No, no hemos traicionado nuestros poemas.
El túnel, aquí está de nuevo
largo, largo, sobre otra tierra
donde ni siquiera se pueden enterrar a los muertos:
¡Palestina!
te he nombrado.
Pienso en ustedes, allá, mis amigos,
a quienes traduje sus poemas
«Los llamo y aprieto sus manos», luego
me siento estúpido
¿Qué tengo yo para decir?, que ustedes no dirían
mejor, no, pero con otra materia de palabras:
el blanco insondable del terror
el negro indeleble de la sangre
el púrpura del sueño violado
el gris venenoso de los escombros
el amarillo desquiciado de la carne quemada
el verde del torrente injusto de las lágrimas
el azul borracho de las maldiciones.
Aquí está el túnel
largo, largo
¿qué es esta época?, que nos aplasta en su camión de basura,
¿qué es este planeta?, que nos azota en la cara todas sus puertas,
y no nos deja más salida, que aquella en la que hay que presentar la prueba
de la desesperación absoluta.
¡Oh noche!
tú de nuevo
refugio raro para los desamparados
y para el ojo, pradera única
Tal vez haya en una de tus estrellas, un espíritu puro,
un testigo justo,
que nos mira y sufre por no poder levantar su pequeño dedo
Tal vez no haya nada que este silencio sideral obedezca también
a la abyecta ley de la indiferencia
¿cómo estar seguro de ello?
¡Oh noche!
dame algo,
aunque sea un poco de ilusión
ese sucedáneo de la esperanza
ya que no hay más esperanza
aunque sea un rayo,
identificable con una promesa
aunque sea la más vaga,
aunque sea un soplo
el más tenue,
que reanime un poco las cenizas del alma.
pero, por favor, libranos de la compasión.
Pienso en ustedes, mis amigos, allá
y de repente, ya no sé qué significa pensar,
qué significa escribir.
El dolor ha tomado las riendas, y azota hasta la muerte
la montura del cuerpo.
Las paredes del túnel se acercan,
me asfixia.
Me protejo la cabeza,
como los he visto a ustedes tantas veces
hacerlo con sus hijos
!Grito! para no vernos enterrados vivos.
Tiemblo como todo ser íntegro
en el momento de la verdad.
Creo por un instante y apostato en el siguiente.
Escupo sobre la mesa de las Leyes
y llamo a mi auxilio,
el apocalipsis.
Gateo a ciegas bajo los escombros,
de la difunta humanidad
y a veces, oh delicia
dudo, firmemente de mi existencia.
Con un parpadeo,
anulo todo.
Primero mi condición de gusano de tierra,
luego el Génesis, el día de los Cuentas
pasando por el purgatorio,
sin ánimo, borro esta caricatura
y sobre el telar, retomo el trabajo
siento ascender en mí la palabra sin igual
y no soy el emisario de nadie.
No le digo a la luz: ¡sé!,
sino, por favor.
No le digo a la justicia: ¡golpea!
sino, sé justa.
No le digo a la belleza: ¡reposa!
sino, resplandece como un sol libre
de toda obligación
No me dirijo a tribus o pueblos,
sino sólo a aquellos
que padecen del sufrimiento de los otros
y no se jactan de ello
Deliro de su delirio,
oh mis amigos
perdónenme,
el túnel aún está allí,
largo, largo.
Estaré en su sitio mientras ustedes lo estén,
porque yo tampoco
«he traicionado mis poemas».
«Los llamo,
y aprieto sus manos».
traducido del francés y del árabe por Ouajd Karkar
*Estos fragmentos de un poema que Abdellatif Laâbi escribió hace más de veinte años parecen haber sido escritos hoy, frente a la barbarie que ocurrió y sigue ocurriendo en Gaza-Palestina.
Abdellatif Laâbi nació en 1942 en Fez (Marruecos). Fundó en 1966 la revista Souffles, que desempeñó un papel considerable en la renovación literaria y cultural en el Magreb. En 1972, fue arrestado debido a sus ideas y actividades de oposición y condenado a diez años de prisión. Liberado en 1980, vive principalmente en Francia desde 1985. La obra de Abdellatif Laâbi abarca todos los géneros (poesía, novela, teatro, libros para la juventud). También ha publicado antologías poéticas, ensayos sobre la cultura, la política, así como libros de entrevistas. Sus obras han sido traducidas a una docena de idiomas. Además de su producción, ha traducido al árabe a numerosos autores contemporáneos. Varios premios han reconocido su obra, entre ellos el premio Goncourt de la poesía (2009), el Gran Premio de la Francofonía de la Academia Francesa (2011), el gran premio «Nuevo Siglo de Oro» de la ciudad de México (2017), y el premio Mahmoud Darwich para la creación y la libertad (Ramallah 2020).
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