A propósito de los 80 años del Nobel para Gabriela Mistral
1.
El Premio Nobel de Literatura concedido a Gabriela Mistral en 1945, es el primero que recae en Latinoamérica, el quinto concedido a una mujer y el primero y único otorgado a una autora de la lengua castellana hasta el día de hoy. Cabe entonces preguntarse ¿qué hizo nuestra poeta con el idioma, qué originalidad y estética la de su escritura que no se ha visto, o que a lo menos la Academia Sueca no ha percibido, desde el inicio de la entrega de los premios Nobel en 1901, en otra autora hispanoamericana? ¿No debería ser este por si solo ser un poderoso motivo para leerla? Todo lo que hacemos en torno a Gabriela Mistral, cada efeméride que celebramos, cada ocasión de dialogar sobre su obra, cada poema que se musicaliza, cada teatralización o documental sobre su vida, debería tener como objetivo provocar su lectura.
La Academia Sueca argumentó que el premio Nobel de Literatura se le otorgaba a Gabriela Mistral por una poesía lírica de poderosas emociones y por haber hecho de su nombre un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo latinoamericano. Es decir, se le premia naturalmente por su obra, una que, si bien era inmensa, no era para nada extensa. Hasta 1945, aunque recados, semblanzas, reseñas y motivos de la inconfundible prosa y el visionario pensamiento de Gabriela Mistral poblaban revistas y periódicos de las tres Américas y de Europa, ella sólo había publicado tres libros y los tres de poesía, «Desolación«, su obra inaugural, editado en Nueva York en 1922, y que puso en circulación el Instituto de las Españas, su libro “Ternura» que se publica en Madrid en 1924 por la Editorial Saturnino Callejas, y por último «Tala«, en 1938, para muchos su obra mayor, publicado bajo el sello de la editorial Sur de Buenos Aires.
Sin embargo, como decíamos, señala también la Academia que se le otorga el premio Nobel “por haber hecho de su nombre un símbolo, las aspiraciones idealistas de todo el mundo latinoamericano” Es decir, Gabriela Mistral recibe el nobel por su magnífica obra poética, y también por todos aquellos valores humanistas que representaba. Este premio honraba sin duda plenamente la voluntad de Alfred Nobel, creador de este galardón, quien había determinado les fuese otorgado a aquellas personas que contribuyeran con su creación y trabajo al mejoramiento y desarrollo de la humanidad.
El 18 de noviembre de 1945, desde Rio de Janeiro Gabriela Mistral envía un telegrama a Andrés Osterling, presidente de la Academia Sueca en que le comunica que va camino a Estocolmo. “Profundamente honrada agradezco a la Academia. Feliz voy a vuestra patria que siempre admiré y quise. Vuestra devota admiradora Gabriela Mistral”.
Dos días antes, el embajador de Suecia en Brasil le ha confirmado a la poeta chilena una noticia que antes escucha en la radio y lee en un telegrama. “El nuevo mundo ha sido honrado en mi persona. Por lo tanto, mi victoria no es mía sino de América” le dice Gabriela Mistral a un corresponsal de la agencia Reuters antes de abordar la Motonave Ecuador, para atravesar una vez más el Atlántico.
Desde Petropolis, la ciudad de los bellos jardines, donde es cónsul de Chile va por tierra a rio de Janeiro, luego en barco hasta el puerto sueco de Gotemburgo y por último en tren hacia Estocolmo. En total 21 días de viaje a la ceremonia de entrega de los premios Nobel.
En diciembre de 1945, Europa es un continente aturdido, apenas hacía unos meses que había terminado la segunda guerra mundial y se está levantando entre las cenizas de una inconmensurable destrucción material y moral. La explosión atómica sobre Hiroshima y Nagasaki es una imagen reciente. El hombre ha sido feroz enemigo de sí mismo, un vil genocida. Ardua asomaba, en los inicios de la paz, la reconstrucción de la ética y la dignidad humana en el Viejo Mundo, luego de la barbarie nazi.
Con la reanudación de la entrega de los premios Nobel en 1945, que había sido suspendida durante los años de la guerra, se quiera dar una señal de retorno a la normalidad. Europa necesitaba mirar a América, específicamente a la América Latina y a un símbolo idealista, a una humanista cabal y americanista de cuerpo entero, como lo era Gabriela Mistral, cuyo mérito literario no estaba en discusión y cuya popularidad en Latinoamérica no tenía competidor cercano ni parangón alguno. Ella era una vocera universal de la justicia social y de la paz, que representaba el poder transformador de la educación, los derechos y el bienestar de la infancia, de las mujeres, del mundo indígena y campesino, de los exiliados de la guerra, es decir, de todos aquellos que no tenían voz.
