Presentación
La Otra 199
Diciembre de 2025

Es sabido que en el contexto de la presentación y defensa de la colección del Fondo de Cultura Económica (fce) “25 para el 25”, durante una conferencia mañanera, se cuestionó a Paco Ignacio Taibo II por la baja presencia de autoras en la selección, pues de los 27 títulos que la componen, únicamente siete son obra de mujeres. Al ser interrogado por los criterios editoriales y la equidad de género de la institución pública que dirige, el funcionario rechazó explícitamente que la selección debiera responder a criterios de paridad o cuotas de género, valores que promueven, al menos en el papel, los tres Poderes de la Unión y, en particular, el Ejecutivo Federal. A pesar de ello, la presidenta Claudia Sheinbaum, minimizó la declaración de Taibo, descartó su posible cese y lo calificó como “un gran compañero”, afirmando −sin especificar cuándo ni cómo− que el fce publicará una colección de obras escritas por mujeres. En cualquier caso, cabe conjeturar que esta última no se imprimirá en la misma cantidad −60 000 ejemplares cada título− ni gozará de la masiva distribución de “25 para el 25”.
El desafortunado comentario fue recibido por múltiples actores sociales como ofensivo hacia las escritoras, dado que asocia la calidad literaria con el género para justificar la baja presencia femenina en la selección. En el ámbito legislativo, senadoras de distintos partidos −incluyendo Morena− exigieron una disculpa pública e incluso la renuncia de Taibo II, subrayando que el problema no era únicamente numérico, sino de actitud institucional frente a la producción literaria femenina. En el contexto, no pasó inadvertido que no es la primera vez que el funcionario incurre en expresiones misóginas.
Escritoras, académicas y artistas y feministas en general articularon una crítica colectiva. Circuló una carta pública, dirigida a la presidenta de la República, en la que se denunció que una política de fomento a la lectura financiada con recursos públicos no podía reproducir esquemas históricos de exclusión. Ello no obstó para que Taibo II se obstinara en no agregar a la colección libros escritos por mujeres; incluso pareció indignarse con la sola idea: si no se incluye a Cortázar, ¡cómo incluir a más mujeres!
En la protesta frente a instalaciones del fce, se escuchó, entre otras, la consigna “No llegamos todas en la cultura”, interpelando con ello el discurso con el que la presidencia inició su mandato.
Es no entender nada. Más allá de la bárbara ignorancia de afirmar que no hay más mujeres que incluir en la colección de super autores del boom, se reforzó con estos dichos y omisiones la política −efectiva y persistente, aunque no escrita− sobre lo que debe considerarse la mejor literatura y puso en evidencia la tensión irresuelta entre los criterios tradicionales del canon literario y las exigencias contemporáneas de representación y equidad en las instituciones culturales del Estado. El problema no reside sólo en una colección específica, sino en un patrón más amplio de subrepresentación y desdén discursivo, que rebasa las políticas de Estado.
Las grandes editoriales privadas −las pequeñas han acogido en mayor medida literaturas diversas al main stream− siguen guiando sus publicaciones con criterios ortodoxos, pensando que con ello aseguran mayores ventas. Desde luego, las excepciones se van incrementando, pues ha llegado a ser claro −hasta para los editores más patriarcales− que las autoras también venden, igual o más que cualquier hombre. Sin embargo, en términos generales, la serpiente se sigue mordiendo la cola: las mujeres no son apreciadas y reconocidas porque no se les publica; y no se les publica porque no son apreciadas y reconocidas.
Para romper este histórico círculo vicioso se precisa no sólo dejar de apoyar a los mandos culturales por ser “buenos compañeros”, aunque digas sandeces, sino también aprobar un presupuestos especial para una indagación seria que saque de las sombras a todas las escritoras valiosas, vivas y muertas, para reinterpretar nuestra historia cultural con justicia y veracidad.
En lo que tal cosa sucede, las mujeres debemos crear nuestros propios espacios, no únicamente para difundir nuestros trabajos, sino también por razones éticas y de seguridad. Las escritoras no estamos a salvo en ciertos espacios poéticos que abren las puertas a acosadores y agresores reconocidos. La violencia en México permea en todos los ámbitos, incluyendo el cultural; requiere ser entendida y combatida desde la perspectiva de género: identificar acciones y discursos que la normalizan y contribuyen a perpetuar las desventajas de ser mujer. Ante esta tarea, despropósitos irreflexivos como “lo importante es la calidad literaria” muestran la ineficiencia de un trabajo que todos costeamos y que ha sido confiado a personas ignorantes, cuando no malintencionadas.
En este lúgubre contexto, resulta refrescante y esperanzador que Coral Bracho recibiera recientemente la Medalla Bellas Artes de Literatura 2025, y que Elsa Cross ganara el premio Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco 2026. Ambas poetas representan la gran poesía de México y son −siempre lo he dichos− los dos mejores poetas vivas de nuestro país; así, en masculino, para que se entienda que su importancia no sólo existe entre las mujeres, sino a escalas nacional e internacional más allá del género.
En La Otra. Revista de Poesía, hemos publicado mini antologías de mujeres poetas mexicanas, argelinas, colombianas, catalanas, brasileñas, y seguiremos en esta línea, fomentando una cultura de paz y equidad, la paz que hace tanta falta en todo el mundo y cuya ausencia cala aún más en estas fechas navideñas.

Grissel Gómez Estrada