Etel Adnan, metamorfosis de la herida:
Por Michel Cassir

         Vengo de un territorio vertical
         mis antepasados nacieron en la fuente de grandes
         ríos

Tengo el honor de presentar esta exhibición en homenaje a la obra de Etel Adnan, el año de su centenario. Desapareció en 2021. ¡Saludo la mujer habitada por los vientos de la poesía!

Nacida en Beirut en 1925, Etel Adnan ya había explorado el campo infinito del poema, antes de que el mundo literario, lento en asumir la autenticidad y la innovación, la reconociera como una de las grandes voces de nuestro tiempo. Previamente al ciclo infernal de violencia en el Líbano y Medio Oriente, escribe este extraño y profético poema: Soy un volcán, al que añadió: acribillado de meteoritos. Se refiere muy probablemente al fuego que arde en su ser y, por extensión, en el país que la vio nacer. Aquel volcán resuena con el resplandor de los meteoritos, esos objetos lejanos que golpean nuestro espacio. El poema carga las convulsiones de este mundo y dialoga con la distancia que nos trasciende. Lleva el soplo más allá de su brote, más allá de las bellezas y las penas de la vida cotidiana. Esta dimensión combina la alteridad con el más allá: la curiosidad por cruzar fronteras y superarlas. Habla de este territorio vertical. ¡No es ahí donde reside la poesía!

Evocar el nombre de Etel Adnan es sumergirse en una aventura impredecible en la que se entrecruzan dolorosas raíces y amplios espacios abiertos. Etel Adnan nunca hizo nada según lo planeado. Aprobó el bachillerato como candidata libre a los 15 años, luego estudió literatura en Beirut antes de estudiar filosofía en París, donde tuvo como profesor a Gaston Bachelard, el filósofo de la ciencia, los sueños y la creación poética. Después se trasladó a California, a Berkeley, y más tarde a México, antes de regresar a Estados Unidos, donde enseñó filosofía (La filosofía nos devuelve a la sencillez). Se acercó a los poetas de la Beat Generation. Escribió poesía en francés desde el inicio y empezó a pintar, exponer y escribir luego en inglés como signo rebelde contra la cultura colonial francesa. Descubre el arte de los tapices del Magreb, que se convirtió en fuente de inspiración, y regresa a Beirut. Periodista en el periódico francófono L’Orient-Le Jour, conoció el amor de su vida, Simone Fattal. Dejaron el Líbano en 1976, tras la extensión de la guerra civil. Etel publicó sus primeros libros, entre ellos Sitt Marie Rose, que narra el compromiso de una mujer con los refugiados palestinos y su matanza durante la guerra. En California, continuó su trabajo de pintora y escribió textos mayores como Viaje al Monte Tamalpais y el Apocalipsis árabe. En este movimiento constante, en particular entre Estados Unidos y Francia, su verdadero hogar ha sido la creatividad artística y literaria. El pensamiento y el arte de Etel combinan sencillez, chispa surrealista y conciencia política libre y aguda. Está decididamente del lado de los oprimidos, de los despojados por la guerra y la injusticia. Pero todo ello se despliega en un mundo imaginario múltiple e intrépido, que nunca es exento de profundidad intelectual. La excepcional fibra humana de Etel Adnan se sitúa a medio camino entre la pintora naif, con la certeza y el asombro de la infancia, la poeta capaz de combinar densidad y poder de la imagen, y la escritora explorando el mundo futuro. Se convirtió en su propio tejido sin premeditarlo, por amor y hay que subrayarlo por su lucidez de vanguardista que comprendió muy pronto los vínculos mágicos entre razón y ebriedad de crear. Nunca ha perdido de vista el cuestionamiento filosófico, pero lo ha encaminado en un deslumbrante viaje de alegría, sufrimiento y rebelión. Crea en un soplo continuo que abarca episodios de vida y grandes momentos demiúrgicos.
En el Apocalipsis árabe (publicado por primera vez en 1980, con algunos extractos ya en 1977 en Mauvais sang (Mala Sangre), editado por un colectivo de poetas sobre la guerra civil libanesa), cabe preguntarse qué es esta desdicha absoluta que nos estrangula y cómo podemos exorcizarla. En este libro premonitorio, en el que ya están presentes los horrores de la guerra civil libanesa y el destino maldito de los palestinos, Etel Adnan ve aún más lejos la amplitud del horror y su enlace con el aplastamiento de las civilizaciones indígenas americanas. Evoca la belleza de estas culturas, reuniéndolas en un canto sorprendente, una danza en la que la conciencia herida aún tiene el sentido de la celebración. El poema es una entidad en sí, una fuerza de reflexión y de vida, libera. Este aspecto se encuentra en el corazón de la poesía de Etel; no se le escapa nada de la herida y la fragilidad humana, pero las integra en un canto general (como decía Pablo Neruda). Etel no ve la guerra, el exilio y el duelo como un final, busca repararlos y revertirlos a través del poder milagroso del arte. Aquí no hay invocaciones religiosas, sólo el recurso a las fuerzas secretas del ser humano. Un vínculo con la historia de una región, de una época, con tiempos pasados y tiempos por venir.