Si bien el premio nobel a Gabriela resultó sorpresivo, especialmente en Chile, lo cierto es que la historia tras él se venía fraguando durante casi una década. Aunque desde fines de los años 20 y principios de los 30 hubo quienes hicieron publica su voluntad de presentar a Gabriela Mistral al Nobel, la campaña para promover la distinción surgió en Ecuador en 1939, encabezada por la intelectual y escritora Guayaquileña Adelaida Velasco, admiradora y muy cercana a nuestra poeta, había sido elegida por su gobierno para acompañarla durante su estadía en ese país, en 1938. Recordemos que desde fines de 1937 y hasta principios del 39, Gabriela Mistral realizó una extensa gira, una embajada cultural por Brasil, Uruguay, Argentina, Chile, Ecuador, Perú, Cuba y Estados Unidos, donde entregó una vez más la belleza de sus versos y sembró como siempre su mensaje de cultura y unidad entre los pueblos. Llevaba consigo en esa gira, su obra Tala inspirada en el paisaje de la cordillera y en el espíritu del continente.
Adelaida Velasco no se quedó en la intención, sino que inicio una verdadera cruzada por la nominación al premio nobel a Gabriela Mistral, convocando a la intelectualidad latinoamericana y manifestando su intención por carta al presidente chileno Pedro Aguirre Cerda, quien inmediatamente le respondió:
“Por lo que a nuestra gran poetiza se refiere, Aguirre considera que obtener el Premio Nobel de Literatura para Gabriela Mistral, no sólo significaría coronar su gloriosa carrera artística sino que dignificar en ella a toda mujer latinoamericana… es así que con esta misma fecha, he transcrito y recomendado muy especialmente su importante carta a la consideración de los Ministros de Educación y de Relaciones exteriores para que estudien en la brevedad posible la forma de hacer realidad SU FELIZ INICIATIVA”
2.
La “aventura del Nobel, como solía llamar la poeta chilena a su candidatura, se concreta cuando la Universidad de Chile presenta oficialmente su postulación a la Academia Sueca a el 14 de agosto de 1939, firmada por Luis Galdames, decano de la Facultad de Filosofía y el Filósofo Yordano Pino Saavedra. A esta nominación se van sumando las Academias de Letras del continente, incluyendo la brasileña y también la española. Destacados autores e intelectuales la apoyan y una prensa eufórica la respalda.
Sin embargo, entre otros requisitos, era esencial para la obtención del premio que la obra de Gabriela Mistral fuese traducida y publicada al francés, esto último no se cumplía a fines de la década de los 30, aunque ya había algunas traducciones, no existía ningún volumen, pero esto no fue un obstáculo para Aguirre Cerda, quien hizo de esta travesía al nobel un proyecto de Estado. A Gabriel González Videla, a la fecha embajador de Chile en Francia, se le mandato la publicación de estas ediciones y tuvo la “ocurrencia feliz” de contactar a la más relevante figura de las letras francesas y europeas de ese entonces, Paul Valery, para la edición de los poemas y la escritura de un prólogo. Cuenta González Videla que Valery estuvo algo reticente hasta que se le dijo que tenía instrucciones de pagarle lo que pidiese por el trabajo. Valery solicitó 50.000 francos de la época y que el pago fuese por adelantado ya que no confiaba en la solvencia una Delegación Sudamericana. Videla pensando que “la estaba haciendo de oro”, así lo hizo, sin embargo, al enterarse Gabriela Mistral rechazó de cuajo tal escrito, señalando que Valery, una eminencia de las letras no era un hispanista, que no iba a comprender su escritura y menos iba a entender sus americanismos, que se le pagará porque el trabajo ya estaba hecho, pero que no lo aceptaría, es más decía que de publicarse el libro ella arrancaría el prólogo de cada ejemplar.
Lo que aceptó fue un prólogo y la traducción de sus poemas de Francis de Moiomandre, poeta de menor relevancia pero que según Mistral podía apreciar acabadamente su obra. Desde la fecha de la postulación y hasta 1944 las adhesiones a la nominación de la poeta no cesaron, siendo crucial en esta cruzada la solicitud del secretario de la Academia Sueca Hjalmar Gullberg, quien en 1941 publicó una antología de Gabriela Mistral traducida al sueco que fue relevante para que los demás miembros de la Academia y el pueblo sueco se sumergieran y aquilataran la obra de la poeta y candidata chilena.
Gullberg tradujo al sueco varios poemas de Desolación, Ternura y Tala a continuación citaré algunas estrofas de ellos, BALADA de Desolación:
El pasó con otra;
yo le vi pasar.
Siempre dulce el viento
y el camino en paz.
¡Y estos ojos míseros
le vieron pasar!
El va amando a otra
por la tierra en flor.
Ha abierto el espino;
pasa una canción.
¡Y él va amando a otra
por la tierra en flor!
