Desde hace algunos años, “La Otra” estuvo conversando con el poeta colombiano Juan Manuel Roca a propósito de su permanente condición de aspirante a la expresidencia de su país, está convencido de que a diferencia de otros expresidentes podría hacer mucho por el matrimonio de la nación, aunque sea en unión libre. “La Otra”, aunque de origen mexicano, tiene un tumbado colombiano, sobre todo con los porros, no los churros de marihuana, sino los ritmos que entonaba tan bien Totó La Momposina. Dejemos pues la voz a “La Otra”.
LO: Maestro Roca, es un gusto echar carreta con usted y que me reciba en su despacho de campaña expresidencial, mejor conocido como “El Espantapárrafos”. A ver, cuénteme, ¿cómo le nació la idea de proponer y mantener su candidatura expresidencial en Colombia?
JMR: “La Otra” llamamos en Colombia a la amante, así que cuando le digo a mis amigos que me van a entrevistar, no piensan en una revista electrónica sino en una amada electrizante.
Respondo a tu pregunta. La idea de lanzar mi candidatura como expresidente del país, y el posesivo “mi” es por pura costumbre que lo uso, me seduce. Lejos estamos los colombianos de poseer, más allá de un mapa y de un lamentable himno, algo que signifique posesión. El argumento para esa bizarra candidatura me lo suscitó un viejo amigo que murió recientemente. Partimos de la idea de que todo presidente colombiano es fiel a una vieja tradición: la de gobernar para los que en verdad gobiernan para un cenáculo teratológico que ama la explotación del hombre por el hambre. Hasta un amigo diseñador hizo el cartel en Medellín (no confundir con el Cartel de Medellín) pero mi inmodestia no quiso saturarlo en muros de mi ciudad y superar un aserto anarcoide: “Todos prometen, nadie cumple, vote por Nadie”. Si vamos a espantar votantes mansos y obsecuentes, empecemos por esbozar una plataforma de dudas, me dije.
LO: Dicen que los colombianos, como los mexicanos, no hemos tenido tiempo de aburrirnos entre tanto escándalo y baños de sangre. Aburrirnos no es lo mismo que aburrarnos. ¿Cuáles son sus promesas de campaña para que los colombianos se desaburran y tengan vidas sin tantos sobresaltos?
JMR: Prometo, como digo, no hacer promesas. Mexicanos y colombianos somos parientes de sangre derramada y de sangre imaginaria. ¿Te imaginas una embajada o un consulado de Comala en Macondo? La primera novela portentosa de Colombia, “La Vorágine”, arranca con una frase que se ha convertido en un leit motiv nacional. Dice Rivera en la primera expresión de su libro: “Jugué mi corazón al azar y me lo ganó la violencia”. Creo de otra parte que Rulfo hubiera sido un buen cónsul de Comala en Macondo. Aunque no me gustan las promesas ni las consignas, querida La Otra, en verdad hay una que me ronda: “Vote por Roca para expresidente”. Prometo no cumplir con un período y no saquear el erario ni el horario de los trabajadores. Voten por mí para el alto y noble oficio de expresidente. Prometo que ni siquiera escribiré poemas a la patria.
LO: Desde que leí que José Asunción Silva pidió que el médico le pusiera una cruz donde estaba el corazón para dispararse y José Eustasio Rivera hace decir a Arturo Cova que jugó su corazón al azar y se lo ganó la violencia, ¿no le parece que ya es tiempo de levantarse en almas como dijeran usted y María Mercedes Carranza, quien también abrió la puerta falsa? Como expresidente, si llega un día a ganar, es un decir, ¿pediría chalecos antibalas, impediría los juegos de azar que conducen a la violencia o simplemente decretaría para los suicidas?
JMR: Silva era un poeta realista, un bebedor de gotas amargas. Se alojó una bala sin ser baladista. A los políticos tradicionales, sean liberales, conservadores o comunistas, no les deberíamos encargar con ningún sastrecillo valiente un chaleco antibalas sino uno antibabas. Hay gentes para quienes suicidarse no es nada más que un pleonasmo.
LO: De ganar la expresidencia ¿cómo constituiría su Gabinete?
JMR: No sé muy bien pero también engancharía en mi Gabinete y gabinete no viene de Gabo, a una brigada de ociosos comprobados, sin oficio, seguidores de los Tres Reyes Vagos: Malhechor, Gastar y Malgastar, por algo en la jerga, en el argot callejero colombiano camellar en trabajar, oficio de pésimo gusto que impone sacrificios, pugnas, desgastes y enemistades entre viejos amigos.
LO: A Jaime Garzón lo asesinaron por matar de risa a la audiencia. Es difícil resistir el humor ácido cuando se padece de gastritis. Dicen que Platón tenía gastritis y por eso expulsó a los poetas de su República, ¿a quiénes pensaría excluir, si es que decretar el buen humor no es lo mismo que el mal humor?
JMR: “La risa y el aleteo son parientes”, decía un hombre muy docto al que he leído entre siesta y fiesta, llamado Walter Benjamin. En cuanto a Garzón, fue asesinado por una clase abyecta de cara de cera y corazón de palo y fue borrado del mapa porque corroboraba a un poeta español que fue asesinado por un sátrapa longevo. No olvidemos que la gastritis, enemiga de los cítricos y del ajo crudo, espanta fantasmas y resulta más irritable que un político de pacotilla.
LO: Hemos escuchado que suele reunirse con extraordinarios amigos, jubilados, pensionados y exprofesores universitarios en sus oficinas de “El Espantapárrafos”, ¿No teme que alguno de sus seguidores tenga un paro cardíaco o una crisis de oxígeno mientras escuchan poesía y se deleitan con una bebida espirituosa?
JMR: Al “Espantapárrafos” acude gente variopinta pero que tiene en común el gusto por el libro y la transgresión de gustos deshabitados. Como el de la palabra solemne y la pedantería, estimada La Otra, tememos más a un paro de transporte que a uno del “cuore”.
LO: Me gustaría saber si ha pensado en la posibilidad de pedir al presidente de los EE.UU., Donald Trump, que invada su país y lo nombre expresidente, claro, ¿supongo que deberá prometerle que la ciudadanía bailará al ritmo que le toque y no imitar sus pasos de baile, como lo hacía Maduro y que tanto irritó a Donald?
JMR: Donald Trump en verdad sólo habla el esperanto de la idiotez. Hasta su inglés parece aprendido en la voz y en la tonalidad de un pato homónimo suyo creado por Disney. Como dijera un poeta legendario, en otro contexto, en otra “Temporada en el Infierno”, antes de que lance su último “cuac”.
LO: Maestro Roca, muchas gracias, lo felicito y le deseo una candidatura perpetua y si no que el Espantapárrafos se lo demande.
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