Antonio Machado en la encrucijada de cien caminos
entre la poesía, la filosofía y la política
Por Marta Eloy Cichocka

1. El poeta integral y la palabra en el tiempo

Antonio Machado (1875-1939) se erige como una figura capital de la literatura española del siglo XX, pero reducir su legado al ámbito exclusivo de la lírica sería simplificar la magnitud de un intelectual integral. Su obra representa una fusión indisoluble y coherente de la creación poética, una profunda y sostenida indagación filosófica, y un compromiso cívico inquebrantable. Machado no fue un poeta que reflexionaba ocasionalmente sobre la existencia, ni un pensador que versificaba sus ideas; fue, en esencia, una conciencia vigilante cuya palabra poética se convirtió en el vehículo de un pensamiento en constante diálogo con su tiempo. La evolución poética de Machado no es meramente un correlato de su pensamiento, sino el crisol donde se forjan sus categorías filosóficas y la justificación última de su compromiso republicano.
La evolución poética de Antonio Machado puede comprenderse como una búsqueda de autenticidad, un viaje desde el intimismo simbolista de sus inicios hacia una “palabra en el tiempo”: una poesía que aspira a comunicar lo universal a través de lo hondo, lo cordial y lo esencialmente humano. Este itinerario está marcado por una poética de la negación, un rechazo consciente de las estéticas que consideraba artificiosas o meramente ornamentales. Machado emprende una depuración ascética que lo despoja progresivamente de ropajes retóricos para encontrar una voz que, arraigada en la experiencia y en la sabiduría popular, pudiera dialogar directamente con el alma colectiva.
La trayectoria de Machado comienza en el seno del modernismo, pero pronto se distancia de sus excesos. La transición desde su primera obra, Soledades (1903), hacia la versión depurada y ampliada, Soledades. Galerías. Otros poemas (1907), marca un punto de inflexión decisivo. Este cambio no es una mera corrección estilística, sino la manifestación de una profunda negación tanto del modernismo como de lo barroco. Machado rechaza el léxico exótico, la adjetivación ornamental y la musicalidad superficial para ahondar en un simbolismo más íntimo y esencial. Las galerías del alma, los jardines melancólicos y las fuentes que dialogan con el poeta se convierten en símbolos de una búsqueda interior, un primer paso hacia una poesía menos sensorial y más reflexiva, donde la forma se subordina a la pureza de las ideas.
Campos de Castilla (1912) representa el giro definitivo desde el “yo” hacia el “nosotros”. La experiencia personal —el amor y la trágica muerte de su esposa Leonor, su estancia en Soria y su posterior traslado a Baeza— se universaliza al fundirse con la contemplación del paisaje castellano. Esta tierra, “triste y noble”, se convierte en un símbolo del alma de España, un espacio donde el poeta proyecta su dolor, pero también su reflexión sobre la identidad y el porvenir colectivo. Es en su etapa en Baeza (1912-1919) donde su crítica social se agudiza. La visión de la ciudad cristaliza para Machado los males endémicos del país. Esta cruda percepción de la realidad social y espiritual de una parte de España nutre los poemas más cívicos y reflexivos del libro, consolidando a Machado como una de las conciencias más lúcidas de su generación.
En Nuevas Canciones (1924), Machado da un paso más en su proceso de depuración estética y acercamiento a lo popular. La obra se caracteriza por el predominio de formas breves y sentenciosas, como los proverbios y cantares, inspiradas directamente en el folclore. Esta elección no es un mero ejercicio de estilo, sino la consecuencia lógica de su convicción filosófica de que el pueblo es el verdadero depositario de la cultura y la sabiduría. El poeta se concibe a sí mismo no como un creador ex nihilo, sino como un canalizador de una voz colectiva. Su aspiración es forjar una poesía que surja de la comunidad y a ella regrese. La evolución poética de Machado culmina así en una palabra anclada en la tradición popular, concebida como la más alta forma de pensamiento.