También de Desolación: Poema del hijo:
¡Un hijo, un hijo, un hijo! Yo quise un hijo tuyo
y mío, allá en los días del éxtasis ardiente,
en los que hasta mis huesos temblaron de tu arrullo
y un ancho resplandor creció sobre mi frente.
De Ternura: El Corro luminoso
Corro de las niñas,
corro de mil niñas
a mi alrededor:
¡oh Dios! yo soy dueña
de este resplandor!
En la tierra yerma,
sobre aquel desierto
mordido de sol,
¡mi corro de niñas
como inmensa flor!
En el llano verde,
al pie de los montes
que hería la voz,
¡el corro era un solo
divino temblor!
Y Meciendo
El mar sus millares de olas
mece, divino.
Oyendo a los mares amantes,
mezo a mi niño.
El viento errabundo en la noche
mece los trigos.
Oyendo a los vientos amantes,
mezo a mi niño.
De Tala: Adiós,
En costa lejana
y en mar de Pasión,
dijimos adioses
sin decir adiós.
Y no fue verdad
la alucinación.
Ni tú la creíste
ni la creo yo,
«y es cierto y no es cierto»
como en la canción.
La copa
Yo he llevado una copa
de una isla a otra isla sin despertar el agua.
Si la vertía, una sed traicionaba;
por una gota, el don era caduco;
perdida toda, el dueño lloraría.
No saludé las ciudades;
no dije elogio a su vuelo de torres,
no abrí los brazos en la gran Pirámide
ni fundé casa con corro de hijos
Y Beber
A la casa de mis niñeces
mi madre me llevaba el agua.
Entre un sorbo y el otro sorbo
la veía sobre la jarra.
La cabeza más se subía
y la jarra más se abajaba.
Todavía yo tengo el valle,
tengo mi sed y su mirada.
Será esto la eternidad
que aún estamos como estábamos.
Recuerdos gestos de criaturas
y son gestos de darme el agua.
Gracias a esta pequeña antología publicada bajo el título de Poema del hijo, en la Bonniers Litters Magasin, los poemas de Gabriela Mistral se difundieron en círculos literarios, primero, y luego en todo el público nórdico.
De este modo, como fue una constante en la vida de Gabriela Mistral, sus versos antecedían su presencia y la admiración que se provocaba en torno a su escritura y también ante figura.
Llegó el espléndido día de la ceremonia de entrega del premio nobel aquel lunes 10 de diciembre de 1945, cuando vemos a Gabriela Mistral ingresar al palacio de la filarmónica del brazo de Andrés Osterling, ataviada con un bellísimo vestido de terciopelo negro, con el cabello entrecano recogido y su porte sencillo y altivo. América toda, ingreso con ella.

DISCURSO AGADECIMIENTO PREMIO NOBEL
“Hoy Suecia se vuelve hacia la lejana América ibera para honrarla en uno de los muchos trabajadores de su cultura. El espíritu universalista de Alfredo Nóbel estaría contento de incluir en el radio de su obra protectora de la vida cultural al hemisferio sur del Continente Americano tan poco y tan mal conocido.
Hija de la Democracia chilena, me conmueve tener delante de mí a uno de los representantes de la tradición democrática de Suecia, cuya originalidad consiste en rejuvenecerse constantemente por las creaciones sociales valerosas.
Hija de un pueblo nuevo, saludo a Suecia en sus pioneros espirituales por quienes fue ayudada más de una vez. Hago memoria de sus hombres de ciencia, enriquecedores del cuerpo y del alma nacional. Recuerdo la legión de profesores y maestros que muestran al extranjero sus escuelas sencillamente ejemplares y miro con leal amor hacia los otros miembros del pueblo sueco: campesinos, artesanos y obreros.
Por una venturanza que me sobrepasa, soy en este momento la voz directa de los poetas de mi raza y la indirecta de las muy nobles lenguas española y portuguesa. Ambas se alegran de haber sido invitadas al convivio de la vida nórdica, toda ella asistida por su folklore y su poesía milenarias”.

Claudia Reyes García es escritora, investigadora independiente y especialista en edición de estilo literario. Se le considera una voz experta en la vida y obra de Gabriela Mistral, a cuyo estudio ha dedicado más de dos décadas. Ha participado en Seminarios, Congresos, Ferias del Libro y en múltiples actividades de divulgación de la escuela de pensamiento de Gabriela Mistral, labor que considera fundamental para acercar a la poeta chilena a nuevas generaciones. En esta misma lógica es creadora y administra las páginas de Gabriela Mistral @maestranobel en X, Facebook e Instagram. Ha publicado las obras: Gabriela Mistral Biografía Breve (Editorial Universidad de La Serena); Gabriela Mistral y el Valle del Elqui (Editorial Pirámide); Gabriela Mistral La Palabra Elemental (Editorial Letrarte, en coautoria con el poeta Benjamín León; y el libro de poesía XHANTOS, editorial AZ.
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