Ahora, olas de rosas cubren la memoria, pero permanece el deseo de la infancia, el de penetrar en el corazón del tiempo. Nada se mueve… La hierba crece distinta de las palabras. En estas rosas, el infinito del infinito.

Lo que hace tan singular la poesía de Etel Adnan es su alcance. Su introspección nunca se limita a la estrechez de un destino humano, el suyo propio, vibra con el pulso del mundo, desde su origen hasta todas las conquistas y las derivas. Su lucidez permanece firme, incluso en la fuerza vertiginosa de algunos de sus poemas. El brío universal de su voz está impregnado de experiencia de vida y saber hacer, tanto en la mano que traza la maravilla como en las palabras que a veces truenan y a veces susurran.

Su poesía ha adoptado la fuerza eruptiva y libre de la poesía moderna. En esto se puede considerar como una de las escritoras más innovadoras de la poesía árabe en francés o inglés, pero también se puede percibir a través de su obra el aliento de la Qasida árabe preislámica, que es una narración que envuelve vida, amor y viaje en un mismo torbellino.

Etel Adnan es una voz mayor de la poesía libanesa y universal. Su vitalidad y su visión extra lúcida no tienen comparación en la ya rica y variada poesía libanesa en lengua francesa. La multiplicidad de sus talentos y su agudeza visual y literaria la hacen única, y su celebración es una necesidad para la persistencia de nuestro destino.

 

Etel Adnan : Extracto de The Spring flowers own & the Manifestations of the voyage, 1990

Se desvanece la luz. Desciende por la escalera, por así decirlo, mujer que deja atrás la escalera de sus años. Muere abajo. La luz empieza de cero. Mientras tanto la Montaña espera. Con gran paciencia. La luz eléctrica arde. Mi pensamiento es horizontal. ¿Qué significará eso? ¿Se hace sumisa, cansada, melancólica, pasiva? Se vuelve huidiza, desviándose como una bailarina. Esquiva y se demora, intenta tentar a la realidad, estrategia femenina, su medio, su herramienta. Rumia, se compara con el mar, o al menos con la superficie de un vaso de agua en la mesa. Se siente pesada, engorda y sufre, no encuentra descanso… El crepúsculo es mi hora.

Traducción al español : Michel Cassir

 

Etel Adnan (1925-2021). Poeta, escritora pintora y filosofa nacida en Beyrouth en un entorno cosmopolita. Compartió su vida entre El Líbano, Estados-Unidos y Francia. Importante pintora contemporánea exhibió su obra en grandes museos franceses y europeos. Algunas de sus pinturas se exhiben en el Museo de Arte Contemporáneo del Centro Beaubourg en Paris. Ha tejido profundos vínculos entre escritura y pintura. Poeta mayor con una voz única e innovadora, escribió en francés y en inglés. Traducida en numerosas lenguas.