Desde el siglo XIX, con el surgimiento del liberalismo económico, donde el dios principal de los hombres se volvió el dinero, los poetas han sido a la vez una suerte de elegidos y despreciados. En ocasiones han sido vistos con admiración y deslumbramiento y las más de las veces con incomprensión y desdén. Y el verdadero poeta ¿cómo ha reaccionado ante esto? Resintiendo el desdén, y actuando con la dignidad de la superioridad. Esta dicotomía de la sociedad ante el poeta ya la exponía Baudelaire en su famoso ensayo sobre Edgar Allan Poe y en su poema “Bendición”. En el poema Baudelaire reproduce los vituperios de la madre y de la esposa dirigidos al poeta y la respuesta del poeta que agradece a Dios de que le guarde un lugar “en la fila de los bienaventurados de las santas legiones”.
Cuando el romántico alemán Friedrich Hölderlin escribía en su poema “Recordación”:
Pero es el mar el que domina
Y da memoria, mas también el amor
Fija y activa nuestros ojos.
Pero lo que perdura
Fúndanlo los poetas.
pensaba sin duda en la naturaleza y los sentimientos humanos en relación o en contraste con la poesía, pero también, en otra capa, en la piedra de fundación que fueron los cantos homéricos, primera y larga escuela de los griegos antiguos.
A diferencia de los poetas de la Grecia antigua o de la rama judía (por otro lado), que solían unir ética y belleza, el poeta y el escritor modernos buscan ante todo crear belleza. Y bien: y si el poeta es capaz de crearla y el lector de sentirla ¿no se da del todo la función estética? En este sentido la poesía sensibiliza, y por ende, humaniza. El poeta debe oír puntualmente el reloj del corazón.
Pero ¿cómo explicar mínimamente la cultura occidental sin la poesía? ¿Cómo explicarla sin las piedras angulares de la Iliada y la Odisea, sin las obras de los grandes trágicos, sin El Libro de Job, el Eclesiastés y el Cantar de los cantares, sin los salmos, sin los libros proféticos? La poesía occidental nace allí y lo que escribimos es una gota de aquel manantial que no se secará nunca. Son los poetas, los verdaderos poetas quienes enseñaron a hablar a los hombres y a ver con ojos más limpios. Son principalmente quienes han dado transparencia y han hecho música el lenguaje. Y aun entre nosotros ¿cómo explicar la historia y la sensibilidad de los mexicanos antiguos sin la flor y el canto, es decir, la poesía, memorizada en lengua náhuatl por los jóvenes de la nobleza en el Calmécac?
Y entonces: ¿Qué importa que no sean desde el surgimiento del capitalismo los siglos del honor de la poesía ni el solio soberano lo tengan los poetas? ¿Qué importa que su público lector haya disminuido ostensiblemente? ¿Qué importa, si a fin de cuentas, el supuesto loco o parásito –como lo ve el capitalista-, ése que escribe detrás de aquella ventana tiene el privilegio de la escritura y sus versos resonarán por los siglos, mientras los prohombres que ahora lo fulminan serán pasto de la tierra y del olvido que todo lo borra? ¿Qué importa si sólo el poeta es el único capaz de elevarse al cielo del lenguaje y al lenguaje del cielo? ¿Qué importa, en verdad, si cuando uno lee estos versos de Dante Alighieri al ver aparecer a Beatriz, que lo conducirá al paraíso, dice:
donna m’apparve sotto verde manto
vestita di color di fiamma viva.
Y en ese momento la vista cambia, el cuerpo cambia, el mundo cambia, y la música y la luz lo cubren todo en un instante y para siempre. Comprendemos entonces que la poesía nos ilumina y ennoblece y sin dificultad nos olvidamos de los esplendores huecos de la propiedad y del dinero que la sociedad moderna ha hecho creer o quiere hacer creer que son el gran objetivo en la vida. ¿No dijo el romano Propercio: “Para el ingenio la gloria no tiene muerte”? “
No está de más repetirlo. Donde se halla la verdadera poesía vive el humanismo y donde está el humanismo el alma del hombre se enaltece y el mundo es más habitable y menos cruel. Y esto, como pocos en los países de nuestra lengua lo ha sabido Rubén Bonifaz Nuño, él, que fue mi maestro, amigo, hermano mayor, cuya figura y obra nos hacen creer que lentamente, piedra a piedra, alzaremos el palacio de la sabiduría, donde el hombre se salve y habite sin necesidad de un paraíso inventado por tantas religiones distintas o en los palacios y mansiones de los grandes burgueses.
Marco Antonio Campos leyó este texto durante la recepción del Premio a la Trayectoria artística y humanística que le concedió el Instituto Cervantes y la Cámara de Diputados de México, el 29 de octubre del 2025.
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