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El circo viejo de tres pistas. Javier España

javier-espanaEl poeta mexicano Javier España nos invita a su “propio laberinto sin salida” donde “canta y calla” el silencio, dictando “su última y primera palabra”.

 

 

 

El circo viejo de tres pistas
Javier España

 

El circo viejo de tres pistas

                                        … bajo la lona
                                        del viejo circo
                                        un frío de muerte se siente cruzar

                                        Manuel Romero (del tango la Muchacha del circo)

I

No habrá más tigres devorados en su propio laberinto sin salida,
ni elefantes rubios encendidos por la luz de nuestra memoria.
No habrá más clowns heridos por el tedio de las vidas invasoras,
ni centáurides sorteando el círculo tejido por los fuegos.

El circo de tres pistas envejece tardío de pasiones,
esas serpientes que se enredaban por los muslos de los sueños,
por los cuellos de azúcar y ceniza siempre vírgenes
que se erigían en la vaga conjetura del acaso dichoso.

El estruendo de metales y de asombros ha callado,
padece la muerte más mortal: el olvido de los hombres.

II

El acróbata se mece a solas en su trapecio,
atrapando la hermandad del viento anochecido.
Ha cumplido más de cien años y un destino:
el desafío con la muerte lo ha perdido.

III

El circo de tres pistas envejece sin ludibrio.
Ni la arena de las sombras se agita entre marasmos,
ni el equilibrio de ser camina por la cuerda floja.
No habrá más promesas del ocaso victorioso.

El señor Cometa no cruzará más aros de la angustia,
ni el rubor de la desdicha se deshará en la pista central
donde convergen las graves apetencias del hastío:
el horizonte sumario mira naufragar las barcas del deseo.

Sólo queda a la distancia de los fuegos
(llamados también pálida nostalgia)
intentar que el postrer acróbata del sentido
enturbie nuestra nada en su oscilar de fénix solitario.

Va y viene el silencio, despierta y adormece,
canta y calla, nombra y olvida, otorga y despoja,
dicta su última y primera palabra en medio de sí mismo:
vaivén, vaivén, aire del ser y ser de nadie en el vacío.

 

Tiempo de la imagen

El desenlace, la caída
de un cuerpo amaestrado por el tedio.

Asciende el apetito anciano en cifra,
muerde en el tiempo de la imagen:
una niña despierta con la lluvia
y es la muerte de marzo que se ignora
en el abdomen llano de los muelles,
en el dolor del agua sumergida.

 

Otro mar

… la vana forma que el amor rodea
Jorge Cuesta

 

Desafiante es el ruego,
rasgo frágil del culto
a la espera que aflige.

Amanece otro mar
que rompe sus arenas
en el recinto indemne.

No hay puerto para el alba,
ni ocasos sin memoria
que oculten el deseo.

 

Del letargo

La habitación enferma nos padece,
recoge floraciones del letargo,
maullidos de la calle parturienta
que acusa cicatrices en el pulso.

En el pronto pesar que nos acosa
se fatiga la luz, la intimidad
de papeles que vuelven sus espaldas:
extraño fuego que se vuelca en nadie.

 

Sin heridas

Todo el dolor no hiere
porque es falso vivir
sin el ojo de Nietzsche.

No hay palabra que salve
el devenir del dios
en su locura vana.

El mito de la historia,
a solas, agoniza.

 

Viejas palabras

                          Triste llevo la boca
                          Miguel Hernández

El azar se desoye
en la primera muerte
que en el espejo olvida
a los viejos vocablos
de labios amarillos.

En la boca padece
el despojo del ser
su miseria fecunda
de un cielo enrojecido
por la sangre del canto.

 

Entre esferas

En vano inverso cuelga un horizonte
cuando las barcas hunden su velamen
y mueren ante orillas imposibles,
donde el amor no es otra piel temprana.

Se enturbia la constelación del sexo
sin vientre que se plagie en la caricia.
Una ansiedad de mar desdeña sangres
y el pubis ámbar calla sus espasmos.

El ademán testigo de laguna
ensaya el pánico de ser naufragio,
desde su labio circular de muro:
La cópula se asila en dos esferas.

 

Interrogante

Pétrea luz, en desvelo,
esplende escalofríos, lluvias.
Tatuajes vivos sobre el agua
iluminan la fuente de la niebla.

Un claroscuro se dibuja
ante la orilla del lenguaje,
donde fue el duelo en su tormenta.
¿Quién amanece ahora sin mi barro?

 

Palabra del nunca

La muerte ronda con sus pasos azules
Óscar González

Los azules enfermos del azar
derraman páginas sin rubros,
sangran dolientes en sí mismos,
en el infierno oculto de los ángeles.

La palabra del nunca se enmohece
ante el sudor de luz ennegrecida.
No hay obsesión en verso que proteja
el decir de la esquirla parpadeante.

 

Temor anónimo

Aullido bufonesco cierne, en nadie,
la afirmación fatal que se devasta
al derredor del bivio vacilante:
huir del tiempo que ignora sus orillas,
como el vívido tacto de los ciegos
que imagina la nada en los vacíos.

No hay muro que disipe su coartada
ante el temor anónimo del hombre.

 

Vigilia profanada

La tarde es una llama ambigua
donde las sombras subersivas
tropiezan sin sentirse en piel.

El adjetivo en lumbre se vulnera
y esparce en surcos quemaduras
que fecundan los bosques del deseo
en la vigilia profanada.

La tarde es cielo sin entrañas,
donde las arpas del ocaso
olvidan su oficiar en vientos muertos.

No queda más que la fatiga
de muslos, siglos de abandono,
que se hacinan en paredes
de ancestrales perfiles remendados.

 

Caricia en mar

Bautiza el nervio
en sed gregaria
al blando origen
que el agua engendra.

Se teje un cuerpo
sin el oleaje rubio
de los muslos líquidos
que grabe muertes.

Al tacto en fuego
se duele el nadie
que ciega el muro:
caricia en mar.

 

Renunciar al azul

Renunciar al azul
sin el nombre estragado
por el beso del cuarzo.

En la piel de la luz
el lecho prenular
enhebra su abandono:

amarguísimo vientre,
donde oscuros delfines
nadan sobre el eros.

 

Javier España Novelo nació en Quintana Roo, México,  en 1960. Autor de múltiples libros de poesía.  Obtuvo el Premio especial de literatura «Antonio Mediz Bolio», otorgado por el Gobierno de Yucatán y el Instituto de Cultura del mismo estado por el poemario  Presencia de otra lluvia en 1987; asimismo, el Premio hispanoamericano de Poesía para niños, otorgado por la Fundación para las Letras Mexicanas por el libro La suerte cambia la vida en 2004. Obtuvo, también, el Premio Internacional de poesía «Jaime Sabines», en el 2007, con el libro Sobre la tierra de los muertos, otorgado por el CONECULTA de Chiapas; de igual forma, el Premio Nacional de cuento «Beatriz Espejo» 2010, otorgado conjuntamente por el instituto de cultura de Yucatán y el Municipio de Mérida, por la obra Prometeo de la calle 51. En el año 2011 obtuvo el Premio nacional de poesía «San Román», otorgado por el gobierno del estado de Campeche por el poemario La torre de las mil ventanas. En el año 2015 gana el Concurso internacional «El mundo lleva alas», otorgado por la editorial Voces de Hoy, en Florida, Estados unidos, por el texto Paráfrasis solar.