Aforismos:
Ángelo Chacón Sequeira

No hay dictadores, ni guerras, ni genocidios que no hayan sido antes pensados en la intimidad del espíritu humano.

Solo cuando te sonrojas te admiran, ocaso.

El poema no cree en la palabra, pero la usa como quien reza sin fe, porque no le queda otra cosa.

Rindámosle culto a Febo, pues él es el ser luminoso que alegra los campos y a los verdes hijos de la tierra.

¿Cómo serías capaz de desearle a alguien un mal tan grande como lo es la eternidad?

Disequé el dolor en literatura para que no se pudra.

Mientras más divina se vuelve tu figura, más mínimo y mortal soy.

He proyectado en ti mi propio ideal; la imagen de lo que no puedo ser, pero que amo ver reflejado en ti.

Sufrir por la posibilidad de perder algo que aún no se ha perdido.

La tierra que piso este instante es uno que fue o que será.

Qué condena tan grande fue verme excomulgado de la patria de tu pecho.

Los celos son una avaricia del alma.

Soy los libros que ya no recuerdo.

La dicha de un día puede reinar sobre la penumbra de los años desventurados.

Escribo desde la lucidez trágica de saberme inevitable.

Somos sueños que se sueñan —y qué horrible pesadilla.

Extraño la melancolía que fui, esa casa sin ventanas que me abriga del ruido de los otros.

Ahora me desbordo de pasión pero no siento su corriente como tal, solo un pequeño flujo que se sabe inmenso.

¿Pero que es el mundo si no una transfiguración incesante?

¿Qué haces tú, lector, cuando otro te confía su abismo?

Amar es abolir la indiferencia.

«Sé lo lleno de nostalgia que estabas», dijo cuando nos reencontramos.

 

Drama en veinte aforismos

Sobre la idealización y la proyección

 

I. Las amé como a conceptos, no como a personas. Mi amor fue un acto de literatura.

II. Las convertí en espejos de todo lo que anhelaba y todo lo que despreciaba de mí mismo.

III. ¿Cómo podían ser solo humanas? Yo ya las había coronado diosas de mi panteón privado.

IV. El pedestal es la distancia más corta entre la adoración y la misantropía.

V. La idealización es una forma de violencia.

 

Sobre la economía emocional enferma

 

VI. Les di fragmentos de mi alma y les cobré con la exigencia de mi salvación.

VII. Mi entrega no era generosidad; era una deuda que planeaba cobrar con su atención perpetua.

VIII. Moneticé mi angustia y esperé que pagaran con alegría.

IX. Su silencio no era silencio: era el sonido de mi teoría sobre mí mismo confirmándose.

X. ¿Cómo habrían de corresponder a mi vasta vehemencia espiritual? La única respuesta posible era la devoción absoluta, que es inhumana.

 

Sobre la dinámica de poder y el sacrificio

 

XI. «Me voy para que ustedes sigan unidas» fue el ultimátum más egoísta disfrazado de acto altruista.

XII. Me victimicé para tener el control final de la narrativa.

XIII. Mi evaporación es la última y definitiva obra de arte que estarían obligadas a recordar.

 

Sobre la incomunicación y el lenguaje

 

XIV. Yo hablaba en símbolos; ellas, en palabras. Nuestro diálogo fue un naufragio de traducciones fallidas.

XV. Les escribí cartas que eran llaves para abrirme, pero les entregué cerraduras sin agujeros.

XVI. Exigí que leyeran entre líneas lo que yo mismo no me atrevía a escribir en ellas.

 

Sobre el amor como autodestrucción

 

XVII. Las amé tanto que su existencia se volvió la prueba irrefutable de mi existencia innecesaria.

XVIII. Anhelaba su presencia para confirmar, con cada risa suya, mi inherente condición de extraño.

XIX. Fui el arquitecto de mi propio desastre y les asigné el papel de musas del derrumbe.

 

La síntesis final

 

XX. Las necesitaba para tener a alguien a quien despedirme.

 

 

El aforismo es una sentencia o máxima moral que con los siglos se ha vuelto una forma poética. Los moralistas franceses como Jean de la Bruyère y Francois Rochefoucauld fueron los primeros en usarlo para criticar a su sociedad. Y, como se sabe, el español Ramón Gómez de la Serna los transformó en greguerías. En esta parte del mundo el argentino Antonio Porchia y sus “Voces” es un ejemplo de estas brevedades que conjugan la poesía y filosofía.

Esta pequeña introducción sirve para presentar dos propuestas de aforismos, la primera del autor Ángelo Chacón Sequeira quien es profesor en formación de Literatura y Castellano en la Universidad de Costa Rica y ha publicado el Santa Rabia Poetry, Mal de ojo, Perpetuo y Montaje, donde también ha traducido poesía de H. P. Lovecraft. Los aforismos que manda y que presentamos en Poetas al ruedo están divididos en dos partes, en la primera encontramos aciertos poéticos como “Solo cuando te sonrojas te admiran, ocaso”, el cual, por supuesto remite o semeja un haikú. Y dentro de esta primera parte hay los aforismos que reflejan o aluden a ciertas conductas del ser humano “Los celos son una avaricia del alma”, “¿Cómo serías capaz de desearle a alguien un mal tan grande como lo es la eternidad?” otros hacen alusión al trabajo literario “¿Qué haces tú, lector, cuando otro te confía su abismo?” y algunos más que se relacionan con el sentimiento amoroso “Amar es abolir la indiferencia”.

De esta índole son los que se congregan en la segunda parte titulada “Drama en veinte aforismos” en la cual se intenta crear una historia amorosa dividida en seis partes: “Sobre la idealización y la proyección”, “Sobre la economía emocional enferma”, “Sobre la incomunicación y el lenguaje”, “Sobre la incomunicación y el lenguaje”, “Sobre el amor como autodestrucción” y “La síntesis final”. Esta propuesta de contar con base en aforismos es algo que me parece novedoso. Sin embargo, como en toda experimentación, se corren sus riesgos, que en este caso no siempre sale bien librado. Porque algunos de los aforismos son más narrativos, como ejemplo pueden leerse los primeros tres de la primera sección y compararlos con los otros dos de la misma sección que son más sentencias.