Aforismos:
Dancizo Toro-Rivadeneira

Mientras caen las sámaras del olmo

6. Lo efímero perpetuo: el no Ser. Un absoluto de la finitud: el tiempo eterno.

8. El vegetal dispone al espacio alrededor de su forma, el animal –en cambio– concentra al tiempo en su materia. Por eso la carne marchita sin haber alojado la geometría de las flores.

11. Lo que en el espacio se hace límite con la gravedad –la materia–, en el tiempo se hace límite con la vida –el viviente–.

17. Lo que dura, concibe la pérdida y el anhelo como conciencia. Incluso al estar quietos –oferentes o suplicantes–, constatamos que todo se escapa de nuestras manos.

19. El cuerpo es un coágulo del tiempo.

23. El pasado es el afuera íntimo, el futuro el afuera ajeno, pero el presente está en el músculo ¡Vívida tensión la del ahora!

24. Hallo en esta contradicción del ánimo la fórmula del presente: ¡No más, aún no!

29. Mediante el prodigio de retener el presente, la vida hace memorias y cuerpos.

30. El presente es el pasado con músculo.

33. Describimos el pasado como el reino de lo inamovible. No obstante, lo que ya está hecho es un paisaje en erosión. Al recordar actuamos como el liquen sobre su roca madre.

37. El fotógrafo es un trampero del instante, despelleja vivos los colores del pasado.
44. A las nubes más oscuras las sostiene una torre de lluvia, por eso, muchos melancólicos se sienten altivos en las tormentas.

53. Un ciclo anidado entre ciclos, tal cosa es el cosmos. Más valdría preguntar, ante el enigma de las causas primeras: ¿Qué fue primero, el huevo o el nido?

58. Los muy antiguos eran virtuosos: en cada dios concebido por necesidad ponían un viviente revelado por contemplación.

64. Harpócartes –dios del silencio– el más crucificado de los dioses.
67. Somos las crepitantes larvas que espontáneas brotan del encendido cuerpo de Dios.

72. La realidad: un huerto de partículas que brotan auspiciadas por la agitación de un campo de fuerzas.

78. La intuición es el templo que la realidad funda en el viviente.

82. El Sol ama más al gusano que a la carne.

88. Una estrella que eclipsa a otra demuestra que hasta la luz hace sombra.

91. La luz, a veces mosquito, a veces oruga. Solo en el mar del ojo una medusa.

112. La estructura material de la Naturaleza coincide con la imagen de un anidamiento de cantos orgánicos. El más ingente: la peristalsis del cosmos; el más ínfimo: el latido de los campos cuánticos.

130. En el coral, los cangrejos saben tocar las cuerdas del alga, mientras los peces soplan en su anémona los juncos. Hay música en cualquier medio que propague la vida.
138. Las criaturas crecen y habitan en su legítima morada. Su propiedad es su Ser, y siendo, se recrean.

140. Una flor halla en su insecto el néctar del aire.

142. Los eventos singulares no necesitan el tamaño de una estrella, hay huevos minúsculos abriéndose por doquier.

153. La primera materia en la que pueda pensarse es la madera. La profusión de la luz es fundadora.

182. En ocasiones no nos expresamos gracias a las palabras sino a pesar de ellas. Un poema es como un árbol que crece en la vereda: un triunfo del silencio rompiendo en el asfalto del habla.

254. Un hombre de lúcidos pensamientos es en el acto como una estrella oscura: una colección de chispas que se asesinan mientras se juntan.

315. Cuando amanece nos proponemos buscar un árbol que no pueda hallarse entre los árboles, un pájaro que jamás canta entre los pájaros. Nuestra imaginación está a la altura de nuestra soñada desgracia.

 

El aforismo es una sentencia o máxima moral que con los siglos se ha vuelto una forma poética. Los moralistas franceses como Jean de la Bruyère y Francois Rochefoucauld fueron los primeros en usarlo para criticar a su sociedad. Y, como se sabe, el español Ramón Gómez de la Serna los transformó en greguerías. En esta parte del mundo el argentino Antonio Porchia y sus “Voces” es un ejemplo de estas brevedades que conjugan la poesía y filosofía.

Dancizo Toro-Rivadeneira es biólogo especializado en evolución y ecología, y doctor en filosofía con enfoque en filosofía de la ecología y epistemología de las ciencias. Prepara actualmente un segundo doctorado en literatura dedicado a las ecologías literarias y a las poéticas del ecosistema, con una beca de excelencia en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), donde también ejerce labores docentes. Su investigación se sitúa en el cruce entre Humanidades Ambientales, Filosofía de la Ecología y Estudios Literarios, con especial atención a la temporalidad, los paisajes y las ecologías del tiempo. En su selección de aforismos que envía la carga filosófica es más contundente, sin embargo, se pueden leer algunos muy poéticos como el 19. “El cuerpo es un coágulo del tiempo”. O este otro 44. “A las nubes más oscuras las sostiene una torre de lluvia, por eso, muchos melancólicos se sienten altivos en las tormentas”. También, el 130. “En el coral, los cangrejos saben tocar las cuerdas del alga, mientras los peces soplan en su anémona los juncos. Hay música en cualquier medio que propague la vida”. 140 “Una flor halla en su insecto el néctar del aire”.

Los aforismos de Dancizo Toro-Rivadeneira están enfocados a la naturaleza, al tiempo y sus relaciones vitales, el ser es una especie de habitante de un paraíso donde la sabiduría es fruto de lo prohibido y permitido, sus aforismos son esas mordidas originales que permiten saborear el conocimiento sencillo de las primeras veces en el paladar del asombro. Juegan a la tesis, antítesis y síntesis, al enfrentamiento de los contrarios y sus soluciones, como dice su aforismo 182 “En ocasiones no nos expresamos gracias a las palabras sino a pesar de ellas. Un poema es como un árbol que crece en la vereda: un triunfo del silencio rompiendo en el asfalto del habla”.