2. El discreto encanto de lo apócrifo

Aunque Antonio Machado no fue un filósofo sistemático, su obra poética tardía y, sobre todo, su prosa, constituyen un profundo y original ejercicio de pensamiento. Incapaz de someterse a la rigidez de un sistema cerrado, encontró en la creación de sus heterónimos apócrifos, Abel Martín y su discípulo Juan de Mairena, los vehículos ideales para explorar sus más hondas inquietudes metafísicas, epistemológicas y éticas. A través de estos “profesores apócrifos”, Machado establece un diálogo constante y crítico con la gran tradición filosófica europea, buscando una síntesis entre la razón y el sentir, entre el pensamiento y la vida.
El pensamiento machadiano se construye en una relación dialéctica con las grandes figuras de la filosofía moderna. Su punto de partida es Immanuel Kant, de quien toma la centralidad del sujeto en el conocimiento, aunque para superarla y abrirla a la otredad. En su juventud, se sintió fuertemente atraído por Henri Bergson, cuya noción del tiempo como duración (durée) influyó en su poética. Sin embargo, con el tiempo, adoptó una postura crítica hacia él, rechazando un intuicionismo que amenazaba con disolver al “otro” en un mero fluir subjetivo. Finalmente, es en Martin Heidegger donde Machado encuentra una confluencia entre sus dos grandes pasiones, viendo en el pensador alemán una unificación entre filosofía y poesía al proponer una vía para interrogar al ser a través de la propia existencia humana.
Las reflexiones de Machado giran en torno a dos grandes problemas metafísicos: la otredad y la naturaleza del ser. Para sus heterónimos, el ser no es una entidad única, estática e idéntica a sí misma, como defendía la lógica tradicional, sino múltiple, cambiante y temporal. La propuesta ética de Machado, articulada principalmente por Juan de Mairena, busca una síntesis entre Sócrates y Cristo. De Sócrates toma el método: el diálogo como herramienta fundamental para la búsqueda de la verdad. De Cristo toma el fundamento: el amor al prójimo como principio ético supremo. Este amor, sin embargo, no puede basarse en la mera razón dogmática, sino en una fe sentida en la dignidad del otro. Esta síntesis entre el diálogo socrático y el amor cristiano al prójimo se convierte en el fundamento ineludible de su republicanismo, que no concebía como una mera forma de gobierno, sino como el único sistema ético capaz de articular esa doble exigencia de razón y cordialidad en la vida pública.

3. Una conciencia vigilante fuera de la torre de marfil

El compromiso político de Antonio Machado no es un apéndice tardío a su obra, sino la culminación natural y coherente de su ética humanista y su poética popular. Su adhesión a la Segunda República y su firme defensa de la legalidad democrática durante la Guerra Civil no fueron actos circunstanciales, sino la expresión pública de una vida dedicada a la búsqueda de la dignidad colectiva. Para Machado, la política no era un juego de poder, sino la herramienta para construir una sociedad basada en la justicia, la cultura y, sobre todo, el respeto a la voluntad del pueblo. Machado recibió la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931 con un entusiasmo profundo y sincero, viendo en ella la oportunidad histórica para la regeneración de España. Evidentemente, el estallido de la Guerra Civil en julio de 1936 supuso para el poeta la confirmación de sus peores temores. Durante todo el conflicto, defendía al gobierno republicano, considerándolo el único representante legítimo del pueblo español. Su labor como escritor no fue la de un propagandista, sino la de un testigo que buscaba dar sentido a la tragedia y mantener viva la llama de la dignidad.
La grandeza de Antonio Machado reside en la extraordinaria coherencia que une su evolución poética, su pensamiento filosófico y su acción política. Su obra es el testimonio de una conciencia que nunca se refugió en el esteticismo ni en la torre de marfil del intelectual, sino que asumió la poesía como una forma de conocimiento y una profunda responsabilidad ética. El viaje poético que lo llevó de las galerías del alma a los campos de Castilla y a los cantares populares fue, al mismo tiempo, un viaje filosófico desde el yo solipsista hacia el reconocimiento del otro, y un viaje político desde la crítica regeneracionista hacia la defensa activa de la democracia. Cada etapa de su vida y de su obra es incomprensible sin las demás, formando un todo íntegro y ejemplar.
En el corazón del pensamiento creativo de Machado se encuentra una fe inmensa en el pueblo como la principal fuerza moral y creativa de España. El poeta creía firmemente que la auténtica cultura no emana de las élites, sino del pueblo, y que el artista tiene la obligación moral de servir como puente en este proceso. Su republicanismo era, en esencia, una profunda fe democrática en la capacidad del pueblo para forjar su propio destino. Esta convicción, lejos de ser una idealización ingenua, fue el anclaje ético que sostuvo su pensamiento y su acción hasta el final de sus días. Su último verso fue encontrado en un papel en el bolsillo de su abrigo tras su muerte en el exilio de Collioure: “Estos días azules y este sol de la infancia”. Podemos verlo como el símbolo final de una memoria en la frontera de la muerte y como el último acto de amor a la vida.

