Presentación La Otra 103

José Ángel LeyvaMéxico, el país de los muertos
Jorge Boccanera, del nomadismo a la sedimentación de la memoria.

En México el Día de Muertos se funde cada día más con el Halloween; la consecuencia, un folclorismo pedigüeño y una afición comercial por el terror y el miedo. Más allá de las influencias y las taras de Hollywood la realidad nacional es en verdad no solo terrorífica, sino deprimente. La simulación de justicia, la memoria de los crímenes de Iguala, la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, la putrefacción del sistema político mexicano, son, esos sí, casos del horror y del oprobio en los que vemos un disfraz cultural de todos los días y no de todos los santos.

 

Sí, cierto, no sólo en México, en el mundo  los muertos vivos entronizan regímenes xenofóbicos, paranoicos, fascistoides. La historia se rebela a sus pronósticos de globalización y fin de las fronteras para darnos muestras de recelos nacionalistas, de alarmas al arribo de los bárbaros, de odios interraciales, interétnicos, intolerancias religiosas, cacicazgos regionales, muros y nuevas amenazas de guerra fría y batallas nucleares. Sí, la influencia del cine hecho en Hollywood es patente pero sobre todo representa una gestualidad patética que nace del miedo mismo de la realidad, de una realidad que en sus muestras de crueldad y de brutalidad, de demencia, de sadismo, supera la ficción de una industria cinematográfica de zombis.

 

Jorge Boccanera, Monólogo del necio y Palma real, Arlequín, Guadalajara, México, 2014
José Ángel Leyva

En el canon de la actual poesía argentina, la voz de Jorge Boccanera decuella por la contundencia de sus versos que van de la preocupación existencial a la observación histórica; una poesía pendular entre la intimidad y el paisaje, entre el canto y la revulsión de las formas, del nomadismo a la sedimentación de la memoria. La editorial Arlequín pone a circular esta publicación con dos libros del poeta, quien vivió su exilio en México y Costa Rica: Monólogo del necio, su más reciente poemario y Palma real, premio Casa de América de España, en el 2008.

Gelman y Boccanera
Gelman y Boccanera

Juan Gelman lo dijo mejor que nadie, refiriéndose a Boccanera: “Como la de todo innovador, sacude las palabras cansadas y la lengua echa a volar de nuevo.” Necedad significa, en América Latina, además de ignorancia, porfía, pero domina el sentido de terquedad como desdén por lo que se sabe y se pretende ignorar. Jorge Boccanera, en Monólogo del necio, confirma esta perspectiva. Nada de lo vivido desaparece ante el vértigo del cambio, ante el grito de rebeldía que parece reclamar lo emergente. El poeta lo dice sin ambages de cara a su poética: “Me toca resguardar /la lengua en llamas de la sordomuda, / el camino salvaje, / las ollas donde hierve sus colores el bosque /las cartas del exilio que te rompen la boca /y el que maquilla espejos con estrellas de talco”.

El monólogo del poeta es dialógico, como dijera Machado. Boccanera descubre la renovación de su lenguaje en el ejercicio de la memoria. La poesía es una fuente que ignora mejores o peores tiempos, es la necia que revuelve el escritorio, retuerce el lenguaje para hacer visible lo que pasa de largo. “Cada quien, cada día, amansa su animal”. Un libro, una voz que no cesa de interrogar a la mano de fuego que le da de comer.

Jorge Boccanera, Jorge Valdés-Díaz Vélez-Foto: Pascual Borzelli-2009
Jorge Boccanera, Jorge Valdés-Díaz Vélez-Foto: Pascual Borzelli-2009

A diferencia de poemas emblemáticos en sus anteriores libros, en Monólogo del necio deja fluir imágenes sentenciosas que cortan la respiración para darle cauce a un discurso pausado y denso, a la vez que luminoso: la cruel paradoja de ganar terrenos con las causas perdidas, en su “vergüenza de haber sido”. No es ajeno, por  supuesto, a discursos precedentes, son raíces del mismo tronco, porque a esta fronda de la poesía le brotan tantas hojas como raíces. Esa es su virtud, llegar a la madurez reclamando la novedad del principio: “No alimentes palabras como plantas carnívoras ni remiendes plegarias”, la tarea del poeta es “escribirlo como la bestia, corregirlo como la bella”.  Monólogo de un hombre que arriba a una estación sin permitir que envejezca el deseo y la búsqueda, sin dejar que la voz se apoltrone en sus laureles: “La mano que lleva un niño de la mano no retrocede nunca”.

Palma real es un canto a la memoria, un re conocimiento de la humanidad en su individualidad colectiva. Boccanera aprieta la forma en el decir preciso; en la imagen arbórea está también la poesía, el poema, el poeta: “Desnuda /la Palma Real trabaja para el viento.” Su residencia en Costa Rica, más que su estadía en el México florido y espinudo, fue el resorte que desplegó una sucesión de poemas envueltos en la verdura de la selva, por el llamado de una naturaleza feraz que tarde o temprano regresa sobre las ruinas de la civilización.

La exuberancia se torna signo de interrogación, sendero que se borra a los siguientes pasos, misterio del origen y destinos posibles. Selva de ruidos y criaturas, de hallazgos y extravíos. Lezama Lima es por asociación un Paradiso verbal, prosa tupida de imaginación que “asciende hasta el cuartito del desierto”. Personajes diversos aparecen como flores ante la mirada del botánico: Frida Kahlo, Copérnico, Burroughs, Nizim Hikmet, Pedro Garfias, Ana Frank, entre otros. Boccanera resuelve la sobreabundancia con trazos singulares y contundentes de una luminosa brevedad: “La prueba de que dios existe, / es la selva, /hecha a mano. // La prueba de que la mano existe, /es la selva. //La prueba de que la selva existe, /es la ausencia de dios.”

 

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