedo hablar de las flores blancas del manzano
cuando las amapolas han tejido otra alfombra?
… ¿De los senos de los campos
ante la hierba erguida de la ira?
¿Del canto de las gaviotas
cuando el zumbido de las balas deja otro eco en el corazón?
Amado mío,
mi extraordinario amado,
en una primavera como esta,
¿de qué amor
y cómo?
Nieve inesperada
Cae la nieve,
Nieve como el cadáver de un grito que inunda la tierra.
Débil,
y pesada,
una colina triste
de un dolor inmenso,
mi corazón se retuerce,
gimo.
Tal vez la nieve
sea el cadáver de mi grito desterrado,
quizás sea el cadáver maldito del grito de un humano.
Explosión y dolor
Estoy desnuda,
desnuda,
desnuda.
Desnuda como las viñas quemadas de Parwan.
Cúbreme con el cálido chal de tu mirada.
Tú escuchas mi grito, grito, grito,
porque han clavado un puñal en mi garganta.
Sin tiempo,
Sin agenda,
De pie en el viento.
Tengo miedo,
Tengo miedo.
¿Dónde está el verde huerto de tus ojos?
Quiero esconderme.
No me dejes desvanecerme en el viento.
No me dejes desvanecerme en el polvo.
No permitas que mi grito se pierda en el torbellino.
Con tus manos amantes,
arranca el puñal de mi garganta.
Y entonces,
explosión del dolor,
y grito de un volcán.
Sanam Anbarin
صنم عنبرين
Nació en 1977 en Kabul y actualmente vive en Alemania. Logró encontrar un lugar destacado entre las poetas afganas en un corto periodo de tiempo, con sus escritos poéticos que abordan tanto la poesía clásica como la poesía en prosa.
Lectura
El mar extendía su estatura hacia el sol
y los ojos seguían los sueños
y las imaginaciones giraban en el espacio,
cuando el único pájaro
leía las barras de la jaula de memoria.
No rendida,
no es culpa mía
si mis labios se enrojecen por el amor,
si sonreís en mi cara o no,
si abrís la ventana o no,
no creo en las cosas invernales,
si venís conmigo o no.
Sé,
sé cómo extender por mí misma
un puente de amanecer a otro amanecer,
y aún sobre la tumba de la planta fría y oculta,
escuché de las gargantas de las piedras:
«Levanta la noche de tus hombros
para que te conviertas en un sol…»
Iré buscando la vida
con mis pies heridos,
para girar y girar
y besar sus mejillas granadinas,
y leer que: “el amor
no es un terreno prohibido.»
Quiero…
No importa cuán suave sea Europa con mi cabello,
mi alma sigue inquieta por ti.
Quiero regresar
donde el sol brillaba en la voz de mi madre,
y las esperanzas brotaban en los momentos:
En el carmesí de la granada,
en el deseo de una mirada,
en el temblor de la voz del niño que pasaba,
y en el aroma de la flor que solíamos robar
del pequeño jardín de nuestro padre.
Quiero regresar
donde mi madre cosía las estrellas en mi vestido
y las manos cálidas de mi padre
partían entre nosotros el pan del cariño,
donde la lluvia
era una sinfonía de mil leyendas y sueños
para nuestro amor inocente.
Quiero regresar
y atar la vida
desde donde se rasgó de repente.
Y luego
terminar
los libros que no terminé de leer,
y en el cuaderno donde puse una pluma de pavo real como marca,
escribiré:
Hoy también fue un día hermoso.
…
…
¡Quiero regresar!
Huda Khamush
هُدى خَموش
Nació en 1996 en la ciudad de Isfahan, Irán. Doce años después, se trasladó a Afganistán, donde completó sus estudios y se graduó en literatura persa. De sus libros destaca: Te beso.
Crucifícame
Crucifícame
en los límites más notorios de tu cuerpo.
No temo el encierro
por los grandes pecados.
Deja que
este beso,
esta mirada,
y esta relación impura
empujen a Satanás hacia la reverencia.
Batalla
En esta batalla blanca,
tú eres el conquistador de mi cuerpo.
Te apoderaste
de las regiones más secretas del mapa de mi ser.
En aquellos momentos difíciles,
lograste desabrochar mi camisa
botón tras botón.
El ardor de tus besos
y tus dedos encendidos
se alimentan del fuego del deseo,
irradiando un fulgor incomparable.
Abrazo
tras
abrazo,
declaro la derrota de mi ejército
y le ordeno la retirada.
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