***

Encrucijada de cien caminos: revisitando a Antonio Machado

Estos poemas nacieron de muchas coincidencias felices, errores inevitables, encuentros fortuitos (aunque providenciales) y otras ironías del destino.
Es un homenaje y, a la vez, una conversación con uno de los mayores poetas de la lengua castellana del siglo XX – quien, para mí, sigue siéndolo en el siglo XXI, lo que intento reivindicar en estos versos.
Es una composición poética y polifónica, mezclando muchos motivos machadianos con otras obsesiones, más personales.
Es un ejercicio de ir y venir, entre el verso polaco y el español, entre un aliento ajeno y la respiración propia, en el marco de una estética inspirada en las improvisaciones del jazz contemporáneo, donde a base de una frase musical nace un poema sonoro.
Es un paseo por cien caminos, reales, imaginarios y oníricos, entre Soria, Segovia y Cracovia, entre la ermita del Mirón y la de San Saturio, por la orilla del Duero y la del río Wisła, hasta el Alcázar y el castillo de Wawel.
Es una invitación a acompañarnos.

 

PRIMERA ADVERTENCIA

que cada cual hable de sí mismo lo mejor que pueda

pero con esa advertencia a la mueca en el espejo:
si por casualidad entiendes algo de lo que digo
puedes estar seguro que yo lo entiendo de otra manera

que cada cual huya de sí mismo lo más rápido que pueda

 

VIVIR ES DEVORAR TIEMPO

¿qué diría el poeta sin la angustia
del tiempo? sin esa fatalidad de que
las cosas no sean para nosotros como
para los dioses todas a la par sino dispuestas
en serie para dispararlas una tras otra

como balas de cañón: que tengamos que
esperar a que se hierva un huevo a que
se abre una puerta o a que madure
un pepino es algo que merece toda
nuestra atención: y en cuanto la vida por

fin coincide con la conciencia ya es
el tiempo de realidad última y rebelde
a la lógica: vivir es devorar tiempo y
esperar a que se fría un huevo a que se
cierre una puerta o a que madure un poema

 

SE DICE POETA

antes de escribir un poema conviene
imaginar a la poeta capaz de escribirlo

terminada la labor se puede
conservar a la poeta con su poema

o prescindir de la poeta como suele
hacerse y publicar el poema o bien

tirar el poema a la basura y quedarte
a solas con la poeta o por fin

quedarte sin el poema y sin la poeta
conservando siempre a la persona

imaginativa para nuevas experiencias

 

OJOS BIEN CERRADOS

hay que tener los ojos muy abiertos
para ver las cosas como son

hay que tener los ojos más abiertos
para verlas diferentes de lo que son

hay que tener los ojos más abiertos todavía
para verlas mejores de lo que son

pero hay que tener los ojos bien cerrados
para ver lo que se esconde detrás

 

SEGUNDA ADVERTENCIA

huye de escenarios púlpitos
plataformas y pedestales

nunca pierdas contacto con el suelo
porque sólo así tendrás una idea
aproximada de tu real estatura

pero si te falta el suelo debajo de los pies
que te sobre el cielo encima de la cabeza

 

EN LA VIDA

y en la política
triunfa quien
pone la vela
donde corre
el aire

jamás quien
pretende
que corra el
aire donde
pone la vela

 

SIEMPRE HAY OTRO CAMINO

caminante si quieres construirte
una casa de nada te aprovechará
que sepas tirarte correctamente
los ladrillos directo a la cabeza

si quieres hacer tu vida no busques
la sonrisa de tu hermana muerta
en el rostro de la hijita del dueño
porque de pronto llegará a ser mujer

si quieres vivir feliz para siempre
no la anilles antes del tiempo
no le envuelvas la cabeza con el velo
no encamines su cuerpo al extranjero

no la lleves a dar largos paseos
por el monte que domina la ciudad
porque terminaréis siendo dos sombras
y en cada estatua estaréis separados

mejor escríbele un poema de amor
para que se quede allí para siempre
y tú prosigue el camino caminante
pero no por su tumba en el cementerio

 

NO ES UN HAIKU

cuando el hombre
deja de creer en el amor
ya no cree en nada

porque toda creencia
es creencia en el amor
el resto es pensamiento

 

AL INFINITO

pensar es deambular de calle en calleja
de calleja en callejón
hasta dar en un callejón sin salida

llegado a este callejón piensas
que la gracia estaría en salir de él
y entonces es cuando se busca

la puerta al campo
la escalera al cielo
el ascensor al infinito

 

PARA SIEMPRE

irá a pasear contigo al atardecer por una hora
para siempre echará las raíces de sus pestañas
en tu corazón vacío podría ser una diosa
será amiga de las musas enemiga de los

críticos no se hará tu amante nunca será
tu mujer no se divorciará por ti ni te dará
críos mocosos que se persigan por los
parques cazando el silencio y la calma

no cocinará nada para ti no armará ningún
escándalo porque trabajas mucho vuelves tarde
ganas poco no la quieres lo bastante y la traicionas
en pensamiento palabra obra y poema al contrario

crearéis un tercer mundo al borde de la almohada
para que vuestras sienes en dos casas alejadas
puedan dormirse arrimadas a un sueño común
sobre el amor que nutre inspira y no pasa

y es algo que nunca nadie se lo va a perdonar

 

LIGERO DE EQUIPAJE

se pone el mejor traje
para salir camino del exilio
uno azul marino limpio
y bien planchado

se oyen las explosiones
de las bombas cae la lluvia
nadie quiere guardarle
el maletín que lleva

consigo con manuscritos
poemas y cartas de amor
lo abandona en una
ambulancia el frío es intenso

empapado hasta los
huesos ligero de
equipaje avanza hacia
el borde de la página

 

CODA

no me toméis demasiado en serio
pero ese culto a los muertos me repugna
el ayer hay que buscarlo en el hoy
aquellos polvos trajeron estos lodos
Antonio Machado no ha muerto
Antonio Machado soy yo

Poemas selectos del libro bilingüe de Marta Eloy Cichocka
Encrucijada de cien caminos. Skrzyżowanie stu szlaków (Olifante, 2019)

 

Fotografía de Radek Krzyzowski

 

 

Marta Eloy Cichocka (Cracovia, 1973) es poeta y fotógrafa polaca, traductora de Calderón, Racine, Juarroz, Gelman y Zurita. Doctora en Estudios Hispánicos y Latinoamericanos por la Universidad Paris 8, profesora de la Universidad de Cracovia, investigadora y promotora cultural. Publicó nueve libros de poesía, entre Cracovia, Varsovia, Zaragoza, Bogotá, Babilonia, Santiago de Chile y Barcelona, y dos libros teóricos sobre la novela histórica, en París y Fráncfort. Obtuvo el Primer Premio del Concurso Nacional de Poesía Halina Poświatowska (2004). Becaria del Ministerio de Cultura y Patrimonio Nacional de Polonia (2007). Laureada con la I Beca-Residencia Internacional SxS Antonio Machado (2016) y con el Premio Cracovia Ciudad de Literatura de la UNESCO (2021). Desde 2014 coordina las Manufacturas de Poesía, talleres de traducción literaria en presencia del autor, y la República Poética, una serie de maratones poéticos plurilingües.